PULSACION

PULSACION
PULSACIÓN se distribuye en forma gratuita

domingo, 30 de diciembre de 2012

RITA LEVI- MONTALCINI

Fallece Rita Levi-Montalcini, neuróloga comprometida y perseverante

La investigadora italiana ha muerto en Roma a los 103 años

El descubrimiento del factor de crecimiento neuronal le valió el Nobel de Medicina en 1986

Rita Levi- Montalcini, Premio Nobel de Medicina en 1986, en una imagen datada en 2008. / CRISTÓBAL MANUEL
A los 103 años ha fallecido uno de los personajes contemporáneos más sobresalientes: Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de Medicina, neurocientífica, que ha residido muchos años en Estados Unidos, donde realizó buena parte de su labor investigadora. Nacida en Turín, en 1909, su hermana gemela, Paola, falleció en el año 2000. Era 1936 cuando se graduó en Medicina y Cirugía, especializándose después en Neurología.
Deja una obra científica extraordinaria, pero es más importante todavía lo que su vida representa como ejemplo, como persona comprometida, valiente y serena, actuando a favor siempre de la equidad de género, de la igual dignidad de todos los seres humanos.
Dio a sus memorias el título de Elogio de la imperfección. En ellas analiza las razones que le llevaron a adoptar decisiones que, a la luz del tiempo transcurrido, juzga serenamente. La consciencia de la imperfección es un acicate para mejorar, para superarse.
De origen judío sefardita, siempre fue “libre y responsable”, como define la Unesco a las personas educadas, y actuó en virtud de sus propias decisiones.
Su vida en Italia tuvo que soportar las amenazas y envites del fascio. En 1943 vivió clandestinamente en Florencia, regresando a Turín en 1945, al término de la guerra.
Dos años más tarde inició su gran carrera científica en Misuri, en la Universidad Washington de Saint Louis, con el bioquímico profesor Viktor Hamburguer, trabajando con el tejido nervioso del embrión de pollo. En 1959 fue nombrada profesora titular de dicha universidad, permaneciendo en EE UU hasta 1969. Durante esos años, su investigación neurológica se realizó en colaboración con el profesor Stanley Cohen, con quien compartió el premio Nobel por el descubrimiento del factor de crecimiento neuronal en 1986.
Rita, que conocía el cerebro mejor que nadie, repetía que no quería seguir viviendo cuando el suyo dejara de funcionarle eficientemente. Contribuyó de forma decisiva a esclarecer cómo crecen y se renuevan las neuronas. En 1979 tuve el honor de presidir el jurado que le concedió —casi con los mismos votos que los que obtuvo Jean Dausset, quien sería también premio Nobel de Medicina poco después (1980)— el Premio Internacional de Medicina Saint Vincent. Nunca olvidaré la entrevista que a este respecto mantuve con el entonces presidente de Italia, Sandro Pertini. ¡Qué personajes ambos!
En 1994 creó una fundación que ha presidido hasta su muerte, dedicada a prestar ayuda para la educación, a todos los niveles, de mujeres jóvenes, especialmente en África. Se inspiró, como tan bien describe en su libro Las pioneras, en “las mujeres que cambiaron la sociedad y la ciencia a través de la historia”. Sus únicos méritos, decía, han sido la “perseverancia y el optimismo”. Nunca se jubiló. “El cuerpo se arruga”, comentaba, “pero no el cerebro”. Y la inacción, el desencanto, la desmotivación, “arrugan” el cerebro.
En 1993 apareció su libro Tu futuro dirigido a los jóvenes. Lo dedicó a sus hermanas Nina y Paola “en recuerdo del porvenir que habíamos previsto y soñado juntas en nuestra lejana juventud”. Nadie posee la piedra filosofal, escribe, pero sí la experiencia que proporciona la facultad creadora que distingue a todo ser humano. Los principios éticos deben dirigir el comportamiento. “Espero poder ayudar a los adolescentes para que sean capaces de hacer frente a estas etapas tan decisivas y delicadas de su camino, cuando se preparan para una confrontación directa con la vida”. 'El mundo debe inventarse’ es el título de uno de los capítulos de este libro. Hoy los jóvenes ya tienen acceso al conocimiento de lo que sucede en el mundo en tiempo real. Al adquirir esta visión global nos damos cuenta de lo que debe cambiarse y lo que debe conservarse. En el capítulo ‘Cara a cara contigo mismo’, Rita anima a plantearse las preguntas esenciales, a no seguir el precioso verso de José Bergamín, que me gusta repetir: “…me encuentro huyendo de mí cuando conmigo me encuentro”.
Las aportaciones científicas de Rita Levi-Montalcini han sido fundamentales para el mejor conocimiento de la fisiopatología del cerebro. Pero sus aportaciones humanas son igualmente relevantes. Se ha hecho invisible, pero no se ha ausentado. Su estela seguirá iluminando los caminos del mañana.

Federico Mayor Zaragoza es profesor de Bioquímica en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Ciencia para leer en bicicleta

Entrevista al periodista y escritor Esteban Magnani

“Busco respuestas científicas a las preguntas de todos los días"

 En Ciencia para leer en bicicleta, su último libro, expone su preocupación por la utilización de las nuevas tecnologías  y la necesidad de generar propuestas comunitarias y nuevas herramientas para enfrentar los cambios tecnológicos.

 Periodista, docente, escritor y divulgador de las ciencias, el joven Esteban Magnani (Buenos Aires, 1973) tiene además desde hace un par de meses dos columnas televisivas semanales donde habla sobre nuevas tecnologías y el uso libre y gratuito que deberían darle a ellas las instituciones no comerciales de la Argentina. "Hablo en Visión Siete Resumen, a la medianoche, y Visión Siete a la madrugada, e informo sobre tecnología pero enfocado en la cultura libre, en el software libre, explicando cosas básicas para quienes no tengan mucha información sobre eso. Quiero decir que hablo de tecnologías, de software, pero no pensando desde las empresas, desde la propaganda o el "chivo", sino de poner estas nuevas herramientas al servicio de la comunidad, con cosas a las que sólo la comunidad les está haciendo marketing", asegura este licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Buenos Aires), carrera en la que también se desempeña como docente. Magnani realizó una maestría en medios y comunicación en la Universidad de Londres y es investigador en historia y difusión de la ciencia.
Magnani escribió un puñado de libros de ficción o de divulgación científica –Historia de los terremotos, Historia de la comunicación, El cambio silencioso, Desde la revolución–, y ahora acaba de publicar otro, Ciencia para leer en bicicleta, un libro que ofrece respuestas científicas a dilemas cotidianos, con el objetivo de sacudir al lector, o al menos invitarlo a ver el mundo con más curiosidad (científica) de la habitual. 
Editado por Capital Intelectual, el libro reúne notas publicadas en el suplemento Futuro del diario Página/12, donde colabora desde hace años. "La idea fue buscar respuestas científicas a preguntas que nos hacemos todos los días." Eso no implica una respuesta final, sí una respuesta posible. Son cerca de 20 que abarcan la cultura libre, el cyber-punk y los derechos de autor de frente a Internet, el sol y el calentamiento global o la energía renovable, la democracia liberal y la digital, o un gran tema: la Jabulani, la pelota de fútbol famosa por lo inestable en el último mundial. "Los jugadores se quejaban que viboreaba en el aire –dice Magnani a Tiempo Argentino–, que era imprevisible. Los periodistas discutían pero a nadie se le ocurrió preguntarle a alguien que supiera sobre aerodinámica. Y había estudios hechos sobre la pelota. La ciencia tenía algo para decir sobre un problema a priori menor, pero nadie parecía interesado en preguntarle."
 
–¿Cómo nació este libro llamado Ciencia para leer en bicicleta? 
–Se trata de la recopilación de notas publicadas en el suplemento Futuro de Página 12, y corresponden a los últimos dos años. En estos dos años hubo mucho sobre cultura digital y cultura libre, pero también hablo de terremotos, de la basura que se está juntando en los océanos Atlántico y Pacífico, que son restos de plástico que se caen al mar. ¿Qué es lo interesante de esto? Que trato de tomar una cuestión puntual, para hablar de cuestiones más de fondo que ilustran el desarrollo de la ciencia en estos tiempos. En cuanto a lo que es cultura digital, esta metodología tiene mucho riesgo para el periodismo en cuanto a que quizás dentro de dos años lo que uno dijo se transforme en una estupidez. 
–¿Y cómo se desarrolla ciencia en estos años?
–En principio, funciona como siempre, con ensayo y error que generan conclusiones provisorias. El proceso de forjar una teoría que reúna la explicación de una serie de casos se está llevando hoy en día, desde luego, como siempre. Quise ilustrar este desarrollo con casos del presente. A veces se tiene la idea de que la ciencia es algo así como un paquetito que viene cerrado y en realidad es efecto de discusión, de reformulación y de búsqueda. Lo que uno ve es el camino que triunfó, pero no ve las ramificaciones que se perdieron en el camino. En el imaginario social la ciencia ocurre en el laboratorio y en manos de seres despeinados y de anteojos. Por eso me parece muy interesante lo que se está haciendo desde Tecnópolis TV, donde se ven a científicos que parecen seres humanos interesantes, con excelente capacidad de comunicación.
–La tecnología y el uso de los derechos o la piratería es uno de los ejes del libro.
–El mundo digital está reorganizando a la sociedad, cambiando la forma de gestión y, tal vez, de distribución del poder, pero es muy difícil saberlo de antemano. Lo interesante no es que haya salido el nuevo smart phone, sino lo que está pasando con las comunicaciones instantáneas y cómo afectan las relaciones sociales, las relaciones de poder. 
–El libro muestra una opción libertaria del uso de las fuentes.
–Es un tema muy complejo por la cantidad de cosas que están ocurriendo justamente en este momento, y uno como periodista, como cronista del presente, corre el riesgo de escribir cosas que inmediatamente quedan obsoletas. Pero me pregunto por lo importante, ¿cuál sería la propuesta superadora entre piratería y uso libre en Internet? Yo creo que es toda la apuesta por Creative Commons y licencias libres. La idea es publicar con licencias que permitan el libre flujo de información. Que el otro, cuando deba hacer algo, no tenga que arrancar de cero. Si el (Hospital) Garrahan contrata un sistema de software para ordenar ciertos datos, que utilice una licencia libre para que ese sistema pueda ser usado por otras instituciones públicas. Es la misma lógica de Newton que decía que para mirar más lejos se subía a los hombros de gigantes como Galileo, a Kepler, para armar la Ley de la Gravitación Universal. Por último, fijate que se habla mucho de "robo" en piratería. En el robo, si yo te robo algo, eso significa que te dejo sin eso que te robo. Si yo te robo una idea, a vos esa idea no te va a faltar, la podés seguir usando. Esa lógica de la privatización del conocimiento hubiera llevado a que se enriquezca quien inventó el arado, pero el resto de la humanidad hubiera seguido en condiciones lamentables.
–Sé que das el ejemplo, con la novela que escribiste…
–Y que está con licencia de Creative Commons, se llama Desde la revolución, se consigue en papel pero se puede descargar en el site <www.desdelarevolución.com.ar>. «
 
 

martes, 11 de diciembre de 2012

Síndrome de West

“26 enchufes mantenían con vida a mi hijo”

Fernando padece síndrome de West, una de las 7.000 enfermedades raras


Pilar tiene tres hijos. Los dos mayores nacieron sanos, pero Fernando, el pequeño, no. Hoy tiene cuatro años y padece síndrome de West, una enfermedad rara de las 7.000 catalogadas por la  Organización Mundial de la Salud. Esta patología afecta a uno de entre 4.000 a 6.000 recién nacidos, y se caracteriza porque los niños tienen retraso psicomotor grave y ataques epilépticos.
"Todo surgió el 18 de mayo, el día de mi aniversario", comenta Pilar. "Fue cuando el niño tuvo su primera convulsión". Mientras relata estos hechos se sienta en el suelo, como los indios —es su postura habitual para poder estar con su hijo—, pero antes le ha pedido al fotógrafo que, por favor, se quite las botas. "Fer se mueve reptando por el suelo, y procuramos que esté lo más limpio posible".
Todos los días esta madre mide cuántos metros ha recorrido el pequeño deslizándose por el apartamento en el que viven. "Así sabemos cuánto ejercicio ha hecho, algo que le viene muy bien para su movilidad".
Los niños con síndrome de West sufren retraso psicomotor y ataques epilépticos
Fernando nació "con una dermatitis bestial", comenta Pilar. Asustada le llevó al hospital madrileño de San Rafael donde le proporcionaron corticoides para reducir la inflamación de la piel. "Creo que esto le debilitó las defensas y por eso contrajo la meningitis", relata la madre con la voz entrecortada. "Solo tenía cinco meses y medio", se lamenta mientras se retira un mechón de pelo de la cara.
El niño estuvo una semana hospitalizado en el centro. "Parecía algo recuperado a pesar de seguir con fiebre, así que los médicos nos mandaron a casa". Con el paso de los días, la temperatura no remitía. "Entonces comenzó nuestra peregrinación hospitalaria", dice Pilar. "Fernando empezó a vomitar sin razón aparente". Presa del pánico volvió al hospital. Allí, el pequeño iba a ser sometido a una punción lumbar. "En ese momento lo supe. Sabía que mi hijo no tenía vuelta atrás".
Los pronósticos de esta madre se cumplieron a las pocas horas. Fernando había tenido un infarto cerebral. "Me dijeron que el 75% de la cabeza de mi hijo estaba afectada y apenas tenía probabilidad de sobrevivir". Así que Pilar y su marido decidieron bautizar al pequeño en la capilla del hospital antes de que falleciera.
Tuve que elegir: o los espasmos, o que se quedara ciego”, dice la madre
Pasaron los días y Fernando seguía en estado crítico en la UCI —donde sufrió dos ataques epilépticos—; luego le trasladaron a planta. "Era insufrible. Las pruebas se sucedían una tras otra. Bajarle de donde estaba era peligroso porque en cualquier momento le podía dar una crisis". "Un día me puse a contar y eran 26 los enchufes que mantenían con vida a mi hijo", relata con los ojos humedecidos y voz de angustia.
A pesar de que todo apuntaba a que Fernando no “iba a seguir adelante”, salió nueve meses más tarde del San Rafael. "Sabíamos que el niño tendría una lesión cerebral de por vida, que su parte izquierda había quedado inmóvil, pero al menos seguía con nosotros". De nuevo la mala suerte se volvió a cruzar en la vida de este niño. "Le estaba bañando, todo iba bien cuando comenzó a hacer gestos bruscos con el brazo izquierdo, precisamente el lado al que le afectó el infarto cerebral". Angustiada, Pilar volvió a la que había sido su segunda casa el último año, al hospital. "Cuando llegué le dije al médico: 'Mi hijo acaba de tener un ataque típico del síndrome de West'. Me miró sorprendido y me dijo: 'Señora, ¿sabe usted al menos que es eso?". Coincidencias de la vida, cuando Pilar estaba embarazada de Fernando, la invitaron a un congreso organizado por la Fundación de Síndrome de West en España. Entidad a la que hoy pertenece su hijo. "Cosas del destino, supongo", comenta alzando los hombros.
A partir de aquí empezaron a ir y venir diferentes medicamentos, "había que dar con el que más se ajustaba a Fernando". El Sabrilex fue la solución, pero surgieron dos problemas. El primero fue que este medicamento afectaría al campo visual del niño, llevándole casi seguro a la ceguera, pero reduciría sus crisis. "Era elegir: o ciego, o menos ataques. Fue el momento más duro de mi vida, porque la salud de mi hijo dependía de mi decisión". Pilar optó por lo segundo. El otro problema es que los médicos descubrieron que el niño era alérgico a las almendras, uno de los ingredientes del medicamento, y en España no se comercializaba este fármaco sin este fruto. Solo lo vendían en Francia. "Pedimos ayuda a la Administración, pero no dejaban de ponernos trabas así que acudimos a los amigos". "Cada vez que iban a los Alpes traían un cargamento de Sabrilex sin almendra, luego encontramos una farmacia en Andorra y fue más fácil, pero cuesta un dineral cada envió", comenta Pilar. Mantener a Fernando cuesta a esta familia más de 800 euros al mes. El niño necesita, además de sus medicinas, prótesis a medida, tronas, asientos adaptados, una camilla para su gimnasia diaria y gafas especiales.
A pesar de todo este historial médico, Fernando es un niño aparentemente feliz. Disfruta mucho con las actividades extraescolares, pero sobre todo de la piscina. "Y le vuelve loco ir los fines de semana a montar a caballo al campo".

jueves, 8 de noviembre de 2012

ALAN SOKAL

El caso SOKAL: La verdad de las mentiras

¿No entiendes el lenguaje de algunos filósofos? No pasada nada. A veces, ellos tampoco. Esta es la historia del físico norteamericano Alan Sokal que, harto de tanta impostura, decidió combatirla con sus mismos tics.



En mayo de 1996, un profesor de física estadounidense, Alan Sokal,
cansado del abuso que científicos sociales y humanistas hacían de las ciencias naturales, decidió escribir un artículo paródico y enviarlo a la revista de estudios culturales Social Text. Redactó su trabajo filosófico-científico en un estilo incomprensible, muy propio de algunos textos posmodernos que él pretendía combatir, y lo tituló Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravitación cuántica. Plagado de citas absurdas, aunque auténticas, de intelectuales franceses y estadounidenses y sazonado de sinsentidos, el artículo fue publicado, entre alabanzas a su autor.
Posteriormente, éste decidió revelar su argucia en otra revista, Lingua Franca, manifestando que su intención era desenmascarar el uso inadecuado e inexacto de la terminología científica y las extrapolaciones abusivas de las ciencias naturales a las ciencias humanas con el fin de denunciar los estragos intelectuales causados por la posmodernidad.
En 1997 Alan Sokal y Jean Bricmont, un físico belga, ampliaron la crítica en un libro, Imposturas intelectuales, que ponía nombre y apellidos a los representantes de esa corriente posmoderna que, instalada en un relativismo cognitivo, abandonaba el camino racionalista de la ilustración al considerar a la ciencia como una narración, un mito o, simplemente, una construcción social.

Los impostores desenmascarados
Imposturas intelectuales está plagado de actores principales (Jacques Lacan, Bruno Latour, Jean Baudrillard, Gilles Deleuze, Félix Guattari, Paul Virilio) y secundarios de reconocida trayectoria en el coro de la epistemología del siglo XX (Popper, Quine, Kuhn, Feyerabend). El libro sostiene que el relativismo posmoderno se nutre a base de oscurecer y abusar de conceptos que proceden de las ciencias físico-matemáticas y que, según Sokal, se plasman en hablar sobre teorías científicas de las que solo se tiene una vaga idea e incorporar a las ciencias humanas o sociales nociones propias de las ciencias naturales sin justificación experimental o conceptual. Además, muchos autores exhiben una erudición superficial utilizando términos científicos de manera incongruente. Para el autor de Imposturas intelectuales, no hay nada vergonzoso en la ignorancia, pero sí en la arrogancia con la que determinados intelectuales tratan de profundizar sin pasar de la superficie o usando la ambigüedad como refugio.
¿Por qué se ha llegado a esta situación? La suplantación del pensamiento racionalista moderno por parte de los planteamientos posmodernos ha elevado la tensión entre las “dos culturas” impregnando a las humanidades y ciencias sociales de creencias subjetivas y discursos oscuros. Es preciso, añade Sokal, saber de qué hablamos cuando hablamos de ciencias naturales y diferenciar lo oscuro de lo profundo, desconfiando de los argumentos de autoridad y, fundamentalmente, no ser autómatas subsidiarios de las ciencias naturales, utilizando conceptos como metáforas.
Así que en Imposturas Intelectuales, el físico estadounidense va haciendo crítica del posmodernismo a través de la “topología psicoanalítica” de Lacan, los abusos de los conceptos matemáticos de Kristeva o del barniz verbal con el que Baudrillard trata de dar apariencia de profundidad a observaciones superficiales sobre sociología o historia. El libro finaliza con el artículo comentado que apareció en Social Text con ese título sólo correctamente reproducible por Groucho Marx o Cantinflas.
Para Sokal, las especulaciones del discurso posmoderno sobre la mecánica cuántica representan la tensión esencial de su denuncia: la confusión del sentido técnico de algunos términos y el gusto por la interpretación subjetiva, con respecto a Heisenberg y Bohr, que se refleja de forma definitiva en esa terriblemente conocida afirmación: “Como dice Einstein en su teoría de la relatividad, todo es relativo”. El hecho de que la teoría cuántica esté cargada filosóficamente y que lleve de forma natural a la consideración del papel que juega en la sociedad el nacimiento de una teoría, transporta a algunos hasta el limbo del Tao de la física a hombros de variables ocultas (Bohm, Nicolescu).
Y un apunte final sobre el plano argumentativo. Hemos dicho que Sokal había construido su artículo a partir de saltos ilógicos y de frases sintácticamente correctas. Pues bien, ese relativismo tiene mucho que ver con las razones que llevaron a que una parodia con un título ampuloso fuese tomada por un riguroso estudio académico. Su publicación demuestra la negligencia de los responsables que dieron luz verde a un artículo sin consultar a otros expertos, como reconoció posteriormente el coeditor de Social Text, porque procedía de un “aliado con las credenciales adecuadas”. En opinión del propio autor el artículo fue aceptado porque “sonaba bien” y “favorecía las concepciones ideológicas de los editores”.
Pero la publicación se relaciona, asimismo, con lo convincente que ha de ser (o la ausencia de convicción, en este caso) una buena argumentación. Y es cierto que en el reconocimiento de la buena argumentación, la bondad y la eficacia no siempre se corresponden.
A las imposturas denunciadas por Sokal respondieron los aludidos con una publicación coordinada por Baudouin Jurdant titulada Imposturas Científicas: Los malentendidos del Caso Sokal. Ahí, un numeroso grupo de investigadores franceses se preguntan si Sokal y Bricmont han leído lo que critican, acusándoles de poner en peligro los inestables equilibrios que gestionan las relaciones entre las ciencias de la naturaleza y las humanas. En la Introducción, Jurdant cuestiona el uso que Sokal y Bricmont hacen del concepto "sentido común" para legitimar la existencia de una realidad objetiva independiente de todo ser humano, y denuncia que la crítica de Sokal y Bricmont es, a menudo, caricaturesca y grosera.

Una polémica actual
Casi diez años después, en el año 2008, Alan Sokal publicó Más allá de las imposturas intelectuales: Ciencia, filosofía y cultura, con el fin de denunciar el auge de la desinformación y de la pseudociencia, y defender la argumentación racional y lógica frente al pensamiento basado en los tópicos, la tradición y la superstición. En este libro aborda las implicaciones que se derivaron de su pequeño “experimento” y la sorpresa que le provocó el revuelo levantado. Desde su autorreconocida condición de impenitente hombre de izquierdas, Sokal manifiesta una razón expresamente política que le animó a escribir su artículo: combatir la moda del discurso posmoderno, que es contrario a los valores de la izquierda, y una rémora para su futuro, que no es ningún lugar tranquilo. Entiende Sokal que existe un asalto a la razón y a la ciencia por parte de una derecha política y por la alianza entre grandes empresas que tratan de eludir normativas ambientales y de seguridad, por un lado, e integristas religiosos que tratan de imponer sus dogmas en la política educativa y sanitaria, por otro.
Las implicaciones de esta polémica trascienden el ámbito académico y se sitúan en un territorio social y político de gran actualidad, porque buena parte del debate gira en torno al problema de la importancia de la ciencia en la sociedad: cuánta ciencia deberíamos saber y qué consecuencias tiene ignorarla o despreciarla. Y si evaluamos la trascendencia social del pensamiento científico en relación con los resultados alcanzados por la ciencia y la tecnología, la realidad no resulta muy alentadora: seguimos creyendo en las abducciones extraterrestres, en el horóscopo o en las teorías que se sirven de la física cuántica para demostrar la existencia de Dios y la resurrección de los muertos.
Las reacciones al caso Sokal, como afirma Jorge Wangensberg, son un mar de tinta en el que burbujea de todo "(...) pero, sobre todo, risa, mucha risa, una risa muy sana porque, a la postre, se trata, ni más ni menos, que de la risa de la ciencia riéndose de sí misma, una risa que tanto ha faltado ¡y sigue faltando! en tantas ideologías y tantísimas creencias de la historia de la civilización. En ciencia por lo menos, ya nada volverá a ser exactamente igual que antes del caso Sokal", aunque nada es igual que antes, salvo la permanencia de las imposturas y los obstáculos que impiden abrirse paso al pensamiento racional.

Luis A. Iglesias Huelga
Profesor de filosofía en el IES Escultor Daniel de Logroño

miércoles, 31 de octubre de 2012

¿De qué hablamos cuando hablamos de ciencia?

COPUCI 2012, UN CONGRESO SOBRE COMUNICACION DE LA CIENCIA

¿De qué hablamos cuando hablamos de ciencia?

 

Durante los días 24, 25 y 26 de octubre se desarrolló en San Luis el Segundo Congreso de Comunicación Pública de la Ciencia, el Copuci 2012. Aquí, un diálogo con Antonio Mangione, doctor en Biología y principal organizador del congreso.

 Por Leonardo Moledo
–¿Qué es el Copuci? Tengo entendido que la organización de este evento corrió prácticamente por su cuenta (y la de mucha otra gente).
–El Copuci 2012 es un Congreso Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia; es el segundo congreso, el primero se realizó en Córdoba por iniciativa del Ministerio de Ciencia y Tecnología y dos facultades (la de Ciencias de la Información y la de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad de Córdoba). Le dimos continuidad, dado que había una manifiesta voluntad de continuar lo que se vio en Córdoba.
–Y entonces... –Hicimos una convocatoria pensando en abrir distintos espacios que permitieran vivenciar y participar de las distintas aristas, dimensiones y miradas que se pueden dar acerca de la comunicación pública de la ciencia, desde el trabajo de investigación bibliográfica y el trabajo científico hasta el relato de experiencias, pasando por los vínculos entre arte y ciencia. O sea que en esta edición del Copuci hubo desde ensayos teóricos sobre la comunicación pública de la ciencia, relatos de experiencias en museos hasta una obra de teatro, o títeres, o una muestra de fotografía vinculada a ciencia.
–Cuénteme un poco qué cosas se dijeron. –Se han puesto de manifiesto algunas aristas muy interesantes. Tal vez hay, por lo menos como lo veo yo, un punto central: todo el tiempo estamos metidos en una supuesta tensión entre los beneficios indudables que genera la ciencia y las problemáticas que genera por sus usos y abusos.
–Eso es inevitable. –Sí, es indiscutible. Algunas de esas tensiones las naturalizamos, por ejemplo, cuando consumimos productos manufacturados sin siquiera pensar qué hubo detrás. Pero hay una tensión ahí, naturalizada, que se manifiesta luego en otras cosas más evidentes: la discusión sobre la contaminación ambiental, sobre el glifosato, la minería, el uranio. Estamos metidos en esa tensión, no podemos escaparnos. Entonces surge la pregunta de por qué hay que comunicar la ciencia. Yo no sé si es necesariamente porque hay alguien que tiene que ser alfabetizado; no sé si necesariamente o solamente es porque hay un conjunto de científicos que tiene que decir en qué trabaja, y tampoco creo que sea solamente porque hay un derecho inalienable a la información y al conocimiento sobre todo si hay fondos públicos involucrados.
–¿Y entonces? –Creo, más bien, que tenemos que comunicar porque estamos metidos en esa tensión entre los problemas que nos genera la ciencia y los beneficios que nos reporta. Y entonces como ciudadanos no podemos permanecer ajenos a esas tensiones: necesitamos reconocerlas y vivirlas de la mejor manera posible. Y una manera de lograr eso es estar atentos.
–¿Cuál piensa que es el rol de los comunicadores de la ciencia? –Primero deberíamos decir que comunicadores de la ciencia son todos los que comunican ciencia, no importa que tengan o no el título. Hoy por hoy, creo que los comunicadores se dedican a vehiculizar una historia, una imagen de la ciencia, a partir de algo que les interesa a los comunicadores en especial o al medio en el que trabajan. O sucumben a “lo que la gente quiere”, que suele estar muy alejado de lo que la gente verdaderamente quiere.
–A ver, cómo es eso... ¿Qué es “lo que la gente quiere”? –Así, entre comillas, es lo que los medios interpretan que la gente quiere. En la comunicación científica, en la comunicación pública de la ciencia, hay poco riesgo.
–¿Por qué? –Porque salirse del molde es ser problemático; salirse del molde significa que podrían caer las ventas, que lo cambien de dial. La salud vende más que cualquier otro tema: ¿por qué hay más columnas de salud? Hay un tema histórico ahí. Es algo que nos toca de manera más directa y es difícil salirse de ahí porque es un lugar que resulta cómodo y es una suerte de garantía. Ahora, yo me pregunto: ¿hay otra forma de comunicar ciencia? Mi respuesta es que sí.
–¿Cómo? –Bueno, el acceso a nuevas tecnologías permite que cualquier hijo de vecino comunique ciencia. Entonces yo no estoy preocupado por el contenido, estoy preocupado por si se saben leer los contenidos.
–¿Y cómo se sabe si se leen o no los contenidos? –La alfabetización no es meramente aprender una serie de símbolos, tiene que ver con aprender la capacidad de discernir.
–A ver... –Saber multiplicar y dividir no tiene nada que ver con usar la multiplicación y la división, con encontrarles la vuelta a distintas formas de entender operaciones. Entonces yo quisiera que mi mamá, o un pariente mío, cuando lea un texto tenga una duda razonable acerca de quién lo dice, en qué contexto se dice. Y esta duda reflexiva es esencial. Y también sabemos que hay distintos públicos: hay públicos que no quieren saber, hay públicos que quieren saber mucho, hay públicos que se ocupan de saber por sí mismos, hay públicos que esperan que un pariente les diga qué vale la pena. Yo no le tengo miedo ni a la ausencia de comunicadores (porque tal vez en algún momento haya que replantear estas carreras de comunicación), tal vez alguna vez haya que replantear todo el periodismo tal como lo conocemos ahora. La comunicación pública de la ciencia va a tener que cambiar.
–¿Hacia dónde? –No sé hacer futurología. Pero probablemente tenga que contemplar una mirada más heterogénea y menos hegemónica; más centrada en quien consume, que además produce. Todos estamos produciendo contenidos, todo el tiempo. Estamos produciendo enunciados permanentemente: en Facebook, en Twitter, todos estamos tomando información y compartiéndola. Yo digo algo por radio y lo escucha Juan. Juan escucha que su tío le dice algo parecido a lo que yo le dije y le cree más al tío.
–¿Y si es un tío segundo? –Hay que desprenderse, entonces, del poder que da tener ese saber como comunicador o como científico. Y eso ya está fluyendo de otra manera.
–¿Vinieron científicos al congreso? –Sí, vinieron. Pocos pero vinieron.
–¿Por qué? –Porque les resulta ajeno, creo.
–¿Y cuál es la causa de eso? –Es complicado. En general, los investigadores tienen una formación por la cual las cosas que resultan importantes son las que tienen que ver con su campo específico, las que refuerzan sus capitales reales y simbólicos, y hay otras cosas que no refuerzan ese capital y entonces no revisten ningún interés. Después hay una serie de prejuicios, que no voy a evaluar si los que no vinieron los tienen o no. Pero hay muchos prejuicios sobre la comunicación pública y el periodismo, porque se trata de disciplinas presuntamente muy laxas, que tienen defectos que las naturales y las exactas no tienen... En fin, cuando vemos que los científicos no participan casi nada en un congreso de comunicación pública de la ciencia, podemos decir que es porque no hay identificación.
–Eso está variando últimamente. Los científicos buscan el reparto del saber. –Yo me pregunto qué pasaría si les pidiéramos a los 1200 investigadores de esta universidad que grabaran un video de un minuto. ¿Quién lo leería? ¿Quién lo miraría? ¿Quién se interesaría?
–Hay que hacer la prueba. –Efectivamente.

martes, 30 de octubre de 2012

Agujero negro

Un agujero negro supermasivo infla una burbuja de tamaño galáctico

El radiotelescopio Lofar se estrena con una imagen que integra la relación entre una galaxia, el agujero que hay en su centro y el entorno

Madrid
Radioimagen de la burbuja generada por el agujero negro del centro de la galaxia M87. / ASTRON
En el centro de la enorme galaxia elíptica Messier 87 (M87), 2.000 veces más masiva que nuestra Vía Láctea, reside un gigantesco agujero negro con 6.000 millones de veces la masa de nuestro Sol. Y ese agujero negro infla a su alrededor una burbuja gigante de plasma más extensa que la propia galaxia. De ella han obtenido una buena imagen unos astrofísicos con un radiotelescopio que acaban de estrenar, el Lofar, del consorcio internacional Astron. “El resultado es de gran importancia”, dice Francesco de Gasperin, líder de la investigación. “Muestra el enorme potencial del Lofar y proporciona una prueba sólida de las relaciones íntimas entre el agujero negro, la galaxia que lo aloja y el entorno, como si fueran especies simbióticas; la galaxia y su agujero negro central llevan vidas directamente conectadas, con la primera proporcionando materia para alimentar al segundo y este devolviendo energía a la galaxia”, explica.
Algunos agujeros negros, en el proceso de acreción de materia, se tragan parte de ésta, pero otra parte resulta eyectada en un chorro de partículas que alcanzan casi la velocidad de la luz, comentan los investigadores de Astron. Cuando ese flujo se ralentiza, se crea un tenue globo que puede englobar a toda la galaxia. El agujero de M87 se come cada pocos minutos tanta materia como tiene la Tierra, pero convierte una parte de ella en radiación y otra parte en potentes chorros de partículas ultraveloces. La burbuja que se forma es invisible para los telescopios ópticos, pero se ve bien en las bajas frecuencias de radio, que son precisamente en las que lo han observado De Gasperin (Instituto Max Planck de Astrofísica, Alemania) y sus colegas. Ellos presentan los resultados de su investigación en la revista Astronomy and Astrophysics.
La burbuja “es sorprendentemente joven, solo unos 40 millones de años, que es un mero instante en las escalas de tiempo cósmicas”, dicen los científicos en un comunicado de Astron. Las observaciones en baja frecuencia, explican, no revelan ninguna emisión remanente fuera de las fronteras de la burbuja bien delimitada, lo que significa que no es un resto de actividad de hace mucho tiempo, sino que se rellena constantemente con partículas emitidas desde el agujero negro del centro de la galaxia.
“Resulta especialmente fascinante el hecho de que los resultados de este trabajo den pistas sobre la violenta conversión de materia en energía que ocurre muy cerca del agujero negro; en este caso, el agujero es particularmente eficaz acelerando el chorro [de partículas] pero lo es mucho menos a la hora de producir una emisión visible”, señala Andrea Merloni (Instituto Max Planck de Física Extraterrestre).
Estos astrónomos han hecho observaciones en radio, en el rango de frecuencias de 20 a 160 megahercios, que son las que utilizan normalmente los pilotos aéreos en las comunicaciones, y explican en Astronomy and Astrophysics que han trabajado en radiofrecuencias bajas “nunca exploradas antes con esta alta resolución espacial y rango dinámico”. La investigación, en realidad, se ha realizado durante la fase de pruebas del nuevo radiotelescopio, pero han utilizado también observaciones de otro conjunto de antenas, el radiotelescopio VLA, en Nuevo México (EE UU) y del de Effelsberg, de 100 metros de diámetro (en Alemania).
El Lofar, diseñado y desarrollado por Astron, utiliza miles de antenas diseminadas por toda Europa de manera que las señales que captan se combinan sincronizadas en un superordenador (en Holanda) para generar una imagen única. Es capaz de captar señales de hasta 30 metros, con las que trabajan normalmente las emisiones de radio, los radares y las comunicaciones por satélite, pero también son emitidas por objetos exóticos del espacio profundo como agujeros negros, estrellas de neutrones en rotación y supernovas. En el consorcio científico participan Holanda, Alemania, Francia, Reino unido y Suecia.

lunes, 15 de octubre de 2012

Sobre el autismo

El autismo, ¿una causa perdida para el psicoanálisis?

Con nuevos métodos de diagnóstico, se multiplican los casos en EEUU y Europa; en Francia buscan prohibir por ley "las prácticas psicoanalíticas con los autistas", y un documental avala la idea. Encendida la polémica, una diversidad de voces alerta sobre los dispositivos de control de la subjetividad a través del discurso de la ciencia, en una época de la cual el autismo es una perfecta metáfora.

POR Pablo E. Chacón

"Relacionarse con el propio cuerpo como algo ajeno es ciertamente una posibilidad que expresa el verbo tener. Uno tiene su cuerpo, no lo es en grado alguno. De aquí que se crea en el alma, después de lo cual no hay razones para detenerse, y también se piensa que se tiene un alma, lo que es el colmo".

Jacques Lacan 
El hombre es un animal doméstico. Dependiente hasta entrados los años, no se diferencia demasiado de un perro, un gato, una oveja o una tortuga. Por cierto, la pericia o impericia en el uso del lenguaje lo convirtió en otra cosa, máquina de guerra, artista, pastor de rebaño o experto en la percepción y medida del tiempo y el espacio. Así las cosas, es imposible ocultar para quien escribe cierta simpatía por los autistas, esa especie de homúnculo que prefiere no hablar, no comunicar, que escucha al Otro pero es indiferente, verboso a su pesar, “cultor” de estereotipias y ecolalias. El autista es un intruso con el que las familias no saben qué hacer. Pero no es un activista en potencia, no sabe (como nadie) por qué hace lo que hace, tampoco es autónomo. Es un niño. Y sin embargo, es un niño que puede inventar un modo de soportar ese dolor y con el paso del tiempo transformarlo, transformarse en activista, escuchar, hacerse responsable de sus actos y ganar (como cualquiera) una módica autonomía.
Es una posibilidad abierta si no cae en las orejas y las manos de la medicina, la neurobiología, la biopolítica o el conductismo que hegemonizan el modo de la técnica contemporánea y privilegian, con algún propósito que no viene al caso, su alianza con la industria farmacéutica. El mercado del autista contemporáneo lo quiere educado como muñeco y consumidor, antes que aquel clásico capaz de rechazar todo lazo y mortificarse. El autista es hijo de unos padres desorientados que en casa tienen un problema y que para terminarlo, si es imprescindible, si es por su bien, será objeto de reeducaciones, manipulaciones, invasiones, adiestramientos, tratamientos electroconvulsivos, cargas de neurolépticos. Se fracasará pero se volverá a intentar. Aquellos que se espantaban de los campos de reeducación ideológica de Pol Pot en Camboya no tienen idea de lo que sucede en los laboratorios occidentales. Alguien vuela sobre el nido del cuco y recuerda al Kaspar Hauser de Herzog.
Eso es lo que está pasando en la actualidad, en los tiempos hipermodernos.
Dice el psicoanalista francés Guy Briole: “En la aceleración actual (…) todo es aplicable inmediatamente y sometido al dictado de la evaluación y la rentabilidad. Este desplazamiento del lugar político, sociológico, filosófico y cultural donde se piensan los proyectos para el hombre de mañana hacia la racionalización fría del ingeniero y del economista, es lo determinante. Pretenden remodelar la sociedad y los hombres que la componen a partir de los progresos científicos considerados, ellos mismos, según criterios de rentabilidad”.
Esto es: aplastar la singularidad del autista por una protocolización evaluativa, normativizante, universal y pedagógica. El autista es imposible de pedagogizar hasta cierto punto. Luego, será, como escribió Jean-Luc Milner, una cosa más entre las millones de cosas que lo rodean.
¿Qué buscan los psiquiatras, psicólogos y médicos operadores del mercado? Según Briole, “identificar cohortes biológicas y crear grupos más homogéneos basados en aspectos seleccionados. Entienden por ello criterios bioquímicos, genéticos, histológicos, neuroradiológicos y cognitivos, así como una pertinencia de las comorbilidades del autismo con la epilepsia, las miopatías y otras enfermedades muy poco frecuentes”.
El autismo es manos del cognitivismo, según Eric Laurent, lo único que trajo “es la multiplicación por diez del número de casos en veinte años”, sin olvidar que “dicha categoría se funda en hipótesis que los últimos veinticinco años no han permitido confirmar de ninguna manera”, dice el psicoanalista desde París.
Gabriela Grinbaum, psicoanalista argentina y co-directora de la publicación Registros, en cambio, no cree que haya “más autistas en la actualidad, pero es cierto que bajo la nosografía impuesta por el DSM, el Trastorno general del desarrollo, conocido como TGD, no sólo recae sobre los niños autistas o psicóticos sino que es diagnosticado de la misma manera todo niño con problemas de conducta más severos: de agresividad, cambios de humor, los que no se adaptan al colegio, es decir, los que no encajan, los que salen de la media. Y como el TGD es una etiqueta multiuso, da la impresión que hay más. Y el resto padece ADD, déficit atencional. Y la ritalina es moneda frecuente”.
Su colega, Luján Iuale, autora de Detrás del espejo (Letra Viva), no la desmiente: “Hay un avance cada vez mayor respecto a la medicalización y patologización de los niños. Este problema no es exclusivo de los autistas. Sí, cada vez más se presenta a estos niños, desde la perspectiva del déficit, que trae como correlato la idea de medicar para “regular”, y de re-educar y re-habilitar lo disfuncional con fines adaptativos, desconociendo que más allá de lo que está perturbado en cada ser hablante, estos niños presentan modos particulares de producción subjetiva. Lamentablemente la dupla TCC-fármaco intenta imponerse como paradigma científico, desconociendo la importancia del trabajo psíquico como motor. No me cabe duda que el avance de esta dupla responde además a fuertes intereses económicos. Esto no quiere decir que todos los terapeutas que trabajen con dicha orientación persigan fines de lucro, sino que se montan empresas muy rentables pero que no sacan al niño del aislamiento”.
Como sea, en los Estados Unidos y Europa, la multiplicación de autistas crece, pero muchos suponen que serían más si los psicoanalistas continuaran tratándolos.
En marzo de este año, en una crónica del diario Clarín podía leerse que “según un informe difundido por el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC), la principal entidad oficial de monitoreo del tema en los Estados Unidos, la cantidad de casos subió un 78% desde el 2000. En la actualidad, uno de cada 88 niños sufre este trastorno neurobiológico (sic)”.
Así y todo, en Francia han puesto manos a la obra: el 26 de enero pasado quedó registrada, en la presidencia de la Asamblea Nacional, una propuesta de ley que apunta a prohibir el acompañamiento psicoanalítico de las personas autistas, en favor de los métodos educativos y conductuales. Pretende también pedir a las universidades la exclusión del psicoanálisis de las asignaturas concernientes a la enseñanza acerca del autismo.
En su momento, el autismo recibió de Francois Fillion, primer ministro del gobierno de Nicolás Sarkozy, la cucarda de “Gran causa nacional 2012”. Y desde ese momento, asociaciones de padres de niños autistas sostienen una guerra: “la guerra está declarada contra el psicoanálisis”.
Esta campaña, preparada por profesionales del periodismo, caricaturiza al psicoanálisis y propone terapias conductistas como única solución al autismo en su conjunto. La operación se apoya en el recurso a la ciencia que habría demostrado la causa biológica. Pero por el momento esa causa es una falacia que nadie ha podido demostrar.
Al respecto, Laurent dijo que “la maniobra está arropada mediante el recurso a la ciencia que afirmaría poder explicar el conjunto de los fenómenos mediante una estricta consideración biológica, sin tener en cuenta la relación que sustenta el sujeto con el mundo, hasta tal punto la apariencia de ciertos autistas permitiría pensar en este corte. El drama de salud pública planteado por estos sujetos coloca sin embargo en primer plano la recepción de estos síntomas en un discurso. Incluso si se explica el sorprendente crecimiento del número de casos mediante artefactos estadísticos, hay que explicar por qué la mirada clínica desvela mejor estos síntomas. Además, es el único ‘trastorno’ psíquico en el que la metáfora de la reducción del trastorno a un ‘desequilibrio químico’ como en la depresión, por ejemplo, es rechazada”.
La psicoanalista argentina Alejandra Glaze, lo dice de otra manera: “Debemos saber que en cualquier ley hay un vicio de estructura: está construida en base al ‘para todos’; la ley está preparada ya desde su origen como rechazo de lo singular. Es por eso que en la educación de los niños hay algo singular que se debe ajustar al ‘para todos’, tarea siempre imposible si seguimos a Freud. Pero la pregunta de interés es qué es lo que hay que homogeneizar en ese juego del ‘para todos’: el encuentro con la lengua. Algo que se pone en juego antes de lo que se enseña y se aprende, antes de los que mandan y obedecen, que constituye lo más singular del sujeto.
“Se debe valorizar al niño autista, no captarlo como un deficiente manipulador, sino como un sujeto inteligente entorpecido por sus angustias. En el tratamiento, se trata de estar allí, presente, para que el niño invente, cada uno, una manera de hacer con eso que lo angustia, no invadiéndolo ni amenazándolo con propuestas que vayan contra sus invenciones sino contando con sus potencialidades y sus incapacidades, pero también con su objeto privilegiado, el objeto autista. Estar allí, en presencia, uno por uno, para que pueda ser escuchado en lo que tenga que decir, y para que encuentre una forma de hacer con eso que lo retiene en esa posición encapsulada, en un intento de ligar el significante al cuerpo”.
Pero un episodio posterior al de la Asamblea Nacional, agitó más las aguas. Eric Laurent, junto a Alexandre Stevens y Esthela Solano, demandaron a la realizadora del documental El muro, Sophie Robert, por difamación, argumentando que la forma en que la película, donde aparecen sus testimonios, presentaba una edición tendenciosa y distorsionada al solo objeto de hacer circular una diatriba contra el psicoanálisis.
Y Ana Ruth Najles, psicoanalista también, recuerda que “en un texto de 1967 Jacques Lacan ubicó a la segregación como el problema más candente de nuestra época ya que está conectado con la relación que existe entre ‘el avance de la ciencia y el cuestionamiento de todas las estructuras sociales que éste trae aparejado’.
“Interpretamos este camino de segregación como la pérdida del estatuto de ser hablante, dejado sin palabras, sin responsabilidad, para caer en el estatuto de objeto de manipulación por parte del mercado, homologable a cualquier objeto producido por la tecnología: esta objetalización da lugar a lo que Lacan denomina el ‘niño generalizado’, que se traduce como ‘todos iguales’, es decir, para todos el mismo goce.
“El niño generalizado, producto de las variantes modernas de la segregación, segrega a su vez la muerte misma. Excluir el hecho de que no hay posibilidad de saberlo todo, de tenerlo todo, de decirlo todo, de no morir, de gozar de todo, eso es segregar la muerte. Esta época se caracteriza como la época del Otro que no existe, ya que el Otro, como lo dice Jacques-Alain Miller, en tanto garante de la verdad universal, no existe más. Los ideales de otrora ya no se sostienen.
“Entonces, ¿qué lugar ocupa un niño para este sujeto auto-referencial, constituido como narcisista, el del discurso capitalista?
“El mercado ha tomado a los niños como destinatarios privilegiados de sus estrategias de consumo, transformándolos así en los consumidores-consumidos por excelencia. Y esto se manifiesta en un fenómeno de los últimos años: el de los niños diagnosticados masivamente en el mundo occidental con un trastorno inventado, el así llamado ADD –síndrome de déficit de atención–, y medicados a veces durante la infancia y adolescencia, o la vida entera.
“Digo ‘síntomas modernos’ de la infancia entre comillas para hacer notar que tanto los chicos inquietos en el aula como los fenómenos del autismo no son fenómenos nuevos. Lo que es nuevo es el esfuerzo que la ciencia hace, de la mano de los medicamentos y del mercado, por hacerlos callar. Por dejar a los niños sin palabras, sin responsabilidad, en posición de objetos consumidos por el mercado de las ‘drogas’ lícitas. Ciertas corrientes de la industria farmacéutica se interesan por tener el control absoluto sobre estos ‘síntomas’ y el mercado que generan.
“La cantidad de chicos medicados con ritalina por el ADD, permite leer un aspecto de la cuestión, más allá o más acá de las políticas en juego; por el sesgo de una autoridad (la de los educadores) que ya no se sostiene, dada la debilidad del discurso pedagógico, discurso que padece de una insuficiencia radical para transmitir un saber en la época de Internet”.
Pero el titular del Ejecutivo francés, el “socialista” Francois Hollande ya comunicó su decisión a los psicoanalistas: “Tratándose en particular del autismo, voy a sacar las consecuencias del reciente informe de la Alta Autoridad de Salud (Haute Autorité de Santé, HAS)”. Basándose en el mismo informe, Daniel Fasquelle, diputado del partido de Nicolás Sarkozy, anunció su intención de introducir un proyecto de ley para prohibir “las prácticas psicoanalíticas con los autistas”.
¿Está perdida la batalla? Jean-Claude Maleval (de quien Grama acaba de publicar ¡Escuchen a los autistas!), se pregunta lo mismo. “¿Cuáles son entonces las principales conclusiones de la HAS en 2012 con respecto al tratamiento del autismo? ¿Y qué consecuencias se pueden sacar de ellas? Ninguna de ellas descansa en pruebas científicas establecidas. Dos enfoques, el método ABA y el programa de desarrollo de Denver, reciben un grado B, que designa una ‘presunción científica’ de eficacia, mientras que el programa TEACCH obtiene el grado C, que designa ‘un bajo nivel de prueba’. En cambio, los ‘enfoques psicoanalíticos’ y la ‘psicoterapia institucional’ se consideran como ‘intervenciones integrales no consensuales’: no resulta posible concluir a favor de la pertinencia de estas intervenciones debido a la ‘ausencia de datos sobre su eficacia y a la divergencia de los puntos de vista expresados’. Existe, sin embargo, una considerable literatura consagrada a los tratamientos psicoanalíticos del autismo. Datos existen, pero hay que aclarar que no existen los que cumplen con los requisitos metodológicos de la HAS”.
Jorge Alemán, psicoanalista y agregado cultural de la embajada argentina en España, sostiene desde Madrid que “más allá de la gravedad de la prohibición con respecto a la cuestión especifica del autismo, el asunto de fondo es que se vuelve cada vez más patente el antagonismo entre los dispositivos de evaluación, control y producción biopolítica de la subjetividad –consumados ahora en la hegemonía neoliberal en Europa– y la ética del psicoanálisis: es la ideología de la ‘objetividad’ y la ‘metafísica de los expertos’ asumidas por el Estado como instrumento de las mismas, la que rechaza la experiencia del inconsciente”.
Podría decirse que la batalla legal y cultural está perdida, a pesar que el inconsciente no es un objeto o un artefacto sino que se conoce por sus efectos, que ningún modelo computacional puede calcular y nada los pueda hacer desaparecer, ni siquiera en esta época, de la cual el autismo es una perfecta metáfora.
Grinbaum retrata a la hipermodernidad como “un estilo autista general, lo que hace que los niños autistas queden muy camuflados. Dos niños se juntan a jugar cada uno con su aparatito y nadie nota que tras ello se oculta una dificultad de lazo al otro, un rechazo radical al otro, que es lo que caracteriza al autista. Digo que en los tiempos contemporáneos todo se dirige hacia un mundo, insisto, de estilo autista, con goces autistas, y cuando finalmente el encuentro del grupo se concreta, por supuesto vía Facebook, lo que se produce es una reunión de amigos que no largan su gadget y difícilmente conversen entre ellos. Las familias se sientan a comer, clásicamente el momento de reunión e intimidad, a lo sumo interrumpida por algún programa en la tele, y hoy cada hijo, incluso para mantenerlo sentado, está inmerso en su iPad, iPod Nintendo y demás”.
Alejandra Glaze no es menos clara: “un sujeto autista encarna la negativa a no dejarse dominar por la intrusión que implica la existencia del Otro; a no dejarse someter a esa violencia que significa estar tomado en un discurso. El autista nos muestra el rechazo a un modo de ser habitando una lengua. Se trata de un Otro que funciona como una pura exterioridad de todos los significantes. Es quien justamente no se deja tomar en ningún discurso, va solo con su invento, que lo protege de la angustia, y con su objeto autista, lo que hace que desde ciertas corrientes en las que se lo intenta normalizar, se llame a sus conductas ‘obsesiones’, y se quiera, muchas veces, eliminarlas lisa y llanamente.
“Sabemos que el discurso de la ciencia no se lleva bien con la singularidad del sujeto, y también que es poco proclive a aceptar las diferencias, de modo que siempre tiende a acallarlo y proponerle conductas ligadas a una normalización. En este sentido, la especificidad del autista es concebida como un obstáculo al discurso educativo y al científico, que muchas veces van juntos. De ahí ese interés tan decidido por borrar cualquier especificidad de ese sujeto, e intentar llevarlo hacia el terreno de lo esperable.
“Es de lamentar que en nuestra época nos encontremos frente a un impasse en el que el mercado de la salud mental segrega la subjetividad, más evidente aún en el caso de los niños, utilizando nombres que etiquetan los síntomas como disfunciones. El autismo y el ADD son algunos, que reducen ese supuesto disfuncionamiento a un dato estadístico a completar en un protocolo, y evitando la pregunta sobre el malestar que aqueja al sujeto; mediante el rechazo a la subjetividad, estas corrientes inflacionan el autismo contemporáneo, objetalizando aún más a esos mismos niños. La idea que subyace en dichas medidas de control social tiene que ver con la idea de un hombre neuronal y un niño programado, que responda a los ideales de la época, hoy más ligados a la efectividad y a la producción que a la invención singular.
Pero “es interesante pensar por qué a la hiperactividad le siguió en interés el autismo. Son dos diagnósticos que suelen utilizarse en el discurso de la ciencia cuando el sujeto no se deja ‘atrapar’ o ‘normalizar’. Son enigmas de la ciencia a los que intentan dar respuestas rápidas sin pasar por lo que implica entender a qué responden. A ambos, se les pide sólo que obedezcan. Tal vez la causa pueda encontrarse en la patologización de los cuerpos, en esa práctica de la biopolítica que hace ingresar a los dispositivos de control hasta lo más íntimo del cuerpo; biopolítica que se topa con un obstáculo que procede de lo real, la pulsión, que no es digitalizable ni representable por ningún procedimiento técnico”.

lunes, 8 de octubre de 2012

La historia de la ciencia



LEONARDO MOLEDO, AUTOR DE HISTORIA DE LAS IDEAS CIENTIFICAS

“La historia de la ciencia es una aventura inigualable”

A partir del miércoles próximo, Página/12 comenzará a publicar la serie de 40 fascículos que van de Tales de Mileto a la Máquina de Dios, con ilustraciones de Milo Lockett. En esta entrevista, el autor reflexiona sobre los enrevesados caminos del pensamiento.

 Por Nicolás Olszevicki

–Una de las cosas que llaman la atención de los fascículos que va a publicar Página/12 a partir del miércoles próximo es que se trata de una historia de las ideas científicas y no de una historia de la ciencia a secas... ¿Por qué?
–Bueno, me pareció interesante hacer hincapié no tanto en los hechos concretos o descubrimientos concretos –lo que también es interesante, obviamente–, sino en las líneas de pensamiento que llevaron a esos descubrimientos, teorías, hallazgos. En última instancia, la ciencia nace de una sociedad que está pensando cosas, y esas cosas que se piensan, así como los estilos en pintura, en literatura o en música, son los titiriteros que manejan en forma explícita o implícita la actividad de los científicos. Y hay corrientes de pensamiento, linajes intelectuales, posiciones que duran muchísimo tiempo y que recorren toda la historia de la ciencia, a veces desde Tales de Mileto hasta hoy.
–¿Por ejemplo?
–Durante siglos se discutió la existencia o no del vacío, la existencia o no de los átomos, y esa discusión tuvo diferentes respuestas de acuerdo con quiénes fueran los personajes que intervinieran y cuál fuera el momento histórico. La discusión sobre la existencia de los átomos va desde los atomistas griegos y Aristóteles, que los negaba, hasta el siglo XIX, en el que todavía muchos químicos negaban la existencia de los átomos y los consideraban simples maneras de hablar.
–Y una historia de las ideas científicas obviamente no puede desvincularse de una historia social y política...
–En general, no, porque la ciencia más o menos acompaña los objetivos o las formas de funcionar de una sociedad determinada. Para poner un ejemplo muy ingenuo: una sociedad cazadora-recolectora es probable que se interese más por la botánica que una sociedad basada en la pesca. Ahora bien: las sociedades burguesas, que surgieron a partir del siglo XVI o XVII en Europa...
–Y un poquito antes también...
–Se podría decir que antes eran sociedades con burgueses, no burguesas. Las sociedades burguesas se interesan más por cuestiones abstractas y de medición que la sociedad medieval. El descubrimiento de América y la invención de la imprenta multiplicaron los intereses y las posibilidades de acceder al conocimiento, y por lo tanto, la cantidad de gente interesada. No es lo mismo un mundo sin libros que un mundo con libros. Y la relación entre la ciencia y la sociedad no pasa sólo por los intereses sino por las posibilidades. De cualquier manera, no hay que caer en un reduccionismo absoluto. Esta cuestión de la teoría atómica de la que hablábamos, por ejemplo: no sé si hay una correspondencia tan punto a punto. Se puede decir que la teoría atómica responde más a una filosofía mecánica, y que una filosofía mecánica responde más a un mundo donde se valoran las máquinas y la producción. Pero obviamente no hay una relación punto a punto.
–Porque si se pensara así, habría que pensar que el atomismo surge recién con la Revolución Industrial.
–Y surge en realidad en la polis griega, aunque triunfa de manera definitiva en el siglo XIX. Entre Demócrito (siglo V a.C.) y Dalton (1810) no hay ningún avance sobre la naturaleza de los átomos y su naturaleza química o real. De hecho, la primera edición de la Enciclopedia Británica, en el siglo XVIII, define al átomo como lo definía Demócrito.
–Y eso va muy en contra del sentido común sobre la historia de la ciencia. El sentido común tiende a pensar que hay una progresión lineal de la ciencia, que el pensamiento se plantea problemas que va solucionando linealmente en un progreso indefinido.
–Sí, ésa es la visión actual.
–Actual, ¿desde cuándo?
–La idea de progreso es relativamente nueva, una idea que podríamos remontar a la Revolución Científica. La aparición de la burguesía es la que instala la idea de progreso. A pesar de que hay ciertas épocas previas (en Alejandría, por ejemplo, o en la época romana, alrededor del siglo I, cuando se hacían exposiciones con aparatos a las que los romanos iban para ver los avances de la técnica) en las que estoy seguro de que esa idea estuvo presente. La cuestión es que la ciencia no avanza linealmente sino a los tumbos: avanza, retrocede, tropieza, se equivoca. Y no puede sino ser de otra manera, porque, como decía antes, la ciencia toma gran parte de sus ideas subyacentes de la evolución o el cambio o el estado de las ideas de la sociedad. Y todas esas progresiones no son sincrónicas. Alguien puede desfasarse o adelantarse, como en la sociedad. Lo que pasa es que nosotros ahora tenemos una idea clara de lo que es el progreso.
–¿Sí?
–En lo científico, sí. El progreso en lo científico es descubrir más sobre el Big Bang y el momento cero del universo, curar más enfermedades, descifrar capas más profundas del genoma, encontrar partículas elementales. Por ejemplo, el Bosón de Higgs muestra una faceta interesante, porque de alguna manera cierra el modelo estándar de partículas. Pero eso no quiere decir que se haya terminado. Ahora, nosotros, que vivimos imbuidos de la ideología del progreso científico, en general pensamos en extrapolaciones de lo que se está haciendo en este momento: sabemos que nos faltan tales aparatos para hacer tales cosas que no podemos hacer ahora y eso es lo que concebimos como progreso científico. Pero seguro que nos faltan aparatos que no sabemos que nos faltan, como Copérnico no sabía que le faltaba el telescopio, a pesar de que parece que los árabes ya tenían algo de eso. Y eso es lo más interesante: lo que no sabemos y no sabemos que no sabemos.
–Esta concepción de la ciencia puede traerle varios enemigos. ¿No es algo ingenuo pensar en la ciencia como algo que progresa, teniendo en cuenta todos los desastres a los que ha llevado?
–La idea de progreso es ambigua. La visión del progreso del siglo XIX, incluso la visión racionalista del progreso, produjo bastantes desastres, como es obvio. Acá mismo, el progreso era el ferrocarril y con el ferrocarril venía el rifle. Y ahí viene la vieja discusión sobre el problema de la teoría y la aplicación: una mala aplicación no desautoriza una buena teoría. Pero incluso hubo teorías científicas que fueron utilizadas ellas mismas como elemento de opresión, como las teorías raciales que se (mal) derivaron de la teoría de la evolución. De cualquier manera, creo que es necesario hacer una distinción entre el aspecto puramente teorético de la ciencia y su aspecto institucional. Me parece sensato pensar que la ciencia efectivamente avanza en su conocimiento por más que institucionalmente se utilicen mal sus resultados. Y hay un buen ejemplo para eso: el VIH. En sólo treinta años se consiguió cronificar la enfermedad y por lo tanto, en principio, controlar la epidemia. Pero la epidemia sigue en algunos países por razones puramente económicas y sociales, como en ciertas zonas de Africa. Eso no quiere decir que la ciencia en sí misma defienda los intereses de ninguna clase social ni nada por el estilo.
–Cuando uno habla de historia de la ciencia, o de historia de las ideas científicas, tiende a pensar que ciencia propiamente dicha no hay hasta bien entrado el siglo XVI o XVII con la Revolución Científica. Sin embargo, su historia comienza con Tales de Mileto.
–Es falso que no haya habido ciencia antes de la Revolución Científica. Completamente falso. Los griegos hicieron buena ciencia, construyeron un sistema astronómico bastante preciso, se ocuparon de biología, matemáticas, medicina, lógica. Tuvieron muy claramente el concepto de lo que es una ciencia racional, de lo que es la observación y la teoría... Incluso, en algún momento la cuestión se transformó de los grandes sistemas a las ciencias particulares. La Biblioteca de Alejandría, por ejemplo, funcionaba como una universidad moderna, más o menos. No es verdad, tampoco, que no hubo ciencia en la Edad Media. En la segunda parte de la Edad Media, después del siglo XI, se pensaba (y mucho) sobre la estructura del mundo, sobre la naturaleza del movimiento. Se discutía, había distintas escuelas y había, sobre todo, un brillo intelectual impresionante. Roger Bacon pensaba en máquinas voladoras y submarinos antes que Leonardo... ¡Eso sí que era una idea de progreso! Y en el siglo XII o XIII, Bernardo de Chartres decía: “Si vemos más lejos, es porque estamos subidos en hombros de gigantes” y Nicolás de Oresme en algún momento dice que deja las cuestiones de las que tratan sus estudios para los estudiantes que vengan después de él. O sea que sí hubo ciencia antes de la Edad Moderna. Uno podría ver todo el pensamiento científico como una aventura: la aventura de expandirse y ser cada vez más preciso en los conocimientos que se adquieren. Es razonable pensar que sabemos más de astronomía que Ptolomeo.
–¿Es razonable? ¿Nada más?
–Bueno, no: sabemos más de astronomía que Ptolomeo, de medicina que Hipócrates, de química que Lavoisier. Tenemos en nuestras manos piedras lunares, hay aparatos explorando Saturno, Júpiter; nuestra medida del universo es más exacta que la de Copérnico. Me parece que a pesar de lo que no sabemos y de lo que no nos imaginamos que no sabemos –que es lo más importante–, podemos decir que el acervo de conocimientos que tenemos es mayor que el que tenían los griegos, o el que se tenía hace dos siglos. Y si lo pensamos así, nos podemos preguntar cómo llegamos desde Tales de Mileto a la Máquina de Dios. Todo esto tiene evidentemente ribetes de aventura, de una aventura inigualable: la historia de las ideas científicas es una historia de una serie de pensamientos, de ideas, de equivocaciones y rectificaciones, de intuiciones geniales, de soluciones extraordinarias a problemas a simple vista insolubles, todos los cuales implicaron esfuerzos intelectuales tremendos. Incluso aquellos que luego fracasaron. Entonces una historia de esos esfuerzos intelectuales metidos en una realidad que (como toda realidad contemporánea) uno conoce poco, tiene un interés muy especial. Es la historia del esfuerzo intelectual del hombre. Nada más y nada menos.

viernes, 5 de octubre de 2012

STEVE JOBS

El genio que humanizó la tecnología

Expertos en diseño repasan las aportaciones del fundador de Apple, como la interacción intuitiva

Barcelona
Steve Jobs sostiene el primer ipad durante su presentación en enero de 2010. / REUTERS
Apple, con Steve Jobs al frente, fue el primer fabricante que quitó la disquetera de los ordenadores. Y el primero que los pintó de colores. Muchas de sus innovaciones levantan callos, pero terminan convirtiéndose en estándar, porque la compañía marca tendencia. Su fundador, fallecido hace un año, consta en más de 300 patentes, que van de los años ochenta hasta la actualidad, desde el ordenador al Apple TV.
Más allá de si fue un genio o un tirano, siempre tuvo clara la importancia de un buen diseño. Una máxima que aplicó a sus productos y a sí mismo. Varios expertos en diseño repasan el legado de quien “estuvo en el momento y en el lugar adecuado, con la suficiente visión y habilidad en los negocios para llevar la tecnología a los hogares de forma masiva”, explica Iván Expósito, especialista en diseño de producto en la consultora  Smart Design.
Jobs “supo conjugar los apectos creativos, tecnológicos y humanos. Supo humanizar la tecnología, que se convierte en inteligente cuando es intuitiva, fácil y atractiva y no al revés, cuando se tiene que aprender”, considera Joan Vinyets, fundador de la consultora de innovación Piece of Pie.
"Nos relacionamos con los objetos tecnológicos de Apple, diseñados bajo la batuta de Jobs, de forma similar a como lo hacemos con los objetos físicos. Por ejemplo, para pasar de página en un iPad es muy similar en un libro", explica Francesc Aragall, presidente de  Design for All.  Esta fundación promueve que entornos, productos y servicios se diseñen pensando en la diversidad humana para que todo el mundo pueda participar en la sociedad de la información. "La interacción intuitiva que impulsó es una de las primeras buenas prácticas de que la máquina se acercara a la forma de actuar de los humanos y no al revés".
Los iMac de 1998, como este en rosa, fueron los primeros ordenadores tras el regreso de jobs a la compañía.
El cofundador de Pixar no era ingeniero ni diseñador. “Tampoco tenía un máster en dirección de empresas. Era el superusuario y el primero que consumía sus propios productos” , considera Germán León, director de Oblong Europe, la compañía que desarrolló la tecnología táctil que aparece en la película de Tom Cruise, Minority report.
Thomas Eriksson, fundador del Laboratorio de Diseño de Estocolmo (Suecia) coincide: “Su contribución fue extraordinaria, porque se centró en la usabilidad de los aparatos. Los diseños de Apple, desde el primer ordenador, fueron únicos, simples, bonitos y fáciles de usar, lo que es todo un mérito porque eran tecnológicamente complejos”.
Walter Isaacson, biógrafo de Jobs, cree que será recordado por conectar el arte con la gran ingeniería. Una apreciación que comparte Tapio Hakanen, responsable de contenido visual y de sonido en Nokia. “El lanzamiento del iPhone fue un hito en la industria del móvil. Y para hacer algo increíble tienes que unir ingeniería y diseño”. El teléfono de Apple no introdujo ninguna tecnología nueva, pero “dio en el clavo con la interfaz de usuario. A la gente le da igual el sistema operativo, lo que le importa es aquello que les permite interactuar”, matiza León.
Caroline Hummels, profesora de Teoría del Diseño de Sistemas Inteligentes en la Universidad de Tecnología de Eindhoven (Holanda) añade: “Puso la calidad sobre la mesa. En los materiales, en la interacción, en el sonido, en la experiencia de compra… Siempre miraba hacia adelante y buscaba la perfección. Las empresas funcionan a corto plazo. Él pensaba más allá”.
Ni la animacion (Pixar) ni la computacion escapan a su influencia. “Y cuando impactas en la manera que la gente tiene de entretenerse, de imaginar, de procesar la información... probablemente también lo haces en otros sectores...”, sostiene Expósito, que lleva desde 1998 en el mundo del diseño, trabajando tanto en pequeños estudios como en grandes multinacionales y, desde hace cinco años en Smart Design. Aragall añade: Jobs ha influido en la implantación de tecnología donde daba miedo. Por ejemplo, en la domótica y en el Internet de las cosas, porquie la gente se atreve a interactuar a distancia con las máquinas. Y se fia de ellas".

¿Apple seguirá en vanguardia? Los expertos consultados consideran que tiene varios años de margen. Poco más. "Jobs es un producto de su época y en su cabeza siempre había un ordenador. El smartphone y las tabletas lo siguen siendo, aunque él hablase al final de su vida de la era pospecé”, considera Hummels.
Además, dice Vinyets, “hay muchísimas startups con capacidad de transgredir e innovar, dos de las grandes cualidades de Jobs”. Innovaciones que vendrán del “campo de lo social”, según Expósito, “más en sintonía con las necesidades reales de la gente y que no imponen un diálogo y un modelo de innovación tan unidireccional”. Eriksson, en cambio, apuesta por los productores energéticos. “Es el futuro y vendrá de las energías renovables, un universo nuevo a descubrir que en breve traerá excelentes noticias”. Aragall considera que actualmente la innovación está "distribuida. La nueva frontera será cuando los usuarios tengan el poder de crear junto a las empresas. Y en este sentido muchos clientes de Apple ya se sienten copartícipes gracias a la tienda de aplicaciones, pero aún irá a más".
El diseño tecnológico ya está evolucionando "para salir del ambiente controlado por ordenador hacia un entorno donde el ser humano sea la interfaz", explica León. O sea, dejaremos de hablar de sistemas operativos para referirnos a ambientes inteligentes espaciales, capaces de entender el entorno físico. El primer paso han sido las pantallas táctiles, pero falta integrar el movimiento y el sonido. Otro objetivo de los diseñadores es conseguir que no solo se perciba la tecnología como “eficiente” sino “comprometida y respetuosa” con la transformación social. “Siempre hay una implicación ética cuando creas tecnología, porque no es buena ni mala, pero sin duda tampoco es neutra”, concluye Hummels.

martes, 2 de octubre de 2012

Los mitos sobre el cáncer

Los mitos sobre el cáncer son una traba para la prevención

Por Valeria Román

Un estudio, presentado en un congreso europeo, revela que se le da demasiada trascendencia a la genética. Y que se subestiman los malos hábitos. Cuatro de cada 10 cánceres pueden ser evitados.


“El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos”, sostenía el escritor William Shakespeare. Su frase también corre para prevenir los tumores: 4 de cada 10 cánceres pueden ser prevenidos . Pero muchos viven como si no hubiera mucho para hacer para cuidar el cuerpo. Según un trabajo que se presentó el domingo en el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica, en Viena, aún predominan mitos y malentendidos sobre los factores de riesgo del cáncer.
El estudio se hizo en los Hospitales Universitarios de Mercy y Cork, en Irlanda, y consistió en entrevistas a 748 personas de la población general, incluidos 126 profesionales de la salud.
El 90% de los participantes en el estudio, incluidos los profesionales de la salud, creían que la herencia incrementa “fuertemente” el riesgo de cáncer. Aunque menos del 10% de los cánceres tienen un componente hereditario tan preponderante sobre el desarrollo de la enfermedad.
“Una amplia proporción de la gente sobreestima el riesgo de cáncer atribuible a la genética ”, dijo Derek Power, uno de los oncólogos que llevó adelante el trabajo. Por otro lado, advirtió que muchos subestiman los riesgos del cáncer asociados a la obesidad, el consumo de alcohol y la exposición al sol . El consumo de tabaco fue el factor más señalado por los encuestados como el responsable del cáncer (87% de los que contestaron lo mencionaron).
“Muchos mitos alrededor del riesgo de cáncer aún son populares”, sostuvo Power. Por ejemplo, “mucha gente piensa un golpe en las mamas, el estrés, la ropa interior ajustada, el uso del celular, los alimentos modificados genéticamente, y los aerosoles son factores de riesgo importantes”.
Para su sorpresa, el trabajo detectó que el 15% de los encuestados creía que el riesgo de padecer cáncer no puede ser modificado a lo largo de la vida.
“Estos malentendidos deben ser enfrentados para que las tasas de casos de cáncer sean reducidas” , opinó.
Es que entre el 90 y el 95% de los casos de cáncer se deben al fumar o al exponerse al humo del tabaco, la dieta no saludable y el sedentarismo. Cuando se les preguntó a los encuestados cómo reducirían su riesgo, el 27% respondió que con una dieta de desintoxicación. Otro 64% pensaba que la comida orgánica protege del cáncer. Hasta ahora, sin embargo, los estudios no demostraron que alguno de estos dos métodos sea efectivo , aclaró Power.

Consultada por Clarín , María Viniegra, médica oncóloga a cargo de la coordinación técnica del Instituo Nacional del Cáncer, dependiente del Ministerio de Salud de la Nación, consideró “una situación similar sobre mitos y malentendidos podría estar dándose en la población argentina”. Para explorar esa hipótesis, el Instituto está llevando a cabo un estudio sobre percepción del cáncer en diversas zonas geográficas del país, y esperan terminarlo a fin de año.
Es mucho más fácil imputarle una enfermedad a factores que uno no puede controlar , como la genética o el estrés de la vida cotidiana, que pensar que uno sí puede hacer algo y prevenir el desarrollo del cáncer”, opinó Viniegra. Bajar de peso o mantener un peso saludable, no fumar, no consumir más de un vaso de vino por día, hacer actividad física, protegerse del sol, y comer más frutas y verduras son acciones sencillas –resaltó–, pero requieren asumir una responsabilidad sobre el propio cuerpo .
“Es necesario que la gente cambie sus hábitos. Que consulte al médico sobre qué puede hacer para prevenir el cáncer”, expresó. Desde el Ministerio también están capacitando a los médicos: fueron formados para curar y no todos están preparados para dar pistas que ayuden a la prevención.

Más información:
Buenos hábitos contra el cáncer: ¿Qué recaudos se pueden tomar?
Las 10 claves de la dieta para bajar los riesgos de cáncer