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miércoles, 3 de diciembre de 2014

La inteligencia artificial terminará con los humanos




    El científico británico alerta sobre los avances de la inteligencia artificial
LONDRES, INGLATERRA (02/DIC/2014).- El físico británico Stephen Hawking alertó de que los esfuerzos por crear una inteligencia artificial avanzada pueden poner en peligro la supervivencia de los seres humanos.

Para el científico, de 72 años, los avances en ese campo podrían significar "el fin de la raza humana" si los sistemas artificiales llegaran a superar en inteligencia a las personas.

Los robots "podrían llegar a tomar el control y se podrían rediseñar a sí mismos" para desbancar a los humanos, dijo el físico en una entrevista con la cadena BBC.

Hawking ofreció una rueda de prensa en Londres para presentar un nuevo software que le permitirá comunicarse con mayor velocidad que hasta ahora.

El autor de libros como "Una breve historia del tiempo" padece desde hace más de 50 años una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que ha reducido casi por completo su movilidad.

Gracias a un nuevo sistema desarrollado por la compañía Intel, Hawking podrá comunicarse con mayor fluidez y multiplicar por diez su productividad, según él mismo explicó.

En ese contexto, el científico subrayó que los sistemas inteligentes que se han desarrollado hasta ahora han resultado útiles para la humanidad, si bien advirtió sobre la posibilidad de que en el futuro puedan suponer un peligro.

"Los humanos, que están limitados por la evolución biológica, no podrían competir y quedarían suprimidos" por los robots, analizó Hawking.

El físico habló además de los peligros que a sus ojos puede acarrear internet y resaltó que las compañías de telecomunicaciones deben "hacer más" para "contrarrestar las amenazas" que pueden propagarse a través de la red.

"La dificultad está en cómo hacerlo sin sacrificar la libertad y la privacidad", reflexionó Hawking, que, a pesar de su delicada salud, aspira a continuar "dando charlas y escribiendo artículos y libros".

domingo, 28 de septiembre de 2014

Novedades sobre el mal de Parkinson

Científicos hallan mecanismo de propagación del mal de Parkinson


Un grupo de investigadores demostró por medio de un nuevo anticuerpo el mecanismo de propagación célula a célula de la enfermedad de Parkinson en el cerebro humano, señala hoy la página digital de la Universidad Médica de Viena.

El estudio, realizado por un equipo del Instituto Clínico de Neurología del referido campus universitario junto a instituciones de Estados Unidos, Alemania y Hungría, se centró en la proteína alfa-sinucleína, la cual está presente en el cerebro humano pero se convierte en una forma diferente y patológica en casos de Parkinson y de un tipo común de demencia relacionada con la edad.

La investigación explica por qué los pacientes con el Mal de Parkinson se deterioran más y más desde una perspectiva clínica y desarrollan nuevos síntomas.

Señalan los expertos que esta demostración definitiva del mecanismo de propagación del mal de Parkinson proporciona un punto de partida para desarrollar nuevos tratamientos contra esa dolencia.

info: Argenpress

miércoles, 13 de agosto de 2014

Leonardo Moledo, divulgador

Muchas de las entrevistas que se reproducen en este blog, salen de las que hacía Leonardo Moledo en Pag 12. 
Lo tuve como docente en la Maestría de Investigación en la UNLa. Hace poco acomodando mi 'Bibliotek de Alejandría' encontré un cuento suyo dentro de los que llamo juntados. Allí describía el personaje un viaje del GBA a la Capital por la línea de ferrocarril San Martín. Me resultaban lugares conocidos.
Aquí va una entrevista que a él le realizan y que sale como un homenaje, a un matemático que fue un gran divulgador de la ciencia. Hoy por suerte la palabra divulgador no es ofensiva.
leonardo moledo

La continuación de la ciencia, por otros medios

Después de muchos años de entrevistar a los investigadores “de a pie” y escribir las notas de esta sección, el espacio de Ciencia de Página/12 le rinde hoy, a cuatro días de su muerte, un homenaje a su fundador, Leonardo Moledo (editor del suplemento Futuro y el divulgador científico más original del país), con la publicación de esta conversación que tuvo lugar meses antes de su muerte.
Por Nicolás Olszevicki y Pablo Esteban
Es difícil exagerar la importancia que la figura de Leonardo Moledo (1947-2014) tuvo para el campo de la divulgación científica en la Argentina. Y es difícil, sobre todo, porque con el actual boom pareciera que la escena pública siempre estuvo abierta al difícil trabajo de contar en los medios de comunicación con teorías e historias de la ciencia. Sin embargo, basta recordar aquel momento tristemente evocado por Moledo en que Cavallo mandó a todos los científicos a “lavar los platos” para saber que no siempre las cosas fueron tan simples. Moledo empezó a hacer literatura científica hace cuarenta años y, desde entonces, produjo algunos de los libros más geniales en este rubro, desde De las tortugas a las estrellas (1995) hasta Historia de las ideas científicas (2014). Con sus originales ideas, cambió por completo el modo de ejercer el periodismo científico y formó a toda una generación de nuevos divulgadores que conciben su escritura como la inventó –y ejerció con un virtuosismo maestro– Moledo. El mundo de la ciencia, pero también el de la literatura, lo va a extrañar. En este reportaje aparecen el perfil y las líneas fundamentales del pensamiento de un hombre que creyó hasta el final que la literatura y la ciencia no podían ser separadas y que, en su práctica, luchó para unirlas.
–Vos estudiaste matemática...
–Sí.
–¿Cuándo?
–En otra era geológica... Hace 40 años.
–¿Y por qué?
–Bueno, las matemáticas me gustaban, y además había tradición en casa. Y me siguen gustando mucho. Son una construcción maravillosa del espíritu humano; tal vez lo más maravilloso que se construyó, como la música o la filosofía.
–Pero tu concepción de la matemática es algo particular, y eso es lo que hace que resulte posible que alguien que es licenciado en Matemática se haya dedicado, en buena medida, a la literatura. O a hacer literatura de la ciencia.
–A mí siempre me interesaron las dos cosas. Me interesaban las matemáticas, pero me interesaba fundamentalmente la literatura y escribir. Cuando terminé matemática era muy chico y pensé que tenía que seguir estudiando. En vez de optar por Letras, que era lo natural, opté por Historia, porque estaba en un grupo de gente que se puso a estudiar Historia. No me arrepiento de la decisión, aunque es una carrera que no terminé. Me faltó un tercio.
–¿Y cómo empezaste a escribir en diarios?
–En realidad, yo siempre escribí. Pero en determinado momento llegué al suplemento cultural de Clarín para escribir sobre cultura, para hacer comentarios de libros... Después, como tenía una buena formación científica, pude hacer esa cosa intermedia: tenía las condiciones ideales para poder escribir sobre ciencia, que era lo que nadie sabía y yo sí sabía. Porque la carrera de Matemática te da una manera de pensar y una manera de ver el mundo muy particular, y muy fructífera.
–¿Y qué nexo encontrás entre todas esas disciplinas que parecen, a priori, separadas entre sí? Matemática, historia, filosofía...
–Entre matemática y filosofía el nexo es obvio. No nos olvidemos de que todos los primeros matemáticos fueron filósofos, empezando por Pitágoras, y que la Academia de Platón decía: “Que no entre aquí quien no sepa geometría”. Y, de hecho, todos los grandes filósofos se ocuparon mucho de la matemática: Descartes se ocupó, Leibniz se ocupó, Kant se ocupó. En el siglo XIX hay una separación más grande, pero en el siglo XX todos los que se nuclearon alrededor del Círculo de Viena se ocupaban mucho de la matemática. La relación entre la filosofía y la historia también es obvia. A diferencia de nosotros, los griegos no tenían una visión parcializada de la cultura. Y en cierta forma, la parcelización se dio a partir de la Ilustración. Pero los ilustrados del siglo XVIII veían tal vez las disciplinas separadas, aunque unificadas con la razón. Diderot, además de editar la Enciclopedia, escribió novelas, cuentos y críticas de arte; D’Alembert era matemático.
–¿Y qué opinás de eso?
–En lo que yo creo es en la unidad de la cultura. No creo que haya puentes truncados. Hay un prejuicio (esto es lo que Bacon hubiera llamado “prejuicios de la tribu”) que consiste en afirmar que hay dos culturas separadas. Ya Snow hace muchas décadas escribió sobre este asunto. El se basaba en lo que es la educación inglesa, una educación que era fuertemente humanista: el egresado de Cambridge sabía latín, griego, había leído todos los clásicos, aunque no tenía la menor idea de qué era la entropía. Pero hasta tal punto no la tenía que incluso estaba orgulloso. Es decir, la idea de estar orgulloso porque uno no sabe hacer una cuenta o porque no puede leer una fórmula es muy frecuente, lo cual crea una situación difícil para el comunicador de ciencia. Lo primero que tiene que decir es que eso que va a comunicar es digno de ser comunicado. Esa ciencia que le va a transmitir es digna de ser recibida. Quien escucha no se va a robotizar, que es la idea de muchísima gente, por saber leer una fórmula, sino que se va a enriquecer porque la lectura de una fórmula es un acto de lectura.
–De modo que hay que empezar a superar esa parcelización del saber tan propia de nuestra época.
–Para entender matemática hay que entender historia; para entender historia hay que entender matemática; para entender ciencias sociales hay que entender matemática y viceversa, porque todas éstas son actividades que produce la sociedad en la Historia. Uno no puede entender a Platón si no sabe en qué momento histórico estaba, y no puede entender a Bertrand Russell si no sabe en qué momento histórico estaba. Tampoco se puede entender la Teoría de la Relatividad sin entender cuál es el contexto en que eso surgió, por qué pudo surgir y por qué se pudo imponer; porque si alguien hubiese dicho eso tres siglos antes, lo hubiesen encerrado en un manicomio. Un hecho científico se compone de su historia y su filosofía. Cada cosa es también su historia. Porque es interesante ver cómo cada cosa llegó a ser. La ciencia más o menos acompaña los objetivos o las formas de funcionar de una sociedad determinada. Se hace en contexto. Copérnico propone lo que propone porque es un científico genial, pero también porque la necesidad de una reforma de la astronomía estaba en el aire de la época.
–Los grandes descubridores no son genios que salen de la nada.
–Absolutamente no. Los grandes científicos, los grandes descubridores están constreñidos por su época porque trabajan con herramientas que son sociales. El tipo que trabaja en un laboratorio lo hace con herramientas que le vienen de otro lado. No inventa un microscopio y se pone a ver las cosas, lo cual haría que su tarea fuera interminable, sino que el microscopio ya le viene dado por el trabajo de sus antecesores. Si no tuviera el microscopio, no podría hacer el trabajo que hace, y lo mismo con todos los aparatos. El desarrollo tecnológico es histórico. Y un filósofo, de la misma manera, no puede dejar de pensar cuál es la teoría cosmogónica actual, no puede pensar en cómo es el mundo si no sabe cómo pinta la ciencia el mundo. Y ésas son herramientas sociales. El tipo que investiga el Universo lo hace con las ideas de la época, pero también con los prejuicios de la época. Algunos prejuicios que sabe que son prejuicios y otros, que son los más limitantes, que no sabe siquiera que son prejuicios.
–¿Cómo es eso?
–Es algo muy interesante, y no siempre se lo remarca. Nosotros podemos razonar y hacer un mapa de lo que nos falta; no tenemos, por ejemplo, y sabemos que no tenemos una nave para poder viajar a Júpiter. Pero hay muchas cosas que no sabemos que no tenemos y ni siquiera sospechamos que podríamos llegar a tener. Un médico del año 1920 sabía que no tenía un aparato de rayos X bien afinado, pero no sabía que no tenía un equipo de resonancia magnética. Ni siquiera podía sospechar que no lo tenía. Entonces no podía pensar en función de esas cosas que le faltaban. Hace 20 años nadie podía concebir Internet, y ahora es la cosa más cotidiana del mundo. Yo muchas veces me pregunto cómo hacíamos para vivir sin correo electrónico, por ejemplo. Y no puedo respondérmelo, pero la verdad es que en esos momentos ni siquiera nos lo imaginábamos. El mismo contacto que tenía un delay de tiempo imposible de resolver y que ahora es instantáneo provocaba otra manera de intercambiar reflexiones. No se leen igual los libros, no se leen igual los diarios. Y nadie sabe para dónde va eso.
–¿Qué es el periodismo científico?
–En realidad, yo nunca me consideré un periodista. Porque el periodismo parte de ciertos presupuestos, como la importancia de la noticia y el uso de ciertas herramientas, que a mí no me interesan. Yo me considero un escritor de ciencia, y en general cuando planteo el tema del periodismo lo planteo desde el punto de vista de la literatura, sea el periodismo en ciencia o cualquier otro periodismo. Yo creo que hacer periodismo debería ser como hacer literatura; cuanto más literario sea el periodismo, mejor.
–Es polémico eso...
–Sé que esto va en contra de lo que se dicta en los cursos universitarios. “Apártense de la literatura”, se dice. No, digo yo, ¡hay que sumergirse en la literatura! El periodista policial tiene que construir un relato. Los hechos no le interesan a nadie, la literalidad no le interesa a nadie. El hecho concreto de que la bala salió a cierta distancia y penetró en el cuerpo con tal ángulo no le importa a nadie. Lo que importa es el relato que se construye sobre eso. Y la manera en que se cuenta es la literatura, que es la más vieja actividad humana. Contar historias. La sociedad se constituye alrededor de la historia, cuando alguien puede contar lo que le pasó. “No vayan por este camino porque puede haber peligro”: ahí hay una advertencia, pero también una historia en potencia. Cuando se pudo decir eso empezaron a funcionar mecanismos de transmisión completamente diferentes. Y yo creo que para contar la ciencia también hay que hacer eso. En el nivel de divulgación, por supuesto, no en el nivel de un paper que se escribe en una revista.
–La ciencia como literatura...
–¡Sí, por más raro que suene! La ciencia es un lenguaje que uno tiene que aprender a hablar para comunicar cosas, y como todo lenguaje tiene su gramática, tiene su sintaxis, tiene su ortografía. Y, sobre todo, tiene su literatura. Y la literatura del lenguaje de la ciencia son las historias que cuenta la ciencia sobre el mundo; parafraseando a Macbeth, la ciencia es un cuento lleno de sonido y de furia, pero que significa mucho. Es un cuento que la Humanidad se cuenta a sí misma. La historia del Universo y las historias del Universo son tan maravillosas como el más maravilloso de los cuentos. Por ejemplo, una estrella es una máquina, y verla como una máquina ya da una perspectiva nueva. Es un reactor nuclear que transforma peso y gravedad en luz. Es una perfecta máquina que un día se queda sin combustible y adiós, nos achicharra a todos nosotros. Es lo que va a ocurrir dentro de 5 mil millones de años. Ese relato del final es tan terrorífico como el más terrorífico de los cuentos de hadas. Es el cuento de hadas, o el relato, o uno de los relatos, mejor dicho, que nosotros podemos escribir sobre el Universo. Entonces es una falacia total que la ciencia no sea un relato. La ciencia lo es, porque es comunicación y es lenguaje.
–Que la ciencia sea comunicación es, también, algo que va en contra del sentido común, que supone al científico como un aislado, recluido en su laboratorio.
–Sí, claro. Y no es que existe la ciencia y después se comunica. La ciencia existe si se comunica; si no, no existe. Y esto ocurre por una razón muy simple: la ciencia occidental, la que se consolida con Copérnico y la revolución científica del siglo XVI, instaura una manera de hacer que es necesariamente pública, porque el núcleo explícito de la ciencia es el experimento, y el experimento tiene que ser reproducible. Tiene que ser controlado por alguien. No es admisible una ciencia hermética, porque algo que no se comunicó a alguien de tal manera que la otra persona pudiera comprobarlo no es un enunciado científico. Aclaro que estoy simplificando mucho el esquema epistemológico de la ciencia (planteado por Newton en el siglo XVII), e incluso no estoy de todo de acuerdo con él, pero lo tomo como punto de partida. En este marco, un enunciado científico es un enunciado que alguien escucha.
–¿Por qué?
–Porque si nadie lo escucha es simplemente un pensamiento de la persona a la que se le ocurrió. Puede ser verdadero o falso y no tiene la menor importancia: el valor de verdad –siempre provisorio– de los enunciados científicos se da en esa relación particular de comunicación que es el experimento. No es ninguna casualidad que uno de los grandes héroes de la revolución científica, Galileo Galilei, empezara a escribir en italiano. Y fue, dicho sea de paso, una de las acusaciones que se le hizo: escribir en italiano y no en latín. Por otro lado, El mensajero de los astros fue, quizás, el primer ejemplo de divulgación científica moderna. Lo hacía el propio Galileo. Si uno lee a Galileo, aprende un montón porque cualquiera de los libros de Galileo parecen escritos por un periodista actual. Lo que hace Galileo es publicitar a la ciencia: la ciencia no es patrimonio de quien la descubre –nos dice–, sino que es patrimonio de todos. Pero es patrimonio de todos de manera intrínseca, ya que no hay ciencia sin experimento.
–¿Y por qué considerás que es importante que la ciencia llegue a la sociedad?
–Antes que nada, porque es parte de la cultura. Y creo que la cultura en general debe llegar a todo el mundo, como debe hacerlo la música clásica y la buena literatura. En segundo lugar, porque estamos en una civilización que está sostenida por el conocimiento científico y la tecnología. Este es un fenómeno que se da a partir de mediados del siglo XIX: empieza la globalización de las comunicaciones, que evoluciona hasta dar ahora Internet. Hace un tiempo, un amigo me decía que le hubiese gustado vivir en el 1800. Justamente ahora, que estoy escribiendo sobre historia de la medicina, me doy cuenta de que no me gustaría vivir en ninguna época que no fuera ésta. Me aterraría ir al dentista en el año 1800, sin anestesia, sin antibióticos...
–Por último, una pregunta bien simple: ¿qué es la ciencia?
–Bien simple, sí... A ver: es un tipo de conocimiento racional que se basa en un método (aunque no está claro cuál sea tal método: puede ser inductivo, hipotético-deductivo...). Una de mis frases favoritas es de Asimov, que define el método científico como “el método que usan los científicos para hacer descubrimientos científicos”. Creo que hay ciertas visiones muy estancadas del método científico que dejan fuera de la ciencia a la creatividad. Es falso lo que dice muchas veces el discurso, que viene de cierta forma reaccionaria del romanticismo, de que la ciencia por su racionalismo impide la emoción: la ciencia es una aventura llena de emociones y lo creativo es una de las condiciones de su existencia. Y esto lo podemos pensar, incluso, si revisamos el método científico moderno, el que Newton recomienda en sus Principia. La ciencia trabaja mediante experimentos que después se extienden por inducción a leyes generales. Se supone que a través de varios experimentos se puede sacar una ley general, pero tal método no es una cosa que garantice la verdad. La inducción es una operación filosófica, una operación puramente creativa. Nadie me asegura a mí que yo pueda inducir sin ningún error a partir de un cierto número de casos. Entonces ahí hay un paso creativo, un paso metafísico, un paso filosófico, o como quieran llamarlo, que está metido adentro de la ciencia. Es decir que la creatividad es una parte indisoluble de la ciencia, de la misma manera que lo es del arte.
–Y para definir la ciencia es necesario poner dentro de un mismo concepto cosas que parecen muy diferentes entre sí.

–Claro, y no todo el mundo cree que la ciencia está unificada. No se parecen demasiado, por ejemplo, las ciencias puramente empíricas y las ciencias puramente deductivas o formales, como es la matemática. En la gama intermedia hay de todo. Mi tendencia es hacia las ciencias deductivas. A mí la cosa empírica no me parece tan interesante, porque yo estudié matemática y todos los matemáticos en el fondo somos platónicos, lo reconozcamos o no. Creemos que las matemáticas subyacen a la realidad. No obstante, yo me esfuerzo por abarcar lo empírico también. Pero el modo en que alguien describe lo que ve en un microscopio no me interesa tanto como la idea que puede surgir de esa observación. Ver en el microscopio una célula y describirla es un mérito, pero pegar el salto y decir “la célula es la base de toda la vida” es lo que más me interesa. Ese salto al vacío es el salto que la ciencia tiene que dar, y es el que yo mismo trato de dar cuando escribo.

lunes, 14 de julio de 2014

Las causas del dolor sin motivo

Cuando duele el dolor que no duele

Las causas del dolor crónico e inmotivado fueron descubiertas por un equipo internacional dirigido por un científico argentino.
por Pedro Lipcovich
Un equipo internacional dirigido por un investigador del Conicet descubrió un mecanismo fisiológico que podría servir para dar respuesta a una de las preguntas más difíciles de la medicina: qué hacer con el “dolor neuropático”, esa manifestación crónica, desesperante, por la cual el sistema nervioso, en vez de limitarse a sentir dolor cuando hay un órgano dañado, empieza a experimentarlo en forma espontánea porque las neuronas encargadas de transmitir la información dolorosa están confundidas, dañadas. Estos científicos descubrieron que la neurona misma cuenta con un sistema de reaseguro para que esto no suceda: el dolor neuropático se produciría cuando este sistema no funciona bien, y este conocimiento servirá para poner a prueba fármacos que puedan enfrentarlo.
El trabajo que anuncia el descubrimiento fue publicado en The Journal of Neuroscience, firmado por un equipo dirigido por Cristian Acosta y que incluye investigadores de las universidades de Bristol (Gran Bretaña) y la de Rey Faisal (Arabia Saudita). El estudio se refiere “al dolor neuropático, que incluye muchas formas de dolor crónico –explicó Acosta, investigador del Conicet en el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza–: puede ser causado por un accidente que dañó los nervios, por una cirugía, por una quimioterapia, puede aparecer como desde la nada. Suele ser muy intenso y molesto, acompañado de una sensación de irritación o quemazón. Es difícil y a veces imposible de tratar y se lo llama dolor anormal: si una persona se pincha con una espina o acerca la mano al fuego, sentirá un dolor que es normal, que impulsa a retirar la mano, es útil, protege. Pero el dolor neuropático se debe a una disfunción del sistema nervioso. El impulso nervioso anormal es resultado de una disfunción en la neurona”.
“Estudiamos, en animales de laboratorio, neuronas especializadas en dolor que están en las extremidades, las manos, los pies, bien cerca de la superficie de la piel. Son muy largas: cada neurona puede tener un metro o más. El estímulo doloroso se transmite a lo largo de la neurona mediante una señal eléctrica; luego, gracias a una sustancia neurotransmisora, pasa a la neurona siguiente, ya en la médula espinal, y desde allí la información sigue su curso hacia el cerebro –contó Acosta–. Si lográramos limitar la cantidad de información dolorosa, la persona sentiría menos dolor. Y nosotros descubrimos que la neurona cuenta, ella misma, con un mecanismo para limitar la transmisión de dolor.”
El mecanismo descubierto por el equipo de Acosta se sitúa “en el denominado ‘canal TREK2’, que está constituido por una cantidad de poros en la membrana celular de la neurona: su función es permitir la salida de potasio. Como el potasio tiene carga positiva, cuando abandona la célula ésta se vuelve más negativa, y cuanto más carga negativa tenga una neurona, más difícil será que se estimule. Este mecanismo actúa limitando la excitabilidad de la neurona: cuando funciona bien, las neuronas no se dispararán por sí solas sino sólo si se presenta un dolor normal, por un estímulo como por ejemplo el fuego”.
“En nuestros experimentos –continuó el investigador del Conicet– encontramos que cuando se produce dolor espontáneo, neuropático, sucede que hay un defecto en este canal: así lo constatamos en ratas, y hay una fuerte posibilidad de que ocurra lo mismo en humanos.”
“Se conocen sustancias que incrementan la actividad del canal TREK2. Hemos empezado a estudiarlas –anunció Acosta– para determinar si tienen la capacidad de revertir el dolor espontáneo. Esta tarea es la etapa siguiente de nuestra investigación. Además, como el TREK2 existe sólo en estas neuronas, un fármaco que lo estimule no va a afectar indiscriminadamente otras sensaciones, y haber establecido esto es una parte clave de nuestro trabajo. El sistema nervioso conservará su sensibilidad ante el estímulo agudo, el de una herida o quemadura, ya que éste está mediado por otros canales.” El científico aclaró que “estas investigaciones son preliminares, con animales de laboratorio: hay mucha distancia entre un hallazgo en modelo animal y un fármaco que pueda utilizarse en la clínica”.
“Por nuestra parte no tenemos previsto hacer ensayos clínicos sobre humanos, pero me consta que hay empresas farmacéuticas multinacionales muy interesadas en el desarrollo de fármacos que tengan efecto sobre estos canales y que se puedan usar en humanos. Esta posibilidad sólo podrá estimarse a mediano plazo, quizás entre cinco y siete años”, concluyó Acosta.

miércoles, 16 de abril de 2014

Supersimetría

DIALOGO CON DANIEL LOPEZ, DOCTOR EN FISICA

En busca de la identidad de las partículas

La supersimetría representa la correspondencia entre los tipos de partículas elementales que existen en la naturaleza: los bosones y los fermiones. El modelo estándar de Higgs arroja luz en este sentido y permite describir de dónde proviene la masa de las partículas.

por Leonardo Moledo
–Cuénteme qué es lo que hace.
–Yo trabajo en lo que se llama supersimetría, física más allá del modelo estándar de partículas. Para empezar a hablar de eso tendríamos que hablar primero un poco del modelo estándar, justamente.
–Me parece bien.
–Y también tenemos que hablar de la física de Higgs, que tiene hoy la mayor relevancia. Está en boca de todo el mundo que se descubrió el bosón, y eso para la física de partículas es importantísimo. Gracias al descubrimiento podemos saber de dónde vienen las masas de las partículas.
–¿Pero comprendemos por qué el bosón de Higgs hace que una partícula tenga más masa que otra?
–Lo puedo explicar con una analogía que le gusta mucho al propio Higgs. Imagínese un espacio lleno de periodistas: yo paso por allí y nadie se me acerca ni me dice nada, mi movimiento es rápido y, como el peso se puede pensar como resistencia al movimiento, peso poco. En cambio, si entra una estrella de la farándula, los periodistas se le van a abalanzar y va a “pesar” mucho (le va a costar mucho moverse). Imagínese entonces que los periodistas son como los bosones, yo soy el electrón y la estrella de la farándula es el protón. El protón pesa más que el electrón porque le cuesta mucho más ser movido. El Higgs se asocia con las partículas, salvo con algunas que van como libremente: el fotón, por ejemplo, que no tiene masa, no siente la presencia del Higgs. Sin embargo, hay otras partículas que sienten que el Higgs existe; algunas lo sienten más, otras menos, y eso es lo que hace que sean más lentas o más rápidas. Esa es la idea general. El propio Higgs siente el campo y también, por eso, tiene una masa. Ese es el origen, entonces, de la masa de las partículas: están sintiendo la masa del Higgs.
–¿Se lo encontró o no se lo encontró? Porque las noticias fueron un poco confusas.
–En realidad no es que fueran confusas; el anuncio fue que se lo encontró. Lo que pasa es que los experimentadores siempre son muy cautos. No van a asegurar que es realmente el Higgs hasta que estén completamente seguros, pero eso ya ha sucedido. Ellos querían determinar absolutamente todas las propiedades para que no hubiera ninguna duda de que fuera el bosón.
–¿Cómo se sabe que efectivamente era el bosón?
–Por la forma en que decae. La cuestión que queda ahora abierta es si es el Higgs del modelo estándar, del modelo mínimo que explica todo, o si es un Higgs un poco más raro. A partir del hallazgo, entonces, podemos empezar a ver si se comporta distinto de lo que prevé el modelo estándar, que es el modelo más simple y feliz. Pero se comporta muy acorde con eso; fíjese que las masas de todas las partículas que describe el modelo no tienen un origen arbitrario, sino que vienen todas dadas por el Higgs. Cuanto más se acopla, más masa va a tener, y eso da un patrón de cómo se comporta el Higgs, que es muy particular.
–¿Por qué una partícula se va a acoplar más que otra?
–Porque hay algunos acoples que son libres, que son a determinar, son algo fundamental de la teoría que hay que describir. Hay partículas a las que les “gusta” acoplarse más, otras a las que les “gusta” acoplarse menos, y eso hay que medirlo. Lo importante es que hay una partícula que les da la masa a las demás; no es que la masa sea algo aparte, sino que es una propiedad que adquieren por su interacción.
–¿Y cómo interactúa usted con eso?
–Yo trabajo con la supersimetría. Es una simetría de la naturaleza, tal como las que estamos acostumbrados a ver: algo totalmente esférico, una pelota perfecta, o quizás imperfecta pero con imperfecciones importantes. Las simetrías no siempre son exactas, a veces son sutilmente inexactas. La supersimetría, justamente, es una simetría que estaría rota. La supersimetría supone que todas las partículas que conocemos tienen un compañero.
–¿A qué se refiere con “compañero”? ¿Están descriptos en el modelo estándar?
–No. Todos los compañeros son “nuevos”. Todas tendrían una nueva partícula asociada.
–¿Y qué pasa con este compañero?
–Este compañero, como está rota la supersimetría, tiene una masa. El Higgs formaría parte de ese grupo, tendría masa, pero además tendría la propiedad de darles masa a sus compañeros y a todas las partículas que conocemos. Mejora en cierto sentido la idea que tenemos de dónde salen las masas, porque el origen de estas masas sería la ruptura de esta simetría. Hay muchos modelos supersimétricos, pero lo que uno debería hacer es buscar modelos “mínimos”, es decir, modelos que expliquen la mayor cantidad de fenómenos al menor costo posible. Modelos mínimos está el Modelo Mínimo Supersimétrico, que es completamente mínimo: lo que hace es agarrar las partículas del modelo estándar y decir que hay el doble de partículas. Eso lleva a dos cosas: lo primero es que no se puede explicar la física de los neutrinos, problema que ya tiene el modelo estándar. Lo segundo es que hace una predicción muy concreta para la materia oscura. El modelo estándar tiene dos cosas que no puede explicar: una es la física de los neutrinos, que se puede arreglar. Las partículas se pueden distinguir en dos grupos: las que intuitivamente las asociamos con una fuerza y las que intuitivamente las asociamos con una materia conocida. La supersimetría lo que va a hacer, justamente, es una simetría entre ambas, pero no entre las que conocemos. Las partículas de materia, entonces, tienen todas una parte derecha y una parte izquierda (todas menos el neutrino). Una forma de darle masa es agregarle la parte derecha, haciendo que el neutrino tenga masa, pero la gente inventó muchísimas modificaciones para darles masa a los neutrinos. Lo que le decía es que el modelo mínimo no tiene masa para los neutrinos, pero además dice que una partícula va a ser completamente estable y va a ser candidato a materia oscura.
–La materia oscura...
–Cuando uno mira a gran escala las galaxias, uno ve que se comportan a gran escala de manera rara y no rotan de acuerdo con la masa que uno supone que tienen, sino que rotan como si tuvieran más masa. Cuando uno mira un conjunto de galaxias pasa lo mismo, y lo mismo si observa todo el universo. Eso se debe a la materia oscura. Justamente en su versión más simple, la supersimetría dice que hay una partícula que es completamente estable, que podría ser el compañero de Higgs y que podría ser la partícula que conforma la materia oscura. Y lo mejor de todo es que teóricamente se puede detectar.
–¿Cómo?

–Hay experimentos hechos para detectarla, pero lo cierto es que por ahora no se ha visto nada. Por otro lado, hay otro approach distinto, que consiste en incluir desde el principio los neutrinos derechos, supersimetrizamos eso, escribimos lo más fácil posible, y eso lleva a que el compañero de Higgs no puede ser materia oscura. Hay una cosa que se llama “neutralino”, que es la materia oscura en el modelo mínimo, que no puede ser materia oscura porque no está la simetría que hace que se quede estable para siempre, pero lo que hay es algo muy curioso. La física de neutrinos se produce de forma muy sencilla, porque no sólo sabemos que tienen masa, sino que sabemos que les gusta mucho mezclarse entre sí. Si usted pone solamente neutrinos radicantes puede hacer que se mezclen mucho entre sí, pero tiene que forzar un poco las cosas. El compañero del Higgs forma parte del mecanismo de darles masa a los neutrinos y hace que todo se mezcle de forma muy sencilla. Ese es un patrón que observamos, que los neutrinos se mezclan mucho. Esa es una predicción del modelo que concebimos. Toda la tecnología cambia completamente respecto del modelo mínimo. La materia oscura en principio puede ser el compañero de la gravedad: se llama “gravitino”. Entonces es también un modelo que en cierto sentido es mínimo, pero se llega a conclusiones distintas. Toda la búsqueda de nueva física que ya se venía haciendo hay que hacerla de otra manera. Y ésa es una de las cosas fundamentales en la que estamos trabajando.

domingo, 9 de marzo de 2014

AVES GIGANTESCAS

La imágen del pterodáctilo también generó estas dudas (¿Están los Pterodáctilos vivos?)




Culturas primitivas alrededor del mundo han tenido durante siglos historias y leyendas que hablan sobre aves gigantescas que viven en regiones de gran altura y que solo bajan a la tierra de vez en cuando para buscar alimento. Con la capacidad de llevar en sus garras animales de gran tamaño, incluso elefantes que luego dejan caer sobre las rocas para matarlos y comer de ellos.


De todos estos, los más populares son los Roc, provenientes de las leyendas del medio oriente pero presuntamente con origen en la India, los Roc son enormes aves de gran fuerza y un temible sonido proveniente de su pico y alas que era una pesadilla para quien se topaba con uno. Marco Polo afirma haber visto uno en uno de sus viajes de esta forma esparciendo la leyenda por toda Europa. Antonio Pigafetta cronista acompañante de Magallanes, afirmaba que los Roc habitaban cierta región del mar de China y que solo podía uno esconderse a su paso.
Cuentos de hadas del medio oriente como Simbad el Marino están llenos de historias de Rocs que destruyen barcos sobre todo en venganza por la ruptura de uno de sus huevos. Los huevos de Roc eran especialmente apetecidos como reliquias en Europa lo que llevó a varios charlatanes a disfrazar huevos de avestruz y hacerlos pasar por Rocs.


Igualmente en las Américas hay relatos frecuentes de aves gigantescas, en diferentes tribus de Norte, Centro y Sudamérica, pero tal vez la más conocida de ellas es la proveniente de las tribus  de Norteamérica que lidiaban con una feroz raza de aves gigantescas llamadas thunderbirds. El nombre deriva de las descripciones según las cuales estos animales al batir sus alas producían un sonido como de trueno. Similares al Ro, son extremadamente agresivos y al encontrarse con uno lo único que podía hacer uno era tratar de esconderse para no ser visto. Pero no todo es malo, según los lakota, los seres humanos estamos aquí gracias a los Thunderbirds que en tiempos antiguos lucharon y mataron a una raza de reptiles gigantes que vivían en la región llamados los unktehila.
La mayoría de relatos describen a los Roc y a los Thunderbirds como águilas gigantescas pero algunas otras fuentes identifican a estos animales como reptiles voladores gigantes.  Para muchos criptozoólogos, este tipo de relatos y otros como los de los dragones medievales son pruebas de que  reptiles voladores como aquellos que existieron en la época de los dinosaurios continuaron habitando la tierra al menos hasta principios del siglo XX.
En octubre de 1886, un periódico de California reportó el avistamiento de una de estas criaturas en la laguna Elizabeth, conocida por los antiguos habitantes españoles y mexicanos como la laguna del diablo.  Durante años, la laguna era centro de leyendas sobre terribles monstruos alados y en el pasado varios de los propietarios de la tierra alrededor del lago habían tenido que abandonar la tierra por temor al monstruo alado de la alguna. El reporte de 1886 acusaba al monstruo de devorar una importante cantidad de ganado y el propietario de la finca ofrecía recompensa a quien pudiera capturar viva a la criatura para vendérsela a un circo. Muchos intentaron incluso uno afirma haber tenido un encuentro muy cercano con la criatura a la que le disparó en una de sus alas, la bala al entrar en su ala sonó como si golpeara metal. Finalmente  a la criatura se le vio volar hacia el este y jamás se le volvió a ver.
Días después  el periódico llamado El Epitafio de la ciudad de Tombstone en Arizona, reportó que un grupo de vaqueros habían visto una criatura similar en el desierto que al parecer volaba con dificultad y a la que habían matado después de varios intentos y llevado al pueblo en una diligencia.
En 1960, la revista Saga de eventos paranormales revive el artículo del Epitafio y afirma que acompañando al artículo venía una fotografía de seis vaqueros posando alrededor de lo que parece ser un Pterodáctilo prehistórico con las alas extendidas.  Y aquí es donde viene la parte misteriosa, muchas personas juran haber visto la fotografía en los 60’s no solamente en Saga sino en programas de tv y periódicos alrededor de USA, pero la fotografía desapareció misteriosamente y jamás pudo volver a encontrársele. Si la fotografía no existió, ¿por qué tanta gente afirma recordar haberla visto? Y si existió ¿por qué desaparecieron todas las copias?.
En 1995, Derek Williams, un coleccionista de libros antiguos, llegó a una pequeña librería en un pueblo olvidado de Arkansas donde adquirió varios libros, entre ellos, un libro de temas paranormales de principios de los años 70’s. Dentro del libro suelta y doblada, encontró una fotografía similar a la de los vaqueros pero en vez de vaqueros lo que se veía eran soldados de la guerra civil americana posando al frente de lo que parece ser un pterodáctilo.


Derek envió la fotografía a varias universidades donde se determinó que se trataba de una fotografía tomada  en los años sesenta  a la fotografía original, una técnica muy utilizada en la época para preservar fotografías antiguas,  pero la imagen correspondía correctamente con los trajes de la época de la guerra civil y los artefactos y efectos ópticos que aparecían en la imagen correspondían con los encontrados en cámaras de la época.  La conclusión es que la fotografía original era de alrededor de 1890 y que si era un engaño era un engaño de esa época.  Desde ese día muchos afirman que es real mientras otros afirman que es falsa, la bitácora de Derek y su búsqueda de la verdad se puede leer aquí.
Thunderbirds y Rocs han sido reportados en épocas tan recientes como el 2003 en Texas y 2005 en el Tíbet pero de nuevo la falta de evidencia concreta hace que la ciencia los considere apenas una leyenda.

CINE Y CIENCIA

La película Apolo XIII, por si hiciera falta aclararlo, cuenta la odisea en la que se convirtió esa misión cuando una explosión a bordo de la nave puso en peligro a toda la tripulación. Aunque fracasó en su objetivo de poner hombres en la Luna por tercera vez, la misión es considerada un éxito porque los tres astronautas pudieron regresar a salvo a la Tierra.
Parte de la película transcurre dentro de la nave, donde podemos ver a los astronautas flotando de aquí para allá en un ambiente de ingravidez.
Cuando se ve ese ambiente de ingravidez en una nave espacial, podría pensarse que se debe a la gran distancia respecto de la Tierra, más allá del alcance de su campo gravitatorio. Pero en la película la primera escena de ingravidez transcurre tras unos pocos minutos de vuelo, todavía muy cerca de la Tierra, cuando se apagan los motores y los astronautas se quitan los cascos y los guantes, que quedan flotando junto a ellos.
El ambiente de ingravidez en una nave espacial no se produce por una supuesta ausencia o debilidad de la atracción gravitatoria terrestre. Para entender la verdadera razón, imaginemos que un astronauta salta por un precipicio con una manzana en la mano. Si suelta la manzana mientras está cayendo, el astronauta no la verá caer de su mano, porque ambos ya están cayendo. Lo que él verá será que la manzana permanece a su lado, mientras ambos caen a la misma velocidad. La gravedad tiene el mismo efecto sobre el astronauta y sobre la manzana, sin movimiento relativo entre ellos.
Este estado de ingravidez relativa es el que tiene lugar dentro de una nave espacial. Cuando la nave apaga sus motores, comienza a caer. Normalmente, caería hacia la Tierra, Pero, si lleva la dirección y la velocidad adecuadas, caerá hacia la Luna. El vuelo de las naves Apolo consistía en una larga caída hacia la Luna. Mientras la nave cae, lo mismo hacen sus tripulantes y todo lo que ella contiene. Como todos caen a la misma velocidad, no se experimenta la gravedad entre todos ellos.
Para filmar algunas de las escenas de ingravidez en Apolo XIII se usó el mismo recurso que para entrenar a los astronautas. Los actores, y todo el equipo de filmación, se embarcaron en un avión especialmente acondicionado. Una vez en vuelo, el avión inicia una trepada a 45 grados. Cuando llega a una altura y velocidad adecuadas, apaga sus motores. El avión continúa subiendo, alcanza una altura máxima y comienza a caer. Esta maniobra dura aproximadamente un minuto, hasta que deben reencenderse los motores. Durante ese minuto el avión, sus ocupantes y todo lo que él contiene se desplazan a la misma velocidad. Y, mientras dura ese vuelo sin motor, no se experimenta la gravedad dentro del avión. Se dice que los protagonistas de la película pasaron más tiempo dentro de estos aviones que los verdaderos astronautas durante su entrenamiento.

21 Y EL PROBLEMA DE MONTY HALL

En 21 (también llamada Black Jack) un profesor de matemática recluta a sus alumnos más brillantes para un equipo que juega al Black Jack en los casinos de Las Vegas con un sistema que él ha perfeccionado y que asegura grandes ganancias. La película está basada en la historia de un grupo formado por alumnos del MIT y de la Universidad de Harvard, y que realmente empleaba métodos matemáticos para derrotar a los casinos de Las Vegas, Atlantic City y otras ciudades.
En la película, uno de los alumnos llama la atención del profesor al resolver correctamente el “problema de Monty Hall”, llamado así por el nombre de un presentador de televisión que planteaba el problema como juego en su programa Let’s Make A Deal (Hagamos un trato).
En el juego se le presentan al participante tres puertas. Detrás de una de ellas hay un premio valioso. Por ejemplo, un auto. Detrás de cada una de las otras dos hay un premio mucho menos valioso. Por ejemplo, una cabra. El participante elige una de las puertas y se queda con lo que haya detrás de ella.
Sin embargo, luego de que el participante ha hecho su elección, el presentador abre una de las otras dos puertas y muestra que hay una cabra detrás de ella (él sabe dónde está el auto, de modo que siempre puede abrir una puerta con una cabra). A continuación le ofrece al participante cambiar su elección original por la otra puerta que quedó cerrada. ¿Debe el participante aceptar el cambio o le conviene mantener su elección original?
Quedan dos puertas y el auto puede estar detrás de cualquiera de las dos. Parecería que las probabilidades son del 50 por ciento para cada puerta y que da lo mismo mantenerse en la elección original o cambiar a la otra. Sin embargo, las probabilidades están dos contra uno a favor de que el auto esté en la otra puerta y, por lo tanto, al participante le conviene cambiar.
La forma más fácil de demostrar esto es tomar nota de todos los casos posibles y comprobar que en dos de cada tres el auto está en la otra puerta. Otra forma de verlo consiste en imaginar que una persona participa en trescientos juegos a lo largo de trescientos programas. Por causa del azar, en cien de los juegos elegirá la puerta correcta y, en los doscientos restantes, alguna de las dos incorrectas. Si en todos los casos decide cambiar su elección original, ganará el auto doscientas veces y los perderá en los cien juegos en los que había elegido la puerta correcta.
Este problema se convirtió en un clásico por su respuesta contraria a la intuición, En 1984 se lo plantearon a la periodista norteamericana Marilyn vos Savant, que conducía una columna de consultas en la revista Parade. Marilyn contestó correctamente que al participante le conviene cambiar de puerta, lo que desató una avalancha de protestas de lectores que no estaban de acuerdo, que la acusaban de desconocer las leyes de la probabilidad y de fomentar esa ignorancia en el público. Según un cálculo aproximado de la propia Vos Savant, sólo un 30 por ciento de los especialistas y un 8 por ciento del público en general la apoyaban.
Entonces Vos Savant propuso a los maestros de escuela simular el juego en sus clases y comprobar quién tenía razón. Al poco tiempo comenzaron a llegar cartas que reconocían la respuesta correcta. Sin embargo, muchos corresponsales mantuvieron las críticas y llegaron a llamar “cabra” a la periodista.

EL HOMBRE DE ACERO Y LA TABLA PERIODICA

En El hombre de acero el padre adoptivo de Superman le muestra la cápsula en la que lo encontraron siendo un bebé procedente del planeta Kriptón. Le dice que la hizo revisar por un metalúrgico y que el material de que está hecha “ni siquiera figura en la tabla periódica”.
Hay muchos materiales que no figuran en la tabla periódica, como el agua, la madera, los plásticos o el vidrio. Pero no figuran porque la tabla periódica sólo incluye los elementos químicos. Es decir, las sustancias formadas por un mismo tipo de átomos, como el hierro, el carbono o el oxígeno. El agua no figura porque es una combinación de átomos de hidrógeno y de oxígeno. La madera y los plásticos son distintas combinaciones de hidrógeno, oxígeno, carbono y algunos otros elementos. Y el vidrio es principalmente una combinación de oxígeno y silicio.
Los átomos de los elementos químicos consisten en un núcleo de cargas positivas, rodeado por una capa de cargas negativas. En la tabla periódica, los elementos químicos están ordenados según la cantidad de cargas positivas en su núcleo. Así, en el primer casillero está el hidrógeno, cuyo núcleo tiene una sola carga; en el segundo está el helio, con dos cargas en el núcleo; en el tercero, el litio, con tres. Y así sucesivamente. Teóricamente, la tabla continúa indefinidamente con átomos de cualquier cantidad de cargas en su núcleo. Pero, aproximadamente a partir de las noventa cargas, los núcleos se vuelven demasiado pesados e inestables y, tarde o temprano, emiten algunas partículas hasta convertirse en núcleos más livianos y estables.
Si pensamos en los núcleos estables, que son los únicos que podrían usarse en la construcción de una nave, sin desintegrarse, no hay elementos “que no figuren en la tabla periódica”. Si descubriéramos una sustancia, y sospecháramos que contiene un elemento desconocido, lo analizaríamos y descubriríamos que su núcleo tiene, por ejemplo, 28 cargas. Entonces buscaríamos en la tabla periódica el casillero número veintiocho y encontraríamos que ese lugar le corresponde al níquel. Dicho de otra manera, en la tabla periódica no hay huecos.
No siempre fue así. En la Antigüedad se conocían muy pocos elementos, como el oro, el hierro o el cobre. En realidad, el concepto mismo de elemento, tal como lo entendemos ahora, no existía. El agua, por ejemplo, era considerada un elemento y no una sustancia compuesta, como sabemos hoy.
Cuando, a principios del siglo XIX, se comenzó a tener una idea del átomo y del concepto de elemento químico, surgió el problema de clasificarlos. Se propusieron muchos criterios, pero el que prevaleció fue el del químico ruso Dimitri Mendeleiev.
Mendeleiev no podía clasificar los elementos por la cantidad de cargas en sus átomos porque, en su época, no se sabía nada acerca de la estructura interna del átomo. En cambio, analizó diversas propiedades como el peso específico, la temperatura de fusión o la mayor o menor facilidad con la que cada elemento se combinaba con los demás. Según estas, y otras propiedades, cada elemento ocupaba un lugar perfectamente determinado dentro de la tabla. Al revés, para cada lugar de la tabla debía haber un elemento que lo ocupara.
Pero, cuando Mendeleiev publicó su tabla en 1869, algunos de esos elementos todavía no habían sido descubiertos y por eso su tabla sí tenía huecos. Por ejemplo, el casillero número veintiuno estaba vacío, lo mismo que el treinta y uno, el treinta y dos y el cuarenta y tres.
En función de la posición que debían ocupar en la tabla, Mendeleiev dedujo las propiedades de esos elementos aún por descubrir. Cuando finalmente fueron descubiertos, se comprobó que las propiedades efectivas de esos elementos coincidían razonablemente con las predicciones de Mendeleiev. Los elementos veintiuno, treinta y uno y treinta y dos fueron descubiertos entre 1875 y 1886, cuando Mendeleiev aún vivía y pudo así comprobar la validez de su tabla periódica. El elemento cuarenta y tres fue identificado en 1937, mucho después de la muerte de Mendeleiev.

LA ULTIMA NOCHE DE LA HUMANIDAD Y LA JAULA DE FARADAY

En La última noche de la humanidad (también llamada La hora más oscura), la Tierra es invadida por extraterrestres invisibles, que se propagan a través de ondas electromagnéticas y que destruyen a los humanos y a toda forma de vida terrestre.
Un grupo de sobrevivientes se refugia en la casa de un científico. La casa está completamente enrejada. No sólo en puertas y ventanas, sino que toda la superficie interior de la casa, las paredes, el piso y el techo, está cubierta con rejas. Uno de los protagonistas explica entonces que ese enrejado es una “jaula de Faraday” que los mantiene a salvo de los extraterrestres, ya que las radiaciones no pueden penetrar el enrejado.
En principio, cualquier pared sólida, si tiene suficiente espesor y densidad, es capaz de detener en mayor o menor medida las ondas electromagnéticas. Por eso los reactores nucleares tienen blindajes de hormigón y no nos tiene que preocupar si vivimos al lado del consultorio de un dentista con equipo de rayos X. Pero en el caso de paredes metálicas aparece otro fenómeno.
Una de las propiedades que diferencian los metales de las demás sustancias es que sus electrones pueden moverse libremente a través del metal, saltando de átomo en átomo. Esta es la razón por la que los metales conducen fácilmente la electricidad. Cuando un objeto metálico es alcanzado por una onda electromagnética, sus electrones se reacomodan tratando de neutralizar los efectos de la onda. Eso hace que el campo eléctrico en el interior de una caja metálica sea nulo. Este efecto había sido observado por Benjamín Franklin en 1755. Y fue redescubierto en 1836 por Michael Faraday. Por eso se lo conoce como “caja de Faraday”.
Bajo ciertas condiciones, este efecto de blindaje se observa también en una jaula con barrotes de metal: la “jaula de Faraday”. Las ondas electromagnéticas pueden ser detenidas por un enrejado metálico dependiendo de la relación entre la longitud de la onda y el espacio entre barrotes.
Estos efectos, de “caja” y de “jaula”, se observan en múltiples situaciones cotidianas. Por ejemplo, cuando la radio del auto deja de funcionar al pasar debajo de un puente metálico. O cuando no podemos hablar por teléfono celular dentro de un ascensor. Pero no cualquier pared o reja metálica detendrá sí o sí las ondas electromagnéticas. Por ejemplo, durante una reunión con periodistas, Edward Snowden (el que reveló una maniobra de espionaje llevada adelante por Estados Unidos) los obligó a guardar sus teléfonos celulares dentro de una heladera. Snowden esperaba que la heladera funcionara como una caja de Faraday que impidiera la comunicación con el exterior por medio del celular. Pero una heladera normal puede no ser hermética a las ondas electromagnéticas. Puede hacerse la prueba dejando un celular dentro de la heladera y llamar a su número. Si se establece la comunicación, es que la heladera no funciona realmente como una caja de Faraday. Sí podemos observar el efecto envolviendo el teléfono en papel de aluminio o guardándolo dentro de una lata, como las de las galletitas danesas.
Este efecto es el mismo que pretende aplicar Mel Gibson en Señales, cuando obliga a sus hijos a llevar cascos de papel de aluminio para proteger sus cerebros de las ondas alienígenas.