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lunes, 25 de junio de 2012

Acerca de 'La Historia del Tiempo'

"Los científicos tenemos que llenar el vacío dejado por los filósofos", dice Stephen Hawking

  • El físico británico presenta en Barcelona su libro de divulgación sobre la historia del tiempo y el universo
 
Stephen Hawking, considerado como el físico teórico de talla comparable a la de Einstein, afirmó ayer en Barcelona que los científicos se ven abocados hoy a llenar el vacío que dejan los filósofos, preocupados únicamente en cuestiones de lenguaje. Hawking considera que la raza humana puede comprender bastante bien los mecanismos conocidos sobre el origen y expansión del universo y que la ciencia es más sencilla de comprender de lo que muchos científicos quieren hacer creer. Hawking está convencido además de que en poco tiempo, la ciencia dispondrá de una teoría completa del universo, según dijo ayer en Barcelona, donde se encuentra para presentar la edición castellana y catalana de su último libro, Historia del tiempo. Del big bang a los agujeros negros.
Precisamente para conjurar la supuesta ininteligibilidad de la ciencia y la cosmología moderna, Hawking ha escrito este libro de divulgación, que se ha convertido ya en un best-seller en Gran Bretaña y Estados Unidos. "Creo que la gente cree que la física es mucho más difícil de lo que es en realidad, de modo que tiene miedo a intentar comprenderla. Y a muchos científicos les gusta presentarla como algo muy dificil de comprender", dijo en una conferencia de prensa previa a la presentación del libro."Creo que la raza humana, tal como es, logra comprender bastante bien el universo. En apenas 300 años hemos descubierto las leyes científicas que lo rigen en condiciones extremas. Puede que tengamos una teoría completa del universo dentro de pocos años", señaló el físico británico.
Las respuestas de Hawking a las ocho preguntas que se le formularon fueron necesariamente breves, dada la dificultad de responder a través de un complejo artilugio técnico. Sus formulaciones teóricas acerca del origen del universo y la teoría de los agujeros negros abordan cuestiones que el hombre se ha planteado también desde la filosfía o la religión. Sobre la primera, Hawking dijo: "Parece que los filósofos han dejado ya de intentar explicar la naturaleza del universo y se limitan a cuestiones de lenguaje. Creo que a los científicos nos es dado llenar ahora el agujero que han dejado los filósofos".
La religión también estuvo presente. Como es habitual, Hawking fue preguntado acerca de si la teoría de un universo surgido de la nada mediante una gran explosión inicial, el big bang, aproxima la ciencia a la idea de que existe un Dios creador. Su respuesta fue breve: "Las leyes de la ciencia determinan cómo empezó el universo, así que no necesitamos acudir a Dios para eso. Pero las leyes de la ciencia no responden a la pregunta de por qué existe el universo". Una respuesta a esa pregunta sería el triunfo definitivo de la razón humana, según Hawking. De la gran explosión surgieron varios universos y no uno solo como se había pensado inicialmente. Stephen Hawking trabaja ahora en descifrar esos universos situados en un plano distinto del nuestro, los llamados agujeros de gusano. Este concepto surge al preguntarse a dónde va a parar la enorme cantidad de energía que absorben los agujeros negros, definidos como regiones espacio-temporales que se forman al contraerse una estrella, dotadas de tal fuerza gravitatoria que nada puede escapar a ellas, ni siquiera la luz, que es el elemento que puede viajar a mayor velocidad.
Algunos científicos han indicado que sería posible imaginar un viaje por un agujero de gusano como la materialización del mito del túnel del tiempo. Hawking dijo ayer al respecto: "Creo que existen pequeños agujeros de gusano o universos pequeños que se juntan con nuestra región del universo", dijo. "Pero no aconsejaría a nadie que saltase a un agujero negro, para acceder a otros universos. No creo que pudiera viajar a través de él con confianza", añadió con ironía. Este es uno de los apartados del libro en el que Hawking demuestra una mayor capacidad de comunicación. El científico explica qué le ocurriría a un astronauta que pretendiera semejante experiencia.

Las flechas del tiempo

Preguntado a continuación si es posible una igualdad entre el cero y el infinito, es decir, si la muerte térmica del universo (energía igual a cero) puede suponer una vuelta al principio (energía igual a infinito), el físico respondió, de nuevo en clave de humor: "Sería realmente conveniente que el final del universo fuera también el comienzo, pero no hay ninguna razón para creer que sean la misma cosa. Creo que el final será muy diferente del comienzo".Su formulación de la teoría de las flechas del tiempo es una de las aportaciones más interesantes. Ayer las definió de nuevo: "Existe la flecha psicológica, que es la dirección del tiempo en que pensamos, por eso recordamos el pasado, pero no podemos recordar el futuro; la flecha termodinámica, que es la dirección en que aumenta el desorden del universo; y la flecha cosmológica, que es la dirección en que el universo se expande".
Para Hawking, el enigma más apasionante actualmente es llegar a determinar "por qué razón hay tres dimensiones en el espacio y una sola en el tiempo. Ese es un misterio completo. Pero somos afortunados de que sea así, porque no podríamos existir si el número de dimensiones fuera diferente".

Sobre Sthepen Hawking

el físico británico se prestó al experimento

Hackean la mente de Hawking

 Investigadores de Stanford utilizarán el dispositivo iBrain, con el que buscarán transmitir los pensamientos del científico, privado del habla por su enfermedad, a una computadora.

Por:
Tiempo Argentino
 
  Los científicos intentarán ingresar en el cerebro del prestigioso físico británico Stephen Hawking mediante un instrumento, bautizado iBrain, que logra captar las ondas cerebrales y comunicarse a través de la computadora.
De esa manera, el autor de Brief History of Time se convertirá, por voluntad propia, en “conejillo de indias”, para un experimento futurista con un aparato neural portátil, cuyo propósito original es controlar y diagnosticar afecciones como la apnea del sueño, la depresión y el autismo.
Los investigadores de la universidad estadounidense de Stanford están poniendo a punto este dispositivo que permitirá comunicarse a través de ondas cerebrales, informó el diario Daily Telegraph.
El iBrain fue inventado por un equipo dirigido por el neurocientífico de 32 años Philip Low, consejero delegado de NeuroVigil, con sede en San Diego. El iBrain “puede recopilar datos en tiempo real de una persona mientras está en la cama o cuando ve la televisión o cualquier otra cosa”, explicó Low.
Por su parte, Hawking declaró en un texto que su deseo “es ayudar en la investigación, fomentar la inversión, y lo más importante, brindar alguna esperanza futura a las personas a las que se les diagnostica ELA y otras afecciones neurodegenerativas”.
Hawking, de 70 años, perdió hace 30 décadas la posibilidad de hablar y utiliza una computadora para comunicarse con el mundo exterior, pero la enfermedad degenerativa que le está impidiendo moverse cada vez más lo está limitando también en esta forma de contacto.
“Queremos encontrar un modo para conectar todo su cuerpo, prácticamente hackear su cerebro”, dijo Low al periódico británico en vista de un congreso el mes próximo en Cambridge donde serán presentados los resultados de la investigación. “La idea es ver si Stephen puede emplear su mente para crear un patrón coherente y repetible que una computadora pueda traducir, por ejemplo, a palabras o letras o a órdenes para una computadora”, comentó el investigador.
En el comunicado que anticipa detalles del estudio, Hawking y Low describen cómo el físico británico aprendió a crear patrones de impulsos imaginando mover las manos y las piernas.<
Ansa

miércoles, 20 de junio de 2012

Sobre el pánico de las multitudes

DIALOGO CON CLAUDIO DORSO, DOCTOR EN FISICA, DEPARTAMENTO DE FISICA, FCEN

Sobre el pánico de las multitudes

Los modelos de estadística social intentan extraer las variables fundamentales que permitan predecir el comportamiento de los individuos en situaciones de pánico con herramientas de la física aplicada al movimiento de las multitudes.



 Por Leonardo Moledo
–Usted tiene un montón de líneas de trabajo.
–Elijamos dos.
–De acuerdo. –Bueno, pero antes déjeme que le cuente un poco mi historia. Yo empecé trabajando en física nuclear, no en la tradicional, sino en termodinámica estadística aplicada a reacciones nucleares. Eso, en Berkeley. Como consecuencia de tratar ese tipo de problemas, empecé a trabajar en reconocimiento de estructuras, y me metí en descripciones geométricas. Fui tomando nuevas opciones, y así terminé en este momento trabajando, por un lado, en astrofísica nuclear, por el otro en problemas morfológicos de redes. Y eso lo estamos aplicando a casos sociales, como el estudio de los desaparecidos en Tucumán, o a epidemiología. Y también trabajo en pánico de multitudes.
–Cuénteme un poco de los desaparecidos en Tucumán. –Yo estaba dictando una materia que se llamaba física estadística computacional. Y una alumna mía me dijo que estaba trabajando con el equipo argentino de antropología forense, que tenían una cantidad de datos enorme, aunque muy incompleta, con casos de desaparecidos y me preguntó si se podía hacer algo para trabajar con eso, para lograr sacar de esa enorme cantidad de datos alguna información sólida sobre algo. Nos pusimos a estudiar el asunto y encontramos un método que nos permitió, mapeando esa base de datos en una red compleja, detectar estructuras. Nos centramos en Tucumán, que tiene el problema de que no hubo ningún cuerpo aparecido. Lo que nosotros pudimos hacer es proveer un método con el cual se puede estimar cuál es la probabilidad de que un desaparecido haya pasado por determinados centros clandestinos de detención.
–¿Y con eso? –La base de datos está compuesta por una determinada cantidad de individuos, de los cuales a veces optamos por borrar nombres y poner números, caracterizados por atributos: dónde vivía, dónde trabajaba, si militaba, si tenía estudios. Eso genera que uno pueda reconocer grupos de desaparecidos que están muy correlacionados, dándoles distinto peso a las relaciones que surgen naturalmente (si militan en el mismo lugar, si trabajan juntos, si viven cerca). Con eso se genera un algoritmo en el cual cada individuo es un punto y cada una de las relaciones una línea; después se estudia eso para ver si se producen estructuras. Nosotros contamos con cierta cantidad de información; por ejemplo, sabemos que hubo ciertas “caídas” (conjunto de eventos de desaparición correlacionados). Tenemos tres o cuatro caídas que estamos seguros de que son caídas reales, por testimonios y datos históricos, las comparamos con nuestro modelo y lo optimizamos. Finalmente, encontramos evidencia de que hay altas probabilidades de que un determinado grupo de individuos haya estado al mismo tiempo en el mismo campo de concentración.
–¿Y el tema del pánico de multitudes? –Hay un modelo, el modelo social, que trata de extraer los elementos fundamentales que marcan la dinámica de individuos que están en estado de pánico, moviéndose. Yo, por ejemplo, trato de alejarme de usted y de las paredes. Si, por necesidad, tengo que tener contacto con usted, hay una fricción que me va a retrasar en mi intento de ir hacia la salida. Entonces están las fuerzas sociales, por un lado, y la fuerza de mi deseo (de ir hacia cierto lugar). Este deseo está asociado a que yo quiero alcanzar cierta velocidad; a mayor pánico, mayor velocidad. Con esos elementos construimos un modelo y tratamos de ver bajo qué condiciones se puede optimizar la evacuación de un lugar. Es un problema que está lleno de paradojas.
–A ver... –En cualquier situación normal, se supone que si yo tengo que llegar a un lugar, lo mejor va a ser incrementar mi velocidad tanto como pueda, de modo de alcanzar el objetivo lo más rápido posible. Pero cuando estamos en una escena de pánico de multitudes, esto no ocurre. Si yo incremento mi velocidad hasta llegar a mi velocidad óptima, lo más probable es que me termine trabando. Se producen “racimos bloqueantes” (blocking clusters). Entonces nos preguntamos qué pasaría si pusiéramos un obstáculo delante de la salida. Uno esperaría que retrasara todo, y sin embargo, dependiendo de cómo se lo pusiera, podría hasta optimizar el desalojo.
–¿Por qué? –Porque se reduce la presión en la región donde se producen las aglomeraciones. Y ahora estudiamos qué pasa si en el ambiente hay humo que disminuye la visibilidad. Y –otra paradoja– al estar obligados a moverse más lento, el desalojo se produce más rápidamente. Nosotros trabajamos con 200 o 400 individuos, en 20 por 20 metros. O 40 por 50, y ven hasta dos metros, o seis metros.
–Cuando uno ve menos sale más rápido. Es raro... –Sí. Lo que hay que analizar ahí es qué estrategia tiene la gente para moverse. La más primitiva es que sea completamente al azar: corre, choca con una pared, cambia de lado, y así sucesivamente. Otra, probablemente más realista, es la de seguir a los vecinos. Es un comportamiento de manada, típico. Lo que ocurre es que esos bloqueos en las puertas están asociados con la presión, y la presión está asociada con la cantidad de individuos que está tratando de hacer lo mismo al mismo tiempo. Cuando se produce la baja visibilidad, resulta que el tamaño de los grupos de gente que están tratando de salir al mismo tiempo, disminuye. Entonces salen muy rápido, porque la presión es baja. Llegan a la puerta y salen. Si la visibilidad es mayor, se identifica más rápido la puerta y se producen más taponamientos. Y también jugamos, por supuesto, con el hecho de si tienen memoria o no. Cuanta más memoria tengan, más taponamientos se producen. El problema de esto es que no se pueden hacer experimentos.
–El apelotonamiento de gente en la salida podría pensarse como una onda de choque... –Es un fenómeno típico de los medios granulares. Yo esta mañana estaba viendo un molinillo de café, que cada tanto hace un ruido más fuerte. Y eso es porque los granos se trabaron, y hay que golpear para descomprimir. En los aparatos que trabajan con medios granulares, hay medios de evitar que se produzcan estos taponamientos.
–¿Y cómo pasó de la física nuclear a esto? –Sigo haciendo las dos. Si yo a alguien le trato de contar si un núcleo puede sobrellevar una transición de fase, no le interesa a nadie. O si trato de explicar cierta transición de fase morfológica en el gas interior de las estrellas de neutrones, para ver qué pasa con la transparencia de los neutrinos. Lo que intenté hacer fue algo útil, que le interese a la gente y que dé algunos resultados tangibles a corto plazo. Así fue como empecé con estas cosas. Y empecé con tanta mala suerte que el día que mandamos nuestro primer trabajo (hecho en colaboración con Daniel Parisi) fue el día en que ocurrió Cromañón. A las seis de la tarde mandamos el trabajo y a la noche pasó Cromañón.
–¿Cómo define el pánico? –Pánico en este caso es que tengo un objetivo muy preciso pero no hago comportamientos sofisticados para alcanzarlo. Me obnubilo.
–¿Y qué es lo que hace en astrofísica nuclear? –Yo me especialicé en transiciones de fase en sistemas finitos, y ahora estoy trabajando con transiciones de fase en sistemas infinitos. Especialmente, me focalizo en las estrellas de neutrones, que –hablando muy groseramente– son como núcleos gigantescos muy asimétricos, porque la relación protones-neutrones es mucho más alta que lo normal. A medida que uno se va metiendo hacia el centro, hay muchos más neutrones que protones. Esa asimetría nos resulta muy interesante, y con eso estamos trabajando ahora. ¿Qué pasa con las reacciones nucleares cuando los núcleos son muy asimétricos? Y resulta que eso es de mucha importancia para los astrofísicos, porque son el tipo de estructuras que se van a encontrar en las estrellas de neutrones.

miércoles, 13 de junio de 2012

Aventuras atmosféricas

DIALOGO CON CLAUDIO MENENDEZ, DOCTOR EN CIENCIAS DE LA ATMOSFERA E INVESTIGADOR DEL CONICET

Pequeñas y grandes aventuras atmosféricas

En la interacción entre el suelo y la atmósfera se juegan variables importantes desde el punto de vista climático, como el balance del agua. Cómo funcionan esos procesos a nivel regional es una pregunta necesaria para la agricultura y los ecosistemas.

 



 Por Leonardo Moledo
–Usted sabe que yo siempre empiezo estos diálogos más o menos igual, pero hoy voy a cambiar.
–Bueno, me parece bien.
–¿Qué es lo que investiga usted aquí, en este laboratorio? –No veo que haya cambiado mucho...
–Yo tampoco... –Bueno, yo siempre trabajé con modelos climáticos, modelos físico-matemáticos de una complejidad muy grande, porque simulan todos los procesos presentes en la atmósfera y algunos incluso toman en cuenta otros factores que influyen en el clima, como el océano o la vegetación. Mi doctorado lo hice con un modelo de muy alta escala, que tiene una resolución muy alta y sirve para simular períodos cortos...
–¿Eso qué quiere decir? –Períodos cortos de aproximadamente tres días. Después hice un posdoctorado en Francia, donde trabajé con modelos climáticos globales: modelos de atmósfera, primero, y luego modelos en donde está acoplado también el océano. En esta época me dediqué a investigar la interacción entre el hielo marino y la atmósfera (y en parte también el océano).
–Y ahora... ¿cuál es su tema de investigación? ¿Qué es lo que no sabe y quiere averiguar? –Actualmente mi investigación tiene que ver con el modelado climático a nivel regional, donde “regional” significa para nosotros Sudamérica, con énfasis en la región en que vivimos, la cuenca del Plata. El tema que estoy desarrollando en este último tiempo es el que tiene que ver con la interacción entre los procesos que ocurren en la superficie del suelo y los procesos que ocurren en la atmósfera, en particular las precipitaciones.

–¿Y qué es lo que quiere averiguar ahí? –Una cosa que querría averiguar es si existen zonas de Sudamérica en las que la interacción entre el suelo y la atmósfera sea más importante que en otras...
–¿Y hay? –Sí, existen. De acuerdo con nuestros primeros resultados, la zona del nordeste de Argentina, Uruguay y sur de Brasil es una zona en la cual, potencialmente, este tipo de procesos es más importante, en comparación con otras zonas como la Amazonia o la Patagonia...
–¿Y cómo son estas interacciones? –Básicamente las componentes que intervienen son, desde el lado del suelo, la humedad que contiene (un factor muy importante para nosotros). En la interfase suelo-atmósfera, es muy importante la evapo-transpiración, es decir, la evaporación normal desde el suelo sumada a la evaporación a través de la vegetación. Y después estudiamos los feedbacks que ocurren con la precipitación y con la temperatura. En esa cadena tratamos de relacionar estas cuatro variables.
–El suelo aporta la humedad y la transpiración, la atmósfera aporta... –La precipitación y pone condiciones, por ejemplo, de temperatura.
–¿Cómo interactúan esas variables? –La evapo-transpiración, por ejemplo, es una variable clave, que muchas veces no es tenida en cuenta. Desde el punto de vista climático, influye en diferentes balances muy importantes, como ser el balance del agua.

–Cuénteme qué es eso. –Llega precipitación al suelo, esa precipitación en parte se acumula, en parte se escurre y en parte vuelve a evaporarse. Entonces, por un lado, en el balance de agua interviene la evapo-transpiración. También interviene en el balance de energía en la superficie, donde tenemos un balance entre la radiación neta en la superficie (o sea, la radiación solar que llega y lo que devuelve la superficie) y otra serie de cosas de la superficie, como el flujo de calor sensible (el suelo se calienta y emite calor), flujo de calor latente (básicamente, la evaporación, y se llama calor latente porque la evaporación al subir en la atmósfera se enfría, condensa y en el cambio de fase libera una enorme cantidad de energía). Después hay otros balances que están siendo estudiados más recientemente, como, por ejemplo, el que tiene que ver con el ciclo del carbono y el mecanismo de respiración que tienen las plantas, y ahí también la evapo-transpiración es un factor clave. Así que estamos viendo que la evapo-transpiración es algo que interviene en diferentes áreas. Lo que estamos tratando de entender entonces con mi grupo son estos diferentes procesos, para poder determinar cómo funciona a nivel regional y cómo nos afecta a nosotros.
–¿Y esto tiene consecuencias prácticas? Para la agricultura, por ejemplo... –Yo diría que sí. Mis colegas agrónomos, por ejemplo, se muestran muy interesados en el tema. Pero también es muy interesante para los ecólogos. Desde el punto de vista de la agricultura, es obvio que el contenido de agua en el suelo es fundamental. A su vez, el tipo de vegetación y el tipo de uso que se le dé al suelo tiene mucha importancia desde el punto de vista de la atmósfera, porque los diferentes tipos de plantas o de vegetación van a tener diferentes propiedades para la evaporación, para el flujo..., o sea que van a intervenir de una forma u otra en este tipo de feedback que estamos analizando. Y también tiene mucha importancia en el tema de las sequías.
–La sequía se produce... –Básicamente, por falta de precipitaciones.
–Que se produce por... –Diferentes motivos. Una vez que uno tiene una condición seca de superficie en determinada región, si el feedback es negativo, esa condición se va a reforzar y va a tender a ser cada vez más seca; en cambio, si el feedback fuera positivo, la sequía inicial tendería a revertirse. Puede llegar a pasar que por alguna razón se favorezcan condiciones más húmedas y se revierta. Hay ejemplos en el mundo.

–A ver... –Ayer, justamente, leía un paper sobre Sudáfrica. Pero antes de eso, una aclaración. Normalmente, cuando uno habla del feedback entre humedad del suelo y precipitación, se dice que es positivo, lo cual significa que si tengo más humedad en el suelo voy a tener más precipitación. En general, es así, o viceversa. Pero unos colegas sudafricanos encontraron que en una región de Sudáfrica el feedback es negativo, es decir, que condiciones más secas en superficie favorecieron la ocurrencia de más precipitación. O al revés: condiciones más húmedas de superficie bajaron la precipitación.
–¿Y por qué ocurría eso? –Básicamente, cuando había más humedad en el suelo tendía a ser más fría la superficie, lo cual modificaba la circulación de forma tal que, en vez de favorecer la precipitación, la desfavorecía. O sea que hay ejemplos de los dos lados, con lo cual se puede decir que no es obvio que una región dada vaya a responder de una manera determinada.
–Lo que hace entonces es tipificar estos mecanismos para la zona de Sudamérica. –Claro. En el marco de un proyecto europeo...
–¿Por qué europeo? –Porque tenemos una colaboración con Europa desde los años ’90. Hemos tenido varios proyectos de colaboración, en este caso para estudiar la Cuenca del Plata.

domingo, 10 de junio de 2012

Sobre el compilador de GENÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

VICTOR PENCHASZADEH, GENETISTA, INVESTIGADOR, ACTIVISTA
“La salud también es un derecho humano”
Fue uno de los creadores del primer “índice de abuelidad” que permitió identificar a hijos de desaparecidos y del Banco de Datos Genéticos. Desde Nueva York, donde vive desde que intentaron secuestrarlo en 1975, colabora en garantizar el derecho a la salud.
Por Lila Pastoriza
“Para un profesional de la salud, asegurar que el Estado cumpla con su obligación de garantizar el derecho a este bien es un tema tan médico como saber curar una neumonía o prevenir el sarampión”, señala el doctor Víctor Penchaszadeh, reconocido genetista estrechamente vinculado a la identificación de hijos de desaparecidos, que hace 25 años debió abandonar el país. Penchaszadeh, que vive en Nueva York, pese a tanto exilio y distancia, ha logrado un vínculo fecundo con Argentina –evidente en su aporte a la creación del Banco de Datos Genéticos y al montaje del Servicio de Genética del Hospital Garrahan– lazos que hoy apuntan a la relación entre salud y derechos humanos y, más precisamente, a crear una cátedra libre en la Facultad de Medicina de la UBA que incorpore esa temática a la formación de los profesionales. Convencido de que “el derecho a la salud no es sólo un derecho sino que sus principios éticos se sustentan en la justicia y la equidad”, Penchaszadeh desgranó ante Página/12 aspectos de esta cuestión: desde la criminalización del aborto y el avance de las “prepagas” hasta la discriminación del discapacitado y los usos riesgosos de la genética humana.
“Esta temática, de gran desarrollo en los últimos años, reúne en mí al profesional médico y al activista por los derechos humanos que pasé a ser en el exilio”, sostiene Penchaszadeh. Es el hilo que enlaza al actual profesor titular de pediatría en el Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, al director de un afamado centro estadounidense dedicado a genética comunitaria, con el consejero estudiantil de los años 60, con el pediatra que organizaba el área de genética en aquel Hospital de Niños que los contingentes juveniles soñaban “en el Sheraton Hotel”, con el médico que lidiaba en la ebullición del ‘73 para establecer “un plan de salud basado en la justicia”.


El 19 de diciembre de 1975 un comando armado intentó secuestrarlo en su consultorio de avenida Callao, a metros de Santa Fe, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. Luego de dos horas de golpes e interrogatorios, tres matones lo bajaron hasta la calle con una mordaza en la boca, los ojos vendados y las manos atadas atrás. “Y así y todo no pudieron llevarme. Eran las cinco de la tarde, pasaba mucha gente que parecía no ver nada... Cuando atisbé la puerta abierta del auto al que me empujaban, me resistí con todas mis fuerzas. No me pudieron meter en el coche y vaya a saber qué instrucciones tenían pero se fueron y desistieron de su intento. La gente se acercó, me sacaron la venda de los ojos. Fue un viernes: el lunes partí a Venezuela sin pisar mi casa, a la que nunca volví. Yo no estaba en partido alguno, no tenía existencia clandestina ni estructura que me apoyara. A los dos meses viajaron mi mujer y mis hijos, que tenían tres y seis años. Poco después vino el golpe y lo que pensé como una breve estancia se transformó en un largo exilio.” 


–¿Cuál fue su actividad en el exterior?
–Desarrollé dos líneas de trabajo. Una, profesional-científica en el área de la genética y la pediatría. En la otra, me transformé en un activista por los derechos humanos, primero en Venezuela y luego, desde 1982, en los Estados Unidos. Fue entonces que me vinculé con los organismos de aquí, en particular Abuelas, a las que conocí cuando Chicha Mariani y Estela Carlotto fueron a Nueva York buscando los modos en que la ciencia entonces permitía identificar lazos de parentesco y probar identidades genéticas de los chicos que eventualmente pudieran localizarse. Ahí pude aportar desde lo profesional, cuando la tecnología genética estaba muy en pañales y las identificaciones se basaban en la tecnología empleada en los transplantes para detectar compatibilidad. Con un grupo de genetistas y matemáticos de Berkeley y de Nueva York adaptamoslas formulas utilizadas para las pruebas de paternidad a la circunstancia argentina, donde había que demostrar “abuelidad”, pues los padres estaban en general desaparecidos. Hoy, con los marcadores de ADN, aunque la técnica es la misma, los análisis son muchísimo mas precisos.


–¿Cómo evolucionó su vínculo con Argentina?
–Como por una serie de razones me mantuve hasta ahora fuera del país, fui armando una modalidad de contacto que pasa por visitas frecuentes y periódicas, colaboración con los profesionales argentinos, asesoría de hospitales, proyectos... Argentina pesa en mi vida mucho más que Estados Unidos, donde trabajo y resido. Tengo distintos tipos de vínculos. Uno ha sido el desarrollado como asesor de las Abuelas. En 1984, cuando el gobierno decidió encomendar el tema técnico de la identificación de los chicos a la ciudad de Buenos Aires, vine como consultor de la Organización Mundial de la Salud. Sobre la base de nuestro informe, las autoridades armaron la estructura luego refrendada por la Ley del Banco de Datos Genéticos, que tiene asiento en el Hospital Durand y que está a cargo de los análisis de investigación genética en los casos que encomiende la justicia. Mi rol fue ayudar a dar el puntapié inicial. Los otros vínculos tiene que ver con intereses profesionales más directos ligados a la genética, la salud pública y el gran tema que se ha desarrollado los últimos años en todo el mundo, que es el de los derechos humanos en relación a la salud. Originada en la necesidad de contar con metodologías médicas para documentar violaciones graves a los derechos humanos (torturas, desapariciones), esta temática fue evolucionando hacia una concepción mas social sobre el derecho a la salud, su defensa, su aplicación a la población. Y se pasó a denunciar no sólo matanzas y torturas sino que se privara de servicios de salud a la gente o que en su prestación existieran injusticias o inequidades. 


–¿Cómo se manifiesta este tema en la sociedad?
–Estados Unidos, donde 45 millones de personas no tienen seguro de salud ni hay hospital público, es uno de los países de mayor inequidad en el acceso a la salud. En el país mas rico del mundo, los sectores sociales menos favorecidos se enferman más y se mueren antes. Esto implica toda una actividad de denuncia y de propuesta de soluciones, y en eso trabajamos desde la Asociación Americana de Salud Pública. Lo que aquí está ocurriendo con las prepagas y la privatización de los servicios sigue el modelo vigente allá, donde la atención médica esta a cargo de empresas con fines de lucro, las empresas de atención gerenciada, que sacrifican los derechos de los pacientes en favor de maximizar ganancias para los inversores. Y esto es un tema político de primera magnitud.
–¿Qué se propone hacer en Argentina?
–Con colegas de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social estamos intentando acciones para lograr mayor conciencia acerca de la relación entre derechos humanos y salud en nuestros países. Se trata de incidir desde la formación de los médicos, meternos como una especie de cuña para introducir en la Universidad el tema social de la salud. Aquí yo estoy colaborando, desde un consejo asesor, con una iniciativa surgida de profesionales argentinos de incorporar esta temática en la facultad de medicina de la Universidad de Buenos Aires a través de crear una Cátedra Libre de Derechos Humanos y Salud. Estamos haciendo jornadas para promover la temática. No se trata solo del acceso a la salud sino de la discriminación al enfermo, al discapacitado, de los derechos humanos de la población, como el de la prevención. Y en este terreno hay cuestiones de salud reproductiva muy candentes a nivel social, como el tema del aborto. Aquí, con la criminalización del aborto lo único que se consigue que la gente se muera, que las mujeres se mueran al querer interrumpir un embarazo. En América Latina aproximadamente un tercio de la mortalidadmaterna se debe a abortos mal hechos. Y esto tiene que ver con derechos humanos.


–¿Y respecto del auge de la genética?
–Junto con su gran desarrollo de los últimos años,surgieron las preocupaciones sobre posibles usos que colisionen con la vigencia de los derechos humanos. Uno es la discriminación por razones genéticas, que se puede dar en el plano laboral o en el seguro de salud a partir de alguna susceptibilidad genética demostrable a través de pruebas genéticas. Por ejemplo, de parte de los seguros privados de salud que no cubren enfermedades preexistentes (y toda enfermedad genética lo es). En Estados Unidos varias empresas han intentado hacer pruebas genéticas a su personal a fin de detectar ciertas predisposiciones y afectarlos de diversos modos. En alguno debió intervenir el gobierno para que dieran marcha atrás. Hay muchos temas riesgosos en genética: la privacidad de la información genética, el tema del lucro, al patentamiento de genes. Hoy se están detectando genes, muchos de ellos vinculados a enfermedades, y las empresas o gobiernos o laboratorios lo primero que hacen es patentarlos. Creo que no es patentable el conocimiento y que patentar genes lleva a la inequidad.

miércoles, 6 de junio de 2012

Falleció el autor de Crónicas marcianas

Murió Ray Bradbury, autor de 'Fahrenheit 451'

Entre los grandes éxitos del maestro de la ciencia ficción, que falleció el martes en Los Angeles, figuran la serie de relatos "Crónicas marcianas" y el libro de cuentos "El hombre ilustrado", además de "Fahrenheit 451", la novela de 1953 que 16 años más tarde llevó al cine Francois Truffaut. Tanto la novela como la película están consideradas un clásico.

Se granjeó la fama gracias a sus fantasías de ciencia ficción como "Farenheit 451" y "Crónicas marcianas", con las que influyó a generaciones de lectores, pero el escritor estadounidense Ray BRADBURY, que falleció el martes a los 91 años en Los Angeles, firmó más de 500 títulos en su larga carrera.
Relatos, poemas, novelas, piezas de teatro y guiones de cine y televisión. Los críticos hablaban de él como un maestro de la observación detallada y un virtuoso del idioma que siempre creaba nuevas e impensables imágenes.
Bradbury publicó su perturbadora novela "Farenheit 451" en 1953, que Francois Truffaut adaptó a la gran pantalla en 1966 con Oskar Werner y Julie Christie como protagonistas. En su obra, el autor dibuja una sociedad represiva donde los libros están prohibidos.
La historia no sólo es una fuerte crítica a los regímenes totalitarios, sino que cuestiona la indiferencia y la postura acrítica de la sociedad de consumo que hace posible una situación de ese tipo.
Bradbury relató en algún momento que la inspiración para su libro llegó al ver a una pareja paseando: a pesar de que pasaba una hermosa noche junto a su marido y su perro, la mujer seguía con sus auriculares una novela en una pequeña radio.
El título hace referencia a la temperatura con la que el papel se inflama y arde por sí mismo. Y muchos vieron en él un ataque a la persecución de comunistas bajo Joseph McCarthy. La novela fue traducida en numerosos idiomas y popularizó el nombre de su autor.
Por eso, no le hizo ninguna gracia que Michael Moore utilizara el mismo título para su premiado documental sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 "Fahrenheit 9/11". "Michael Moore es un maldito saco de basura. Eso es lo que pienso de él. Me ha robado el título y ha cambiado las cifras sin haberme pedido permiso jamás", dijo abiertamente.
En 1997, en su visita a la Feria del Libro de Buenos Aires, un Bradbury de pelo blanco y anteojos relató cómo fueron sus primeras aproximaciones al género: "Cuando tenía ocho o nueve años comenzaron a aparecer las revistas de ciencia ficción en Estados Unidos. Yo quería vivir en las revistas, en sus edificios, quería ser parte de ese futuro".
"En 1929 llegó la Gran Depresión, y comencé a coleccionar las revistas de Buck Rogers... Los chicos se reían de mí, porque yo creía en el futuro", señaló.
En ese entonces también se refirió a los inicios de su carrera. Contó que cuando intentó que le publicaran su primer libro, recibió como respuesta: "No queremos historias cortas, porque nadie las lee, queremos una novela". De allí surgió la idea de unir varios de sus relatos en "Crónicas marcianas".
Aunque nunca recibió el codiciado premio Pulitzer, en 2007 el jurado le otorgó una mención especial por su "productiva e influyente carrera".
Tampoco se llevó un Oscar, pero fue nominado por el guión del clásico de Melville "Moby Dick" de John Huston en 1956. De todas formas recibió varios galardones, entre ellos el Emmy por el guión de "The Halloween Tree", para la cinta animada basada en el libro del mismo nombre.
Bradbury solía reunir dinero para las bibliotecas, a las que amaba: "Las bibliotecas me educaron. No creo en las escuelas y universidades". Aun a los 91 años escribía a diario, incluso durante su enfermedad. Su mujer había muerto en 2003 después de 57 años de matrimonio.
En su visita por Buenos Aires narró una anécdota: "Hace unos 20 años fui invitado a ver las primeras imágenes televisadas de Marte. Un reportero de la NBC me interrogó: 'Usted estuvo escribiendo desde siempre sobre la vida en Marte. ¨Cómo se siente ahora que han llegado allí y no hay seres vivientes?' Yo le dije: 'Tonto, tonto, hay vida en Marte, nosotros somos los marcianos'".

domingo, 3 de junio de 2012

Misterios del Universo

Ocho misterios del universo

Fenómenos como la energía oscura que estira el cosmos, la era en que se

formaron las galaxias o el calor del Sol se resisten a las explicaciones de la ciencia

Madrid  
La nebulosa Carina, un panorama de gas, polvo y estrellas, vista en infrarrojo por el telescopio VLT, en Chile. / ESO / T. PREIBSCH
¿Qué buscan los astrónomos cuando miran al cielo? Todo tipo de fenómenos y astros, por supuesto. Incluso se asoman al universo tal y como era cuando apenas habían transcurrido unos minutos desde la gran explosión del Big Bang. Han adquirido una ingente cantidad de conocimientos de notable precisión sobre cómo nacen las estrellas, cómo se distribuyen las galaxias en el cosmos, de qué está hecho este, etcétera. Pero cuantas más respuestas obtienen, más incógnitas emergen y las preguntas fundamentales, los retos más difíciles, van cambiando. Hoy aún destacan ocho profundos misterios en la astronomía, según la perspectiva de la revista científica Science. El más candente, la llamada energía oscura que está estirando el universo más de lo esperado, podría ser un misterio para siempre, aventuran los expertos. Otros, como los detalles de las explosiones estelares o los mecanismos subyacentes al intenso calor de la corona solar, quizá se descifren pronto.

» Energía oscura. Desde que hace 13.700 millones de años nació en una gran explosión, el universo se expande, como un globo que se hincha, y las galaxias se alejan unas de otras. Así seguiría hasta que, si hubiera suficiente masa, la atracción gravitatoria haría que en algún momento empezara a replegarse y acabaría de nuevo todo comprimido. Caso de no haber suficiente masa en el cosmos, la expansión no cesaría nunca. Hace 14 años, unos científicos se llevaron la gran sorpresa: la expansión del universo, en lugar de ralentizarse, se acelera. Los datos vencieron el escepticismo inicial, y hasta tal punto el descubrimiento se considera sensacional que se llevó el último Premio Nobel de Física. Se ha denominado la energía oscura, pero nadie sabe qué es lo que está actuando para producir esa aceleración de la expansión.
La mejor explicación para muchos es la constante cosmoló-gica que propuso Einstein —aunque luego la rechazara— y que sería “una propiedad del vacío que estiraría el espacio-tiempo”, analiza Science. También podría ser un nuevo tipo de fuerza, algo llamado la quinta esencia del universo. “Por último, la energía oscura podría ser una ilusión, un signo de que la comprensión que los científicos tienen encapsulada en la relatividad general no es correcta”, continúan estos expertos.

» Materia oscura fría o caliente. Según los cálculos actuales, solo el 4,6% del universo es materia común, los átomos y partículas que forman todo lo que vemos. El 72% es energía oscura, y el 23% no está mucho más claro: es la denominada materia oscura. No absorbe ni emite luz en cualquier longitud de onda que se mire, pero manifiesta su presencia por su efecto gravitatorio, sobre todo, en las galaxias. Según una teoría, la materia oscura estaría compuesta de desconocidas partículas elementales pesadas, lentas —frías— de masa entre una y mil veces la del protón. Pero las observaciones, cálculos, hipótesis y simulaciones no cuadran de todo; y otra opción es que la materia oscura sea caliente, con partículas igualmente desconocidas, pero con una masa de unas pocas millonésimas de las del protón. Para buscar respuestas hay varias iniciativas, como la observación de galaxias y las estructuras que forman. Pero también el gran acelerador LHC puede encontrar la clave, ya que tal vez encuentre, si existen, nuevas partículas que serían buenas candidatas a materia oscura.

» Los átomos perdidos. “Para describir el universo uno necesita saber qué hay en él y dónde residen sus componentes”, plantea Science. “Pero los astrónomos están lejos de completar el inventario”. No solo se resiste la energía oscura y la materia oscura. Más de la mitad de la materia bariónica, los protones y neutrones de los átomos ordinarios de las estrellas, los planetas, el gas y polvo del universo sigue pendiente de cuadrar en el balance. Los cosmólogos han calculado la densidad de los bariones en el universo primordial y, aunque el cosmos ha cambiado mucho desde entonces, la misma cantidad debería estar en el presente. Pero el recuento actual no casa: las galaxias suponen el 10% de la materia bariónica; otro 10% es el gas intergaláctico y un 30% más está en las acumulaciones de gas frío en el espacio. Los físicos sospechan que el 50% de materia bariónica que falta está en forma de un plasma caliente y difuso del medio intergaláctico.

» Explosiones estelares. Las estrellas nacen, viven y mueren. Y su destino depende de su masa. En su interior, un reactor de fusión la hace lucir y evita su colapso bajo el efecto de la gravedad. Pero el combustible, hidrógeno, se acaba. Si la estrella es, al menos, ocho veces más masiva que el Sol, cuando se apaga el reactor se hunde; se forma en el centro una compacta estrella de neutrones y las ondas de choque generadas en el proceso hacen que salgan disparadas las capas exteriores en una explosión de supernova, que puede brillar más que la galaxia que la aloja. Si la estrella es aún más masiva se formará al final un agujero negro. Otra posibilidad es que dos estrellas estén orbitando una en torno a otra y una atraiga materia de la vecina hasta que colapsa y genera una brillante explosión. Pero sobre estos procesos hay muchas incógnitas: ¿cuánta materia debe robar una a otra en el último caso? ¿Cuánto tarda el proceso? ¿Cómo se forma un agujero negro?

» Primeras estrellas y galaxias. Tras el Big Bang, el universo empezó a expandirse y a enfriarse. Hace unos 400.000 años, los protones y electrones se habían enfriado suficiente como para formar átomos de hidrógeno neutro, y los fotones, las partículas de luz, pudieron empezar a viajar libremente. El universo se hizo transparente. Pero cientos de millones de años después, algo arrancó de nuevo los electrones de los átomos y la mayor parte de la materia del universo se convirtió en el plasma ionizado que permanece hasta hoy. ¿A qué se debió? Los telescopios son capaces de ver el universo en su infancia, cuando tenía 400.000 años. Pero entre esa transparencia y las galaxias formadas hubo un periodo oscuro, en el que tuvo lugar la ionización, inaccesible por ahora a nuestros observatorios. Fue en esa era oscura cuando se originaron las primeras estrellas y galaxias.
» Rayos cósmicos superenergéticos. Los rayos cósmicos son partículas eléctricamente cargadas —protones, electrones y núcleos atómicos de hidrógeno o helio— que bombardean constantemente la Tierra procedentes del espacio. Son de diversa energía y se generan, por ejemplo, en el Sol o en objetos de nuestra galaxia. Pero también pueden surgir en el entorno de agujeros negros o en las explosiones de rayos gamma. El origen de los más potentes, con energías hasta 100 millones de veces superiores a las partículas que circulan en los aceleradores de vanguardia, son un enigma.

» El extraño sistema solar. Desde que se descubrió el primer planeta extrasolar, hace 17 años, se han detectado más de 700. Los hay de todo tipo: grandes, pequeños, rocosos, gaseosos, fríos, incluso en órbita de dos astros. Pero la diversidad y la incógnita esta también en casa: los astrónomos no acaban de explicarse muchas cosas de los ocho planetas que giran alrededor del Sol. Mercurio, Venus, la Tierra y Marte son rocosos con núcleos metálicos, pero distintos. Basta ver la habitabilidad de la Tierra y el infierno de atmósfera densa de Venus o el desierto Marte. Júpiter Saturno, Urano y Neptuno tienen sus características. Los científicos tienen explicaciones para muchas diferencias, como la distancia al Sol o su formación y primera evolución, pero faltan importantes detalles.

» El ardiente Sol. De nuestra estrella se sabe mucho, pero no todo. La atmósfera del astro, la corona, alcanza temperaturas que van desde los 500.000 grados centígrados hasta seis millones de grados. Se comprende básicamente cómo se calienta esa corona y, sin duda, hay mucha energía en el interior del Sol que emerge a la superficie por los campos magnéticos. Pero sobre el mecanismo de transporte de calor hacia el exterior, no hay acuerdo entre los expertos. Aunque se observa la estrella con telescopios en el espacio y en tierra, los físicos aún no pueden medir directamente muchas propiedades cruciales. Los nuevos observatorios en preparación pueden dar respuestas.