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jueves, 27 de febrero de 2014

Tecnologías del futuro

Pantallas que proyecten imágenes en el espacio, un nueva generación de medicamentos para combatir el cáncer y dispositivos que permitirán manejar computadoras con el cerebro, son algunos de los desarrollos destacados.


Tienen todo para triunfar. Aunque para la mayoría del público argentino aún sean inalcanzables, las nuevas tecnologías se plantean rediseñar el futuro de la humanidad y está claro que con el paso del tiempo fueron convirtiéndose en el mayor agente de cambio en el mundo moderno.  A través de un comunicado, el Foro Económico Mundial sobre Tecnologías Emergentes identificó las últimas tendencias, clave en el cambio tecnológico, en su lista anual de los Top 10 de Tecnologías Emergentes que "cambiarán el futuro".  La lista muestra diez avances con potencial para cambiar la cotidianeidad de muchos consumidores. "Se trata de tecnologías destacadas por su potencial para tener un impacto positivo y real en el mundo", explicó el presidente del departamento de tecnologías emergentes del Foro, Noubar Afeyan. 
Al poner en relieve los avances tecnológicos más importantes, el Consejo tiene como objetivo dar a conocer su potencial y contribuir a cerrar las brechas de la inversión, la regulación y la comprensión del público. Para 2014, el Consejo identificó nuevas tecnologías que podrían remodelar la sociedad del futuro: desde el punto de vista de los materiales, la organización eligió la fibra de carbono reforzada, que se puede utilizar en la fabricación de coches, ya que es hasta un 40% más ligera, dura y más fácil de reciclar; computadoras controladas por el pensamiento; o un nuevo tratamiento contra el cáncer a través de bacterias que se encuentran en el cuerpo humano son algunas de las tecnologías que "cambiarán el futuro", según el Foro Económico Mundial. 
Otra es la capacidad de controlar un dispositivo utilizando sólo el poder de la mente. La investigación reciente se centró en la posibilidad de utilizar las interfaces cerebro-ordenador para conectar diferentes cerebros juntos directamente. Investigadores de la Universidad de Duke el año pasado hicieron con éxito la conexión de  los cerebros de dos ratones a través de Internet, donde fueron capaces de cooperar para llevar a cabo tareas simples para generar una recompensa. Otros proyectos de investigación se han centrado en la manipulación o implantar directamente recuerdos desde una computadora en el cerebro.
La organización también incluyó en su nómina "la pantalla sin pantalla", es decir, la utilización de un sistema en 3D que puede proyectar imágenes en el espacio que parecen casi reales o una máquina que usa datos para aprender algoritmos y que puede predecir de manera detallada modelos de conducta humana, lo que podría tener aplicaciones en planificación urbana y diagnósticos médicos.
Un avance médico que plantean son los medicamentos basados en el ácido ribonucléico (RNA), que podría dar lugar a una nueva generación de medicamentos basados en esta sustancia, que permiten centrarse en el origen de la enfermedad y podrían ser de utilidad para el tratamiento del cáncer y de enfermedades infecciosas.
En el campo de la industria, la organización resaltó un nuevo proceso para desalinizar agua que, por primera vez, es económicamente viable gracias a un procedimiento químico de extracción de minerales en aguas residuales y marinas.
Por su parte, la industria de la telefonía móvil también se podrá beneficiar de las nuevas baterías de silicio (compuestas de nanoalambres de este material) que tienen una mayor vida útil, se cargan en menos tiempo y triplican la potencia de las actuales.
Dentro de los inventos destinados a mejorar la salud se encuentran unos dispositivos electrónicos que se pueden colocar en la ropa o bajo la piel y que permiten controlar el ritmo cardiaco y los niveles de estrés, lo que aumenta el tiempo necesario para reaccionar ante una emergencia de salud. «


suelas de zapatillas con gps
La tecnología portátil generó gran atención en los últimos años. Muchos dispositivos existentes ya ayudan a la gente a entender mejor su salud personal mediante el monitoreo de la frecuencia cardíaca o los patrones de sueño. Estos dispositivos prácticamente invisibles incluyen auriculares que monitorean la frecuencia cardíaca, sensores usados debajo de la ropa para rastrear la postura, un tatuaje temporal que registra los signos vitales de salud y la gran novedad: las suelas de zapatos hápticos que comunican las direcciones GPS a través de alertas de  vibración sentida por los pies. Se trata de zapatos equipados con Bluetooth, GPS y un sistema de vibración, para ayudar a las personas ciegas a navegar. También Google Glass ya ha sido usado por los oncólogos para ayudar en la cirugía a través de los registros médicos y otra información visual se accede por medio de comandos de voz. Los factores de éxito de los productos portátiles incluyen el tamaño del dispositivo, no invasividad, y la capacidad de medir múltiples parámetros y proporcionar información en tiempo real que mejora el comportamiento del usuario.
 


imágenes 3d, las que se proyectan en el espacio
Uno de los aspectos más frustrantes de la tecnología de la comunicación moderna, dice el Foro Económico Mundial, es que como los dispositivos se han miniaturizado se han vuelto más difíciles de usar. Nadie podría escribir una novela en un teléfono inteligente, por ejemplo. De allí la necesidad de las imágenes 3D que se proyectan en el espacio, cada vez más cerca de convertirse en una realidad. 
En 2013, el Media Lab del MIT informó de una pantalla de vídeo holográfico de bajo costo con la resolución de una computadora estándar. El monitor sin pantalla también se puede lograr mediante la proyección de imágenes directamente en la retina de una persona.
A más largo plazo, la tecnología puede permitir que las interfaces omitan al ojo, consiguiendo la transmisión de información visual directamente al cerebro. Varias empresas han hecho avances significativos en el campo, incluyendo auriculares de realidad virtual, lentes de contacto biónicas, el desarrollo de los teléfonos móviles para las personas de edad avanzada y parcialmente ciegos, y videos-holograma, sin necesidad de piezas o gafas en movimiento.
 

grandes almacenes de electricidad
El Foro incluyó también una tecnología para el almacenamiento del excedente de electricidad proveniente de energías renovables como la solar o la eólica, un gran avance ya que la acumulación de este tipo de energía fluctuante presentaba grandes dificultades.
La electricidad no se puede almacenar directamente, por lo que los administradores de la red eléctrica deben asegurarse constantemente de que la demanda global de los consumidores se corresponda exactamente con la misma cantidad de potencia suministrada a la red por las estaciones generadoras.
Las baterías de flujo pueden, en el futuro, ser capaces de almacenar energía química líquida en grandes cantidades análogas a la de almacenamiento de carbón y gas.
 Según el  Foro Económico Mundial, hay indicios de que una serie de nuevas tecnologías está cada vez más cerca de lograr el almacenamiento de electricidad a gran escala procedente de los sistemas de energía limpia. Las baterías de flujo, los supercondesadores de grafeno o la electrólisis de hidrógeno son algunas de las candidatas.
 

coches más livianos
Tres elementos podrían tener un impacto importante con el avance de la posibilidad de la fabricación de vehículos compuestos ligeros, súper-seguros y aprovechables a una escala masiva.  Las nuevas técnicas para nanoestructura de fibras de carbono para nuevos materiales compuestos están mostrando el potencial en la fabricación de vehículos para reducir el peso de los automóviles en un 10% o más. Coches más ligeros necesitan menos combustible para funcionar, lo que aumenta la eficiencia de la movilización de personas y mercancías y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Otro desafío, que ahora puede estar más cerca de una solución, es la de reciclar materiales compuestos de fibra de carbono. Las nuevas técnicas de producción de fibras de carbono nanoestructurado para crear materiales compuestos están mostrando su potencial en el sector del automóvil. Estos materiales permiten reducir el peso de los vehículos, con el consiguiente ahorro energético. Además, suponen una mejora en la seguridad del pasajero, ya que absorben el impacto del golpe sin romper la superficie.

fuente: Tiempo Argentino

viernes, 21 de febrero de 2014

¿Adios a la ley de newton?

ADIOS A LA LEY DE NEWTON


Nunca se ha estado tan cerca de controlar la todavía enigmática fuerza de la gravedad como en este momento. Varios equipos de la NASA, la ESA, empresas aeronáuticas y universidades están trabajando para crear una máquina antigravedad. Los resultados de sus investigaciones prueban que, en determinadas circunstancias, esta fuerza se puede modificar a voluntad.



Un disco de un material superconductor girando a gran velocidad puede haber abierto la puerta al control de la fuerza de la gravedad. Todavía no se sabe con certeza por qué, pero lo cierto es que este dispositivo modifica el peso de las cosas que se encuentran sobre él. Algo que se escapa a los actuales conocimientos de los físicos, pero que ya ha sido detectado por diversos equipos de investigadores, los últimos de ellos pertenecientes a la Agencia Espacial Europea (ESA). 

EL EXPERIMENTO PODKLETNOV 
En marzo del año pasado la ESA anunció que los doctores Martin Tajmar y Clovis de Matos habían conseguido detectar una pequeña disminución de la fuerza de la gravedad, un 0,01%, sobre uno de estos discos rotatorios. Puede parecer muy poco, pero es cien trillones de veces más de lo que sería de esperar según la Teoría de la Relatividad de Einstein (MÁS ALLÁ, 171 y 205). Se trataba sin duda de un fenómeno desconocido que podría dar las claves para controlar la fuerza de la gravedad. El experimento de la ESA reproduce con resultados mucho más modestos los obtenidos en 1992 por el científico ruso Yevgueni Podkletnov, que trabajaba en aquella época en la Universidad de Tampere (Finlandia). La reducción de peso llegó en esa ocasión al 2% y el anuncio de que se había logrado modificar la fuerza de la gravedad dio la vuelta al mundo. La publicación de esta investigación supuso una conmoción para muchos físicos. Podkletnov se encontraba realizado experimentos con materiales superconductores, que sirven para transmitir la electricidad de forma muy eficiente. Mientras trabajaba con un disco fabricado con una aleación de óxido de cobre, itrio y bario –un material superconductor que transporta la energía eléctrica de forma muy eficiente– que giraba a 5.000 revoluciones por minuto a 196 grados bajo cero, se percató de que el humo que desprendía la pipa de un colega que le estaba visitando se elevaba bruscamente al pasar por encima del disco. Después de repasar todas las posibles causas que podrían explicar la anomalía, llegó a la conclusión de que el disco generaba un efecto de apantallamiento de la gravedad, de modo que los objetos que se colocaban sobre él perdían en torno a un 2% de su peso. El investigador ruso estaba a punto de publicar las conclusiones de su trabajo en la prestigiosa revista Journal of Physics D: Applied Physics cuando el diario británico The Sunday Telegraph adelantó los resultados. Esta circunstancia generó una gran polémica, que desembocó en la retirada del artículo de Podkletnov y en sus posteriores renuncia a su plaza en la Universidad de Tampere y regreso a Rusia (MÁS ALLÁ, 99). Durante los años siguientes se supo poco de este investigador. Pero la semilla de su revolucionario descubrimiento ya había sido sembrada. Físicos teóricos como Giovanni Modanese, del prestigioso Instituto Max Planck de Física, prosiguieron sus investigaciones y proporcionaron una explicación teórica al fenómeno. Otros investigadores independientes afirmaron haber reproducido el experimento e incluso una doctora de la Universidad de Alabama (EE.UU.), Ning Li, aseguró que había predicho años antes los resultados obtenidos por Podkletnov en un trabajo teórico que relacionaba la gravedad con la rotación, los superconductores y los campos magnéticos. Pasaron los años y la mayor parte de la opinión pública se fue olvidando del anuncio realizado por el científico ruso. Como ha ocurrido en otras ocasiones con la difusión de lo que suponían avances científicos revolucionarios –como, por ejemplo, el de la fusión fría–, el escepticismo de la mayoría de los científicos respecto a algo que aparentemente supone un desafío a los pilares de la física fue apagando su eco. 

Adios a la Ley de Newton - Antigravedad


ciencia


LA NASA 
Sin embargo, los hechos son tozudos: nuevos estudios han reproducido recientemente los resultados obtenidos por Podkletnov. Investigaciones de la NASA y de compañías aeronáuticas como Boeing o el consorcio británico British Aerospace han seguido buscando el control de la gravedad. En paralelo, numerosos científicos independientes han propuesto posibles caminos para lograrlo, algunos relacionados con la mecánica cuántica y otros con una nueva forma de entender la Teoría de la Relatividad. En Estados Unidos se llegó incluso a patentar el año pasado un dispositivo de antigravedad. La NASA fue de los primeros organismos que intentó seguir el camino trazado por Podkletnov. En 1996 Ron Koczor, director auxiliar para ciencia y tecnología del Laboratorio de Ciencia Espacial del Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA, situado en Huntsville (Alabama, EE.UU.) fue nombrado coordinador de la investigación sobre antigravedad. Para ponerla en marcha reclutó a varios científicos de la cercana Universidad de Alabama. Los resultados no fueron satisfactorios debido en parte a los planteamientos del equipo dirigido por Ning Li, que pretendía desarrollar un dispositivo de apantallamiento de la gravedad en lugar de reproducir simplemente el experimento del investigador ruso. Al menos en un primer momento, la NASA sólo aspiraba a comprobar si era posible reducir el peso de los cohetes en el momento del lanzamiento, lo que supondría un notable beneficio. Cuatro años después se puso en marcha el experimento Delta G, al que se destinó un presupuesto de 600.000 dólares. El propio Podkletnov fue fichado para el proyecto con la esperanza de que sus indicaciones permitieran a la empresa Superconductive Components Inc.fabricar un dispositivo similar al que había ensayado ocho años antes en la Universidad de Tampere. En esta ocasión, los resultados no fueron concluyentes porque, al parecer, los investigadores no pudieron obtener el mismo material que había utilizado el científico ruso. 

NUEVOS EXPERIMENTOS 
Los escasos resultados logrados por la NASA no impidieron que se pusiesen en marcha otros experimentos. El Gobierno británico financió una investigación, dirigida por el físico Marcus Hollingshead, para intentar reproducir el fenómeno de apantallamiento de la gravedad. Le siguió el Proyecto Greenglow, del grupo británico BAE, integrado por British Aerospace Systems y Marconi Electronic Systems, y que también concluyó sin resultados definitivos. La compañía aeronáutica Boeing recogió el testigo y comenzó a realizar sus propias investigaciones en los hangares secretos Phantom que tiene en Seattle (EE.UU.). Según la prestigiosa revista británica Jane’s Defense Weekly, el programa fue dirigido por un ex alto cargo del Ejército del Aire estadounidense. Sus resultados no han trascendido. Por el contrario, sí trascendieron, y de qué manera, los derivados de una investigación auspiciada por la ESA y desarrollada en Austria por los doctores Martin Tajmar y Clovis de Matos, del laboratorio ARC Seibersdorf: como hemos visto, Tajmar y De Matos lograron que un disco de material superconductor girando a 6.500 revoluciones por minuto redujera la fuerza de la gravedad en un 0,01%, lo que supone que una persona de 70 kg perdiera siete gramos. Para ello partieron del mismo presupuesto que Podkletnov, pero su base teórica estaba mucho más argumentada. Estas pequeñas reducciones de la gravedad son la punta de un iceberg que podría conducirnos a una nueva concepción de la fuerza descrita por Isaac Newton y a conseguir controlarla, quizá incluso para anular sus efectos en determinados momentos. 

lunes, 17 de febrero de 2014

Sobre la enseñanza de la ciencia

“La ciencia implica una relación con los poderes políticos e industriales”

Los científicos no pueden ser los únicos que decidan sobre las políticas para el desarrollo de la ciencia, afirma Wolovelsky, quien desde esta perspectiva destaca la importancia de la divulgación científica.
Verónica Engler
El biólogo Eduardo Wolovelsky defiende la ciencia, su objetividad e incluso su enseñanza instrumental, pero discute fuertemente con las visiones celebratorias que propician una bonhomía de la ciencia a la cual el público lego debería rendirse como ante un tótem. Polemista de fuste, pero lejos de la polémica mediática más ligada al escándalo, le interesa confrontar ideas, analizar los grandes supuestos sobre los que se levanta ese gran edificio que es la ciencia moderna. Pero la ciencia como parte de la cultura, como determinante fundamental del rumbo que asumen nuestras sociedades contemporáneas, la ciencia como algo que no es sólo de incumbencia de los científicos. “El cientificismo es una ilusión peligrosa, transformar a la ciencia casi en un acto de magia religiosa que podría resolver los grandes problemas que tenemos es peligrosísimo”, sentencia. En esta entrevista repasa el lugar de la ciencia y de los científicos de hoy y de ayer, el rol de la divulgación científica y la necesidad de reflexionar y cuestionar supuestos sobre los que se erige buena parte del desarrollo de nuestras medicinas, computadoras, smartphones, test genéticos para predecir enfermedades y demás lindezas de las sociedades del tercer milenio.
–¿Por qué le parece importante la divulgación científica, que el público lego o no experto sepa acerca de la ciencia?
–Me parece importante la divulgación, o el “conocimiento público sobre la ciencia”, porque no pueden decidir únicamente los científicos sobre los sentidos del desarrollo tecnocientífico, sólo porque tienen una parte importante y significativa del saber, absolutamente necesaria para discutir hacia dónde vamos, pero no suficiente. Qué vamos a hacer con la energía nuclear o con los organismos transgénicos no lo puede decidir únicamente la comunidad científica, que, además, tampoco es algo homogéneo. No todos hacen ciencia con la misma finalidad o el mismo sentido, aunque trabajen en el mismo campo. Fritz Haber y Otto Hahn no son lo mismo que Max Born (los tres científicos ganaron el Premio Nobel). Max Born era muy jovencito y se negó a trabajar en la guerra química, quiere decir que uno no está obligado a hacerlo. Las perspectivas con las que los científicos trabajan son distintas, y esto también hay que darlo a conocer. Claro que esto no quiere decir que el enunciado que dice que el ADN porta la información genética sea política. La ciencia es una actividad que implica una organización institucional, que implica una relación con los poderes políticos e industriales, todo eso hace a la vida del científico, no sólo el estar en el laboratorio. Que el desarrollo técnico-científico puede ser necesario para lograr soluciones es indiscutible, pero ese desarrollo técnico-científico puede ser leído de diferentes maneras. Entonces, es un riesgo enorme que coloquemos la idea de que podemos solucionar el problema de la exclusión social, de la distribución de la riqueza, o de la energía, con nuevos desarrollos tecno-científicos. Aunque es cierto que la historia moderna resolvió muchos problemas con avances tecnológicos. Entonces, esa ilusión no es una ilusión descabellada, surgida de la imaginación, tiene algún asidero en la historia moderna.
–¿Cómo le parece que se está divulgando la ciencia hoy?
–No acuerdo con la mayoría de las cosas que se hacen en divulgación científica, porque hay una perspectiva publicitaria, propagandística, sin promover ninguna reflexión. Lo que se hace es provocar casi un acto de admiración sobre la ciencia, que de por sí es una actividad muy compleja, con significados sociales y políticos diversos. Con lo cual, para mí no se trata de crear un acuerdo a modo de espectáculo en el que todos los espectadores aplauden. Me parece que ésa es la perspectiva hoy dominante, y en ese aspecto publicitario se termina promoviendo una forma de ignorancia, no una forma de saber o conocimiento. De hecho, cuando hay tanta preocupación por la generación de vocación hacia la ciencia, justamente la perspectiva publicitaria la erosiona, primero porque plantea un perspectiva de divertimento que no es cierta, porque el estudio requiere muchas virtudes, y una de las cuestiones que está ausente es el divertimento, puede existir la pasión, el interés, un deseo profundo, intenso, un compromiso importante, convicción, pero no es el divertimento lo que convoca. Pero además en esa perspectiva publicitaria percibí en muchas obras y realizaciones maltrato hacia el espectador, hacia el otro con quien debería dialogar, promoción de prejuicios de género.
–¿Un ejemplo?
–Un libro de (Marcelino) Cereijido, Hacia una teoría general sobre los hijos de puta, es un compendio de prejuicios de género, pero ha sido elogiado académicamente, y esto genera preocupación, porque pareciera que aquello que se dice sobre la ciencia automáticamente debería ser elogiado, y pareciera que criticar es colocarse contra la ciencia, lo cual es una falacia. Me preocupa ese cientificismo casi de espíritu religioso, casi inquisidor, en la defensa de un conocimiento científico que, si uno quiere, es contradictorio con los propios compromisos epistémicos que la actividad científica asume.
–¿Cómo ve actualmente el tema de la enseñanza de la ciencias en la escuela?
–Me parece que una primera dificultad es que la enseñanza sigue siendo fuertemente instrumental. Esto no quiere decir que la enseñanza instrumental no tenga valor, lo tiene, porque yo necesito de esas herramientas, pero no pueden ser un fin en sí mismo. La ciencia aparece totalmente desvinculada del devenir histórico. De hecho, en la historia que se estudia en la escuela, la ciencia parece tener poco valor como hecho histórico. En los cursos de ciencia, la ciencia es a-temporal y a-espacial, ése me parece que es el principal problema. La ciencia, en ese afán de objetividad, está poco problematizada, poco politizada, y ahí es donde muchos chicos quedan fuera del interés. Se trata de revertir eso hablando de la ciencia en la vida cotidiana, al estilo de “¿sabés por qué pasa tal cosa o pasa tal otra?”, y creo que eso no tiene ninguna virtud, creo que no existe la ciencia en la vida cotidiana. Justamente, hay que salir del ámbito más ordinario para construir un ámbito extraordinario de reflexión histórico-política sobre la ciencia, y esto no tiene que implicar relegar el saber instrumental. Si voy a hablar de genética, en algún momento tengo que saber hechos instrumentales, tengo que saber qué es el ADN, cómo está escrita la información genética. No puedo hacer un análisis de los significados de la actividad científica imaginando que lo puedo sostener desde la ignorancia de estos saberes instrumentales. Poder hacer un cálculo en el ámbito de la física tiene un valor, la matematización de los fenómenos naturales ha sido un logro intelectual notable, y esto debe poder ser dominado, en la medida de lo posible, aunque no todos lo van a lograr, y éste es el otro problema. Hoy la escuela tiene una diversidad de alumnos, que es un tema difícil de resolver. Incluir es complejo, pero creo que es una obligación, la escuela no puede ser excluyente. La inclusión implica poner en juego para todos, pero no quiere decir que todos lo van a tomar, sería casi ridículo que todos tomen un saber específico de un área.
–El término “científico” fue acuñado en el siglo XIX pero recién se impuso en el siglo XX. Hasta ese momento la distancia entre expertos y no expertos no era tan amplia como lo sería a partir del siglo XX. No siempre existió, por lo menos no de la manera en que se manifiesta actualmente, esa especie de “brecha” entre científicos y público general. ¿Cuál es el origen histórico y cuáles son los usos políticos de esta división?
–Stephen Jay Gould, que es un biólogo evolucionista, creo que uno de los más interesantes divulgadores modernos, dice que cuando él les daba a sus alumnos El origen de las especies, los alumnos después le pedían el “escrito académico” de Darwin, pero no había tal escrito. El origen de las especies es a la vez el “escrito académico” y el escrito dirigido al gran público. Pero por supuesto que hay un momento en el que hay una profesionalización del desarrollo científico, es decir que empieza a ser un trabajo remunerado, sostenido por el Estado o por empresas, entonces esto implica un cierto desarrollo institucional, y a su vez la ciencia empieza a tener un gran desarrollo que requiere de grandes inversiones económicas, y el científico pasa a ser un trabajador profesional, que recibe una remuneración, premios, toda una serie de reconocimientos que hacen a este desarrollo profesional. Por lo tanto, se empieza a exigir una cierta línea que garantice la eficacia de ese trabajo, empieza a ser diferente, empieza a haber un escrito que es profesional, la ciencia se vuelve más abstracta en el sentido de que son teorías que quedan menos vinculadas a conceptos que se pueden desarrollar desde otras áreas del saber o desde el propio devenir como sujeto pensante en la cultura, entonces se hace más complejo comprender. Por otra parte, la ciencia tiene una explosión en el nivel de conocimiento que hace que incluso me pueda preguntar: ¿cuánta biología sabe un biólogo?
–¿Y cuál es la respuesta a esa pregunta?
–La respuesta es que probablemente sepa poca biología. Porque un biólogo sabe mucho de un cierto campo en el cual él trabaja, en muchos otros campos conoce poco, por supuesto que tiene un bagaje por el cual le resulta más fácil acceder a ese otro campo. Entonces, todo ese gran desarrollo institucional, complejo, la actividad científica como una actividad que requiere grandes inversiones económicas, todo eso ha generado este abismo, si uno quiere, entre una comunidad tecno-científica compleja, con empresas, industrias, universidades, institutos de investigación, y quienes no están vinculados a esto. Es un problema claramente moderno. Esto da origen al “divulgador”, al profesor de ciencias, al maestro de ciencias. Yo tomaría lo que dijo Henri Atlan, un médico y biólogo francés, que es interesante, porque eso que antes del siglo XX podíamos llamar divulgación científica era como una cultura ornamental, y en algún punto hoy es un problema político de los más relevantes. Y Carl Sagan decía que el gran de-safío científico del siglo XXI va a ser entender los significados de la ciencia. No sé si es el único desa-fío, porque sería un poco estrecho decir semejante cosa. Pero que la comprensión pública de la ciencia esté en el mismo plano que el desarrollo científico es un planteo interesante. El gran problema es confundir que esta comprensión pública de la ciencia la deberían hacer los científicos. Deberían hacerla los científicos más un montón de otros actores de otros campos que, preocupados, hacen un esfuerzo por entender eso.
Gran parte de la divulgación tiene la función de unificar en una visión del mundo algo que en el saber científico está disperso en diferentes disciplinas, y ése es un problema para la divulgación, y es interesante discutirlo.
–Todavía está bastante difundida la idea de una “ciencia neutral” o “ciencia martillo”, que puede usarse para hacer el bien o el mal. ¿Cómo le parece que se puede discutir con esta idea?
–La mejor forma de discutir con esta idea es mirar la historia, la historia impide usar la ciencia como ciencia martillo. De hecho yo escuché decir que la ciencia hace mejores a las personas, es el viejo ideal de que el conocimiento hace mejores a las personas. Yo querría que fuese cierto, pero no es cierto. El conocimiento, en última instancia, podría hacer más responsable a la persona, en el sentido de que no puede aducir ignorancia en los actos que comete, pero no la hace mejor, toda la historia desmiente esto. Incluso teniendo las mejores intenciones. Yo pongo siempre el ejemplo de los eugenistas, aquellos que promovieron la mejora genética de la especie humana. Esto lo dice François Jacob, un biólogo francés, que asociamos la eugenesia con el nazismo, pero es falso. Provino de sectores que llamaríamos de la izquierda, progresistas, interesados por el bien público, desarrollado en países democráticos, y tenían las mejores intenciones, pero nadie creyó que debían hablar con la población, que los demás actores debían intervenir, sino que el bien se decidía internamente desde el propio saber científico. Ninguna actividad humana es neutral. Confundimos la ciencia con una descripción de fenómenos naturales. La ciencia en sus decires porta imágenes del mundo. La tecnología no es neutra. Yo defiendo la objetividad de la ciencia, pero no es la objetividad de “yo saco una foto del mundo tal cual es”, sino que se trata de enunciados teóricos y diseños instrumentales y técnicos que con el tiempo adquieren una validez que está más allá del sujeto que lo enuncia. Pero de todas formas siempre eso está inmerso en una matriz político-cultural. Yo creo que ésa es una de las peleas más significativas que hay que dar, porque la ciencia-espectáculo es una ciencia que se imagina neutra y objetiva, y la imagina mejorando al mundo, imagina a los científicos como mejores personas. Es un enunciado peligroso para la democracia decir que los científicos son mejores personas por ser científicos, porque esto me llevaría a un gobierno aristocrático: que nos gobiernen los mejores.
–En muchos de los textos divulgativos que escribió abordó varios temas críticos, como por ejemplo el problema de la experimentación con animales (El medio interior), en el que pone en cuestión, por ejemplo, los postulados del especismo. ¿Por qué le parece importante dar este tipo de discusiones?
–Cuando uno escribe libros sobre estas temáticas creo que la única virtud del libro es problematizar el tema, no que el lector comparta mi posición, aunque a mí me parece legítimo generar una discusión proponiendo una posición, no jugando a hablar desde un lugar neutral. Desde ese libro yo defiendo una cierta perspectiva sobre la experimentación con animales, la defiendo con vehemencia, con convicción, lo cual no quiere decir que no tenga puntos criticables, e inclusive que pueda ser criticada hasta la demolición. A mí eso no me preocupa, al contrario. Yo escribí El medio interior porque me preocupaba que no se discutiera este tema. ¿En qué sentido? Pareciera que hay temas que no deben ser tratados porque son problemáticos, políticamente incorrectos. Está muy bien decir que no se debe experimentar con animales, pero esto tiene un costo sobre el desarrollo de la medicina, sobre la posibilidad de curar. Si yo desarrollo un medicamento y no experimento con animales, ¿con quién experimento? Seguramente el primero que lo use es objeto de experimentación inevitablemente. No existe esa solución ideal de “no experimentemos con nadie”, porque eso es falso, no puede ser, o no tenemos medicamentos, lo cual puede ser más cruel que la experimentación con animales.
–¿Cuáles son las consecuencias de la experimentación con animales?

–Efectivamente tengo que establecer una separación entre lo humano y lo animal. Yo defiendo esa separación, pero no quiere decir que yo tenga razón ni que mi defensa sea totalmente inobjetable. Lo que yo digo es: llevado a un extremo –y lo llevo al extremo porque el extremo tiene un aspecto más pedagógico donde el problema se ve con más claridad–, el amor a los animales, si bien no promueve el odio a ciertos grupos humanos, no lo inhabilita ni lo bloquea, deja el campo abierto. Esto lo dice Luc Ferry, un biólogo francés que trabajó bastante este tema. Hubo un momento en el que el tema del amor a los animales, en el contexto de la Alemania nazi, en donde se defendía una idealización de la naturaleza como un estado de perfección y equilibrio, terminó llevando a la idea de experimentar con seres humanos, porque algunos humanos entraban dentro del campo de la degeneración biológica. Claro que esto que digo no significa que cualquier persona que defienda el derecho de los animales esté en este campo, y además el derecho de los animales es muy amplio y muy diverso, porque los animales no son todos iguales.

martes, 11 de febrero de 2014

Diálogo con el director del Laboratorio Max Planck de Rosario


Claudio Fernández
entrevista de Leonardo Moledo
–Cuénteme ¿a qué se dedica?
–Soy doctor en Química biológica, dirijo el Laboratorio Max Planck de Biología Estructural, Química y Biofísica Molecular de Rosario. Soy director de la primera plataforma tecnológica de diseño y descubrimiento de fármacos en fase preclínica de Latinoamérica. Dirijo también un doctorado internacional organizado entre la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad de Göttingen, en el área de la Biomedicina y Biociencias Moleculares. Göttingen es una ciudad alemana de 120 mil habitantes; su universidad tiene la impresionante cifra de 46 premios Nobel asociados. Allí fui jefe de grupo hasta el año 2005. El último Premio Nobel de Medicina es de la Universidad de Göttingen. Ellos son nuestros socios.
–¿Cuándo volvió usted al país?
–En 2004 y 2005, junto a otros argentinos, lideramos una línea de trabajo que dio lugar a significativos avances en el área de enfermedades neurodegenerativas, en particular la vinculada con el mal de Parkinson. Mi trabajo científico fue repatriado en el año 2006, a través de la adquisición del primer espectrómetro de resonancia magnética nuclear de alto campo para nuestro sistema científico, que fue el segundo equipo en su tipo en ser instalado en la región.
–Y además está trabajando en un plan de comunicación de la ciencia del Conicet.
–Estamos avanzando con un proyecto para la creación de una plataforma orientada a la socialización de la ciencia llamada País Ciencia. Su objetivo es generar igualdad de oportunidades y despertar vocaciones científicas. Es un proyecto que, asociado al Conicet y otros organismos nacionales, proyectará a nivel nacional una experiencia de comunicación pública de la ciencia y democratización del conocimiento nacida en el municipio santafesino de Granadero Baigorria, donde funciona el Centro de Estímulo al Desarrollo del Conocimiento (Cedec), que es el modelo. Los otros actores involucrados son la Universidad Nacional de Rosario, la Subsecretaría de Gestión de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación y el Ministerio de Planificación Federal de la Nación.
–¿Qué tiene pensado hacer? La inclusión de la ciencia tiene muchas corrientes... y hay cosas con las que nadie sabe qué hacer, por ejemplo: la matemática.
–Vamos a coordinar acciones entre escuelas, universidades, organismos de ciencia y tecnología, y el conjunto de la sociedad. Será una herramienta educativa, inclusiva, que se ocupará de promover la socialización del conocimiento, así como de fomentar la creación de una red de centros o nodos territoriales. Queremos generar instancias de reflexión en torno del conocimiento científico situado en su contexto territorial. Hasta ahora muchas de las acciones de comunicación pública de la ciencia se han generado en el marco de pensar la relación “ciencia y sociedad” bajo los parámetros de la hipótesis del déficit cognitivo. Mi postura es tratar de desmitificar el rol del científico y pensar el conocimiento como un bien social.
–Entiendo. Yo trato de hacer las entrevistas acá en un café para sacar al científico del laboratorio, porque el científico muchas veces cuando habla lo hace para sus colegas, entonces acá no tiene el código del laboratorio. La ciencia no es sólo ciencia, la ciencia es filosofía y es historia de la ciencia. Hay que saber de dónde venimos...
–Eso queremos con este programa, que los investigadores y comunicadores de la ciencia expliquen a la sociedad de manera amena. Comparto, es necesario poner en valor todo lo que se hace desde el año 2003 en ciencia y tecnología en nuestro país. La política de Estado de ciencia y tecnología es concreta y tiene un correlato social. Es necesario que se la valore porque no alcanza con que la defendamos los científicos desde el laboratorio. Se va a defender en tanto y en cuanto la gente sepa respecto del valor del conocimiento científico, sus impactos y beneficios. Para eso es fundamental comunicar, concientizar y ampliar la cultura científica de la gente.
–Yo dirigí ocho años el Planetario de la ciudad de Buenos Aires. Nuestra postura era: la ciencia es propiedad de todos. Pero cuando decíamos todos, decíamos todos. Por eso hicimos un planetario para ciegos, para sordos, hicimos cafés científicos, fuimos a las villas. La idea era: como es de todos, es también para los que no pueden venir.
–Ahí está la clave, en que nosotros como investigadores nos acerquemos. Esa es la génesis del proyecto. Queremos conversar sobre ciencia en todos los barrios y localidades. Ahí uno como investigador científico toma conciencia de la realidad. En la villa, al chico no le importa que le expliques el principio de Bernoulli. Quieren saber, por ejemplo, cómo se hacen las plantas de potabilización de agua. Allí se toma conciencia de para quién estás trabajando, porque la ciencia y la tecnología no se agota en una proteína en un tubo de ensayo. Sólo se realiza cuando es orientada a un fin colectivo y es apropiada por la gente.
–Entiendo. También es mucho lo que se consigue cuando se les muestra un telescopio, una bacteria con un microscopio...
–Nosotros escuchamos lo que nos piden los chicos y los docentes en las escuelas de las villas. Ellos quieren aprehender un conocimiento que impacte en su calidad de vida. Sin dudas representa una superación de la comunicación de la ciencia como colección de anécdotas o datos curiosos. Estamos pensando en proyectos que enseñan a desarrollar, por ejemplo, una planta potabilizadora de agua, o cómo hacer que la basura, que contiene un alto porcentaje de materia orgánica, pueda generar biogás o biocombustible. Una parte del programa que estamos desarrollando consiste en generar fondos semilla, lo necesario para que esa escuela pueda concretar un proyecto con investigadores del Conicet.
–¿Cuál estima que será el efecto de este plan?
–Son múltiples, el chico de la villa va a tener una vivencia transformadora vinculada al conocimiento científico. Va a conocer que existen instituciones de ciencia y tecnología, conformadas por personas que trabajan de científicos. Y a los investigadores los invitamos a salir de su territorio habitual porque el laburo lo tienen que hacer en la villa.
–¿Y usted qué les dice?
–Los invito a participar y que dejen atrás sus prejuicios. Les digo que hay que desacralizar la ciencia y hacer entender que la ciencia no es para genios. De nada sirve pasar seis meses dando conferencias en el exterior, si acá la gente no entiende el quehacer científico tecnológico. Para que la sociedad se interese, se informe, pregunte, entienda y valore, hay que educar incluso a los investigadores. Hay que invitarlos a salir del laboratorio, porque mayoritariamente salen formados en su disciplina y tienen cierta lejanía con la sociedad. El desafío es, como ha dicho la propia presidenta de la Nación, que en las universidades nacionales la matrícula sea en un gran porcentaje de hijos de trabajadores, y que se reciban. Para eso hay que generar una escuela de científicos con compromiso social.
–¿Ya tienen armado el programa de acciones?
–Sí, el programa, además del componente de comunicación pública de la ciencia, tiene otro que son las pasantías científicas para que los estudiantes vengan a nuestros laboratorios de investigación científica u otros organismos públicos a hacer actividades, porque el problema que estamos teniendo es que, independientemente del estrato social, los jóvenes están desinformados y se pierden vocaciones. Nosotros perdemos muchas vocaciones en el último y anteúltimo año de la secundaria, porque los chicos no saben para dónde seguir. El programa pretende vehiculizar esas vocaciones. Hay que ir al encuentro de estos estudiantes, yo creo que eso es parte del rol del científico.
–¿Qué más piensan hacer?

–Vamos a brindar cursos de capacitación para los docentes de escuelas secundarias, vamos a dar capacitación a investigadores para enseñarles a hacer comunicación pública de la ciencia. Vamos a generar contenido audiovisual, vamos a tener una plataforma web con módulos virtuales, con contenidos para que puedan ser utilizados en las escuelas por los chicos directamente, y vamos a tener un laboratorio móvil para poder llegar a los lugares más lejanos. Es un proyecto que ataca el problema de la brecha entre ciencia y sociedad en forma integral, y que además tiene actores que tienen que ver con la generación de política científica, generación de política educativa y el territorio. Tenemos muchas expectativas de poder replicar a nivel federal el éxito que este proyecto ha tenido en Santa Fe y Buenos Aires.