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martes, 9 de abril de 2013

Entrevista a Antonio Brailovsky

"En la Argentina, la difusión científica está penalizada"

 

Llegar al gran público está "mal visto", afirma

Any Ventura


BUENOS AIRES, CIUDAD INUNDABLE"En el sistema científico argentino está muy mal visto hablar con el gran público. Nosotros tenemos un sistema científico que penaliza la difusión", dice Antonio Elio Brailovsky. Si algo caracteriza a este pensador, además de sus conocimientos de ecología, es el énfasis con que defiende sus ideas, que, pese a su gran elaboración, expresa en un lenguaje coloquial. Dice que actúa así porque siempre quiso facilitarle a la mayor cantidad de gente posible el camino hacia el pensamiento científico.
Brailovsky nació en Buenos Aires en 1946. Es licenciado en Economía y Política, además de historiador. Ejerce como profesor titular en las universidades de Buenos Aires y de Belgrano. Su primera nota sobre ecología se publicó en 1975, y su último libro, Historia ecológica de Iberoamérica, es una gran tarea de investigación. Actualmente está en prensa Buenos Aires, ciudad inundable. "Hay que plantear el acceso al agua limpia, pura y confiable en términos de derechos humanos", dice, y aclara: "Ya Hipólito Yrigoyen en 1929 planteaba ante el Congreso la necesidad de sanear el Riachuelo".
-Me parece que usted es la persona que habló por primera vez de ecología en el país. ¿Es así?
-Supongo que no hay otra persona que lo haya comunicado tanto. Nosotros tenemos un sistema científico que penaliza la difusión. A la gente del Conicet y a la de las universidades les restan puntos si hacen notas periodísticas, si aparecen en los medios. Está muy mal visto en nuestro sistema científico hablar con el gran público, porque se supone que se pierde jerarquía científica.
-¿Qué es lo que está mal visto? ¿Hacer fácil lo difícil?
-A mí, durante muchísimo tiempo, los académicos no me consideraron científico. Ahora, cada vez que publico un libro digo: "Esto es una investigación científica que utiliza un lenguaje semejante al del periodismo. Pero detrás de eso hay quinientas referencias bibliográficas".
-Uno se puede preguntar por qué hay tanta gente que habla de ecología, pero tan poca conciencia ecológica.
-Lo que no hay es información. Cuando se habla con los docentes, la prioridad es que los niños no tiren el papelito en el suelo. Esto es útil si uno tiene en claro que la persona que no tira el papelito en el suelo después se va a enojar si alguien tira tóxicos en el río. Pero solamente en ese caso. Sería bueno discutir prioridades: el papelito en el suelo es poco relevante.
-¿Y qué sería lo relevante?
-Para mí, la primera prioridad es el agua. Somos aproximadamente un 70% de agua. Usted y yo somos agua del Río de la Plata, y lo que le pase al Río de la Plata nos va a pasar a nosotros. No hay escape tomando agua envasada, porque se saca del mismo lugar de donde se saca el agua de la canilla, salvo que le quitan el cloro. No es sólo un recurso natural. Hay que plantear el acceso al agua limpia, pura y confiable en términos de derechos humanos. El agua limpia es un bien cada vez más escaso. Lo que no quiere decir que falte agua materialmente. Agua va a haber, pero tiene que haber agua confiable.
-A lo largo de la historia ecológica de la Argentina, ¿hay rastros de una cierta conciencia?
-La generación del 80 definió una estrategia de agua potable y saneamiento a partir de las grandes epidemias. Tuvimos cólera de 1868 a 1869; tuvimos fiebre amarilla en 1871. Los integrantes de la generación del 80 pensaron que no se puede tener una gran ciudad sin un sistema de agua potable y cloacas. En los debates del Congreso de la época, una cantidad de higienistas decían que la epidemia era la venganza del pobre contra el rico. Si los ricos mantenían a los pobres en condiciones infrahumanas, los pobres se iban a enfermar. Los pobres se enfermaban y entonces la epidemia atravesaba la barrera que separa a pobres y ricos.
-¿Qué entendemos hoy de esa mirada ecológica?
-La sociedad entendió que el tema debe ser objeto de consideración. Antes, yo escuchaba argumentos como: "La ecología es cosa de los alemanes y los suecos, porque tienen todos los problemas solucionados". Ahora, ya hace muchos años que no escucho ese argumento. En algún momento me decían: "Nosotros estamos a favor de la contaminación porque significa desarrollo, puestos de trabajo".
-¿Será que no suma votos?
-Estoy pensando en el caso del Riachuelo. El proyecto de saneamiento que la Corte Suprema ordenó hacer es caro, pero muy elemental, porque no consiste en limpiar, sino en mandar con un caño toda la basura al medio del río, donde no se vea. Se supone que el río la va a diluir. Además, es el mismo que estaba en el proyecto de los mil días de María Julia Alsogaray, que estaba en el proyecto del Ministerio de Defensa de 1962 y que fue anunciado por Yrigoyen en 1929.
-¿El mismo?
-Sí, con variantes, pero con la misma concepción: un caño grande que mande toda la porquería al medio del río. Y fue por primera vez proyectado a fines del siglo XIX. Si esto no es una política de Estado, no sé qué es una política de Estado, porque en un siglo hemos tenido gobiernos de todos los signos políticos imaginables. Es una asignatura pendiente fuerte, porque además el Riachuelo desagua en el Río de la Plata, que es el tanque de agua de seis millones de personas.
-¿Se podría haber logrado un desarrollo industrial sin contaminar?
-En el mundo hubo un abaratamiento en la industria de saneamiento. Sólo que hay una cantidad de industriales que juegan con la ignorancia real o fingida de algún sector político para decir: "Si nos obligan a limpiar el efluente, tenemos que cerrar y dejar a la gente en la calle".
-¿Es mentira?
-Es mentira. Se puede pagar; hay créditos internacionales baratos. Hay que verlo más desde lo político que desde lo tecnológico. Aquí el problema es político.

ANTONIO BRAILOVSKY
Especialista en historia ambiental


  • Profesión: economista

  • Edad: 64 años

  • Origen: Argentina

  • Formación: con estudios en economía e historia, es docente en la UBA y en la UB.

  • Público: entre 1998 y 2003 fue defensor del pueblo adjunto en la ciudad de Buenos Aires.

  • Libros: es autor de Historia de las crisis argentinas (1982), Memorias verdes (1990) e Historia ecológica de Iberoamérica (2009), entre otros.
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viernes, 29 de marzo de 2013

Narrar la ciencia

Narrar la ciencia

En el mundo literario, las ciencias ocuparon tradicionalmente subgéneros para fans. Libros Recientes alimentan un fenómeno novedoso: científicos que escriben ficción y escritores exitosos que le perdieron el miedo al laboratorio. Aquí, títulos, autores y opiniones.

POR FEDERICO KUKSO

Las avalanchas no sólo son el síntoma de la montaña tapizada por la nieve. O la eventualidad que nadie desea tentar ni siquiera invocando su nombre. Todos los días una avalancha de datos, cifras y apellidos disonantes nos sepulta, comprime, asfixia. Aquel flujo y ruido ensordecedor que llamamos con liviandad “información” descarga cotidianamente todo su peso y furia sobre nosotros y nos desorienta. O peor. Nos vuelve ciegos ante ciertos acontecimientos disruptivos –y decisivos– capaces de hacer temblar nuestra imaginación y reconfigurar nuestros sentidos. Hace unos meses, por ejemplo, dos biólogos dieron un paso más que importante para redefinir para siempre la literatura. Y las principales editoriales del mundo ni siquiera se enteraron.
Desde la asepsia espartana de un laboratorio de Boston, Estados Unidos, George Church y Sriram Kosuri se rieron de lo imposible: lograron almacenar un libro en una molécula de ADN. Como quien hace presión y consigue introducir en un hueco de su hacinada biblioteca una novela después de terminar de leerla, estos investigadores de la Universidad de Harvard insertaron –codificación mediante– 53.500 palabras y 11 imágenes en la oscuridad de un espacio ridículamente pequeño y compacto, allí donde descansa el secreto de la vida, la información genética necesaria para construir un organismo.
No importa mucho que haya sido una movida de marketing para promocionar el libro en cuestión –el de Church, Regénesis: cómo la biología sintética va a reinventar la naturaleza y a nosotros mismos –, o que no haya sido el único caso –Nick Goldman, un investigador del Instituto Europeo de Bioinformática, logró compactar también en una molécula de ADN los sonetos completos de Shakespeare y el discurso “Tengo un sueño” de Martin Luther King, en enero pasado–, o ni siquiera que la técnica sea aún demasiado costosa y arrastre varios ceros. Arremetidas científico-literarias de este tipo abren caminos insospechados: antes de lo que pensamos, el sueño de la movilidad total podría volverse realidad. De la noche a la mañana, nuestros cuerpos podrían convertirse en bibliotecas perfectas. Y nuestras células, en estantes. Pasarán los años, tal vez el libro de papel finalmente muera y los ebooks ganen la batalla. Pero las ficciones que nos hipnotizan vivirán en nosotros. Nos habremos transformado entonces en libros con piernas. La literatura al fin se habrá hecho carne.
Quizá falta mucho. Quizá no. Pero lo cierto es esto: la ciencia y la literatura no transitan más por separado. No luchan en secreto por ignorarse como dos extraños se esquivan en la calle. Hace tiempo que se abrió una puerta entre ambos universos y a través de ella se tendió un puente, uno de dos carriles, de ida y vuelta. Ciencia y literatura ahora conversan, se entrelazan, discuten. Y más que una moda alimentan una tendencia. Basta con ir a una librería o recorrer con la vista –acelerados por la gula literaria por tener y leer todo– las novedades de una editorial. Ahí están las novelas-experimentos de Michel Houellebecq, Ian McEwan, Jonathan Franzen, David Foster Wallace, David Leavitt, John Banville, Hans Magnus Enzensberger y David Lodge, para mencionar algunos de los principales nombres del star system de la literatura actual, obras en las que las palabras, los oraciones y los párrafos son atravesados por la simbología y la sensibilidad de la genética, la matemática, la física, la biología y demás disciplinas científicas.
Los escritores le perdieron el miedo a las ciencias. Era hora.

Algo de historia
El 7 de mayo de 1959 Charles Percy Snow partió la cultura occidental en dos. La rebanó en una cultura científica y una cultura humanística. En su famosa charla en la Universidad de Cambridge, este químico y novelista inglés señaló la existencia de un abismo en la vida intelectual o como lo llamó “un golfo de mutua incomprensión” entre dos polos: los científicos que ignoraban la obra de Dickens o Shakespeare y los “intelectuales literarios” que desconocían la segunda ley de la termodinámica. En un punto, Snow tenía razón. Por entonces, imperaba cierta ignorancia recíproca, se expandía una grieta, se había oficializado un divorcio (“La ciencia no me interesa para nada”, soltó como una bomba Jean-Paul Sartre). Pero en otro punto no.
En rigor, estos dos registros, dos lenguajes, dos maneras de razonar e interpelar al mundo –el escritor conmueve con mundos imaginados; el científico descifra los misterios del mundo “real”– nunca estuvieron del todo desconectados.
En los últimos doscientos años, toda clase de escritores, de hecho, palparon las teorías e ideas científicas que conformaban también la atmósfera intelectual de su época. No vieron en ellas monstruos ni laberintos sin salida. En 1839, por ejemplo, Edgar Allan Poe escribió –o más bien corrigió– las anotaciones de su amigo Thomas Wyatt: Conchologist’s First Book. A System of Testaceous Malacology, arranged Expressly for the Use of Schools (El primer libro del conchólogo. Un sistema de malacología testácea, arreglado expresamente para su uso escolar), un manual sobre moluscos, al que le siguió en 1848 Eureka: un poema en prosa –traducido al español por Julio Cortázar–, un ensayo sobre la naturaleza y el origen del universo, su funcionamiento y su futuro.
En Moby Dick , Herman Melville se hacía las mismas preguntas que perseguían a los biólogos marinos a mediados del siglo XIX. “¿No es un hecho curioso que un animal inmenso como es la ballena vea el mundo por un ojo minúsculo y oiga el trueno por una oreja tan pequeña como la de una liebre?”, apuntó el escritor estadounidense.
Y eso no es todo: en las veinte páginas de Informe para una academia (1917), Kafka introdujo una suerte de teoría de la evolución en versión acelerada al contar la historia de un simio –Pedro el Rojo– que es cazado y tras cinco años empieza a hablar y adquirir las costumbres de la cultura europea.
En cuanto a Vladimir Nabokov, este escritor ruso se inclinaba tanto por las Lolitas como por la entomología y el estudio de las mariposas. Nicanor Parra, además de poeta, era matemático y físico. Y mucho antes de este escritor chileno, Samuel Taylor Coleridge tenía la –sana– costumbre de asistir a charlas científicas en la Royal Institution de Londres. Cuando le preguntaban por qué perdía el tiempo yendo a las clases de química, Coleridge siempre contestaba lo mismo: “Para enriquecer mis provisiones de metáforas”.
Aun así, en el mundo literario las ciencias siempre fueron empujadas a un rincón o enclaustradas en guetos –literatura de anticipación, ciencia ficción, cyberpunk, steampunk, biopunk–, subgéneros destinados a “nichos”, a un “público especializado”, a fans. Siempre fueron algo menor, estuvieron condenadas a ser alejadas de los grandes temas de la literatura.
Pero no más. En algún momento de las últimas décadas –pero con más fuerza en recientes años–, la grieta se achicó. Y la ciencia se filtró. Salió del closet –su armario: el laboratorio– en dos movimientos simultáneos: los científicos comenzaron a escribir novelas –el matemático Guillermo Martínez lo hizo en Acerca de Roderer y Crímenes imperceptibles ; el astrofísico Fred Hoyle en La nube negra ; el físico Alan Lightman se despachó con Los sueños de Einstein ; en su momento, la bióloga Paola Kaufmann escribió El lago y La noche descalza ; el biólogo Diego Golombek publicó Así en la Tierra – y un puñado de escritores se animaron a escribir sobre ciencia como David Foster Wallace y su Everything and more: a compact history of infinity (y también en su monumental La broma infinita , llena de matemática), Jonathan Franzen hizo lo suyo en su texto “El cerebro de mi padre” (en Cómo estar solo ), David Leavitt en Alan Turing: el hombre que sabía demasiado , el irlandés John Banville se despachó con su tetralogía científica Doctor Copernicus (1976), Kepler (1981), La carta de Newton (1982) y Mefisto (1986) y Thomas Pynchon lo hizo en Contraluz , donde asoman los rayos e ideas eléctricas de Nikola Tesla, el genio serbio eclipsado por Thomas Edison.
Toda clase de autores se apoderaron de las ciencias. Dejaron de considerarlas ajenas, distantes. Descubrieron que en ese universo paralelo había también historias para contar. Cada vez con más regularidad, metabolizan los temas científicos y, en lugar de expulsarlos y exhibirlos con un gran cartel que dice “esto es ciencia”, los inmiscuyen en la trama, en sus conflictos, moldean la personalidad de los protagonistas. Y dan a luz a un nuevo género, bautizado por el químico Carl Djerassi –y autor de la novela El dilema de Cantor – “ciencia-en-la-ficción”, una etiqueta de catálogo utilizada sobre todo para diferenciar a este tipo de novelas del ya confuso universo sci-fi .
Más que divagaciones y proyecciones futuristas –distópicas o utópicas, no importa–, estas obras ponen el acento en otra parte: toman la descripción realista del microcosmos científico como lanzadera de despegue de la imaginación. Con la iconografía de la ciencia como telón de fondo (los institutos, los campus universitarios, la burocracia, los personajes, los conceptos y las reglas de juego de esta tribu), desnudan al ser humano, critican la decrepitud de la sociedad, el pavor a envejecer y todo aquello que sucede en ese breve lapso que separa al nacimiento de la muerte.

Sin estereotipos
Más que ahondar en la imagen algo descascarada del científico –el desvariado, el genio del mal, el salvador, el Moisés laico–, en estas historias los hombres y mujeres de ciencia recobran su humanidad hace tiempo diluida por un estereotipo anquilosado. En estas nuevas tramas, estos personajes se vuelven cercanos. No en tanto héroes asexuados o pura razón sino como individuos intensos que dudan, aman y sufren, como el personaje del físico nuclear Viktor Shtrum en la novela Vida y destino, del ruso Vasili Grossman o el matemático indio Srinivasa Ramanujan en El contable hindú, del estadounidense David Leavitt.
O también como el neurocirujano Henry Perowne, protagonista de Sábado, de Ian McEwan, quizás el escritor más científico del momento –junto, claro, a Michel Houellebecq– quien en Solar , un novelón sobre el cambio climático y el fraude científico, caricaturiza a los ganadores del Premio Nobel y a la elite científica al hacer un primer plano sobre las corrupciones del físico Michael Beard, un gran antihéroe, un falso ídolo: un cobarde, mujeriego, charlatán (“Pertenecía a esa clase de hombres vagamente anodinos, a menudo calvos, bajos, gordos, inteligentes, que inexplicablemente atraían a las mujeres”). “No quería crear un héroe con espada, capaz de salvar el mundo del cambio climático, sino un científico con suficiente calidez humana para que el lector pueda sentirse reflejado”, afirmó con sarcasmo el escritor inglés, quien prefiere los protagonistas racionales como el periodista científico Joe Rose de Amor perdurable .
Ciencia y ficción se imbrican así en cierta clase de contrato. Firmaron un pacto de mutuo entendimiento con una meta en común: explorar la naturaleza humana. “¿Es la descripción de la conciencia patrimonio de la literatura o de la ciencia? –se pregunta el inglés David Lodge, autor de Pensamientos secretos –. Luego de escribir la novela llegué a la conclusión de que ambas aproximaciones, la literaria y la científica, son complementarias. La conciencia es un fenómeno muy individual. Mientras que la ciencia busca teorías y explicaciones generales, el novelista es capaz de transmitir una vívida sensación de lo que supone la conciencia. Por eso leemos novelas, para hacernos una idea de cómo experimenta otra gente el mismo mundo. No se puede decir que la perspectiva de la ciencia o de la literatura sea la única correcta”.
Sin casarse con las ciencias –no se vuelven los voceros del átomo, los RR. PP. del genoma o del universo–, aquellos que empujan esta ola científico-literaria construyen una nueva figura de escritor: el escritor-anfibio que navega y sobrevive en diversos ambientes y lenguajes, el representante de una tercera cultura capaz de contar la ciencia en palabras, en historias. Y así contagiar la pasión por las hormigas o por la exploración espacial a aquellos que habían odiado las clases de biología, matemática o física en el secundario.
“Mis novelas y el método científico tienen algo en común: lo experimental. En cierto modo, mis personajes son experimentos que hago con mi cerebro: unos marchan y se desarrollan bien; otros, no marchan”, suele declarar Houellebecq, el gran provocador, un verdadero esteta del dolor, del tedio, de la exasperación de aquel fenómeno que es vivir. Mientras que para su libro Ampliación del campo de batalla aprovechó su experiencia como programador de computadoras, para hablar sobre clonación en La posibilidad de una isla enganchó las investigaciones sobre la oveja Dolly con la secta de los Raelianos y para El mapa y el territorio reflotó su licenciatura en agronomía, para Las partículas elementales se inspiró en los experimentos de 1982 del físico Alain Aspect en 1982, lo que en mecánica cuántica se llama “la paradoja EPR”: cuando dos partículas interactúan, sus destinos se vinculan. Al actuar en una el efecto se propaga a la otra, como Houellebecq lo ejemplifica al narrar la vida entrelazada entre dos hermanastros: Michel, el biofísico que en un momento renuncia a la sexualidad y Bruno, profesor de literatura, sexópata, misógino. O un mismo espejo con dos caras: ciencia y literatura.

Canjes y experimentos
En realidad, más que un procedimiento narrativo afín al realismo social que reina en estos momentos en gran parte de la literatura, se trata de una operación de canje, un préstamo. Autores que toman el discurso científico, sus personajes, sus modismos y le inyectan no aquello que carecen sino que se esfuerzan por mantener oculto detrás de la cortina: el yo, los sentimientos, las contradicciones y claroscuros de la fórmula que compone la humanidad. Así lo hizo Jonathan Franzen, quien aprovechó sus investigaciones en sismología y su paso por el Departamento de la Tierra y las Ciencias Planetarias de la Universidad de Harvard para componer el clima tenso –y a veces asfixiante– en el que avanza su segunda novela, Strong Motion .
En otros casos, consisten en encuentros provocados, acercamientos entre escritores e investigadores cuyos resultados se ven en la colección de cuentos compilados en el libro recientemente publicado La piedra de la cordura . Invitados por el médico cardiólogo y editor Daniel Flichtentrei y el neurocientífico Facundo Manes y coordinados por la editora y periodista Amalia Sanz, nueve escritores argentinos se reunieron con psiquiatras, neurólogos y otros especialistas en ciencias de la mente. Se vieron las caras, charlaron, discutieron. Y de esos diálogos que traspasaron las disciplinas surgieron ficciones que orbitan alrededor de una patología neuropsiquiátrica, como una especie de continuación de la rica tradición literaria de hacer pie en una enfermedad para narrar una historia (la tuberculosis en La montaña mágica, de Thomas Mann y en Boquitas pintadas, de Manuel Puig, la poliomielitis en Némesis, de Philip Roth, el mal de Alzheimer en Desarticulaciones, de Sylvia Molloy).
El personaje del relato El sentido de las palabras de Angela Pradelli es la demencia semántica, un trastorno del lenguaje en el que los pacientes presentan un deterioro progresivo en la comprensión de los nombres. “La relación de la vida con la literatura y el lenguaje como misterio que nos constituye son siempre una zona de mucha conmoción para mí –dice la escritora–. Las reuniones con los especialistas me permitieron conocer trastornos del lenguaje de los que nunca había oído hablar”.
Sergio Olguín, en cambio, eligió la bipolaridad para delinear a Emilio, el protagonista ermitaño de Fin de semana . “Me pareció que era una enfermedad muy literaria, ideal para escribir un cuento”, relata el autor de la novela La fragilidad de los cuerpos . El psiquiatra Sergio Strejilevich le explicó las características de la bipolaridad, le pasó videos y le recomendó libros. Para el relato Filiaciones , Ariel Magnus se volcó por la esquizofrenia. “Hablar con la psiquiatra Andrea López Mato me hizo cambiar algunas nociones que tenía acerca de la medicación psiquiátrica, al punto que terminé haciendo un cuento prácticamente pro-psicofármacos”, revela el escritor, quien llevó a la reunión un grabador que se le quedó sin pilas a los dos minutos. Y Mariana Enríquez tuvo que poner en pausa su afición por los vampiros, las posesiones demoníacas y el cuento fantástico –su firma–, para retratar un caso de epilepsia en La mujer que era sombra . “Me gustó escribirlo pero me quedé con ganas de hacer un cuento de posesión, de época, bien del siglo XIX”, confiesa la autora de Cómo desaparecer completamente .
Como se percibe en estos experimentos literarios –en los que también participaron Oliverio Coelho, Esther Cross, Guillermo Martínez, Claudia Piñeiro y Carlos Chernov–, la literatura no es autónoma del mundo ni de la época que la cobija. Vivimos en la era del genoma, de los aceleradores de partículas, de los descendientes del telescopio espacial Hubble, del despertar de la inteligencia artificial, en la que las ideas –abstractas y a veces difíciles– logran de una manera u otra encarnarse en ficciones, como ocurre con la hipótesis del multiverso y los universos paralelos en 1Q84 de Haruki Murakami.
En este tráfico de ideas, la literatura reenvía a los científicos su propia imagen: ya no el reflejo deformado sino una imagen más humana, cruzada por una multiplicidad de conflictos humanos mundanos como la insatisfacción sexual, la codicia, la obsesión.
Cargadas de historias grandes, medianas y chicas –pero bien humanas– para los tiempos científicos que vivimos, estas novelas levantan los velos con que los científicos han sido cubiertos por la literatura durante un tiempo. Dejan de ser invisibles, escapan de la cárcel mediática, de los títulos de prensa que los retratan como caricaturas cojas y que los empujan al agujero negro del lugar común.
En una suerte de fecundación cruzada, ciencia y literatura salen ganando. Abiertos los puentes –aun frágiles e inestables– entre estos dos universos, cuentos y novelas ayudan también a contrabandear ideas y conceptos, como si cada libro fuera un caballo de Troya: sin una actitud pedagógica, una impostura tipo Billiken o Anteojito, ilustran, explican, sugieren, traducen al idioma accesible de la cultura popular las imágenes y pilares conceptuales de las ciencias, aquellos escudos y armas que nos protegen de la charlatanería.
Como dice Alan Pauls en El factor Borges –el mejor libro de Borges no escrito por Borges–, es la magia de la ficción: “algo que está hecho de traducciones fallidas, de insuficiencias, de reciprocidades incongruentes, pero que es más capaz que cualquier otra cosa de hospedar ideas, conceptos, fórmulas, todas las abstracciones del mundo, y de darles un rostro y un nombre y de hacerlos viajar rápido, muy rápido, más rápido que la luz”.

viernes, 15 de marzo de 2013

La partícula de Higgs


El bosón de Higgs se parece cada vez más al bosón de Higgs

Nuevos datos del gran acelerador LHC indican que la partícula descubierta el pasado verano es la predicha, aunque no se descartan aún completamente otras opciones

 Madrid 
Ilustración que muestra una colisión entre protones.
La nueva partícula elemental descubierta el pasado verano, que ayuda a explicar el origen de la masa, “se parece cada vez más a un bosón de Higgs”, anunció ayer el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), junto a Ginebra, resumiendo los últimos datos presentados por sus científicos. Ahora han analizado dos veces y media más registros del gran acelerador LHC que los que tenían en julio y, por sus características, el nuevo bosón encaja cada vez mejor con el Modelo Estándar que describe las partículas elementales y sus interacciones.
Sin embargo, el CERN advierte que no está zanjada la cuestión aún porque no puede descartarse completamente que sea otra partícula similar al bosón de Higgs esperado. Podría tratarse del “más ligero de los varios bosones que predicen algunas teorías que van más lejos del Modelo Estándar; para conocer la respuesta habrá que esperar”, señala el laboratorio europeo. Los responsables de los dos grandes experimentos del LHC, ATLAS y CMS, han presentado estos últimos datos en la conferencia anual de física de Moriond que se celebra en La Thuile (Italia).
Luis Ibáñez, catedrático de física teórica de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), explica el motivo de las dudas que persisten: “En el caso de las teorías supersimétricas, hay otras tres partículas de este tipo y la más ligera de ellas se parece al bosón de Higgs del Modelo Estándar”. Pero él se inclina a pensar que lo que se ha descubierto hasta ahora en el CERN es el bosón de Higgs esperado. “No hay evidencia de que sea la otra opción y en el resto de los datos analizados del LHC no hay rastro todavía de partículas supersimétricas”. De la misma opinión es Luis Álvarez-Gaumé, físico teórico del CERN: “La verdad es que \[la nueva partícula\] se parece cada vez más al Higgs estandard; pero los físicos experimentales son muy cautos y quieren mirar todos los canales de desintegración y contrastarlos con las predicciones teóricas, y todavía hay alguna discrepancia”.
Las supersimétricas serían un nuevo tipo de partículas elementales predichas en las teorías denominadas de supersimetría, que van más allá del Modelo Estándar, y muchos físicos esperan que aparezca su rastro en el LHC. Hasta ahora no han hecho acto de presencia.
La nueva y ya famosa partícula de Higgs, buscada por los físicos desde hace medio siglo, fue presentada en el CERN el pasado julio, pero los físicos advirtieron que, si bien se trataba de una partícula nueva de tipo bosón con propiedades que apuntaban hacia el Higgs del Modelo Estándar, tenían que analizar más datos para estar seguros de su identidad. Y la búsqueda aún no ha concluido. “Los resultados preliminares, con todo el conjunto de datos de 2012, son magníficos y, para mí, está claro que tenemos entre manos un bosón de Higgs, aunque todavía tenemos un largo camino que recorrer para saber que de qué tipo es”, ha dicho en la conferencia de Moriond, Joe Incandela, portavoz de CMS.
Alberto Casas, científico del Instituto de Física Teórica (CSIC-UAM) pone un ejemplo para entender qué es el bosón de Higgs y cómo se busca: “Las partículas que tienen masa la adquieren por interacción con el llamado campo de Higgs que, para hacerlo fácil de entender, es como una gelatina invisible que permea todo el universo; cuando esa gelatina se agita, se forman olas, y las ondas, según las leyes de la mecánica cuántica son también partículas, en este caso bosones de Higgs. Para agitar en el laboratorio el campo de Higgs recurrimos a los choques de partículas a altísima energía en el LHC”.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Proyecto astronómico

Argentina y Brasil desarrollarán un proyecto astronómico

La instalación de una antena para estudiar diversos fenómenos del Universo demandará la inversión de 20 millones de dólares.

En el lado argentino del desierto de Atacama se estudiará la física solar, los agujeros negros y diversos fenómenos del Universo, a partir de la instalación de una antena de 12 metros de diámetro que permitirá mejorar la calidad de las investigaciones en radioastronomía lideradas por Estados Unidos, Japón y Europa.
Dicho instrumento comenzará a funcionar en 2016, cerca de la cima de una montaña en Altos de Chorrillo, a 4825 metros de altura. El director del Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), Marcelo Arnal, aseguró a la Agencia CTyS que "este telescopio significará un salto mayúsculo para las investigaciones en radioastronomía y a su vez promoverá un gran impulso tecnológico".
El ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MinCyT) y la Fundación para la Ciencia del Estado de San Pablo (FAPESP) acordaron aportar partes iguales para el establecimiento de esta antena paraboloide, dando así inicio al proyecto LLAMA (siglas de Long Latin American Millimetre Array ).
Su instalación operacional implica una inversión total de entre 15 y 20 millones de dólares. "Es un monto importante, pero muy bajo en comparación al desarrollo científico en astrofísica que generará en la región", comentó el investigador superior del CONICET Félix Mirabel y mentor del proyecto LLAMA cuando se desempeñaba como director de los Observatorios Europeos en Chile.
Marcelo Arnal forma parte del Comité Ejecutivo Internacional compuesto por cuatro argentinos y cuatro brasileños que definirán los aspectos científicos y tecnológicos del proyecto. "Inicialmente, lo utilizarán astrónomos de ambos países, aunque investigadores de todos el mundo podrán trabajar en conjunto con ellos", relató.
La instalación de este telescopio en la Puna salteña permitirá elevar la precisión de los estudios en radioastronomía hechos hasta hoy. Esto se debe a que la antena que será financiada por Argentina y Brasil estará ubicada estratégicamente y podrá realizar investigaciones astronómicas de forma coordinada con una red de 60 antenas que fue instalada del lado chileno del desierto de Atacama por Estados Unidos, Canadá, Japón, Taiwán y los países europeos.
Lo llamativo es que dicha red ubicada en Chile tuvo un costo altísimo, de 1400 millones de dólares, pero la única antena financiada por Argentina y Brasil permitirá elevar hasta diez veces su resolución angular, es decir, la capacidad de detalle de sus estudios. "Cuando nuestra antena opere en conjunto con la red que está del otro lado de la Cordillera, será como tener un telescopio de casi 200 kilómetros de diámetro”, describió Ricardo Morras, otro de los cuatro investigadores argentinos que componen el comité científico.
Esta gran efectividad se debe a que este tipo de instrumentos pueden operar en conjunto y aumentan su capacidad cuando se encuentran a grandes distancias. "Hay que tener en cuenta que las antenas ubicadas del lado chileno del desierto están distribuidas en un diámetro de 20 kilómetros, mientras que la que se ubicará del lado argentino va a estar a 180 kilómetros de ellas", especificó Mirabel.
El astrofísico agregó que "esta era una oportunidad única para Argentina y Brasil, porque con una inversión relativamente baja, sus investigadores tendrán la posibilidad de participar de forma creativa y productiva en proyectos astronómicos que tienen un costo imposible de solventar para los países de la región."
Debido a la importancia de este radiotelescopio para el desarrollo científico, no solo el MinCyT decidió hacerse cargo de los gastos de infraestructura para su instalación, sino que también el CONICET se comprometió a costear una cifra cercana a 600 mil dólares anuales para su mantenimiento. «

un sitio de excelencia
La Puna salteña es el sitio por excelencia para el desarrollo de la astronomía observacional por su altitud y sus condiciones atmosféricas, más allá de que los primeros observatorios se instalaron en La Plata, Córdoba y posteriormente en San Juan. Hacia fines de 2013 se sabrá si la Puna salteña es seleccionada para albergar el megaproyecto Cherenkov Telescope Array (CTA), el cual consiste en el establecimiento de una red de 80 telescopios, algunos de ellos de 25 metros de diámetro, para estudiar los rayos gamma que provienen desde el Universo e impactan contra la atmósfera terrestre.
Por otra parte, se está instalando sobre el cordón del cerro Macón, a 4650 metros de altura y a 360 kilómetros de la ciudad de Salta, un telescopio que tiene un costo cercano a los 600 mil dólares. Allí se establecerá el Centro Argentino-Brasileño de Astronomía.
 

pocos en el resto del mundo
Brasil se comprometió a comprar el radiotelescopio, mientras que la Argentina se encargará de desarrollar caminos, edificios y toda la infraestructura necesaria para operarlo. Más allá de que la antena paraboloide aumentará su potencial al operar en conjunto con la red situada en Chile, los científicos de la región también podrán utilizarla de forma independiente para hacer diversos estudios que pueden ir desde analizar la formación estelar y la física solar hasta observar las galaxias y los agujeros negros. “Hay pocos instrumentos semejantes en el mundo y los astrónomos de la región tenían un acceso muy limitado a ellos, pero ahora dispondrán del telescopio de LLAMA durante todo el año”, valoró Arnal.
El doctor Mirabel explicó que estas antenas funcionan captando las ondas de radio que emiten los diversos fenómenos del Universo.

viernes, 18 de enero de 2013

Arqueología II. Entrevista a Brien Foerster

Entrevista exclusiva con Brien Foerster, investigador de la serie de televisión “Alienígenas Ancestrales”

por Alan Brain

Brien Foerster
El investigador norteamericano Brien Foerster ha estudiado varias de las culturas del antiguo Perú y Bolivia y sostiene que hace más de 10, 000 años existió una civilización con conocimientos tecnológicos avanzados que construyó varios de los monumentos megalíticos que encontramos en el Valle Sagrado de los Incas en Cuzco (Perú) y en Puma Punku y Tiahuanaco (Bolivia). (Imagen cortesía de Brien Foerster)
Brien Foerster es un reconocido autor e investigador norteamericano que ha dedicado los últimos seis años a investigar la conexión entre los monumentos megalíticos del altiplano sudamericano (Perú y Bolivia) y los cráneos alargados que se encuentran en algunas culturas del antiguo Perú. Entre sus libros más importantes, se encuentran “El enigma de Tiahuanaco y Puma Punku”, “Más allá de Macchu Picchu, otros monumentos megalíticos del antiguo Perú” y “El enigma de la deformación craneal”, este último en coautoría con el famoso investigador de culturas antiguas, David Hatcher Childress.

Las teorías de Brien Foerster han sido presentadas en varios capítulos de la serie “Alienígenas Ancestrales”, específicamente: en el episodio 22 de la serie titulado “Alienígenas y antiguos ingenieros” en el que Brien explica su hipótesis sobre los verdaderos constructores del muro de piedra del templo del Sol en Ollantaytambo; y en el episodio 38 titulado “Los misterios de Puma Punku” en el que Brien, acompañado de otros investigadores, analiza los precisos cortes y grabados encontrados en las sorprendentes piedras de Puma Punku.
La visión de Brien Foerster sobre algunas de las culturas del antiguo Perú, sobre el origen de algunos de los monumentos megalíticos del altiplano peruano y sobre el misterio detrás de los cráneos alargados es tan o más valida que la que nos presenta la versión tradicional o paradigmática de la historia del antiguo Perú.
Esta semana, Brien Foerster conversó con Los Divulgadores sobre sus hipótesis y sobre sus trabajos de investigación en el Perú.

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Brien Foerster ha dedicado los últimos seis a viajar por el Peru y Bolivia, investigando, entre otros enigmas, los monumentos megalíticos convencionalmente atribuidos a la cultura Inca y a la cultura Tiahuanaco. (Fotos cortesía de Brien Foerster)
Alan Brain: ¿Cómo te interesaste en Perú y en Tiahuanaco?
Brien Foerster: Yo he estado interesado en los misterios de la antigüedad desde que era un niño y también he estudiado las culturas nativas desde que era un niño. Entonces, lo que hago ahora, es una consecuencia del deseo de explorar el mundo. Hace seis años decidí venir a Perú a causa de mi fascinación por la cultura Inca y hace tres años, viajando, me di cuenta que tenía que visitar Tiahuanaco porque era un sitio arqueológico megalítico. Cuando estuve ahí, quede asombrado por el nivel del trabajo en la piedra, es alucinante, increíble.
Alan Brain: ¿Cuántos años has pasado investigando y viajando a Tiahuanaco?
Brien Foerster: Alrededor de tres años. He estado en Tiahuanaco unas cinco veces. Todos estos viajes son parte de mi investigación sobre las antiguas estructuras de Peru y Bolivia. Estas impresionantes estructuras que existen en Cusco o en Tiahuanaco en las que una piedra encaja con otra de manera casi exacta. En mi estudio trato de establecer las relaciones que existen entre estas estructuras megalíticas en cuanto a la época en la que se construyeron, en cuanto a quienes las construyeron y en cuanto a las técnicas que fueron utilizadas para su construcción.

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Según Brien Foerster y otros investigadores como David Hatcher Childress, el milimétrico trabajo que se puede apreciar en las piedras de Puma Punku no puede haber sido realizado con las herramientas arcaicas de los antiguos pobladores del altiplano boliviano-peruano. La piedra que se puede apreciar en la parte inferior de la imagen presenta una línea de agujeros del mismo tamaño realizados sobre un surco regular y perfecto. Un trabajo difícil de realizar inclusive en nuestro tiempo. (Fotos cortesía de Brien Foerster)
Alan Brain: Estoy seguro que conoces la posición oficial o la de la mayoría de historiadores peruanos que data a Tiahuanaco hacia el 1500 a.C. ¿Cuál es tu posición al respecto?
Brien Foerster: En mi opinión, la versión oficial o convencional es completamente ridícula y eso incluye no solo a Tiahuanaco sino también a Cuzco y al Valle Sagrado de los Incas. He pasado bastante tiempo estudiando la cultura Inca, he escrito cinco libros sobre este tema y conozco lo que ellos eran capaces de hacer y lo que no eran capaces de hacer. Los Incas eran grandes constructores pero hay algunas construcciones en Cuzco que los Incas no pudieron haber realizado porque no tenían la tecnología y lo mismo sucede en Tiahuanaco.
La visión convencional es que Tiahuanaco data del 1,500 a.C. pero algunas partes de Tiahuanaco y Puma Punku tienen muchos miles de años de antigüedad. Los aymaras han vivido en esa región por lo menos mil años y ellos han construido muchas estructuras, pero no son los constructores de absolutamente todo lo que existe en esa zona. Lo mismo con los Incas, ellos no construyeron todas las estructuras pero sí la mayoría.
En mi opinión, las estructuras o construcciones que son tecnológicamente sofisticadas (como los milimétricos cortes de las piedras de Puma Punku o el muro del tiemplo del Sol en Ollantaytambo en Cuzco) son mucho más antiguas que los incas o los aymaras y con eso no estoy diciendo nada negativo sobre estas culturas, fueron maravillosas y aún lo son.

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Las piedras de Puma Punku presentan superficies casi perfectamente planas. (Fotos cortesía de Brien Foerster)
Alan Brain: Totalmente de acuerdo contigo, la versión convencional u oficial de la historia del Perú antiguo no es demasiado convincente en varios aspectos, no solo en la antigüedad propuesta para Tiahuanaco. De acuerdo a tus investigaciones,  ¿en qué época se habría realizado la construcción de Tiahuanaco? 
Brien Foerster: En mi opinión, las partes más antiguas de Tiahuanaco y Puma Punku tienen más de 10,000 años de antigüedad. Fueron construidas antes del final de la última glaciación porque lo que mucha gente no se da cuenta es que la glaciación no fue solamente el derretimiento de las capas de hielo en los polos sino que fue un evento dramático que tuvo lugar en un periodo muy corto de tiempo, quizás en mil años. Durante la glaciación, hubo mucha actividad volcánica, posiblemente el eje de la Tierra fue alterado, muchos animales y plantas murieron y mucha gente murió.
Estas estructuras megalíticas que se encuentran en Tiahuanaco y en el Valle Sagrado de los Incas y que no pueden haber sido construidas por los aymaras o los incas, son recordatorios o recuerdos de una cultura muy antigua que se extinguió. En el caso de Tiahuanaco y Puma Punku, luego de la construcción de estas estructuras, llegaron los aymaras y las encontraron, las habitaron y en algunos casos, construyeron sobre ellas.
Lo cierto es que los aymaras realizaron muchas construcciones en Tiahuanaco pero yo puedo distinguir, al menos, tres periodos diferentes y tres estilos de construcción diferentes. Las piedras con los cortes más precisos o más exactos son las más antiguas y pertenecen a lo que yo denomino el periodo “Puma Punku”. Luego vino el periodo “Tiahuanaco” y posteriormente el periodo de lo que se denomina como la “civilización Tiahuanaco”, hace 3,000 años.

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Una de las estelas encontradas en Tiahuanaco, atrás se aprecia la denominada “Puerta del Sol”.
Alan Brain: ¿Tienes una idea de cual podría haber sido esta cultura, predecesora milenaria de los aymaras y los incas, que creó estas impresionantes construcciones de piedra? ¿Cabe la posibilidad de que estos constructores megalíticos hayan sido seres extraterrestres?
Brien Foerster: Estoy casi seguro de que este no es el único planeta que alberga vida y que no es el único planeta que alberga vida inteligente. En mi opinión, es muy posible que existan otras civilizaciones en nuestra galaxia que han llegado a la Tierra en el pasado remoto que y probablemente se han mezclado con los primeros humanos. Este es uno de los temas principales de mi investigación y por eso es que estudio los cráneos alargados de la cultura Paracas, Cuzco y Tiahuanaco.
La mayoría de los cráneos alargados son producto de deformaciones. Es decir, a los bebes se les alteraba la forma del cráneo para que obtuvieran esa apariencia craneal alargada. Sin embargo, hemos encontrado otros cráneos cuya capacidad craneal, es decir el volumen interno del cráneo, es 25% más grande que el volumen interno del cráneo de un humano promedio. Es decir, se puede alterar la forma del cráneo pero no se puede incrementar la capacidad craneal.

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Dos cráneos alargados pertenecientes a habitantes de las culturas del antiguo Perú que Brien Foerster ha fotografiado durante sus investigaciones. (Fotos cortesía de Brien Foerster)
Hay otras características físicas como que estos cráneos pesan 25% más de lo que pesa el cráneo de un humano promedio. Además, algunos de estos cráneos tienen dos agujeros en la parte de atrás que parecen haber sido utilizados como punto de entrada por el sistema nervioso o el sistema sanguíneo. Estos agujeros no se encuentran en un cráneo humano “normal”.  (ver foto de abajo)
Mis investigaciones con estos cráneos alargados sugieren que existió una raza antigua de humanos que no eran homo sapiens sapiens como nosotros pero que eran muy cercanos a nosotros genéticamente y que gracias a esa similitud genética eran capaces de mezclarse con humanos normales. Con el tiempo, la población de esta raza de seres que tenían el cráneo alargado desapareció o se extinguió y por eso es que, hoy en día, ya no vemos ninguno de ellos.
En mi opinión, estos cráneos alargados pertenecen a los descendientes de esta raza o civilización perdida de constructores megalíticos.
Es como que unos seres llegaron a la zona de Tiahuanaco, construyeron estas estructuras encontradas en Puma Punku y utilizaron el lugar como una especie de fábrica para posteriormente abandonarlo. Luego, otra cultura llegó y utilizó las estructuras de piedra para otros propósitos.

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Algunos de los cráneos alargados analizados por Brien Foerster. Arriba izquierda, un cráneo humano compuesto de tres placas. Abajo derecha, un cráneo alargado de un habitante del antiguo Perú que extrañamente presenta solo dos placas craneales. Las otras dos imágenes muestran dos extraños orificios encontrados en la parte de atrás de un cráneo alargado. Estos pequeños orificios no existen en un cráneo humano. (Fotos cortesía de Brien Foerster)
AB: De alguna manera, ¿Puma Punku habría sido entonces una especie de fábrica construida por extraterrestres con un propósito que aún desconocemos?
Brien Foerster:  Es una teoría posible. Probablemente, el propósito fue procesar oro y otros metales. Cerca a la región en la que se encuentra Puma Punku hay muchos minerales como oro, plata y cobre. Además, parece  que en el pasado un rio fue desviado hacia la zona de Tiahuanaco y Puma Punku,  y justamente para procesar este tipo de metales se necesita agua. Por eso, mi teoría es que unos seres antiguos procesaron metales en este lugar y cuando dejaron de usarlo, simplemente se fueron y lo abandonaron. Luego otras culturas adoptaron el área.
AB: Esto coincide con las teorías de Zecharia Sitchin, quien afirma que Tiahuanaco y Puma Punku fueron centros de explotación minera de los dioses sumerios llamados los Anunnaki, y también coincide con las investigaciones de Arthur Posnanky (1873-1946), quien descubrió cuevas que según su teoría fueron usadas para extraer minerales y quien sostuvo que Tiahuanaco tiene más de 15,000 años de antigüedad.
Brien Foerster:  Arthur Posnansky fue un brillante investigador boliviano y un hombre muy inteligente. Por supuesto, los académicos trataron de destruir su carrera inmediatamente porque él estaba pensando fueran de los marcos preestablecidos, fuera del paradigma y estaba destruyendo la reputación y el medio de subsistencia de los arqueólogos convencionales. Posnansky contempló profundamente a los restos arqueológicos de Tiahuanaco y Puma Punku. Yo aplaudo a Arthur Posnansky por su trabajo.

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Arthur Posnanky (1873-1946) determinó, a través de estudios arqueoastronómicos, que Tiahuanaco tenía una antiguedad de 15,000 años.
AB: ¿Por qué crees que es tan difícil que es un historiador convencional o un académico acepte este tipo de teorías?
Brien Foerster:  Es difícil porque sus carreras están basadas en el hecho de pensar de una manera específica y sus profesores les han enseñado de una manera específica. Entonces, cualquier cambio radical como otorgarle a Puma Punku una antigüedad de más de 1o, 000 años, en lugar de la visión tradicional que le otorga 2,000 o 3,000 años, pone en riesgo a muchas de estos historiadores que han desarrollado sus carreras dentro de la visión tradicional y esto los asusta, mucho más si se empieza a desarrollar la evidencia que apoya estos cambios radicales.
Existe el sistema de revisión por pares que es lo que los científicos deben hacer pero yo creo que, en algunos casos, existen acuerdos sobre lo que se puede decir o no decir sobre, por ejemplo, la historia. Cualquiera que trate de salirse de lo acordado es automáticamente ridiculizado y algunas carreras han sido destruidas de esta manera.
Alan Brain: Recuerdo un episodio de las primeras temporadas de “Alienígenas Ancestrales”, en el que explicabas tus teorías sobre la gigantescas piedras de granito del templo del Sol de Ollantaytambo y sostenías que esa estructura no podía haber sido construida por los incas.
Brien Foerster:  Es cierto, eso fue durante la tercera temporada de “Alienígenas Ancestrales”, hicimos un segmento de veinte minutos sobre Ollantaytambo y creo que es uno de los sitios arqueológicos más espectaculares no solo del Perú sino del mundo. He llevado a varios ingenieros a este lugar para que traten de descifrar como los habitantes del antiguo Perú podrían haber cortado estas piedras de manera tan exacta y los ingenieros simplemente no tienen respuestas, se quedan anonadados.

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Según Brien Foerster, el templo del Sol de Ollantaytambo (Cuzco, Peru), del cual solo queda un muro, no fue construído por los incas sino por una cultura antigua que aún desconocemos. De acuerdo con las investigaciones de Foerster, algunas de las piedras de granito que componen este muero pesan más de cuarenta toneladas y fueron transportadas desde la montaña que está al otro lado del rio.
Pero el lugar al que te refieres es el templo del Sol en Ollantaytambo, que está hecho de granito. Algunas de las piedras del templo de Sol pesan más de cuarenta toneladas y las trajeron de una cantera elevada en la montaña que se encuentra al otro lado del rio. Entonces, ¿cómo es que alguien, incluso con tecnología moderna, puede mover tantas piedras de ese tamaño hacia la parte baja de la montaña, cruzar el rio y luego subirlas por varios cientos de metros al lugar dónde se encuentra el templo del Sol?
Una vez más, esto hace que los ingenieros modernos contemplen el asunto con incredulidad, no tienen la más mínima idea de cómo se podría haber realizado.
Alan Brain: Volviendo a Tiahuanaco, en la misma región donde están ubicados los restos arqueológicos se han encontrado dos objetos extraños que relacionan a los antiguos habitantes de esta región con los sumerios. El primero es la Fuente Magna que es una vasija de barro que contiene símbolos muy similares a la escritura cuneiforme sumeria y cuya autenticidad aún se discute; y el segundo es el Monolito de Pokotia, que según algunos investigadores está escrito en un lenguaje que podría ser clasificado como protosumerio. Además, algunos linguistas como Emeterio Villamil de Rada han encontrado rastros del lenguaje sumerio en las lenguas quechua y aymara. ¿Es posible que los sumerios hayan llegado a esta parte del continente americano?
Brien Foerster:  Es posible. Quizás los sumerios llegaron a la región de Tiahuanaco o quizás fue otra cultura que tenía un lenguaje similar al sumerio la que llegó a la región dónde se encuentra Tiahuanaco. Lo que mucha gente no se da cuenta es que muy probablemente, hace miles de años, la gente era capaz de navegar alrededor del mundo. No se necesita mucha sofisticación para construir un bote con una vela que pueda cruzar el atlántico o el pacífico. Para navegar no se necesitan necesariamente instrumentos,  lo que se necesita es saber como navegar guiándose por las estrellas, por la Luna y el Sol. Entonces, ese podría ser un signo evidente de que una cultura antigua, probablemente la sumeria, estuvo en el área de Tiahuanaco hace aproximadamente seis mil años.

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A la izquierda, la “Fuente Magna”,  hallada cerca al lago Titicaca, cuya autenticidad aún está en discusión. En el detalle (izquierda abajo) se puede apreciar símbolos que se asemejan a la escritura cuneiforme sumeria. A la derecha, el Monolito de Pokotia, encontrado en la misma zona, y que según algunos investigadores, presenta un lenguaje protosumerio.
Alan Brain: En el episodio de “Alienígenas Ancestrales” sobre Puma Punku estuviste en el area arqueológica de Tiahuanaco acompañado de otros miembros del equipo de “Alienígenas Ancestrales” tratando de descifrar como se podrían haber realizado los milimétricos cortes que se encuentran en algunas piedras, ¿cuál es la opinión de los otros investigadores?
Brien Foerster:  Estuve en Tiahuanaco con David Hatcher Childress y Hugh Newman. En Agosto, volveré a Tiahuanaco con Christopher Dunn, autor de “Giza Power Plant” (“Giza planta de poder”) y con un grupo de gente. Christopher Dunn, quien es ingeniero y especialista en máquinas para realizar cortes milimétricos en diferentes tipos de materiales, llevará a Tiahuanaco una serie de equipos de medición para realizar sus investigaciones. Christopher Dunn ha estado en Egipto dónde también hay rastros de tecnología antigua y está muy impresionado con Puma Punku. El sabe lo que es una superficie plana y lo que es una curva precisa porque ha trabajado en la construcción de piezas para turbinas de avión. En Puma Punku, Christopher ha encontrado piedras que son casi perfectamente planas. Estas piedras solo tienen errores de 0.0001 a 0.0002 de pulgada sobre lo que sería una superficie perfectamente plana. Esto no se puede lograr con martillos de piedra o herramientas arcaicas, esto requiere tecnología como la que tenemos ahora e incluso más avanzada. Lo más fenomenal es que el estilo de Puma Punku, me refiero a este tipo de cortes tan precisos en la piedra que parecen haber sido hechos con algún tipo de maquinaria especial, no existe en ningún otro lugar del planeta. No hay nada semejante en Perú , Sudamérica o Egipto.

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Brien Foerster (izquierda) y David Hatcher Chidress analizando las estructuras de piedra de Puma Punku durante el episodio 38 de “Alienígenas Ancestrales” titulado “El misterio de Puma Punku”. (imagen extraída del progama “Alienígenas Ancestrales”)
AB: Muy interesante Brien. En nombre de los lectores de Los Divulgadores y de los fans de la serie “Alienígenas Ancestrales” quiero agradecerte el haber compartido con nosotros tus investigaciones. Antes de despedirme, una curiosidad, ¿cómo es que no te has interesado por las líneas de Nazca?
Brien Foerster:  Estoy muy interesado en Nazca. En este momento, estoy solo a tres horas de Nazca, me encuentro en el Museo de Historia de Paracas, en la oficina de su Director, Juan Navarro, quien ha estudiado las líneas de Nazca por quince años. El sostiene que las figuras de animales de la pampa de Nazca fueron hechas por los habitantes de la cultura Paracas, no por los nazcas. Los nazcas llegaron a esta zona posteriormente y tomaron la pampa mientras los paracas se extinguían. Los nazcas fueron los que hicieron las líneas, el sistema de líneas, pero no fueron quienes hicieron las figuras de animales que vemos en la pampa.
Esto no hace más que profundizar mi investigación en los habitantes del antiguo Paracas porque ellos ocuparon un territorio muy grande desde la costa, pasando por Nazca, y subiendo hacia las tierras altas del Perú.
AB: Un abrazo y mucha suerte Brien.

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A derecha y a izquierda, dos ejemplos de la extraordinaria precisión de los surcos encontrados en las piedras de Puma Punku. Al centro abajo, uno de los cráneos alargados estudiados por Brien Foerster. ¿Es posible que los cráneos alargados pertenezcan a los descendientes de quienes construyeron Puma Punku? (Fotos cortesía de Brien Foerster)
Cabe destacar que, según Brien Foerster, en Agosto del 2011 se enviaron fragmentos de cinco cráneos alargados, aquellos con una capacidad craneal superior a la normal, a un laboratorio norteamericano para iniciar exámenes de ADN y de carbono 13. Los exámenes determinaron que en el ADN de estos cráneos existen elementos que no corresponden al ADN humano:
“Los resultados iniciales de los examenes (de ADN) han mostrado diferencias entre los craneos de Paracas y los humanos de ahora, pero aun son muy imprecisas.” (Brien Foerster en God and Aliens magazine.)
Para poder confirmar ese hallazgo, Brien Foerster ha enviado, hace unas semanas, nuevos fragmentos para realizar estudios más avanzados de ADN e incluso pruebas de carbono catorce.   En una comunicación por mail del 16 de Julio del 2012, Brien Foerster agregó que los exámenes realizados a los cráneos aún no han sido capaces de determinar nada concreto a nivel genético.  En su página web, Brien Foerster ha hecho un update sobre los resultados de algunos de los exámenes:
“Los resultados de los examenes realizados a tres cráneos de Paracas que nos han entregado el 14 de Junio del 2012 nos han dado 2300 años de antiguedad para los tres cráneos ( + – 30 años) por carbono 14.”
Si usted conoce algún monumento megalítico en el Perú o en Bolivia que pueda aportar a las investigaciones de Brien Foerster o si usted tiene alguna consulta sobre los temas tratados en esta entrevista puede escribirle a Brien al correo electrónico: shipibospirit@hotmail.com.
Para todos aquellos que quieran conocer en detalle el trabajo de Brien Foerster los invito a visitar su sitio web personal, en el que podrán encontrar sus libros y más información sobre sus investigaciones, y si prefieren mirar algunos videos relacionados al tema, los invito a visitar su muy interesante sitio de videos.
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Comunicador audiovisual e investigador independiente. En Los Divulgadores, Alan Brain cubre los rubros de astronomía, ciencia, estudios bíblicos y extraterrestres, entre otros. “Un divulgador necesita ser, al mismo tiempo, un investigador exhaustivo, un traductor riguroso y un buen narrador.”
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Arqueología I

El misterio de Puma Punku

Cuando en 1549 el español Cieza de León llegó al alto valle andino de Tiahuanaco, no lejos del lago Titicaca, descubrió unas ruinas extraordinarias.  Ubicada a 20 kilómetros del extremo sur de la parte boliviana del lago Titicaca y a unos 3.840 metros de altitud, Tiahuanaco se extiende sobre unas 420 hectáreas, con vestigios megalíticos que cubren cerca de 16 hectáreas. El paisaje desolado está flanqueado al este y al oeste por dos cadenas montañosas que alcanzan más de 4.700 y 6.000 metros respectivamente. Es difícil imaginar un lugar más impropio para el desarrollo de una civilización avanzada…
El monumento más conocido de Tiahuanaco es la “puerta del sol”, un enorme bloque de piedra erigido y decorado con un fresco.
Puerta del Sol de Tihuanaco
Además encontramos restos de templos (uno de ellos piramidal y otro en parte subterráneo), los vestigios de un palacio, numerosas construcciones e ídolos tallados en imponentes monolitos. Cuando fueron descubiertas por los españoles, las ruinas eran mucho más imponentes, pero los movimientos telúricos, frecuentes en la región, y el desmantelamiento de que fueron objeto los muros de la ciudad para utilizar las piedras en otras construcciones, contribuyeron a su destrucción, hasta que fuera declarado sitio arqueológico. Sólo los bloques de piedra más grandes permanecen actualmente en su lugar. Fue necesario realizar observaciones aéreas para establecer el trazado de toda la ciudad.
Desde la llegada de los españoles, surge la pregunta acerca de la antigüedad de Tiahuanaco. Los indios de entonces eran incapaces de dar la menor información confiable: sólo cuentan que la ciudad fue edificada por gigantes, en una sola noche, antes del Diluvio, y que fue destruida por un enorme terremoto o por los rayos del Sol.
Sobre su origen y datación, otros autores como Daniken, o como Denis Suarat en 1962 en su obra sobre la Atlántida, postulan que nuestro planeta tendría 250.000 años de historia de civilizaciones, en vez de los 6.000 que conocemos. Hace 250.000 años habría habido una civilización muy desarrollada en esa zona. El mar subía hasta esa altura en aquella época y Tihuanaco estaría al nivel del mar. Las construcciones que podemos ver en las ruinas actuales serían por lo tanto un puerto. La causa de que el nivel del mar estuviese tan alto es que la Luna se encontraba tan solo a 5 ó 6 radios terrestres, lo que provocaba unas fuertes mareas que no descendían en todo el día, ya que la Luna daba vueltas a la Tierra a gran velocidad.
Puma Punku, que se traduce en la Puerta del Puma, es parte de las ruinas de Tihuanaco, que es conocida por sus enormes piedras y por la extraordinaria precisión de su corte y colocación. Es uno de esos lugares de los que se dice que las piedras están tan estrechamente concebidas que un cuchillo no se puede insertar entre ellas. Este es otro de los argumentos esgrimidos para afirmar que estas construcciones fueron construidos por una civilización superavanzada, atlante o extraterrestre, siendo considerada la Baalbek del nuevo mundo.
La cultura Tihuanaco es anterior a la Inca, y su cultura en conocida gracias a la arqueología, ya que no tenían lenguaje escrito. Los primeros vestigios de la cultura Tihuanaco datan del 400 a.C. pero no fue hasta el 500 d.C. cuando estuvo verdaderamente desarrollada. En su mejor momento vivían en la zona 400.000 personas, centrándose alrededor de Puma Punku. El comercio y la agricultura eran boyantes. Sin embargo, décadas de sequía sacudieron la zona alrededor del año 1000 y la ciudad de Tihuanaco fue abandonada, disolviéndose sus habitantes por las montañas circundantes.
Lo extraordinario de Puma Punku con respecto al resto de ruinas de Tihuanaku es por ejemplo un conjunto de bloques pétreos con forma de H que encajan con gran precisión.

Otra peculiaridad es la sujeción de baldosas de roca con piezas de cobre. Algunas fueron martilladas en frio sobre las muescas talladas en la roca, y en otras ocasiones el metal derretido se vertía sobre la muesca.

Debido a la regularidad de las formas muchos autores han sugerido que realmente estos bloques no son de piedra, sino que están hechos con cemento. No hay evidencias de que culturas pre-incas tuviesen el conocimiento de la fabricación de cemento y además las pruebas realizadas sobre las mismas indican que no lo son. Los análisis  indican que las hay dos tipos. Los grandes bloques son de una piedra arenisca roja que era extraída en una cantera a 10 Km de distancia. El otro tipo es la andesita ígnea, que se utilizaba para ornamentación y era extraída de una cantera a orillas del lago Titicaca, a unos 90 Km de distancia. Estas piedras se desplazaban en canoas de caña por 80 Km y se arrastraban por tierra los 10 kilómetros restantes.
Mucho se ha hablado del peso de las piedras de Puma Punku. Hay autores que dicen que la más grandes pesa unas 440 toneladas. Yo he visto incluso algunos sitios en los que hablan de 1000 toneladas. Puma Punku efectivamente tiene la piedra más pesada de todas las ruinas de Tihuanaco, que se encuentra en la plataforma de piedra. El peso calculado de ese bloque es de unas 131 toneladas. El segundo bloque en peso es de 85 toneladas. El resto son bastante más pequeños.
No ha quedado constancia de las técnicas que se usaron para trabajar y mover estas piedras, pero este hecho no sirve para afirmar que esta civilización no fuese capaz de ello. El Partenón griego se realizó 1000 años antes que las ruinas de Puma Punku, y sin embargo nadie dice que fue realizado por los extraterrestres.
Puma Punku no es un puerto. Es simplemente una estructura escalonada más de las que se encuentran en Tihuanaco, como Akapana, Oriente Akapana, Kalasasaya, Putuni, y el templo semisubterráneo. Estas formaciones vistas desde arriba son cuadrados esparcidos por la zona. Si en algún momento Tihuanaco hubiese estado cubierto de agua, estas estructuras en vez de puertos serían pequeñas islas, rodeadas por un mar que cubriría hasta las rodillas, demasiado poco profundo para ser navegable. No tiene ningún sentido hacer un puerto así.

lunes, 14 de enero de 2013

Genética y Derechos Humanos

Maravillas y miserias del genoma

Un genetista argentino compiló un volumen que examina los usos favorables y los abusos de la ciencia del ADN
Por Ana María Vara  | 
¿Qué ciencia es esta que nos deja tan maravillados? ¿Cómo puede y debe preocuparnos? ¿Cuánto nos sirve para ayudar a defender los derechos humanos? ¿Cómo puede volverse contra los propios ciudadanos?", se pregunta Jorge Sequeiros, profesor de la Universidad de Porto en el prefacio de Genética y derechos humanos. Encuentros y desencuentros.
Sus interrogantes condensan el sentido de una obra de inquietante profundidad y alcance iberoamericano. El compilador, Víctor B. Penchaszadeh, es un genetista argentino que desarrolló gran parte de su carrera en Estados Unidos, adonde llegó en los años setenta huyendo de la represión absurda desatada en nuestro país. Su figura es clave, ya que fue protagonista en uno de los mejores acercamientos entre la ciencia del ADN y la búsqueda de la verdad: estableció el contacto entre las Abuelas de Plaza de Mayo y los genetistas que desarrollaron los métodos que las ayudarían a recuperar a sus nietos.
Cinco capítulos están dedicados a la extraordinaria serie de esa iniciativa. El propio Penchaszadeh narra su encuentro con Abuelas y el trabajo pionero realizado junto con la investigadora norteamericana Mary-Claire King y el chileno Cristian Orrego, apoyados por los eminentes expertos Luca Cavalli-Sforza y Pierre Darlu: en apenas un año desarrollaron una metodología para el "cálculo de abuelidad". Comenzaba así una lucha por la identidad que se iría perfeccionando y expandiendo por el mundo, de la que rinde cuenta también el capítulo de Mercedes Doretti y Luis Fondebrider, miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense, que ha prestado asistencia en más de cuarenta países y hoy está dedicado a la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Desaparecidos. Por su parte, la abogada Verónica Ruiz Figueroa cuenta el caso chileno, y las dificultades que debieron sortear los familiares de desaparecidos de ese país para recuperar los restos entrañables. Manuel Paredes López nos lleva a Colombia, y narra los dolores y esperanzas de esta misma búsqueda en el marco de un conflicto armado que dura décadas. Completa el conjunto un texto con las necesarias explicaciones sobre cómo se constituye un banco de datos genéticos, a cargo de Genoveva Keyeux, vicepresidente de la Red Bioética Latinoamericana y del Caribe Unesco.
Pero el libro también aborda la cara oscura de la genética, y sus "malos usos", como sencillamente los califica Estela de Carlotto en el prólogo. Los brasileños Sérgio D. J. Pena, Telma S. Birchal y Mônica Sette Lopes retoman la historia de la "invención y desinvención" de las razas, mientras que el argentino Luis Justo analiza los abusos de la ciencia del ADN en la relación con los pueblos originarios. En la enumeración de horrores y dislates, Marisa Miranda y Gustavo Vallejos se concentran en las iniciativas eugenésicas en nuestro país en el siglo XX, antes y después del Holocausto.
Sobre los riesgos actuales escribe el experto en bioética Salvador Bergel, quien devela las tensiones económicas detrás del megaproyecto del Genoma Humano, así como también la nueva realidad de las patentes sobre la información genética, que encarece los diagnósticos y tratamientos. Penchaszadeh hace un segundo aporte sustantivo, al señalar las barreras para el acceso a la salud, la creciente comercialización de la medicina y las resbaladizas estrategias de marketing con que empresas especializadas ofrecen sus servicios de pruebas genéticas directamente al público.
Genética y derechos humanos trata un arco de cuestiones y problemas que deja en evidencia la complejidad de las relaciones entre ciencia y sociedad, desmitificando una disciplina que merece una mirada atenta y crítica.

Genética y derechos humanos

Víctor B. Penchaszadeh (comp.)