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viernes, 18 de enero de 2013

Arqueología I

El misterio de Puma Punku

Cuando en 1549 el español Cieza de León llegó al alto valle andino de Tiahuanaco, no lejos del lago Titicaca, descubrió unas ruinas extraordinarias.  Ubicada a 20 kilómetros del extremo sur de la parte boliviana del lago Titicaca y a unos 3.840 metros de altitud, Tiahuanaco se extiende sobre unas 420 hectáreas, con vestigios megalíticos que cubren cerca de 16 hectáreas. El paisaje desolado está flanqueado al este y al oeste por dos cadenas montañosas que alcanzan más de 4.700 y 6.000 metros respectivamente. Es difícil imaginar un lugar más impropio para el desarrollo de una civilización avanzada…
El monumento más conocido de Tiahuanaco es la “puerta del sol”, un enorme bloque de piedra erigido y decorado con un fresco.
Puerta del Sol de Tihuanaco
Además encontramos restos de templos (uno de ellos piramidal y otro en parte subterráneo), los vestigios de un palacio, numerosas construcciones e ídolos tallados en imponentes monolitos. Cuando fueron descubiertas por los españoles, las ruinas eran mucho más imponentes, pero los movimientos telúricos, frecuentes en la región, y el desmantelamiento de que fueron objeto los muros de la ciudad para utilizar las piedras en otras construcciones, contribuyeron a su destrucción, hasta que fuera declarado sitio arqueológico. Sólo los bloques de piedra más grandes permanecen actualmente en su lugar. Fue necesario realizar observaciones aéreas para establecer el trazado de toda la ciudad.
Desde la llegada de los españoles, surge la pregunta acerca de la antigüedad de Tiahuanaco. Los indios de entonces eran incapaces de dar la menor información confiable: sólo cuentan que la ciudad fue edificada por gigantes, en una sola noche, antes del Diluvio, y que fue destruida por un enorme terremoto o por los rayos del Sol.
Sobre su origen y datación, otros autores como Daniken, o como Denis Suarat en 1962 en su obra sobre la Atlántida, postulan que nuestro planeta tendría 250.000 años de historia de civilizaciones, en vez de los 6.000 que conocemos. Hace 250.000 años habría habido una civilización muy desarrollada en esa zona. El mar subía hasta esa altura en aquella época y Tihuanaco estaría al nivel del mar. Las construcciones que podemos ver en las ruinas actuales serían por lo tanto un puerto. La causa de que el nivel del mar estuviese tan alto es que la Luna se encontraba tan solo a 5 ó 6 radios terrestres, lo que provocaba unas fuertes mareas que no descendían en todo el día, ya que la Luna daba vueltas a la Tierra a gran velocidad.
Puma Punku, que se traduce en la Puerta del Puma, es parte de las ruinas de Tihuanaco, que es conocida por sus enormes piedras y por la extraordinaria precisión de su corte y colocación. Es uno de esos lugares de los que se dice que las piedras están tan estrechamente concebidas que un cuchillo no se puede insertar entre ellas. Este es otro de los argumentos esgrimidos para afirmar que estas construcciones fueron construidos por una civilización superavanzada, atlante o extraterrestre, siendo considerada la Baalbek del nuevo mundo.
La cultura Tihuanaco es anterior a la Inca, y su cultura en conocida gracias a la arqueología, ya que no tenían lenguaje escrito. Los primeros vestigios de la cultura Tihuanaco datan del 400 a.C. pero no fue hasta el 500 d.C. cuando estuvo verdaderamente desarrollada. En su mejor momento vivían en la zona 400.000 personas, centrándose alrededor de Puma Punku. El comercio y la agricultura eran boyantes. Sin embargo, décadas de sequía sacudieron la zona alrededor del año 1000 y la ciudad de Tihuanaco fue abandonada, disolviéndose sus habitantes por las montañas circundantes.
Lo extraordinario de Puma Punku con respecto al resto de ruinas de Tihuanaku es por ejemplo un conjunto de bloques pétreos con forma de H que encajan con gran precisión.

Otra peculiaridad es la sujeción de baldosas de roca con piezas de cobre. Algunas fueron martilladas en frio sobre las muescas talladas en la roca, y en otras ocasiones el metal derretido se vertía sobre la muesca.

Debido a la regularidad de las formas muchos autores han sugerido que realmente estos bloques no son de piedra, sino que están hechos con cemento. No hay evidencias de que culturas pre-incas tuviesen el conocimiento de la fabricación de cemento y además las pruebas realizadas sobre las mismas indican que no lo son. Los análisis  indican que las hay dos tipos. Los grandes bloques son de una piedra arenisca roja que era extraída en una cantera a 10 Km de distancia. El otro tipo es la andesita ígnea, que se utilizaba para ornamentación y era extraída de una cantera a orillas del lago Titicaca, a unos 90 Km de distancia. Estas piedras se desplazaban en canoas de caña por 80 Km y se arrastraban por tierra los 10 kilómetros restantes.
Mucho se ha hablado del peso de las piedras de Puma Punku. Hay autores que dicen que la más grandes pesa unas 440 toneladas. Yo he visto incluso algunos sitios en los que hablan de 1000 toneladas. Puma Punku efectivamente tiene la piedra más pesada de todas las ruinas de Tihuanaco, que se encuentra en la plataforma de piedra. El peso calculado de ese bloque es de unas 131 toneladas. El segundo bloque en peso es de 85 toneladas. El resto son bastante más pequeños.
No ha quedado constancia de las técnicas que se usaron para trabajar y mover estas piedras, pero este hecho no sirve para afirmar que esta civilización no fuese capaz de ello. El Partenón griego se realizó 1000 años antes que las ruinas de Puma Punku, y sin embargo nadie dice que fue realizado por los extraterrestres.
Puma Punku no es un puerto. Es simplemente una estructura escalonada más de las que se encuentran en Tihuanaco, como Akapana, Oriente Akapana, Kalasasaya, Putuni, y el templo semisubterráneo. Estas formaciones vistas desde arriba son cuadrados esparcidos por la zona. Si en algún momento Tihuanaco hubiese estado cubierto de agua, estas estructuras en vez de puertos serían pequeñas islas, rodeadas por un mar que cubriría hasta las rodillas, demasiado poco profundo para ser navegable. No tiene ningún sentido hacer un puerto así.

lunes, 14 de enero de 2013

Genética y Derechos Humanos

Maravillas y miserias del genoma

Un genetista argentino compiló un volumen que examina los usos favorables y los abusos de la ciencia del ADN
Por Ana María Vara  | 
¿Qué ciencia es esta que nos deja tan maravillados? ¿Cómo puede y debe preocuparnos? ¿Cuánto nos sirve para ayudar a defender los derechos humanos? ¿Cómo puede volverse contra los propios ciudadanos?", se pregunta Jorge Sequeiros, profesor de la Universidad de Porto en el prefacio de Genética y derechos humanos. Encuentros y desencuentros.
Sus interrogantes condensan el sentido de una obra de inquietante profundidad y alcance iberoamericano. El compilador, Víctor B. Penchaszadeh, es un genetista argentino que desarrolló gran parte de su carrera en Estados Unidos, adonde llegó en los años setenta huyendo de la represión absurda desatada en nuestro país. Su figura es clave, ya que fue protagonista en uno de los mejores acercamientos entre la ciencia del ADN y la búsqueda de la verdad: estableció el contacto entre las Abuelas de Plaza de Mayo y los genetistas que desarrollaron los métodos que las ayudarían a recuperar a sus nietos.
Cinco capítulos están dedicados a la extraordinaria serie de esa iniciativa. El propio Penchaszadeh narra su encuentro con Abuelas y el trabajo pionero realizado junto con la investigadora norteamericana Mary-Claire King y el chileno Cristian Orrego, apoyados por los eminentes expertos Luca Cavalli-Sforza y Pierre Darlu: en apenas un año desarrollaron una metodología para el "cálculo de abuelidad". Comenzaba así una lucha por la identidad que se iría perfeccionando y expandiendo por el mundo, de la que rinde cuenta también el capítulo de Mercedes Doretti y Luis Fondebrider, miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense, que ha prestado asistencia en más de cuarenta países y hoy está dedicado a la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Desaparecidos. Por su parte, la abogada Verónica Ruiz Figueroa cuenta el caso chileno, y las dificultades que debieron sortear los familiares de desaparecidos de ese país para recuperar los restos entrañables. Manuel Paredes López nos lleva a Colombia, y narra los dolores y esperanzas de esta misma búsqueda en el marco de un conflicto armado que dura décadas. Completa el conjunto un texto con las necesarias explicaciones sobre cómo se constituye un banco de datos genéticos, a cargo de Genoveva Keyeux, vicepresidente de la Red Bioética Latinoamericana y del Caribe Unesco.
Pero el libro también aborda la cara oscura de la genética, y sus "malos usos", como sencillamente los califica Estela de Carlotto en el prólogo. Los brasileños Sérgio D. J. Pena, Telma S. Birchal y Mônica Sette Lopes retoman la historia de la "invención y desinvención" de las razas, mientras que el argentino Luis Justo analiza los abusos de la ciencia del ADN en la relación con los pueblos originarios. En la enumeración de horrores y dislates, Marisa Miranda y Gustavo Vallejos se concentran en las iniciativas eugenésicas en nuestro país en el siglo XX, antes y después del Holocausto.
Sobre los riesgos actuales escribe el experto en bioética Salvador Bergel, quien devela las tensiones económicas detrás del megaproyecto del Genoma Humano, así como también la nueva realidad de las patentes sobre la información genética, que encarece los diagnósticos y tratamientos. Penchaszadeh hace un segundo aporte sustantivo, al señalar las barreras para el acceso a la salud, la creciente comercialización de la medicina y las resbaladizas estrategias de marketing con que empresas especializadas ofrecen sus servicios de pruebas genéticas directamente al público.
Genética y derechos humanos trata un arco de cuestiones y problemas que deja en evidencia la complejidad de las relaciones entre ciencia y sociedad, desmitificando una disciplina que merece una mirada atenta y crítica.

Genética y derechos humanos

Víctor B. Penchaszadeh (comp.)

sábado, 12 de enero de 2013

2036

La NASA descarta que el asteroide Apofis impacte con la Tierra en 2036

La agencia espacial dice que las posibilidades de choque son de una entre un millón

La roca tiene un tamaño de tres campos y medio de fútbol

Imagen de la NASA del asteroide Apofis del pasado 8 de enero. / AFP


Pueden respirar tranquilos. El asteroide Apofis, con un tamaño equivalente a tres campos y medio de fútbol, no impactará sobre la Tierra durante su sobrevuelo en el año 2036, como se preveía. Los científicos de la NASA del laboratorio de Pasadena, en California, lo han descartado hoy viernes de forma efectiva. Para ello han utilizado información actualizada de la agencia espacial obtenida con telescopios en 2011 y 2012 y datos nuevos que consiguieron el pasado miércoles con el sobrevuelo de este asteroide a 15 millones de kilómetros de la Tierra.
"Con los nuevos datos proporcionados por los observatorios ópticos de Magdalena Ridge (Nuevo México) y Pan-STARRS (Hawaii), junto con datos muy recientes proporcionados por el radar Goldstone Solar System, hemos determinado con eficacia la posibilidad real de un impacto con la Tierra de Apophis en 2036”, ha dicho Don Yeomans, director del programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA. Así, a tenor de esta nueva información, las posibilidades de un impacto serán de  de una entre un millón en esa fecha. Según los cálculos que difunde ahora la NASA, será el 13 de abril de 2029 cuando el asteroide Apofis realice el sobrevuelo más cercano de un asteroide de su tamaño: pasará a solo 31.300 kilómetros sobre la superficie terrestre.
El asteroide se descubrió en 2004 y de inmediato congregó la atención de los científicos
El asteroide se descubrió en 2004 y de inmediato congregó la atención de los expertos. En un principio, los cálculos iniciales de su órbita indicaban una posibilidad del 2,7% de que impactara con la Tierra  en 2029. Cálculos posteriores retrasaron la eventual colisión hasta 2036.
La estimación del tamaño del Apofis también ha variado en este tiempo. Ayer jueves se supo que el asteroide es mayor de lo que se creía, según los primeros datos obtenidos por uno de los numerosos observatorios astronómicos que lo han seguido durante esta semana.
La dimensión de esta roca irregular ha pasado de 270 metros de diámetro medio a 325 metros, con una precisión mayor en las medidas que las realizadas desde su descubrimiento en 2004. El observatorio espacial Herschel, de la Agencia Europea del Espacio (ESA), ha seguido durante días el paso del asteroide, que ha llegado a estar a 14,5 millones de kilómetros del planeta, la décima parte aproximadamente de la distancia de la Tierra al Sol.

domingo, 30 de diciembre de 2012

RITA LEVI- MONTALCINI

Fallece Rita Levi-Montalcini, neuróloga comprometida y perseverante

La investigadora italiana ha muerto en Roma a los 103 años

El descubrimiento del factor de crecimiento neuronal le valió el Nobel de Medicina en 1986

Rita Levi- Montalcini, Premio Nobel de Medicina en 1986, en una imagen datada en 2008. / CRISTÓBAL MANUEL
A los 103 años ha fallecido uno de los personajes contemporáneos más sobresalientes: Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de Medicina, neurocientífica, que ha residido muchos años en Estados Unidos, donde realizó buena parte de su labor investigadora. Nacida en Turín, en 1909, su hermana gemela, Paola, falleció en el año 2000. Era 1936 cuando se graduó en Medicina y Cirugía, especializándose después en Neurología.
Deja una obra científica extraordinaria, pero es más importante todavía lo que su vida representa como ejemplo, como persona comprometida, valiente y serena, actuando a favor siempre de la equidad de género, de la igual dignidad de todos los seres humanos.
Dio a sus memorias el título de Elogio de la imperfección. En ellas analiza las razones que le llevaron a adoptar decisiones que, a la luz del tiempo transcurrido, juzga serenamente. La consciencia de la imperfección es un acicate para mejorar, para superarse.
De origen judío sefardita, siempre fue “libre y responsable”, como define la Unesco a las personas educadas, y actuó en virtud de sus propias decisiones.
Su vida en Italia tuvo que soportar las amenazas y envites del fascio. En 1943 vivió clandestinamente en Florencia, regresando a Turín en 1945, al término de la guerra.
Dos años más tarde inició su gran carrera científica en Misuri, en la Universidad Washington de Saint Louis, con el bioquímico profesor Viktor Hamburguer, trabajando con el tejido nervioso del embrión de pollo. En 1959 fue nombrada profesora titular de dicha universidad, permaneciendo en EE UU hasta 1969. Durante esos años, su investigación neurológica se realizó en colaboración con el profesor Stanley Cohen, con quien compartió el premio Nobel por el descubrimiento del factor de crecimiento neuronal en 1986.
Rita, que conocía el cerebro mejor que nadie, repetía que no quería seguir viviendo cuando el suyo dejara de funcionarle eficientemente. Contribuyó de forma decisiva a esclarecer cómo crecen y se renuevan las neuronas. En 1979 tuve el honor de presidir el jurado que le concedió —casi con los mismos votos que los que obtuvo Jean Dausset, quien sería también premio Nobel de Medicina poco después (1980)— el Premio Internacional de Medicina Saint Vincent. Nunca olvidaré la entrevista que a este respecto mantuve con el entonces presidente de Italia, Sandro Pertini. ¡Qué personajes ambos!
En 1994 creó una fundación que ha presidido hasta su muerte, dedicada a prestar ayuda para la educación, a todos los niveles, de mujeres jóvenes, especialmente en África. Se inspiró, como tan bien describe en su libro Las pioneras, en “las mujeres que cambiaron la sociedad y la ciencia a través de la historia”. Sus únicos méritos, decía, han sido la “perseverancia y el optimismo”. Nunca se jubiló. “El cuerpo se arruga”, comentaba, “pero no el cerebro”. Y la inacción, el desencanto, la desmotivación, “arrugan” el cerebro.
En 1993 apareció su libro Tu futuro dirigido a los jóvenes. Lo dedicó a sus hermanas Nina y Paola “en recuerdo del porvenir que habíamos previsto y soñado juntas en nuestra lejana juventud”. Nadie posee la piedra filosofal, escribe, pero sí la experiencia que proporciona la facultad creadora que distingue a todo ser humano. Los principios éticos deben dirigir el comportamiento. “Espero poder ayudar a los adolescentes para que sean capaces de hacer frente a estas etapas tan decisivas y delicadas de su camino, cuando se preparan para una confrontación directa con la vida”. 'El mundo debe inventarse’ es el título de uno de los capítulos de este libro. Hoy los jóvenes ya tienen acceso al conocimiento de lo que sucede en el mundo en tiempo real. Al adquirir esta visión global nos damos cuenta de lo que debe cambiarse y lo que debe conservarse. En el capítulo ‘Cara a cara contigo mismo’, Rita anima a plantearse las preguntas esenciales, a no seguir el precioso verso de José Bergamín, que me gusta repetir: “…me encuentro huyendo de mí cuando conmigo me encuentro”.
Las aportaciones científicas de Rita Levi-Montalcini han sido fundamentales para el mejor conocimiento de la fisiopatología del cerebro. Pero sus aportaciones humanas son igualmente relevantes. Se ha hecho invisible, pero no se ha ausentado. Su estela seguirá iluminando los caminos del mañana.

Federico Mayor Zaragoza es profesor de Bioquímica en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Ciencia para leer en bicicleta

Entrevista al periodista y escritor Esteban Magnani

“Busco respuestas científicas a las preguntas de todos los días"

 En Ciencia para leer en bicicleta, su último libro, expone su preocupación por la utilización de las nuevas tecnologías  y la necesidad de generar propuestas comunitarias y nuevas herramientas para enfrentar los cambios tecnológicos.

 Periodista, docente, escritor y divulgador de las ciencias, el joven Esteban Magnani (Buenos Aires, 1973) tiene además desde hace un par de meses dos columnas televisivas semanales donde habla sobre nuevas tecnologías y el uso libre y gratuito que deberían darle a ellas las instituciones no comerciales de la Argentina. "Hablo en Visión Siete Resumen, a la medianoche, y Visión Siete a la madrugada, e informo sobre tecnología pero enfocado en la cultura libre, en el software libre, explicando cosas básicas para quienes no tengan mucha información sobre eso. Quiero decir que hablo de tecnologías, de software, pero no pensando desde las empresas, desde la propaganda o el "chivo", sino de poner estas nuevas herramientas al servicio de la comunidad, con cosas a las que sólo la comunidad les está haciendo marketing", asegura este licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Buenos Aires), carrera en la que también se desempeña como docente. Magnani realizó una maestría en medios y comunicación en la Universidad de Londres y es investigador en historia y difusión de la ciencia.
Magnani escribió un puñado de libros de ficción o de divulgación científica –Historia de los terremotos, Historia de la comunicación, El cambio silencioso, Desde la revolución–, y ahora acaba de publicar otro, Ciencia para leer en bicicleta, un libro que ofrece respuestas científicas a dilemas cotidianos, con el objetivo de sacudir al lector, o al menos invitarlo a ver el mundo con más curiosidad (científica) de la habitual. 
Editado por Capital Intelectual, el libro reúne notas publicadas en el suplemento Futuro del diario Página/12, donde colabora desde hace años. "La idea fue buscar respuestas científicas a preguntas que nos hacemos todos los días." Eso no implica una respuesta final, sí una respuesta posible. Son cerca de 20 que abarcan la cultura libre, el cyber-punk y los derechos de autor de frente a Internet, el sol y el calentamiento global o la energía renovable, la democracia liberal y la digital, o un gran tema: la Jabulani, la pelota de fútbol famosa por lo inestable en el último mundial. "Los jugadores se quejaban que viboreaba en el aire –dice Magnani a Tiempo Argentino–, que era imprevisible. Los periodistas discutían pero a nadie se le ocurrió preguntarle a alguien que supiera sobre aerodinámica. Y había estudios hechos sobre la pelota. La ciencia tenía algo para decir sobre un problema a priori menor, pero nadie parecía interesado en preguntarle."
 
–¿Cómo nació este libro llamado Ciencia para leer en bicicleta? 
–Se trata de la recopilación de notas publicadas en el suplemento Futuro de Página 12, y corresponden a los últimos dos años. En estos dos años hubo mucho sobre cultura digital y cultura libre, pero también hablo de terremotos, de la basura que se está juntando en los océanos Atlántico y Pacífico, que son restos de plástico que se caen al mar. ¿Qué es lo interesante de esto? Que trato de tomar una cuestión puntual, para hablar de cuestiones más de fondo que ilustran el desarrollo de la ciencia en estos tiempos. En cuanto a lo que es cultura digital, esta metodología tiene mucho riesgo para el periodismo en cuanto a que quizás dentro de dos años lo que uno dijo se transforme en una estupidez. 
–¿Y cómo se desarrolla ciencia en estos años?
–En principio, funciona como siempre, con ensayo y error que generan conclusiones provisorias. El proceso de forjar una teoría que reúna la explicación de una serie de casos se está llevando hoy en día, desde luego, como siempre. Quise ilustrar este desarrollo con casos del presente. A veces se tiene la idea de que la ciencia es algo así como un paquetito que viene cerrado y en realidad es efecto de discusión, de reformulación y de búsqueda. Lo que uno ve es el camino que triunfó, pero no ve las ramificaciones que se perdieron en el camino. En el imaginario social la ciencia ocurre en el laboratorio y en manos de seres despeinados y de anteojos. Por eso me parece muy interesante lo que se está haciendo desde Tecnópolis TV, donde se ven a científicos que parecen seres humanos interesantes, con excelente capacidad de comunicación.
–La tecnología y el uso de los derechos o la piratería es uno de los ejes del libro.
–El mundo digital está reorganizando a la sociedad, cambiando la forma de gestión y, tal vez, de distribución del poder, pero es muy difícil saberlo de antemano. Lo interesante no es que haya salido el nuevo smart phone, sino lo que está pasando con las comunicaciones instantáneas y cómo afectan las relaciones sociales, las relaciones de poder. 
–El libro muestra una opción libertaria del uso de las fuentes.
–Es un tema muy complejo por la cantidad de cosas que están ocurriendo justamente en este momento, y uno como periodista, como cronista del presente, corre el riesgo de escribir cosas que inmediatamente quedan obsoletas. Pero me pregunto por lo importante, ¿cuál sería la propuesta superadora entre piratería y uso libre en Internet? Yo creo que es toda la apuesta por Creative Commons y licencias libres. La idea es publicar con licencias que permitan el libre flujo de información. Que el otro, cuando deba hacer algo, no tenga que arrancar de cero. Si el (Hospital) Garrahan contrata un sistema de software para ordenar ciertos datos, que utilice una licencia libre para que ese sistema pueda ser usado por otras instituciones públicas. Es la misma lógica de Newton que decía que para mirar más lejos se subía a los hombros de gigantes como Galileo, a Kepler, para armar la Ley de la Gravitación Universal. Por último, fijate que se habla mucho de "robo" en piratería. En el robo, si yo te robo algo, eso significa que te dejo sin eso que te robo. Si yo te robo una idea, a vos esa idea no te va a faltar, la podés seguir usando. Esa lógica de la privatización del conocimiento hubiera llevado a que se enriquezca quien inventó el arado, pero el resto de la humanidad hubiera seguido en condiciones lamentables.
–Sé que das el ejemplo, con la novela que escribiste…
–Y que está con licencia de Creative Commons, se llama Desde la revolución, se consigue en papel pero se puede descargar en el site <www.desdelarevolución.com.ar>. «
 
 

martes, 11 de diciembre de 2012

Síndrome de West

“26 enchufes mantenían con vida a mi hijo”

Fernando padece síndrome de West, una de las 7.000 enfermedades raras


Pilar tiene tres hijos. Los dos mayores nacieron sanos, pero Fernando, el pequeño, no. Hoy tiene cuatro años y padece síndrome de West, una enfermedad rara de las 7.000 catalogadas por la  Organización Mundial de la Salud. Esta patología afecta a uno de entre 4.000 a 6.000 recién nacidos, y se caracteriza porque los niños tienen retraso psicomotor grave y ataques epilépticos.
"Todo surgió el 18 de mayo, el día de mi aniversario", comenta Pilar. "Fue cuando el niño tuvo su primera convulsión". Mientras relata estos hechos se sienta en el suelo, como los indios —es su postura habitual para poder estar con su hijo—, pero antes le ha pedido al fotógrafo que, por favor, se quite las botas. "Fer se mueve reptando por el suelo, y procuramos que esté lo más limpio posible".
Todos los días esta madre mide cuántos metros ha recorrido el pequeño deslizándose por el apartamento en el que viven. "Así sabemos cuánto ejercicio ha hecho, algo que le viene muy bien para su movilidad".
Los niños con síndrome de West sufren retraso psicomotor y ataques epilépticos
Fernando nació "con una dermatitis bestial", comenta Pilar. Asustada le llevó al hospital madrileño de San Rafael donde le proporcionaron corticoides para reducir la inflamación de la piel. "Creo que esto le debilitó las defensas y por eso contrajo la meningitis", relata la madre con la voz entrecortada. "Solo tenía cinco meses y medio", se lamenta mientras se retira un mechón de pelo de la cara.
El niño estuvo una semana hospitalizado en el centro. "Parecía algo recuperado a pesar de seguir con fiebre, así que los médicos nos mandaron a casa". Con el paso de los días, la temperatura no remitía. "Entonces comenzó nuestra peregrinación hospitalaria", dice Pilar. "Fernando empezó a vomitar sin razón aparente". Presa del pánico volvió al hospital. Allí, el pequeño iba a ser sometido a una punción lumbar. "En ese momento lo supe. Sabía que mi hijo no tenía vuelta atrás".
Los pronósticos de esta madre se cumplieron a las pocas horas. Fernando había tenido un infarto cerebral. "Me dijeron que el 75% de la cabeza de mi hijo estaba afectada y apenas tenía probabilidad de sobrevivir". Así que Pilar y su marido decidieron bautizar al pequeño en la capilla del hospital antes de que falleciera.
Tuve que elegir: o los espasmos, o que se quedara ciego”, dice la madre
Pasaron los días y Fernando seguía en estado crítico en la UCI —donde sufrió dos ataques epilépticos—; luego le trasladaron a planta. "Era insufrible. Las pruebas se sucedían una tras otra. Bajarle de donde estaba era peligroso porque en cualquier momento le podía dar una crisis". "Un día me puse a contar y eran 26 los enchufes que mantenían con vida a mi hijo", relata con los ojos humedecidos y voz de angustia.
A pesar de que todo apuntaba a que Fernando no “iba a seguir adelante”, salió nueve meses más tarde del San Rafael. "Sabíamos que el niño tendría una lesión cerebral de por vida, que su parte izquierda había quedado inmóvil, pero al menos seguía con nosotros". De nuevo la mala suerte se volvió a cruzar en la vida de este niño. "Le estaba bañando, todo iba bien cuando comenzó a hacer gestos bruscos con el brazo izquierdo, precisamente el lado al que le afectó el infarto cerebral". Angustiada, Pilar volvió a la que había sido su segunda casa el último año, al hospital. "Cuando llegué le dije al médico: 'Mi hijo acaba de tener un ataque típico del síndrome de West'. Me miró sorprendido y me dijo: 'Señora, ¿sabe usted al menos que es eso?". Coincidencias de la vida, cuando Pilar estaba embarazada de Fernando, la invitaron a un congreso organizado por la Fundación de Síndrome de West en España. Entidad a la que hoy pertenece su hijo. "Cosas del destino, supongo", comenta alzando los hombros.
A partir de aquí empezaron a ir y venir diferentes medicamentos, "había que dar con el que más se ajustaba a Fernando". El Sabrilex fue la solución, pero surgieron dos problemas. El primero fue que este medicamento afectaría al campo visual del niño, llevándole casi seguro a la ceguera, pero reduciría sus crisis. "Era elegir: o ciego, o menos ataques. Fue el momento más duro de mi vida, porque la salud de mi hijo dependía de mi decisión". Pilar optó por lo segundo. El otro problema es que los médicos descubrieron que el niño era alérgico a las almendras, uno de los ingredientes del medicamento, y en España no se comercializaba este fármaco sin este fruto. Solo lo vendían en Francia. "Pedimos ayuda a la Administración, pero no dejaban de ponernos trabas así que acudimos a los amigos". "Cada vez que iban a los Alpes traían un cargamento de Sabrilex sin almendra, luego encontramos una farmacia en Andorra y fue más fácil, pero cuesta un dineral cada envió", comenta Pilar. Mantener a Fernando cuesta a esta familia más de 800 euros al mes. El niño necesita, además de sus medicinas, prótesis a medida, tronas, asientos adaptados, una camilla para su gimnasia diaria y gafas especiales.
A pesar de todo este historial médico, Fernando es un niño aparentemente feliz. Disfruta mucho con las actividades extraescolares, pero sobre todo de la piscina. "Y le vuelve loco ir los fines de semana a montar a caballo al campo".

jueves, 8 de noviembre de 2012

ALAN SOKAL

El caso SOKAL: La verdad de las mentiras

¿No entiendes el lenguaje de algunos filósofos? No pasada nada. A veces, ellos tampoco. Esta es la historia del físico norteamericano Alan Sokal que, harto de tanta impostura, decidió combatirla con sus mismos tics.



En mayo de 1996, un profesor de física estadounidense, Alan Sokal,
cansado del abuso que científicos sociales y humanistas hacían de las ciencias naturales, decidió escribir un artículo paródico y enviarlo a la revista de estudios culturales Social Text. Redactó su trabajo filosófico-científico en un estilo incomprensible, muy propio de algunos textos posmodernos que él pretendía combatir, y lo tituló Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravitación cuántica. Plagado de citas absurdas, aunque auténticas, de intelectuales franceses y estadounidenses y sazonado de sinsentidos, el artículo fue publicado, entre alabanzas a su autor.
Posteriormente, éste decidió revelar su argucia en otra revista, Lingua Franca, manifestando que su intención era desenmascarar el uso inadecuado e inexacto de la terminología científica y las extrapolaciones abusivas de las ciencias naturales a las ciencias humanas con el fin de denunciar los estragos intelectuales causados por la posmodernidad.
En 1997 Alan Sokal y Jean Bricmont, un físico belga, ampliaron la crítica en un libro, Imposturas intelectuales, que ponía nombre y apellidos a los representantes de esa corriente posmoderna que, instalada en un relativismo cognitivo, abandonaba el camino racionalista de la ilustración al considerar a la ciencia como una narración, un mito o, simplemente, una construcción social.

Los impostores desenmascarados
Imposturas intelectuales está plagado de actores principales (Jacques Lacan, Bruno Latour, Jean Baudrillard, Gilles Deleuze, Félix Guattari, Paul Virilio) y secundarios de reconocida trayectoria en el coro de la epistemología del siglo XX (Popper, Quine, Kuhn, Feyerabend). El libro sostiene que el relativismo posmoderno se nutre a base de oscurecer y abusar de conceptos que proceden de las ciencias físico-matemáticas y que, según Sokal, se plasman en hablar sobre teorías científicas de las que solo se tiene una vaga idea e incorporar a las ciencias humanas o sociales nociones propias de las ciencias naturales sin justificación experimental o conceptual. Además, muchos autores exhiben una erudición superficial utilizando términos científicos de manera incongruente. Para el autor de Imposturas intelectuales, no hay nada vergonzoso en la ignorancia, pero sí en la arrogancia con la que determinados intelectuales tratan de profundizar sin pasar de la superficie o usando la ambigüedad como refugio.
¿Por qué se ha llegado a esta situación? La suplantación del pensamiento racionalista moderno por parte de los planteamientos posmodernos ha elevado la tensión entre las “dos culturas” impregnando a las humanidades y ciencias sociales de creencias subjetivas y discursos oscuros. Es preciso, añade Sokal, saber de qué hablamos cuando hablamos de ciencias naturales y diferenciar lo oscuro de lo profundo, desconfiando de los argumentos de autoridad y, fundamentalmente, no ser autómatas subsidiarios de las ciencias naturales, utilizando conceptos como metáforas.
Así que en Imposturas Intelectuales, el físico estadounidense va haciendo crítica del posmodernismo a través de la “topología psicoanalítica” de Lacan, los abusos de los conceptos matemáticos de Kristeva o del barniz verbal con el que Baudrillard trata de dar apariencia de profundidad a observaciones superficiales sobre sociología o historia. El libro finaliza con el artículo comentado que apareció en Social Text con ese título sólo correctamente reproducible por Groucho Marx o Cantinflas.
Para Sokal, las especulaciones del discurso posmoderno sobre la mecánica cuántica representan la tensión esencial de su denuncia: la confusión del sentido técnico de algunos términos y el gusto por la interpretación subjetiva, con respecto a Heisenberg y Bohr, que se refleja de forma definitiva en esa terriblemente conocida afirmación: “Como dice Einstein en su teoría de la relatividad, todo es relativo”. El hecho de que la teoría cuántica esté cargada filosóficamente y que lleve de forma natural a la consideración del papel que juega en la sociedad el nacimiento de una teoría, transporta a algunos hasta el limbo del Tao de la física a hombros de variables ocultas (Bohm, Nicolescu).
Y un apunte final sobre el plano argumentativo. Hemos dicho que Sokal había construido su artículo a partir de saltos ilógicos y de frases sintácticamente correctas. Pues bien, ese relativismo tiene mucho que ver con las razones que llevaron a que una parodia con un título ampuloso fuese tomada por un riguroso estudio académico. Su publicación demuestra la negligencia de los responsables que dieron luz verde a un artículo sin consultar a otros expertos, como reconoció posteriormente el coeditor de Social Text, porque procedía de un “aliado con las credenciales adecuadas”. En opinión del propio autor el artículo fue aceptado porque “sonaba bien” y “favorecía las concepciones ideológicas de los editores”.
Pero la publicación se relaciona, asimismo, con lo convincente que ha de ser (o la ausencia de convicción, en este caso) una buena argumentación. Y es cierto que en el reconocimiento de la buena argumentación, la bondad y la eficacia no siempre se corresponden.
A las imposturas denunciadas por Sokal respondieron los aludidos con una publicación coordinada por Baudouin Jurdant titulada Imposturas Científicas: Los malentendidos del Caso Sokal. Ahí, un numeroso grupo de investigadores franceses se preguntan si Sokal y Bricmont han leído lo que critican, acusándoles de poner en peligro los inestables equilibrios que gestionan las relaciones entre las ciencias de la naturaleza y las humanas. En la Introducción, Jurdant cuestiona el uso que Sokal y Bricmont hacen del concepto "sentido común" para legitimar la existencia de una realidad objetiva independiente de todo ser humano, y denuncia que la crítica de Sokal y Bricmont es, a menudo, caricaturesca y grosera.

Una polémica actual
Casi diez años después, en el año 2008, Alan Sokal publicó Más allá de las imposturas intelectuales: Ciencia, filosofía y cultura, con el fin de denunciar el auge de la desinformación y de la pseudociencia, y defender la argumentación racional y lógica frente al pensamiento basado en los tópicos, la tradición y la superstición. En este libro aborda las implicaciones que se derivaron de su pequeño “experimento” y la sorpresa que le provocó el revuelo levantado. Desde su autorreconocida condición de impenitente hombre de izquierdas, Sokal manifiesta una razón expresamente política que le animó a escribir su artículo: combatir la moda del discurso posmoderno, que es contrario a los valores de la izquierda, y una rémora para su futuro, que no es ningún lugar tranquilo. Entiende Sokal que existe un asalto a la razón y a la ciencia por parte de una derecha política y por la alianza entre grandes empresas que tratan de eludir normativas ambientales y de seguridad, por un lado, e integristas religiosos que tratan de imponer sus dogmas en la política educativa y sanitaria, por otro.
Las implicaciones de esta polémica trascienden el ámbito académico y se sitúan en un territorio social y político de gran actualidad, porque buena parte del debate gira en torno al problema de la importancia de la ciencia en la sociedad: cuánta ciencia deberíamos saber y qué consecuencias tiene ignorarla o despreciarla. Y si evaluamos la trascendencia social del pensamiento científico en relación con los resultados alcanzados por la ciencia y la tecnología, la realidad no resulta muy alentadora: seguimos creyendo en las abducciones extraterrestres, en el horóscopo o en las teorías que se sirven de la física cuántica para demostrar la existencia de Dios y la resurrección de los muertos.
Las reacciones al caso Sokal, como afirma Jorge Wangensberg, son un mar de tinta en el que burbujea de todo "(...) pero, sobre todo, risa, mucha risa, una risa muy sana porque, a la postre, se trata, ni más ni menos, que de la risa de la ciencia riéndose de sí misma, una risa que tanto ha faltado ¡y sigue faltando! en tantas ideologías y tantísimas creencias de la historia de la civilización. En ciencia por lo menos, ya nada volverá a ser exactamente igual que antes del caso Sokal", aunque nada es igual que antes, salvo la permanencia de las imposturas y los obstáculos que impiden abrirse paso al pensamiento racional.

Luis A. Iglesias Huelga
Profesor de filosofía en el IES Escultor Daniel de Logroño