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jueves, 27 de febrero de 2014

Tecnologías del futuro

Pantallas que proyecten imágenes en el espacio, un nueva generación de medicamentos para combatir el cáncer y dispositivos que permitirán manejar computadoras con el cerebro, son algunos de los desarrollos destacados.


Tienen todo para triunfar. Aunque para la mayoría del público argentino aún sean inalcanzables, las nuevas tecnologías se plantean rediseñar el futuro de la humanidad y está claro que con el paso del tiempo fueron convirtiéndose en el mayor agente de cambio en el mundo moderno.  A través de un comunicado, el Foro Económico Mundial sobre Tecnologías Emergentes identificó las últimas tendencias, clave en el cambio tecnológico, en su lista anual de los Top 10 de Tecnologías Emergentes que "cambiarán el futuro".  La lista muestra diez avances con potencial para cambiar la cotidianeidad de muchos consumidores. "Se trata de tecnologías destacadas por su potencial para tener un impacto positivo y real en el mundo", explicó el presidente del departamento de tecnologías emergentes del Foro, Noubar Afeyan. 
Al poner en relieve los avances tecnológicos más importantes, el Consejo tiene como objetivo dar a conocer su potencial y contribuir a cerrar las brechas de la inversión, la regulación y la comprensión del público. Para 2014, el Consejo identificó nuevas tecnologías que podrían remodelar la sociedad del futuro: desde el punto de vista de los materiales, la organización eligió la fibra de carbono reforzada, que se puede utilizar en la fabricación de coches, ya que es hasta un 40% más ligera, dura y más fácil de reciclar; computadoras controladas por el pensamiento; o un nuevo tratamiento contra el cáncer a través de bacterias que se encuentran en el cuerpo humano son algunas de las tecnologías que "cambiarán el futuro", según el Foro Económico Mundial. 
Otra es la capacidad de controlar un dispositivo utilizando sólo el poder de la mente. La investigación reciente se centró en la posibilidad de utilizar las interfaces cerebro-ordenador para conectar diferentes cerebros juntos directamente. Investigadores de la Universidad de Duke el año pasado hicieron con éxito la conexión de  los cerebros de dos ratones a través de Internet, donde fueron capaces de cooperar para llevar a cabo tareas simples para generar una recompensa. Otros proyectos de investigación se han centrado en la manipulación o implantar directamente recuerdos desde una computadora en el cerebro.
La organización también incluyó en su nómina "la pantalla sin pantalla", es decir, la utilización de un sistema en 3D que puede proyectar imágenes en el espacio que parecen casi reales o una máquina que usa datos para aprender algoritmos y que puede predecir de manera detallada modelos de conducta humana, lo que podría tener aplicaciones en planificación urbana y diagnósticos médicos.
Un avance médico que plantean son los medicamentos basados en el ácido ribonucléico (RNA), que podría dar lugar a una nueva generación de medicamentos basados en esta sustancia, que permiten centrarse en el origen de la enfermedad y podrían ser de utilidad para el tratamiento del cáncer y de enfermedades infecciosas.
En el campo de la industria, la organización resaltó un nuevo proceso para desalinizar agua que, por primera vez, es económicamente viable gracias a un procedimiento químico de extracción de minerales en aguas residuales y marinas.
Por su parte, la industria de la telefonía móvil también se podrá beneficiar de las nuevas baterías de silicio (compuestas de nanoalambres de este material) que tienen una mayor vida útil, se cargan en menos tiempo y triplican la potencia de las actuales.
Dentro de los inventos destinados a mejorar la salud se encuentran unos dispositivos electrónicos que se pueden colocar en la ropa o bajo la piel y que permiten controlar el ritmo cardiaco y los niveles de estrés, lo que aumenta el tiempo necesario para reaccionar ante una emergencia de salud. «


suelas de zapatillas con gps
La tecnología portátil generó gran atención en los últimos años. Muchos dispositivos existentes ya ayudan a la gente a entender mejor su salud personal mediante el monitoreo de la frecuencia cardíaca o los patrones de sueño. Estos dispositivos prácticamente invisibles incluyen auriculares que monitorean la frecuencia cardíaca, sensores usados debajo de la ropa para rastrear la postura, un tatuaje temporal que registra los signos vitales de salud y la gran novedad: las suelas de zapatos hápticos que comunican las direcciones GPS a través de alertas de  vibración sentida por los pies. Se trata de zapatos equipados con Bluetooth, GPS y un sistema de vibración, para ayudar a las personas ciegas a navegar. También Google Glass ya ha sido usado por los oncólogos para ayudar en la cirugía a través de los registros médicos y otra información visual se accede por medio de comandos de voz. Los factores de éxito de los productos portátiles incluyen el tamaño del dispositivo, no invasividad, y la capacidad de medir múltiples parámetros y proporcionar información en tiempo real que mejora el comportamiento del usuario.
 


imágenes 3d, las que se proyectan en el espacio
Uno de los aspectos más frustrantes de la tecnología de la comunicación moderna, dice el Foro Económico Mundial, es que como los dispositivos se han miniaturizado se han vuelto más difíciles de usar. Nadie podría escribir una novela en un teléfono inteligente, por ejemplo. De allí la necesidad de las imágenes 3D que se proyectan en el espacio, cada vez más cerca de convertirse en una realidad. 
En 2013, el Media Lab del MIT informó de una pantalla de vídeo holográfico de bajo costo con la resolución de una computadora estándar. El monitor sin pantalla también se puede lograr mediante la proyección de imágenes directamente en la retina de una persona.
A más largo plazo, la tecnología puede permitir que las interfaces omitan al ojo, consiguiendo la transmisión de información visual directamente al cerebro. Varias empresas han hecho avances significativos en el campo, incluyendo auriculares de realidad virtual, lentes de contacto biónicas, el desarrollo de los teléfonos móviles para las personas de edad avanzada y parcialmente ciegos, y videos-holograma, sin necesidad de piezas o gafas en movimiento.
 

grandes almacenes de electricidad
El Foro incluyó también una tecnología para el almacenamiento del excedente de electricidad proveniente de energías renovables como la solar o la eólica, un gran avance ya que la acumulación de este tipo de energía fluctuante presentaba grandes dificultades.
La electricidad no se puede almacenar directamente, por lo que los administradores de la red eléctrica deben asegurarse constantemente de que la demanda global de los consumidores se corresponda exactamente con la misma cantidad de potencia suministrada a la red por las estaciones generadoras.
Las baterías de flujo pueden, en el futuro, ser capaces de almacenar energía química líquida en grandes cantidades análogas a la de almacenamiento de carbón y gas.
 Según el  Foro Económico Mundial, hay indicios de que una serie de nuevas tecnologías está cada vez más cerca de lograr el almacenamiento de electricidad a gran escala procedente de los sistemas de energía limpia. Las baterías de flujo, los supercondesadores de grafeno o la electrólisis de hidrógeno son algunas de las candidatas.
 

coches más livianos
Tres elementos podrían tener un impacto importante con el avance de la posibilidad de la fabricación de vehículos compuestos ligeros, súper-seguros y aprovechables a una escala masiva.  Las nuevas técnicas para nanoestructura de fibras de carbono para nuevos materiales compuestos están mostrando el potencial en la fabricación de vehículos para reducir el peso de los automóviles en un 10% o más. Coches más ligeros necesitan menos combustible para funcionar, lo que aumenta la eficiencia de la movilización de personas y mercancías y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Otro desafío, que ahora puede estar más cerca de una solución, es la de reciclar materiales compuestos de fibra de carbono. Las nuevas técnicas de producción de fibras de carbono nanoestructurado para crear materiales compuestos están mostrando su potencial en el sector del automóvil. Estos materiales permiten reducir el peso de los vehículos, con el consiguiente ahorro energético. Además, suponen una mejora en la seguridad del pasajero, ya que absorben el impacto del golpe sin romper la superficie.

fuente: Tiempo Argentino

viernes, 21 de febrero de 2014

¿Adios a la ley de newton?

ADIOS A LA LEY DE NEWTON


Nunca se ha estado tan cerca de controlar la todavía enigmática fuerza de la gravedad como en este momento. Varios equipos de la NASA, la ESA, empresas aeronáuticas y universidades están trabajando para crear una máquina antigravedad. Los resultados de sus investigaciones prueban que, en determinadas circunstancias, esta fuerza se puede modificar a voluntad.



Un disco de un material superconductor girando a gran velocidad puede haber abierto la puerta al control de la fuerza de la gravedad. Todavía no se sabe con certeza por qué, pero lo cierto es que este dispositivo modifica el peso de las cosas que se encuentran sobre él. Algo que se escapa a los actuales conocimientos de los físicos, pero que ya ha sido detectado por diversos equipos de investigadores, los últimos de ellos pertenecientes a la Agencia Espacial Europea (ESA). 

EL EXPERIMENTO PODKLETNOV 
En marzo del año pasado la ESA anunció que los doctores Martin Tajmar y Clovis de Matos habían conseguido detectar una pequeña disminución de la fuerza de la gravedad, un 0,01%, sobre uno de estos discos rotatorios. Puede parecer muy poco, pero es cien trillones de veces más de lo que sería de esperar según la Teoría de la Relatividad de Einstein (MÁS ALLÁ, 171 y 205). Se trataba sin duda de un fenómeno desconocido que podría dar las claves para controlar la fuerza de la gravedad. El experimento de la ESA reproduce con resultados mucho más modestos los obtenidos en 1992 por el científico ruso Yevgueni Podkletnov, que trabajaba en aquella época en la Universidad de Tampere (Finlandia). La reducción de peso llegó en esa ocasión al 2% y el anuncio de que se había logrado modificar la fuerza de la gravedad dio la vuelta al mundo. La publicación de esta investigación supuso una conmoción para muchos físicos. Podkletnov se encontraba realizado experimentos con materiales superconductores, que sirven para transmitir la electricidad de forma muy eficiente. Mientras trabajaba con un disco fabricado con una aleación de óxido de cobre, itrio y bario –un material superconductor que transporta la energía eléctrica de forma muy eficiente– que giraba a 5.000 revoluciones por minuto a 196 grados bajo cero, se percató de que el humo que desprendía la pipa de un colega que le estaba visitando se elevaba bruscamente al pasar por encima del disco. Después de repasar todas las posibles causas que podrían explicar la anomalía, llegó a la conclusión de que el disco generaba un efecto de apantallamiento de la gravedad, de modo que los objetos que se colocaban sobre él perdían en torno a un 2% de su peso. El investigador ruso estaba a punto de publicar las conclusiones de su trabajo en la prestigiosa revista Journal of Physics D: Applied Physics cuando el diario británico The Sunday Telegraph adelantó los resultados. Esta circunstancia generó una gran polémica, que desembocó en la retirada del artículo de Podkletnov y en sus posteriores renuncia a su plaza en la Universidad de Tampere y regreso a Rusia (MÁS ALLÁ, 99). Durante los años siguientes se supo poco de este investigador. Pero la semilla de su revolucionario descubrimiento ya había sido sembrada. Físicos teóricos como Giovanni Modanese, del prestigioso Instituto Max Planck de Física, prosiguieron sus investigaciones y proporcionaron una explicación teórica al fenómeno. Otros investigadores independientes afirmaron haber reproducido el experimento e incluso una doctora de la Universidad de Alabama (EE.UU.), Ning Li, aseguró que había predicho años antes los resultados obtenidos por Podkletnov en un trabajo teórico que relacionaba la gravedad con la rotación, los superconductores y los campos magnéticos. Pasaron los años y la mayor parte de la opinión pública se fue olvidando del anuncio realizado por el científico ruso. Como ha ocurrido en otras ocasiones con la difusión de lo que suponían avances científicos revolucionarios –como, por ejemplo, el de la fusión fría–, el escepticismo de la mayoría de los científicos respecto a algo que aparentemente supone un desafío a los pilares de la física fue apagando su eco. 

Adios a la Ley de Newton - Antigravedad


ciencia


LA NASA 
Sin embargo, los hechos son tozudos: nuevos estudios han reproducido recientemente los resultados obtenidos por Podkletnov. Investigaciones de la NASA y de compañías aeronáuticas como Boeing o el consorcio británico British Aerospace han seguido buscando el control de la gravedad. En paralelo, numerosos científicos independientes han propuesto posibles caminos para lograrlo, algunos relacionados con la mecánica cuántica y otros con una nueva forma de entender la Teoría de la Relatividad. En Estados Unidos se llegó incluso a patentar el año pasado un dispositivo de antigravedad. La NASA fue de los primeros organismos que intentó seguir el camino trazado por Podkletnov. En 1996 Ron Koczor, director auxiliar para ciencia y tecnología del Laboratorio de Ciencia Espacial del Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA, situado en Huntsville (Alabama, EE.UU.) fue nombrado coordinador de la investigación sobre antigravedad. Para ponerla en marcha reclutó a varios científicos de la cercana Universidad de Alabama. Los resultados no fueron satisfactorios debido en parte a los planteamientos del equipo dirigido por Ning Li, que pretendía desarrollar un dispositivo de apantallamiento de la gravedad en lugar de reproducir simplemente el experimento del investigador ruso. Al menos en un primer momento, la NASA sólo aspiraba a comprobar si era posible reducir el peso de los cohetes en el momento del lanzamiento, lo que supondría un notable beneficio. Cuatro años después se puso en marcha el experimento Delta G, al que se destinó un presupuesto de 600.000 dólares. El propio Podkletnov fue fichado para el proyecto con la esperanza de que sus indicaciones permitieran a la empresa Superconductive Components Inc.fabricar un dispositivo similar al que había ensayado ocho años antes en la Universidad de Tampere. En esta ocasión, los resultados no fueron concluyentes porque, al parecer, los investigadores no pudieron obtener el mismo material que había utilizado el científico ruso. 

NUEVOS EXPERIMENTOS 
Los escasos resultados logrados por la NASA no impidieron que se pusiesen en marcha otros experimentos. El Gobierno británico financió una investigación, dirigida por el físico Marcus Hollingshead, para intentar reproducir el fenómeno de apantallamiento de la gravedad. Le siguió el Proyecto Greenglow, del grupo británico BAE, integrado por British Aerospace Systems y Marconi Electronic Systems, y que también concluyó sin resultados definitivos. La compañía aeronáutica Boeing recogió el testigo y comenzó a realizar sus propias investigaciones en los hangares secretos Phantom que tiene en Seattle (EE.UU.). Según la prestigiosa revista británica Jane’s Defense Weekly, el programa fue dirigido por un ex alto cargo del Ejército del Aire estadounidense. Sus resultados no han trascendido. Por el contrario, sí trascendieron, y de qué manera, los derivados de una investigación auspiciada por la ESA y desarrollada en Austria por los doctores Martin Tajmar y Clovis de Matos, del laboratorio ARC Seibersdorf: como hemos visto, Tajmar y De Matos lograron que un disco de material superconductor girando a 6.500 revoluciones por minuto redujera la fuerza de la gravedad en un 0,01%, lo que supone que una persona de 70 kg perdiera siete gramos. Para ello partieron del mismo presupuesto que Podkletnov, pero su base teórica estaba mucho más argumentada. Estas pequeñas reducciones de la gravedad son la punta de un iceberg que podría conducirnos a una nueva concepción de la fuerza descrita por Isaac Newton y a conseguir controlarla, quizá incluso para anular sus efectos en determinados momentos. 

lunes, 17 de febrero de 2014

Sobre la enseñanza de la ciencia

“La ciencia implica una relación con los poderes políticos e industriales”

Los científicos no pueden ser los únicos que decidan sobre las políticas para el desarrollo de la ciencia, afirma Wolovelsky, quien desde esta perspectiva destaca la importancia de la divulgación científica.
Verónica Engler
El biólogo Eduardo Wolovelsky defiende la ciencia, su objetividad e incluso su enseñanza instrumental, pero discute fuertemente con las visiones celebratorias que propician una bonhomía de la ciencia a la cual el público lego debería rendirse como ante un tótem. Polemista de fuste, pero lejos de la polémica mediática más ligada al escándalo, le interesa confrontar ideas, analizar los grandes supuestos sobre los que se levanta ese gran edificio que es la ciencia moderna. Pero la ciencia como parte de la cultura, como determinante fundamental del rumbo que asumen nuestras sociedades contemporáneas, la ciencia como algo que no es sólo de incumbencia de los científicos. “El cientificismo es una ilusión peligrosa, transformar a la ciencia casi en un acto de magia religiosa que podría resolver los grandes problemas que tenemos es peligrosísimo”, sentencia. En esta entrevista repasa el lugar de la ciencia y de los científicos de hoy y de ayer, el rol de la divulgación científica y la necesidad de reflexionar y cuestionar supuestos sobre los que se erige buena parte del desarrollo de nuestras medicinas, computadoras, smartphones, test genéticos para predecir enfermedades y demás lindezas de las sociedades del tercer milenio.
–¿Por qué le parece importante la divulgación científica, que el público lego o no experto sepa acerca de la ciencia?
–Me parece importante la divulgación, o el “conocimiento público sobre la ciencia”, porque no pueden decidir únicamente los científicos sobre los sentidos del desarrollo tecnocientífico, sólo porque tienen una parte importante y significativa del saber, absolutamente necesaria para discutir hacia dónde vamos, pero no suficiente. Qué vamos a hacer con la energía nuclear o con los organismos transgénicos no lo puede decidir únicamente la comunidad científica, que, además, tampoco es algo homogéneo. No todos hacen ciencia con la misma finalidad o el mismo sentido, aunque trabajen en el mismo campo. Fritz Haber y Otto Hahn no son lo mismo que Max Born (los tres científicos ganaron el Premio Nobel). Max Born era muy jovencito y se negó a trabajar en la guerra química, quiere decir que uno no está obligado a hacerlo. Las perspectivas con las que los científicos trabajan son distintas, y esto también hay que darlo a conocer. Claro que esto no quiere decir que el enunciado que dice que el ADN porta la información genética sea política. La ciencia es una actividad que implica una organización institucional, que implica una relación con los poderes políticos e industriales, todo eso hace a la vida del científico, no sólo el estar en el laboratorio. Que el desarrollo técnico-científico puede ser necesario para lograr soluciones es indiscutible, pero ese desarrollo técnico-científico puede ser leído de diferentes maneras. Entonces, es un riesgo enorme que coloquemos la idea de que podemos solucionar el problema de la exclusión social, de la distribución de la riqueza, o de la energía, con nuevos desarrollos tecno-científicos. Aunque es cierto que la historia moderna resolvió muchos problemas con avances tecnológicos. Entonces, esa ilusión no es una ilusión descabellada, surgida de la imaginación, tiene algún asidero en la historia moderna.
–¿Cómo le parece que se está divulgando la ciencia hoy?
–No acuerdo con la mayoría de las cosas que se hacen en divulgación científica, porque hay una perspectiva publicitaria, propagandística, sin promover ninguna reflexión. Lo que se hace es provocar casi un acto de admiración sobre la ciencia, que de por sí es una actividad muy compleja, con significados sociales y políticos diversos. Con lo cual, para mí no se trata de crear un acuerdo a modo de espectáculo en el que todos los espectadores aplauden. Me parece que ésa es la perspectiva hoy dominante, y en ese aspecto publicitario se termina promoviendo una forma de ignorancia, no una forma de saber o conocimiento. De hecho, cuando hay tanta preocupación por la generación de vocación hacia la ciencia, justamente la perspectiva publicitaria la erosiona, primero porque plantea un perspectiva de divertimento que no es cierta, porque el estudio requiere muchas virtudes, y una de las cuestiones que está ausente es el divertimento, puede existir la pasión, el interés, un deseo profundo, intenso, un compromiso importante, convicción, pero no es el divertimento lo que convoca. Pero además en esa perspectiva publicitaria percibí en muchas obras y realizaciones maltrato hacia el espectador, hacia el otro con quien debería dialogar, promoción de prejuicios de género.
–¿Un ejemplo?
–Un libro de (Marcelino) Cereijido, Hacia una teoría general sobre los hijos de puta, es un compendio de prejuicios de género, pero ha sido elogiado académicamente, y esto genera preocupación, porque pareciera que aquello que se dice sobre la ciencia automáticamente debería ser elogiado, y pareciera que criticar es colocarse contra la ciencia, lo cual es una falacia. Me preocupa ese cientificismo casi de espíritu religioso, casi inquisidor, en la defensa de un conocimiento científico que, si uno quiere, es contradictorio con los propios compromisos epistémicos que la actividad científica asume.
–¿Cómo ve actualmente el tema de la enseñanza de la ciencias en la escuela?
–Me parece que una primera dificultad es que la enseñanza sigue siendo fuertemente instrumental. Esto no quiere decir que la enseñanza instrumental no tenga valor, lo tiene, porque yo necesito de esas herramientas, pero no pueden ser un fin en sí mismo. La ciencia aparece totalmente desvinculada del devenir histórico. De hecho, en la historia que se estudia en la escuela, la ciencia parece tener poco valor como hecho histórico. En los cursos de ciencia, la ciencia es a-temporal y a-espacial, ése me parece que es el principal problema. La ciencia, en ese afán de objetividad, está poco problematizada, poco politizada, y ahí es donde muchos chicos quedan fuera del interés. Se trata de revertir eso hablando de la ciencia en la vida cotidiana, al estilo de “¿sabés por qué pasa tal cosa o pasa tal otra?”, y creo que eso no tiene ninguna virtud, creo que no existe la ciencia en la vida cotidiana. Justamente, hay que salir del ámbito más ordinario para construir un ámbito extraordinario de reflexión histórico-política sobre la ciencia, y esto no tiene que implicar relegar el saber instrumental. Si voy a hablar de genética, en algún momento tengo que saber hechos instrumentales, tengo que saber qué es el ADN, cómo está escrita la información genética. No puedo hacer un análisis de los significados de la actividad científica imaginando que lo puedo sostener desde la ignorancia de estos saberes instrumentales. Poder hacer un cálculo en el ámbito de la física tiene un valor, la matematización de los fenómenos naturales ha sido un logro intelectual notable, y esto debe poder ser dominado, en la medida de lo posible, aunque no todos lo van a lograr, y éste es el otro problema. Hoy la escuela tiene una diversidad de alumnos, que es un tema difícil de resolver. Incluir es complejo, pero creo que es una obligación, la escuela no puede ser excluyente. La inclusión implica poner en juego para todos, pero no quiere decir que todos lo van a tomar, sería casi ridículo que todos tomen un saber específico de un área.
–El término “científico” fue acuñado en el siglo XIX pero recién se impuso en el siglo XX. Hasta ese momento la distancia entre expertos y no expertos no era tan amplia como lo sería a partir del siglo XX. No siempre existió, por lo menos no de la manera en que se manifiesta actualmente, esa especie de “brecha” entre científicos y público general. ¿Cuál es el origen histórico y cuáles son los usos políticos de esta división?
–Stephen Jay Gould, que es un biólogo evolucionista, creo que uno de los más interesantes divulgadores modernos, dice que cuando él les daba a sus alumnos El origen de las especies, los alumnos después le pedían el “escrito académico” de Darwin, pero no había tal escrito. El origen de las especies es a la vez el “escrito académico” y el escrito dirigido al gran público. Pero por supuesto que hay un momento en el que hay una profesionalización del desarrollo científico, es decir que empieza a ser un trabajo remunerado, sostenido por el Estado o por empresas, entonces esto implica un cierto desarrollo institucional, y a su vez la ciencia empieza a tener un gran desarrollo que requiere de grandes inversiones económicas, y el científico pasa a ser un trabajador profesional, que recibe una remuneración, premios, toda una serie de reconocimientos que hacen a este desarrollo profesional. Por lo tanto, se empieza a exigir una cierta línea que garantice la eficacia de ese trabajo, empieza a ser diferente, empieza a haber un escrito que es profesional, la ciencia se vuelve más abstracta en el sentido de que son teorías que quedan menos vinculadas a conceptos que se pueden desarrollar desde otras áreas del saber o desde el propio devenir como sujeto pensante en la cultura, entonces se hace más complejo comprender. Por otra parte, la ciencia tiene una explosión en el nivel de conocimiento que hace que incluso me pueda preguntar: ¿cuánta biología sabe un biólogo?
–¿Y cuál es la respuesta a esa pregunta?
–La respuesta es que probablemente sepa poca biología. Porque un biólogo sabe mucho de un cierto campo en el cual él trabaja, en muchos otros campos conoce poco, por supuesto que tiene un bagaje por el cual le resulta más fácil acceder a ese otro campo. Entonces, todo ese gran desarrollo institucional, complejo, la actividad científica como una actividad que requiere grandes inversiones económicas, todo eso ha generado este abismo, si uno quiere, entre una comunidad tecno-científica compleja, con empresas, industrias, universidades, institutos de investigación, y quienes no están vinculados a esto. Es un problema claramente moderno. Esto da origen al “divulgador”, al profesor de ciencias, al maestro de ciencias. Yo tomaría lo que dijo Henri Atlan, un médico y biólogo francés, que es interesante, porque eso que antes del siglo XX podíamos llamar divulgación científica era como una cultura ornamental, y en algún punto hoy es un problema político de los más relevantes. Y Carl Sagan decía que el gran de-safío científico del siglo XXI va a ser entender los significados de la ciencia. No sé si es el único desa-fío, porque sería un poco estrecho decir semejante cosa. Pero que la comprensión pública de la ciencia esté en el mismo plano que el desarrollo científico es un planteo interesante. El gran problema es confundir que esta comprensión pública de la ciencia la deberían hacer los científicos. Deberían hacerla los científicos más un montón de otros actores de otros campos que, preocupados, hacen un esfuerzo por entender eso.
Gran parte de la divulgación tiene la función de unificar en una visión del mundo algo que en el saber científico está disperso en diferentes disciplinas, y ése es un problema para la divulgación, y es interesante discutirlo.
–Todavía está bastante difundida la idea de una “ciencia neutral” o “ciencia martillo”, que puede usarse para hacer el bien o el mal. ¿Cómo le parece que se puede discutir con esta idea?
–La mejor forma de discutir con esta idea es mirar la historia, la historia impide usar la ciencia como ciencia martillo. De hecho yo escuché decir que la ciencia hace mejores a las personas, es el viejo ideal de que el conocimiento hace mejores a las personas. Yo querría que fuese cierto, pero no es cierto. El conocimiento, en última instancia, podría hacer más responsable a la persona, en el sentido de que no puede aducir ignorancia en los actos que comete, pero no la hace mejor, toda la historia desmiente esto. Incluso teniendo las mejores intenciones. Yo pongo siempre el ejemplo de los eugenistas, aquellos que promovieron la mejora genética de la especie humana. Esto lo dice François Jacob, un biólogo francés, que asociamos la eugenesia con el nazismo, pero es falso. Provino de sectores que llamaríamos de la izquierda, progresistas, interesados por el bien público, desarrollado en países democráticos, y tenían las mejores intenciones, pero nadie creyó que debían hablar con la población, que los demás actores debían intervenir, sino que el bien se decidía internamente desde el propio saber científico. Ninguna actividad humana es neutral. Confundimos la ciencia con una descripción de fenómenos naturales. La ciencia en sus decires porta imágenes del mundo. La tecnología no es neutra. Yo defiendo la objetividad de la ciencia, pero no es la objetividad de “yo saco una foto del mundo tal cual es”, sino que se trata de enunciados teóricos y diseños instrumentales y técnicos que con el tiempo adquieren una validez que está más allá del sujeto que lo enuncia. Pero de todas formas siempre eso está inmerso en una matriz político-cultural. Yo creo que ésa es una de las peleas más significativas que hay que dar, porque la ciencia-espectáculo es una ciencia que se imagina neutra y objetiva, y la imagina mejorando al mundo, imagina a los científicos como mejores personas. Es un enunciado peligroso para la democracia decir que los científicos son mejores personas por ser científicos, porque esto me llevaría a un gobierno aristocrático: que nos gobiernen los mejores.
–En muchos de los textos divulgativos que escribió abordó varios temas críticos, como por ejemplo el problema de la experimentación con animales (El medio interior), en el que pone en cuestión, por ejemplo, los postulados del especismo. ¿Por qué le parece importante dar este tipo de discusiones?
–Cuando uno escribe libros sobre estas temáticas creo que la única virtud del libro es problematizar el tema, no que el lector comparta mi posición, aunque a mí me parece legítimo generar una discusión proponiendo una posición, no jugando a hablar desde un lugar neutral. Desde ese libro yo defiendo una cierta perspectiva sobre la experimentación con animales, la defiendo con vehemencia, con convicción, lo cual no quiere decir que no tenga puntos criticables, e inclusive que pueda ser criticada hasta la demolición. A mí eso no me preocupa, al contrario. Yo escribí El medio interior porque me preocupaba que no se discutiera este tema. ¿En qué sentido? Pareciera que hay temas que no deben ser tratados porque son problemáticos, políticamente incorrectos. Está muy bien decir que no se debe experimentar con animales, pero esto tiene un costo sobre el desarrollo de la medicina, sobre la posibilidad de curar. Si yo desarrollo un medicamento y no experimento con animales, ¿con quién experimento? Seguramente el primero que lo use es objeto de experimentación inevitablemente. No existe esa solución ideal de “no experimentemos con nadie”, porque eso es falso, no puede ser, o no tenemos medicamentos, lo cual puede ser más cruel que la experimentación con animales.
–¿Cuáles son las consecuencias de la experimentación con animales?

–Efectivamente tengo que establecer una separación entre lo humano y lo animal. Yo defiendo esa separación, pero no quiere decir que yo tenga razón ni que mi defensa sea totalmente inobjetable. Lo que yo digo es: llevado a un extremo –y lo llevo al extremo porque el extremo tiene un aspecto más pedagógico donde el problema se ve con más claridad–, el amor a los animales, si bien no promueve el odio a ciertos grupos humanos, no lo inhabilita ni lo bloquea, deja el campo abierto. Esto lo dice Luc Ferry, un biólogo francés que trabajó bastante este tema. Hubo un momento en el que el tema del amor a los animales, en el contexto de la Alemania nazi, en donde se defendía una idealización de la naturaleza como un estado de perfección y equilibrio, terminó llevando a la idea de experimentar con seres humanos, porque algunos humanos entraban dentro del campo de la degeneración biológica. Claro que esto que digo no significa que cualquier persona que defienda el derecho de los animales esté en este campo, y además el derecho de los animales es muy amplio y muy diverso, porque los animales no son todos iguales.

martes, 11 de febrero de 2014

Diálogo con el director del Laboratorio Max Planck de Rosario


Claudio Fernández
entrevista de Leonardo Moledo
–Cuénteme ¿a qué se dedica?
–Soy doctor en Química biológica, dirijo el Laboratorio Max Planck de Biología Estructural, Química y Biofísica Molecular de Rosario. Soy director de la primera plataforma tecnológica de diseño y descubrimiento de fármacos en fase preclínica de Latinoamérica. Dirijo también un doctorado internacional organizado entre la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad de Göttingen, en el área de la Biomedicina y Biociencias Moleculares. Göttingen es una ciudad alemana de 120 mil habitantes; su universidad tiene la impresionante cifra de 46 premios Nobel asociados. Allí fui jefe de grupo hasta el año 2005. El último Premio Nobel de Medicina es de la Universidad de Göttingen. Ellos son nuestros socios.
–¿Cuándo volvió usted al país?
–En 2004 y 2005, junto a otros argentinos, lideramos una línea de trabajo que dio lugar a significativos avances en el área de enfermedades neurodegenerativas, en particular la vinculada con el mal de Parkinson. Mi trabajo científico fue repatriado en el año 2006, a través de la adquisición del primer espectrómetro de resonancia magnética nuclear de alto campo para nuestro sistema científico, que fue el segundo equipo en su tipo en ser instalado en la región.
–Y además está trabajando en un plan de comunicación de la ciencia del Conicet.
–Estamos avanzando con un proyecto para la creación de una plataforma orientada a la socialización de la ciencia llamada País Ciencia. Su objetivo es generar igualdad de oportunidades y despertar vocaciones científicas. Es un proyecto que, asociado al Conicet y otros organismos nacionales, proyectará a nivel nacional una experiencia de comunicación pública de la ciencia y democratización del conocimiento nacida en el municipio santafesino de Granadero Baigorria, donde funciona el Centro de Estímulo al Desarrollo del Conocimiento (Cedec), que es el modelo. Los otros actores involucrados son la Universidad Nacional de Rosario, la Subsecretaría de Gestión de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación y el Ministerio de Planificación Federal de la Nación.
–¿Qué tiene pensado hacer? La inclusión de la ciencia tiene muchas corrientes... y hay cosas con las que nadie sabe qué hacer, por ejemplo: la matemática.
–Vamos a coordinar acciones entre escuelas, universidades, organismos de ciencia y tecnología, y el conjunto de la sociedad. Será una herramienta educativa, inclusiva, que se ocupará de promover la socialización del conocimiento, así como de fomentar la creación de una red de centros o nodos territoriales. Queremos generar instancias de reflexión en torno del conocimiento científico situado en su contexto territorial. Hasta ahora muchas de las acciones de comunicación pública de la ciencia se han generado en el marco de pensar la relación “ciencia y sociedad” bajo los parámetros de la hipótesis del déficit cognitivo. Mi postura es tratar de desmitificar el rol del científico y pensar el conocimiento como un bien social.
–Entiendo. Yo trato de hacer las entrevistas acá en un café para sacar al científico del laboratorio, porque el científico muchas veces cuando habla lo hace para sus colegas, entonces acá no tiene el código del laboratorio. La ciencia no es sólo ciencia, la ciencia es filosofía y es historia de la ciencia. Hay que saber de dónde venimos...
–Eso queremos con este programa, que los investigadores y comunicadores de la ciencia expliquen a la sociedad de manera amena. Comparto, es necesario poner en valor todo lo que se hace desde el año 2003 en ciencia y tecnología en nuestro país. La política de Estado de ciencia y tecnología es concreta y tiene un correlato social. Es necesario que se la valore porque no alcanza con que la defendamos los científicos desde el laboratorio. Se va a defender en tanto y en cuanto la gente sepa respecto del valor del conocimiento científico, sus impactos y beneficios. Para eso es fundamental comunicar, concientizar y ampliar la cultura científica de la gente.
–Yo dirigí ocho años el Planetario de la ciudad de Buenos Aires. Nuestra postura era: la ciencia es propiedad de todos. Pero cuando decíamos todos, decíamos todos. Por eso hicimos un planetario para ciegos, para sordos, hicimos cafés científicos, fuimos a las villas. La idea era: como es de todos, es también para los que no pueden venir.
–Ahí está la clave, en que nosotros como investigadores nos acerquemos. Esa es la génesis del proyecto. Queremos conversar sobre ciencia en todos los barrios y localidades. Ahí uno como investigador científico toma conciencia de la realidad. En la villa, al chico no le importa que le expliques el principio de Bernoulli. Quieren saber, por ejemplo, cómo se hacen las plantas de potabilización de agua. Allí se toma conciencia de para quién estás trabajando, porque la ciencia y la tecnología no se agota en una proteína en un tubo de ensayo. Sólo se realiza cuando es orientada a un fin colectivo y es apropiada por la gente.
–Entiendo. También es mucho lo que se consigue cuando se les muestra un telescopio, una bacteria con un microscopio...
–Nosotros escuchamos lo que nos piden los chicos y los docentes en las escuelas de las villas. Ellos quieren aprehender un conocimiento que impacte en su calidad de vida. Sin dudas representa una superación de la comunicación de la ciencia como colección de anécdotas o datos curiosos. Estamos pensando en proyectos que enseñan a desarrollar, por ejemplo, una planta potabilizadora de agua, o cómo hacer que la basura, que contiene un alto porcentaje de materia orgánica, pueda generar biogás o biocombustible. Una parte del programa que estamos desarrollando consiste en generar fondos semilla, lo necesario para que esa escuela pueda concretar un proyecto con investigadores del Conicet.
–¿Cuál estima que será el efecto de este plan?
–Son múltiples, el chico de la villa va a tener una vivencia transformadora vinculada al conocimiento científico. Va a conocer que existen instituciones de ciencia y tecnología, conformadas por personas que trabajan de científicos. Y a los investigadores los invitamos a salir de su territorio habitual porque el laburo lo tienen que hacer en la villa.
–¿Y usted qué les dice?
–Los invito a participar y que dejen atrás sus prejuicios. Les digo que hay que desacralizar la ciencia y hacer entender que la ciencia no es para genios. De nada sirve pasar seis meses dando conferencias en el exterior, si acá la gente no entiende el quehacer científico tecnológico. Para que la sociedad se interese, se informe, pregunte, entienda y valore, hay que educar incluso a los investigadores. Hay que invitarlos a salir del laboratorio, porque mayoritariamente salen formados en su disciplina y tienen cierta lejanía con la sociedad. El desafío es, como ha dicho la propia presidenta de la Nación, que en las universidades nacionales la matrícula sea en un gran porcentaje de hijos de trabajadores, y que se reciban. Para eso hay que generar una escuela de científicos con compromiso social.
–¿Ya tienen armado el programa de acciones?
–Sí, el programa, además del componente de comunicación pública de la ciencia, tiene otro que son las pasantías científicas para que los estudiantes vengan a nuestros laboratorios de investigación científica u otros organismos públicos a hacer actividades, porque el problema que estamos teniendo es que, independientemente del estrato social, los jóvenes están desinformados y se pierden vocaciones. Nosotros perdemos muchas vocaciones en el último y anteúltimo año de la secundaria, porque los chicos no saben para dónde seguir. El programa pretende vehiculizar esas vocaciones. Hay que ir al encuentro de estos estudiantes, yo creo que eso es parte del rol del científico.
–¿Qué más piensan hacer?

–Vamos a brindar cursos de capacitación para los docentes de escuelas secundarias, vamos a dar capacitación a investigadores para enseñarles a hacer comunicación pública de la ciencia. Vamos a generar contenido audiovisual, vamos a tener una plataforma web con módulos virtuales, con contenidos para que puedan ser utilizados en las escuelas por los chicos directamente, y vamos a tener un laboratorio móvil para poder llegar a los lugares más lejanos. Es un proyecto que ataca el problema de la brecha entre ciencia y sociedad en forma integral, y que además tiene actores que tienen que ver con la generación de política científica, generación de política educativa y el territorio. Tenemos muchas expectativas de poder replicar a nivel federal el éxito que este proyecto ha tenido en Santa Fe y Buenos Aires.

jueves, 26 de diciembre de 2013

STEPHEN HAWKING

La vida novelesca de un científicosuperstar


Es septiembre de 2012. Miles de personas colman la sala del Flint Center de San José, California, con la mirada fija en el gran escenario. Súbitamente, estallan los aplausos y todos se ponen de pie. Los focos iluminan la figura desgarbada, con la cabeza inclinada hacia un costado, las manos entrelazadas y las piernas flexionadas sobre la silla de ruedas, del científico más famoso del mundo, Stephen Hawking. La cámara toma un primer plano de sus anteojos, sobre los que está montado el sensor de alta velocidad que le permite elegir letras o palabras en una pantalla conectada con un sintetizador de voz, con sólo realizar un imperceptible movimiento de la mejilla, el último músculo que puede controlar. Enfoca los cuatro dientes que sobresalen de su mandíbula inferior, su pañuelo en el cuello y su inesperada camisa color púrpura.
"Mi nombre es Stephen Hawking -se escucha, en el tono monocorde que emite el sistema electrónico-. Durante los últimos cincuenta años he viajado por el mundo dando conferencias acerca del espacio y del tiempo, y de las leyes que gobiernan el universo. Este film es un viaje personal a través de mi vida, contado en mis propias palabras. Vengan conmigo y les mostraré cómo vivo y trabajo hoy, y les contaré la historia de cómo me transformé en quien soy. Bienvenidos a mi mundo."
Hawking, superestrella de la ciencia, está otra vez en el centro de la escena. Un film que se inicia con estas tomas y abrió hace algunas semanas el Cambridge Film Festival ( Hawking, the Remarkable Story of a Beautiful Mind ) pasa revista a su vida y su obra, y recoge testimonios de sus alumnos, colegas, familiares, enfermeras y cuidadores. Junto con una autobiografía de reciente publicación en inglés ( My Brief History , BantamPress, 2013), ofrece un testimonio sobrecogedor de quien es considerado por algunos el heredero de Einstein, tanto por sus aportes fundamentales al conocimiento de las leyes del universo como por su popularidad: lejos del estereotipo del sabio ceñudo y aislado del mundo, opina sobre temas de política internacional, participa en shows cómicos como el de Jim Carrey, fue incorporado como personaje en la serie de los Simpsons, participó en The Big Bang Theory , aceptó hacer un cameo en Star Trek , hizo un vuelo en el que experimentó la falta de gravedad y Richard Branson, el magnate dueño de Virgin Galactic, le prometió que estará en el primer viaje privado al espacio. Donde vaya, lo apuntan las cámaras fotográficas y los medios reproducen sus declaraciones.
Después de seis libros en los que logró arrastrar a lectores de todo el mundo a explorar los desconcertantes misterios del cosmos, en My Brief History ("Mi breve historia", en alusión a Breve historia del tiempo , su primera obra para el público general publicada en 1988, que estuvo más de cuatro años en la lista de best sellers de The New York Times, vendió más de 10 millones de ejemplares y fue traducida a más de 40 idiomas), Hawking encara un viaje muy diferente, que lo lleva a repasar los pliegues de su propia vida y el camino intelectual que va desde su niñez en la Inglaterra de posguerra, cuando era un alumno poco aplicado pero sagaz, al que sus compañeros bautizaron "Einstein", hasta la celebridad. Con su prosa sencilla, que destila humor y picardía, Hawking pone al descubierto los engranajes mentales que lo condujeron a sus descubrimientos y hasta revela los entretelones de sus dos matrimonios, y las penurias a que lo sometió la enfermedad neurodegenerativa que lo tiene postrado desde hace casi cinco décadas.
Hawking nació el 8 de enero de 1942, exactamente 300 años después de la muerte de Newton, cuya cátedra "lucasiana" ocupa en Cambridge. Su padre, Frank, médico e investigador en enfermedades tropicales, y su madre, Isobel, secretaria, se educaron ambos en Oxford. Según su amigo de la escuela John McClenahan, creció "en una casa poco convencional, en la que los chicos tenían mucha libertad. Había libros por todas partes y se discutían temas como el sexo, la homosexualidad o el aborto".
Stephen, el mayor de cuatro hermanos, dos mujeres y un varón adoptado cuando él tenía 14 años, aprendió a leer recién a los ocho, pero desde chico sintió pasión por saber cómo funcionan las cosas. "Siempre quería construir mecanismos que pudiera controlar -escribe-. [?] Cuando comencé mi doctorado, esta urgencia fue saciada por mi investigación en cosmología. Si uno entiende cómo opera el universo, de algún modo también lo controla." Su hermana Mary y su prima Sarah Hardenberg recuerdan otras facetas de su personalidad. "Le gustaba ganar? en todo -dice Mary-. Creo recordar que sólo una vez le gané a las damas y se ocupó de que nunca volviera a suceder." "Pasaba muchísimo tiempo mirando las estrellas y preguntándose dónde terminaba la eternidad -añade Sarah-. No podía concebir que hubiera algo sin fin."
Por sus notas, nunca superó la mitad del curso y reconoce que no le dedicaba más de una hora diaria a la escuela. (Cuando tenía 12 años, uno de sus amigos le apostó a otro una bolsa de caramelos a que nunca llegaría a nada.) Su padre quiso que siguiera medicina, pero él optó por la física, aunque hasta entonces le había resultado "aburrida por lo fácil y obvia".
Y antes de que tuviera tiempo de comprenderlo, empezaron a manifestarse sus problemas de salud. En el último año de la universidad, a los 21, notó que su letra habitualmente desastrosa se hacía aún más torpe. Un día se cayó por la escalera y cuando recuperó el conocimiento, no sabía quién era ni dónde estaba. "En ese momento, no me di cuenta de que [esos episodios eran] una advertencia de peores cosas por venir -cuenta-. Pero me recuperé y a pesar de mi actitud relajada hacia el estudio, me gradué con honores y fui a la Universidad de Cambridge para hacer mi doctorado."
Era 1962 y estaba desesperado por hacer oír su propia voz en el debate de ese momento entre las hipótesis que intentaban explicar el origen y el fin del universo: el big bang vs el universo estacionario. "Pero el desafío más apremiante era mantener el control de mi cuerpo", destaca. Lo internaron en el hospital en Londres y lo sometieron a estudios durante varias semanas. El diagnóstico fue esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad degenerativa neuromuscular en la que se van muriendo unas células del sistema nervioso llamadas neuronas motoras, lo que provoca parálisis progresiva. Le dieron dos a tres años de vida. Para Stephen, aquello fue devastador. No estaba haciendo mucho progreso en su tesis y pensó que tal vez no viviría lo suficiente para terminarla. Se volcó a escuchar a Wagner, pero aclara que las versiones que afirman que se dio a la bebida son exageraciones de las revistas.
Sin embargo, no se murió. Al principio, la enfermedad pareció progresar muy rápido, pero luego el avance se fue haciendo más y más lento. Entonces, conoció a una joven estudiante subgraduada del Westfield College llamada Jane Wilde. "Era muy divertido -recuerda Jane en el film-. Tenía una gran sonrisa y unos hermosos ojos grises. Creo que fue eso lo que me enamoró. Íbamos a desafiar a la enfermedad, a los médicos y al futuro." "Jane era hermosa, gentil y no se amilanaba por mi enfermedad -dice Hawking-. Enamorarme y comprometerme fue la motivación que necesitaba. Tendría que obtener el doctorado. Empecé a trabajar duro por primera vez en mi vida. Me sorprendió darme cuenta de que me gustaba."
Stephen sabía que no tendría demasiado tiempo, de modo que decidió atacar el problema más importante de la cosmología: si el cosmos tenía un comienzo o no. Muchos científicos respaldaban la idea del big bang . Stephen había estudiado los agujeros negros, esas extrañas criaturas cósmicas cuya gravedad es tan intensa que ni la luz puede escapar de ellas y que devoran todo lo que las rodea. Se los considera una "singularidad", un punto en el que el espacio y el tiempo tienen un final. En un artículo escrito con el matemático Roger Penrose ("Era alguien que captaba las ideas muy rápidamente", asegura), aplicó esa noción de singularidad al universo entero. "Súbitamente? lo tenía -cuenta Hawking-. Me imaginé yendo hacia el pasado y planteé un cosmos que podría haber sido una singularidad. El tiempo se detiene y es el comienzo de todo. No hay un tiempo previo. [En esta hipótesis] el universo se crea a sí mismo en el big bang . [?] Había llegado a la conclusión de que las leyes de la naturaleza no tienen necesidad de un creador."
Se presentó a un puesto en el Gonville and Caius College, de Cambridge, lo obtuvo y decidió casarse con Jane. Pero no todo era color de rosa. "Stephen estaba perdiendo fuerza en sus brazos y piernas -recuerda ella-. Fuimos de luna de miel a una conferencia de física en la Universidad de Cornell, en Nueva York. Y entonces me enteré de que había una diosa en la vida de Stephen con la que compartía el matrimonio: la física."
Luego de la publicación de su tesis, la reputación de Hawking creció sin parar. Se concentró en los agujeros negros y especialmente en las partículas que los rodean. "Para mi sorpresa, me di cuenta de que algunas escapaban a la atracción gravitacional, lo que parecía una burla a las leyes conocidas de la física. Al principio, pensé que era un error", cuenta. Después de varios meses agotadores en los que escuchaba a Wagner y parecía ausente, encontró la respuesta. Descubrió que, contrariamente a todas las teorías vigentes, los agujeros negros debían emitir partículas y perder calor. Esta suerte de evaporación significaba que el agujero negro podía eventualmente desaparecer.
Anunció sus hallazgos en 1974, en una conferencia de cosmología de Oxford. Cuando terminó, la gente no podía creer lo que había escuchado, pero tras muchas discusiones, su propuesta fue aceptada y esas partículas emitidas por los agujeros negros se conocen hoy como "radiación de Hawking". Era la primera vez que alguien unificaba la teoría de la relatividad con la mecánica cuántica y la termodinámica. Según los físicos más destacados, sólo de tanto en tanto alguien llega a un resultado tan bello?
Los honores comenzaron a sucederse cada vez con mayor frecuencia. Fue uno de los miembros más jóvenes incorporados a la Royal Society y Pablo VI le entregó la medalla de oro de la ciencia, mientras la enfermedad seguía avanzando. "Ese año perdió el uso de sus manos -cuenta Kip Thorne, el físico que trabajó con él durante su temporada en Caltech, en California-. Hasta entonces todavía podía escribir ecuaciones, pero desde ese momento desarrolló todavía más su forma de pensar absolutamente única, manipulando formas en su cabeza. Se movía a la velocidad de la luz a través de las fronteras del conocimiento y veía cosas que nadie más podía advertir."
"Triturar problemas en mi mente ha sido mi principal método de descubrimiento durante la mitad de mi vida -destaca Hawking-. Mientras la mayoría de la gente que me rodeaba conversaba, yo me transportaba muy lejos, perdido en mis propios pensamientos, tratando de entender cómo funciona el cosmos." Frecuentemente, se atragantaba y sufría fuertes ataques de tos: "Me daba cuenta de que el tiempo me jugaba en contra, pero [?] estaba decidido a escribir un libro sobre cómo había comenzado el universo", explica. Quería un texto que todos pudieran leer, como una novela de aeropuerto. Escribió un capítulo y se lo envió al agente literario Al Zuckerman, que le dijo que no iba a funcionar, pero lo envió a diversas editoriales. Hawking eligió a Bantam Books, donde el editor Peter Guzzati se tomó su trabajo muy en serio.
"Al principio, me sentí desilusionado, pero pensé? tal vez ocurra un milagro", confiesa Guzzati. Y efectivamente sucedió algo extraordinario, pero no lo que imaginaban: ese verano, durante un viaje al CERN, Stephen contrajo neumonía y fue puesto en coma inducido. Los médicos creyeron que había llegado el final y llamaron a Jane para desconectarlo. Pero ella se negó e insistió en que lo enviaran a Cambridge. "Sentí que había luchado tan duramente contra la enfermedad que no estaba preparado para rendirme así nomás -cuenta Hawking-. Tuvieron que hacerme una traqueotomía para conectarme con un respirador, y como resultado me quitaron la posibilidad de hablar. Enfrentaba una vida en la que no iba a poder comunicarme con los demás." Todas las esperanzas de terminar el libro e incluso su carrera parecían haberse evaporado.
Las semanas de recuperación se volvieron meses. Y aunque poco a poco se puso más fuerte, se sentía preso en su cuerpo. Fue entonces cuando brilló un rayo de esperanza desde el otro lado del océano. El tecnólogo Wolt Wotosz había diseñado un sistema informático que les permitía a personas como él elegir letras o palabras de una pantalla de computadora, y así formar frases para escribir o hablar. Usando ese dispositivo, y a una velocidad de tres palabras por minuto, terminó el libro y el resultado fue Breve historia del tiempo .
Disfrutó del interés de la gente por el universo, pero la voracidad de la prensa comenzó a ser un problema para el matrimonio. Se separó de Jane en 1990 y se divorció en 1995. Ese año anunció su compromiso con una de sus enfermeras, Elaine Mason, y volvió a casarse. Este nuevo matrimonio fue, según sus propias palabras, "apasionado y tempestuoso". Estuvieron juntos durante once años, en los que ella volvió a salvarlo varias veces, pero también enfrentó acusaciones de maltrato que él desmintió. Se divorciaron en 2006.
Todavía va diariamente a su oficina en el magnífico Centro para las Ciencias Matemáticas de Cambridge, donde con frecuencia lo visitan personajes famosos, como actores o astronautas. "La gente lo considera un héroe", dice Judith Croasdell, su asistente personal. Lejos de la autocondescendencia, tanto el libro como la película son un conmovedor testamento de valentía, curiosidad y alegría de vivir. "Después de más de 71 años en este maravilloso planeta, creo que mi mayor logro es haber inspirado a la gente a pensar acerca del cosmos y de nuestro lugar en él -dice hacia el final del film-. Dado que no creo en una vida en el más allá, me parece que es importante darse cuenta de que sólo disponemos de un pequeño lapso y deberíamos lograr lo mejor con lo que tenemos. [?] No tengo miedo de morir, pero no estoy apurado por hacerlo. Así que por ahora, hasta luego, y gracias por venir a este viaje a través de mi mundo."
También el libro concluye con una celebración: "Ha sido un tiempo glorioso para estar vivo e investigando en física teórica. Me siento feliz de haber sumado algo a nuestra comprensión del universo"..

miércoles, 18 de diciembre de 2013

OSCAR VARSAVSKY: el científico rebelde


Por Rodolfo Petriz
“Darcy decía que las dos personas más inteligentes que conoció eran Oscar y él mismo. Oscar era una máquina de pensar, lamentablemente murió muy joven, a los 56 años. La muerte lo sorprendió en fase de supernova: en plena explosión de su poder creativo”, rememora el brasileño Carlos Senna Figueiredo, antiguo colaborador de ambos intelectuales.
Darcy era Darcy Ribeiro, antropólogo brasileño fallecido en 1997 y uno de los intelectuales latinoamericanistas más relevantes del continente; Oscar era el argentino Oscar Varsavsky, licenciado en química, especialista en física cuántica y uno de los matemáticos más brillantes de su generación.
Pero Varsavsky fue mucho más que estos fríos datos que aparecen en cualquier reseña biográfica. Este profesor universitario fue un rara avis dentro de las llamadas ciencias duras, ya que en su persona se combinaban una infinita capacidad para el trabajo científico con una visión radicalmente crítica acerca de los objetivos y los métodos que adoptaba la investigación científica en los países subdesarrollados como el nuestro.
Esta actitud le valió entre sus colegas tanto apoyos incondicionales como rechazos enconados. “En su momento no hubo laboratorio de la Argentina que no discutiera sus ideas”, señaló Marcelino Cereijido en La nuca de Houssay.
¿Cómo era Oscar Varsavsky? ¿Por qué sus ideas fueron tan polémicas en su tiempo?

CIENCIA POLITIZADA

Durante los años que transcurrieron entre el primer gobierno de Perón y el golpe de estado cívico-militar del año 1976, en nuestro país cobró importancia una generación de brillantes intelectuales que se propuso reflexionar sobre las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad.
El objetivo de estos investigadores era ofrecer respuestas a algunos interrogantes esenciales: ¿cómo poner la ciencia y la tecnología al servicio del desarrollo social de un país periférico como el nuestro? ¿Qué lugar debe ocupar la universidad en ese proceso? ¿Cómo se relacionan la ciencia y la ideología política?
A este grupo de científicos, entre los que se contaban Jorge Sabato, Amílcar Herrera, Rolando García y Manuel Sadosky, perteneció Oscar Varsavsky.
Desde muy joven Varsavsky defendió ideas socialistas dentro de la Universidad de Buenos Aires. A principios de los años ’40 formó parte del grupo de Aráoz, una experiencia de vida comunitaria que tuvo su centro en una casa de la calle Aráoz, en Capital Federal. Allí se juntaban para estudiar y debatir sobre el futuro del país jóvenes artistas e intelectuales de izquierda que vislumbraban una sociedad más solidaria y con menos desigualdades.
Si bien Varsavsky siempre fue muy crítico con los modernos sistemas de producción y consumo –“La sociedad actual es demente, inmoral y suicida”, escribió en Estilos tecnológicos, uno de sus libros más famosos–, su pensamiento pasó por diferentes etapas a la hora de apreciar la relación de los científicos argentinos con los problemas nacionales.
En 1958, Varsavsky se reintegró a la Universidad de Buenos Aires (UBA) –en la que había trabajado hasta 1954– como profesor del Departamento de Matemática de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y miembro del Consejo Directivo durante varios años.
Durante esa etapa, se instaló en la UBA el debate sobre cuál debía ser la misión de la ciencia en la sociedad. Un sector de los estudiantes criticaba una actitud docente, a la que llamaron cientificismo, que según ellos promovía el elitismo científico, la realización de investigaciones inútiles para el medio local y la búsqueda de financiamiento en el exterior.
Varsavsky fue un feroz adversario de la postura cientificista ya que, según sus propias palabras, “cientificista es el investigador que se ha adaptado a este mercado científico, que renuncia a preocuparse por el significado social de su actividad, desvinculándola de los problemas políticos”. Esta postura lo llevó a continuas polémicas con gran parte de sus colegas universitarios.
“A mediados de la década del ‘60, Oscar comenzó a ponerse muy radical. Vislumbraba los grandes problemas de la ciencia pero su posición fue aislada. No hubo profesores que lo secundaran. El veía más allá, representaba el compromiso a largo plazo”, revela Sara Rietti, doctora en química nuclear y discípula de Varsavsky.
Esta radicalización en su pensamiento coincidió con la profundización de las luchas populares que tuvieron lugar tanto en la Argentina como en otras regiones de Latinoamérica y el mundo. En este contexto, Varsavsky realizó una defensa encendida de la figura del científico rebelde o revolucionario, aquel que produce ciencia en beneficio de la liberación del pueblo y con un profundo sentimiento antiimperialista. “La misión del científico rebelde es estudiar con toda seriedad y usando todas las armas de la ciencia los problemas del cambio social, en todas sus etapas y en todos los aspectos teóricos y prácticos. Esto es hacer ciencia politizada”, escribió en aquellos años.
Así, Varsavsky fue un referente intelectual para toda una generación de investigadores, tanto de las ciencias naturales como de las sociales, que encontraban en sus ideas las bases sobre las cuales edificar una ciencia al servicio de las necesidades del pueblo, una ciencia al servicio de una revolución social.

RADICALIDAD, IMPACIENCIA Y GENEROSIDAD

“La primera imagen que me viene de Oscar me devuelve aquel hombre grande y feo, con toda la figura de un gringo bruto. Imagen que se deshacía cuando empezaba a platicar. Tuve pocos amigos o colegas con quienes pudiera pensar al mismo ritmo e igual compás como me ocurrió con Oscar, quizás ninguno. Había en aquel matemático y químico que se construyó como humanista algunas cualidades raras de las que me acordé siempre. Su radicalidad y autonomía de pensamiento que iba al fondo de las cuestiones con el coraje de repensarlo todo. Su impaciencia con los idiotas, los perezosos, los charlatanes y los dogmáticos, que le hacían sudar de disgusto. Su postura solidaria de identificación total con el gran pueblo humilde, mudo y sufrido de América latina. Esta combinación de radicalidad, impaciencia y generosidad se cimentaba con la fe más inocente en que este mundo es arreglable”, escribió poco tiempo después de su muerte Darcy Ribeiro, con quien Varsavsky trabajó a principios de los años ’70 en el Centro de Estudios de Participación Popular, en Perú.
Varsavsky fue el introductor en la Argentina y Latinoamérica de la aplicación de modelos matemáticos al análisis de la realidad social. A principios de la década del ’60 hizo el primer modelo económico global de Argentina, el Meic (Modelo Económico Instituto de Cálculo). Algunos años más tarde, entre 1967 y 1968, elaboró otros modelos matemáticos para ver la viabilidad de ciertos tipos de sociedades cercanas a propuestas utópicas. Su objetivo era analizar científicamente la posibilidad de encarar formas de desarrollo social alternativas a las vigentes en ese momento.
“Oscar era muy crítico, y los otros intelectuales lo conocían y lo respetaban a pesar de eso. También era muy rígido desde el punto de vista de los principios”, destaca Rietti. “Me acuerdo de que tras el golpe de Onganía, cuando estábamos en el Centro de Estudio en Ciencias –un grupo de discusión y trabajo sobre temáticas sociales y políticas referidas a ciencia y tecnología–, entró un grupo del peronismo. Oscar cuestionó eso y yo le dije ‘nos peleamos con los peronistas, nos peleamos con los comunistas, ¿quién puede ser un lugar de apoyo?’. Eso no le importaba, en cambio yo tenía una mirada más política.”
Alfredo Eric Calcagno fue un buen amigo de Varsavsky. “Era una persona excepcional, un tipo que vivía de acuerdo con lo que pensaba. Cuando yo estaba a cargo de la Cepal de Buenos Aires lo contraté antes del golpe del ’76 para que hiciera un modelo de experimentación numérica sobre la economía argentina. El cobraba su sueldo pero yo conseguí más plata de la ONU para asignar a ese trabajo y le dije ‘mirá, Oscar, te subo el sueldo’; ‘no quiero que me subas el sueldo’, me contestó, ‘va a ser muy alto y puede ser un problema si en algún momento tengo que mandarlos a la mierda porque hay algo que no me gusta en lo que están haciendo’”, cuenta Calcagno.

ESTILOS TECNOLOGICOS

La propuesta de desarrollo social de Varsavsky se estructura sobre dos ejes bien definidos: la postulación de un modelo de organización económico-socialista y la defensa de un proyecto claramente nacionalista.
En Estilos tecnológicos, Varsavsky afirma que los proyectos de desarrollo nacional se pueden dividir en dos categorías: los empresocéntricos –cuyo lema sería “vendo y luego existo”– y los pueblocéntricos. Esta clasificación se vincula con sus objetivos finales, es decir, si la producción estará dirigida hacia las necesidades de la empresa y de quienes las controlan, o hacia la población.
Durante las décadas del ’60 y del ’70, la corriente económica conocida como desarrollismo tuvo una gran influencia en América latina. Para Varsavsky, el desarrollismo se encontraba dentro de los modelos empresocéntricos capitalistas, y por ello fue blanco de sus críticas.
Como alternativa a estos modelos definió un estilo de desarrollo al que denominó socialismo nacional creativo, y que presentó como una opción para la transformación social. Allí destacaba la importancia de la participación popular permanente en todos los marcos de decisión, para lo cual debía asegurarse un nivel homogéneo de consumo material y cultural. El Estado jugaría un rol preponderante en ese cometido, asegurando la cobertura de un umbral mínimo de necesidades. También se aprovecharía el “potencial docente” de todos los hombres como manifestación de solidaridad.
Varsavsky sostenía que el socialismo nacional creativo sólo podía llevarse adelante en un contexto de autonomía de pensamiento y cultura, para lo cual era fundamental la máxima independencia política, económica y tecno-científica posible. Y para ello era necesario romper con la dependencia tecnológica y librarse del mito de que la tecnología y la ciencia son todopoderosas, infalibles y neutras.
El problema de la neutralidad en la investigación científica llevó a Varsavsky a publicar en 1969 su escrito más polémico: Ciencia, política y cientificismo. Una de las tesis más importantes de este libro, que grosso modo afirma que todas las instancias de la investigación científica –descubrimiento, justificación y aplicación– se encuentran afectadas por la postura ideológica de quien la lleva a cabo, dio lugar a una de las más importantes discusiones epistemológicas que conoció nuestro país.
A principios de la década del ’70, a través de las páginas de la revista Ciencia Nueva, Varsavsky polemizó con Gregorio Klimovsky, Jorge Schvarzer, Manuel Sadosky, Thomas Moro Simpson, Rolando García y Conrado Eggers Lan sobre las relaciones entre ciencia e ideología política.
Algunos de estos artículos fueron recopilados en el libro Ciencia e ideología. Aportes polémicos, publicado en 1975. Allí, la posición de Varsavsky fue fuertemente criticada por Klimovsky y Moro Simpson, para quienes dentro del “contexto de justificación” la objetividad de la ciencia queda resguardada de las posibles influencias ideológicas de los investigadores.

EL PRESENTE DE VARSAVSKY

La muerte de Varsavsky coincidió con el advenimiento de la barbarie. Entre 1976 y 1983, la dictadura cívico-militar no sólo asesinó e hizo desaparecer miles de personas, sino que también provocó una catástrofe cultural sin precedentes. Tanto el pensamiento de Varsavsky como el de otros relevantes intelectuales nacionales fue sepultado en medio de la represión generalizada.
Recién a mediados de la década del ’90 comenzó a recobrarse en los ámbitos académicos la obra varsavskiana. Sara Rietti fue la gran promotora de esta recuperación, que dio sus primeros pasos de la mano de la Maestría de Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología de la UBA, en donde en 1996, en coincidencia con el vigésimo aniversario de su muerte, se dictó un seminario sobre su obra.
En los últimos años volvieron a publicarse algunos de sus libros. En el año 2012, la Universidad de Lanús reeditó Obras escogidas y este año, en el marco del Placted (Programa de Estudios sobre el Pensamiento latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Desarrollo) que desarrolla el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación, la Biblioteca Nacional reeditó Estilos tecnológicos. Propuestas para la selección de tecnologías bajo racionalidad socialista.
El pensamiento de Varsavsky transcendió las fronteras de la Argentina y tuvo gran influencia en aquellos sectores de la intelectualidad latinoamericana preocupados por romper los esquemas de dependencia centro-periferia. En este sentido, uno de los países en donde dejó una impronta muy importante fue en Venezuela, en donde estuvo radicado durante varias etapas de su vida. “Oscar fue muy apreciado por la gente del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Caracas”, expone Calcagno, “Hugo Chávez hablaba mucho de él, lo citaba y lo consideraba su maestro”. En noviembre de 2007, el Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y Tecnología de Venezuela organizó un gran debate abierto en su homenaje.
A treinta y siete años de la muerte de este matemático radical, impaciente y generoso, el mejor cierre para esta nota son sus propias palabras: “El que aspire a una sociedad diferente no tendrá inconvenientes en imaginar una manera de hacer ciencia muy distinta de la actual. Más aún, no tendrá más remedio que desarrollar una ciencia diferente. En efecto, la que hay no le alcanza como instrumento para el cambio y la construcción del nuevo sistema”.