PULSACION. blog

viernes, 25 de diciembre de 2015

Oliver Sacks, neurólogo


 
News from Oliver Sacks, M.D.
Days of Gratitude

Happy holidays and greetings from the Oliver Sacks Foundation! It has been a remarkable year, one of sadness and joy, but above all, thankfulness for Dr. Sacks's full and remarkable life.

His newest book, Gratitude, was published last month in the US, UK, Canada, Australia, New Zealand, and Brazil, with other translations coming soon. It brings together the four inspiring essays written in the final months of his life, in which Dr. Sacks reflects on growing old, coming to terms with mortality, and—most importantly—being thankful for the gift of living one’s own life. Gratitude has been met with wonderful reviews and is already a New York Times bestseller.

Meanwhile, On the Move continues to receive great reviews and has appeared on a number of year-end "best of" lists. Together, these two books form an exquisite capstone to a truly extraordinary life.

We are grateful to you for sharing this journey with us and over the next two weeks, in our #DaysOfGratitude campaign, we will share with you some rare photos of Dr. Sacks and other features on our Facebook and Twitter pages,
celebrating the life and work of Dr. Sacks and the impact it has had on various communities across the globe.

What are you grateful for? We invite you to share your own thoughts on life, death, and gratitude on ourFacebook and Twitter pages.

Wishing you and yours—and the entire planet—a peaceful, healthy holiday season.

The Sacks Office

PS: Collective thanks to all who have written to us over the last few months—we love hearing from you!
 
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domingo, 20 de diciembre de 2015

STEPHEN HAWKING una biografía

Stephen Hawking

(Stephen William Hawking; Oxford, Reino Unido, 1942) Físico teórico británico. A pesar de sus discapacidades físicas y de las progresivas limitaciones impuestas por la enfermedad degenerativa que padece, Stephen William Hawking es probablemente el físico más conocido entre el gran público desde los tiempos de Einstein. Luchador y triunfador, a lo largo de toda su vida ha logrado sortear la inmensidad de impedimentos que le ha planteado el mal de Lou Gehrig, una esclerosis lateral amiotrófica que le aqueja desde que tenía 20 años. Hawking es, sin duda, un caso particular de vitalidad y resistencia frente al infortunio del destino.

Stephen Hawking
Biografía
El 8 de enero de 1942, en momentos en que la capital del Reino Unido sobrevivía bajo la permanente amenaza de los bombardeos alemanes, nacía Stephen Hawking en la ciudad de Oxford. Allí comenzó a estudiar en el University College, donde se licenció en 1962 con los títulos de matemático y físico. Por esa época era un chico de vida normal, cuyas singularidades eran únicamente su brillante inteligencia y un gran interés por las ciencias.
Pero en 1963, en el transcurso de una sesión de patinaje sobre hielo, el joven Stephen resbaló y tuvo dificultades para incorporarse. De inmediato se le diagnosticó un trastorno degenerativo neuromuscular, la ELA o esclerosis lateral amiotrófica. Los médicos supusieron que la enfermedad iba a acabar con su vida en pocos años; sin embargo, se equivocaron. Naturalmente, la vida de Stephen no fue la misma a partir de entonces, pero sus limitaciones físicas no interrumpieron en ningún momento su actividad intelectual; de hecho, más bien la incrementaron.
Mientras cursaba su doctorado en el Trinity Hall de Cambridge, se casó con Jane Wayline (1965). Tras casi veinticinco años de matrimonio, en 1990 la pareja se separó y el científico se fue a vivir con Elaine Mason, una de las enfermeras que lo cuidaba y con la que cinco años más tarde contrajo matrimonio. Tras obtener el título de doctor en física teórica (1966), su pasión por el estudio del origen del universo fue en aumento, y sus investigaciones se centraron en el campo de la relatividad general, particularmente en la física de los agujeros negros.

Con Jane Wayline el día de la boda (1965)
y con Elaine Mason, con la que se casó en 1995
Ciertamente, Hawking no sólo es comparable con Albert Einstein por su popularidad: al igual que el formulador de la relatividad, Stephen Hawking se planteó la ambiciosa meta de armonizar la relatividad general y la mecánica cuántica, en busca de una unificación de la física que permitiese dar cuenta tanto del universo como de los fenómenos subatómicos. En 1971 sugirió la formación, a continuación del big bang, de numerosos objetos denominados «miniagujeros negros», que contendrían alrededor de mil millones de toneladas métricas de masa, pero ocuparían sólo el espacio de un protón, circunstancia que originaría enormes campos gravitatorios, regidos por las leyes de la relatividad.
Sus estudios sobre los miniagujeros negros lo llevarían a combinar por primera vez la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica para resolver el problema de estudiar estas estructuras de dimensiones muy reducidas y de densidad extraordinariamente elevada, sobre las que no se creía que se pudiese obtener algún conocimiento. En 1974 propuso, de acuerdo con las predicciones de la física cuántica, que los agujeros negros emiten partículas subatómicas hasta agotar su energía, momento en el cual se produce un estallido final. Hawking ha explorado asimismo algunas singularidades del binomio espacio-tiempo.
En 1974 Hawking fue designado miembro de la Royal Society y, tres años más tarde, profesor de física gravitacional en Cambridge, donde se le otorgó la cátedra Lucasiana de matemáticas (1980), que había sido dictada por Isaac Newton y que el profesor británico continuaría ocupando en las décadas siguientes. Pero a medida que los logros intelectuales y los reconocimientos se iban sucediendo en su vida (ha publicado multitud de libros y recibido innumerables premios y doctorados honoris causa), también avanzaba el proceso degenerativo de su enfermedad. Primero la inmovilidad de sus extremidades lo llevó a depender de una silla de ruedas; después la parálisis se extendió a casi todo su cuerpo y, a sus 58 años, sólo podía comunicarse mediante un sintetizador conectado a su silla.
Un gran divulgador
Resulta una gran paradoja, sin duda, que un hombre que se involucró plenamente en la tarea de clarificar los conceptos científicos para el público medio (a diferencia de la mayoría de sus colegas, Hawking optó decididamente por la divulgación) se haya tenido que enfrentar duramente con la dificultad de poder comunicarlos. No obstante, gracias a su empeño y tenacidad, no ha dejado de salvar los escollos que se derivan de sus discapacidades físicas. En 1989, en ocasión de su visita a España para recibir el premio Príncipe de Asturias, Stephen Hawking subrayó la importancia de que los ciudadanos de a pie posean las nociones científicas suficientes para participar en los debates que abren los nuevos avances científicos y tecnológicos, evitando que todo quede en manos de los expertos.
Ése es el mensaje que se descubre en algunos de sus libros más famosos, como Historia del tiempo: del big bang a los agujeros negros (1988), que ha sido traducido a treinta y siete idiomas y del que en pocos años se vendieron más de veinte millones de ejemplares. En su propósito de hacer llegar el libro a un público amplio, Stephen Hawking renuncia a las fórmulas y a las exposiciones para especialistas, pero no abandona el tratamiento riguroso de la cuestión. Procede primero a una amplia exposición de las ideas cosmológicas actuales (el big bang y la expansión del universo), así como de los principales hallazgos de la física de las partículas, que explican a nivel subatómico cómo es la materia y las fuerzas que la gobiernan. Hawking pone de manifiesto la sorprendente convergencia de estas dos vías de investigación, que han dado nacimiento a una nueva disciplina: la astrofísica de las partículas.
En Historia del tiempo el autor aborda también, manteniendo siempre el tono de alta divulgación, temas como los agujeros negros y, además del origen, el posible destino del universo. Tampoco elude la pregunta que se formula el hombre común cuando se enfrenta a estas cuestiones: el papel de Dios en todos esos fenómenos, así como la creación del universo, punto en el que Stephen Hawking abandona el tratamiento rigurosamente científico para aventurarse en los inciertos caminos de la especulación metafísica.
Otro libro posterior, El universo en una cáscara de nuez (2002), tiene una intención divulgativa todavía mayor que sus libros precedentes. Respecto a su bibliografía más especializada, sus esfuerzos para describir desde un punto de vista teórico las propiedades de los agujeros negros, así como la relación que estas propiedades guardan con las leyes de la termodinámica clásica y de la mecánica cuántica, han quedado recogidos en obras como The Large Scale Structure of Space-Time (1973, en colaboración con G.F.R. Ellis), Superspace and Supergravity (1981) y The Very Early Universe (1983).

domingo, 4 de enero de 2015

2014- Hitos científicos argentinos

El megadinosaurio hallado en Chubut, el satélite Arsat-1, la lucha contra el cáncer y una terapia contra el Ebola, lo más destacado.

por Cecilia Farre
“Puede haber indicios o sospechas, pero nunca se sabe hasta que se destapa y se sacan los miles de toneladas de roca”, describió Rubén Cúneo, director del Museo Egidio Feruglio de Chubut, cuyo equipo halló restos fósiles de la especie herbívora de dinosaurio de mayor tamaño encontradahasta el momento en el mundo. Así, el descubrimiento se convirtió en uno de los hitos científicos de 2014 a nivel nacional, al igual que los avances en la lucha contra el cáncer, liderados por el investigador Gabriel Rabinovich; el lanzamiento del satélite Arsat-1y el aporte argentino en un tratamiento para el Ebola.    
La nueva especie de dinosaurio que se presentó en 2014 vivió hace 95 millones de años y se estima que tenía 40 metros de longitud y pesaba 80 toneladas. Los paleontólogos encontraron huesos de siete individuos distintos que les permiten contar con “una idea bastante acabada de cómo era el animal”, explicó Cúneo. “Para nosotros fue un orgullo dar a conocer esto a todo el mundo. Se pudo mostrar el trabajo de los paleontólogos argentinos que arrastran toda una tradición centenaria que de alguna manera se sigue confirmando con estos hallazgos” agregó. En 2015 se sabrá el nombre definitivo de la especie.
También 2014 fue un año significativo para la industria espacial con el lanzamiento y puesta en marcha del primer satélite argentino de comunicaciones, Arsat-1, especificado por Arsat y diseñado e integrado por Invap, dos empresas públicas. El satélite ya hizo su primera transmisión del acto por el aniversario del retorno de la democracia al paísy a principios de 2015 continuará con los trabajos de migración de los servicios desde el satélite alquilado AMC-6 al Arsat-1.
“Se trata de un proceso complejo que implica modificaciones en las antenas de emisión y recepción que están en tierra y de reordenamiento para que cada cliente quede en el mejor lugar para optimizar el uso del satélite”, detalló Matías Bianchi, director de Arsat quien además aseguró que este proceso no afectará los servicios de telecomunicaciones. “Fue un año súper importante y los resultados ayudaron a que lo fuera más”, afirmó Bianchi.
Durante este año, el biólogo Gabriel Rabinovich, director del Laboratorio de Inmunopatología del Instituto de Biología y Medicina Experimental, ganó el Premio Bunge y Born  por sus avances en el diseño de estrategias terapéuticas innovadoras para alteraciones inflamatorias inmunológicas y cáncer. También la revista científica Cell dedicó una de sus portadas para el trabajo del equipo que lidera Rabinovich que describe por qué algunos tumores no responden a las terapias convencionales.
La epidemia de Ebola que se dio en los países africanos de Guinea, Liberia y Sierra Leona acaparó la atención del mundo por su letalidad. Ante la falta de vacunas y tratamiento, la OMS consultó a los investigadores del Instituto Maiztegui sobre la terapia para tratar el mal de los rastrojos que desarrolló en 1971 el médico argentino que le dio su nombre al instituto. La misma consiste en la aplicación de un suero elaborado con plasma de convalecientes de la enfermedad. La técnica está siendo utilizada para tratar a pacientes con Ebola.
La misión Rosetta, el avance del año. La revista Science consideró la misión de la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea como el principal logro científico del año. En el mes de noviembre la nave liberó el módulo de aterrizaje Philae, un robot capaz de analizar las propiedades del cometa Churyumov-Gerasimenko. Philae logró descender en la superficie irregular del cometa en movimiento y con poca gravedad. Se cree que quedó entre unas rocas con poca luz solar para poder recargar sus baterías por lo que por el momento está “dormida”.
Pero aún se puede esperar más de la misión, ya que Rosetta acompañará en su órbita al cometa incluso cuando llegue al punto más cercano al Sol o perihelio en agosto de 2015. Por otra parte, así como Time consideró como personaje del año a las personas que combaten el Ebola en Africa, Science eligió a la epidemia como lo peor de 2014 por “la lenta respuesta internacional y la pérdida de oportunidades”.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

La inteligencia artificial terminará con los humanos




    El científico británico alerta sobre los avances de la inteligencia artificial
LONDRES, INGLATERRA (02/DIC/2014).- El físico británico Stephen Hawking alertó de que los esfuerzos por crear una inteligencia artificial avanzada pueden poner en peligro la supervivencia de los seres humanos.

Para el científico, de 72 años, los avances en ese campo podrían significar "el fin de la raza humana" si los sistemas artificiales llegaran a superar en inteligencia a las personas.

Los robots "podrían llegar a tomar el control y se podrían rediseñar a sí mismos" para desbancar a los humanos, dijo el físico en una entrevista con la cadena BBC.

Hawking ofreció una rueda de prensa en Londres para presentar un nuevo software que le permitirá comunicarse con mayor velocidad que hasta ahora.

El autor de libros como "Una breve historia del tiempo" padece desde hace más de 50 años una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que ha reducido casi por completo su movilidad.

Gracias a un nuevo sistema desarrollado por la compañía Intel, Hawking podrá comunicarse con mayor fluidez y multiplicar por diez su productividad, según él mismo explicó.

En ese contexto, el científico subrayó que los sistemas inteligentes que se han desarrollado hasta ahora han resultado útiles para la humanidad, si bien advirtió sobre la posibilidad de que en el futuro puedan suponer un peligro.

"Los humanos, que están limitados por la evolución biológica, no podrían competir y quedarían suprimidos" por los robots, analizó Hawking.

El físico habló además de los peligros que a sus ojos puede acarrear internet y resaltó que las compañías de telecomunicaciones deben "hacer más" para "contrarrestar las amenazas" que pueden propagarse a través de la red.

"La dificultad está en cómo hacerlo sin sacrificar la libertad y la privacidad", reflexionó Hawking, que, a pesar de su delicada salud, aspira a continuar "dando charlas y escribiendo artículos y libros".

domingo, 28 de septiembre de 2014

Novedades sobre el mal de Parkinson

Científicos hallan mecanismo de propagación del mal de Parkinson


Un grupo de investigadores demostró por medio de un nuevo anticuerpo el mecanismo de propagación célula a célula de la enfermedad de Parkinson en el cerebro humano, señala hoy la página digital de la Universidad Médica de Viena.

El estudio, realizado por un equipo del Instituto Clínico de Neurología del referido campus universitario junto a instituciones de Estados Unidos, Alemania y Hungría, se centró en la proteína alfa-sinucleína, la cual está presente en el cerebro humano pero se convierte en una forma diferente y patológica en casos de Parkinson y de un tipo común de demencia relacionada con la edad.

La investigación explica por qué los pacientes con el Mal de Parkinson se deterioran más y más desde una perspectiva clínica y desarrollan nuevos síntomas.

Señalan los expertos que esta demostración definitiva del mecanismo de propagación del mal de Parkinson proporciona un punto de partida para desarrollar nuevos tratamientos contra esa dolencia.

info: Argenpress

miércoles, 13 de agosto de 2014

Leonardo Moledo, divulgador

Muchas de las entrevistas que se reproducen en este blog, salen de las que hacía Leonardo Moledo en Pag 12. 
Lo tuve como docente en la Maestría de Investigación en la UNLa. Hace poco acomodando mi 'Bibliotek de Alejandría' encontré un cuento suyo dentro de los que llamo juntados. Allí describía el personaje un viaje del GBA a la Capital por la línea de ferrocarril San Martín. Me resultaban lugares conocidos.
Aquí va una entrevista que a él le realizan y que sale como un homenaje, a un matemático que fue un gran divulgador de la ciencia. Hoy por suerte la palabra divulgador no es ofensiva.
leonardo moledo

La continuación de la ciencia, por otros medios

Después de muchos años de entrevistar a los investigadores “de a pie” y escribir las notas de esta sección, el espacio de Ciencia de Página/12 le rinde hoy, a cuatro días de su muerte, un homenaje a su fundador, Leonardo Moledo (editor del suplemento Futuro y el divulgador científico más original del país), con la publicación de esta conversación que tuvo lugar meses antes de su muerte.
Por Nicolás Olszevicki y Pablo Esteban
Es difícil exagerar la importancia que la figura de Leonardo Moledo (1947-2014) tuvo para el campo de la divulgación científica en la Argentina. Y es difícil, sobre todo, porque con el actual boom pareciera que la escena pública siempre estuvo abierta al difícil trabajo de contar en los medios de comunicación con teorías e historias de la ciencia. Sin embargo, basta recordar aquel momento tristemente evocado por Moledo en que Cavallo mandó a todos los científicos a “lavar los platos” para saber que no siempre las cosas fueron tan simples. Moledo empezó a hacer literatura científica hace cuarenta años y, desde entonces, produjo algunos de los libros más geniales en este rubro, desde De las tortugas a las estrellas (1995) hasta Historia de las ideas científicas (2014). Con sus originales ideas, cambió por completo el modo de ejercer el periodismo científico y formó a toda una generación de nuevos divulgadores que conciben su escritura como la inventó –y ejerció con un virtuosismo maestro– Moledo. El mundo de la ciencia, pero también el de la literatura, lo va a extrañar. En este reportaje aparecen el perfil y las líneas fundamentales del pensamiento de un hombre que creyó hasta el final que la literatura y la ciencia no podían ser separadas y que, en su práctica, luchó para unirlas.
–Vos estudiaste matemática...
–Sí.
–¿Cuándo?
–En otra era geológica... Hace 40 años.
–¿Y por qué?
–Bueno, las matemáticas me gustaban, y además había tradición en casa. Y me siguen gustando mucho. Son una construcción maravillosa del espíritu humano; tal vez lo más maravilloso que se construyó, como la música o la filosofía.
–Pero tu concepción de la matemática es algo particular, y eso es lo que hace que resulte posible que alguien que es licenciado en Matemática se haya dedicado, en buena medida, a la literatura. O a hacer literatura de la ciencia.
–A mí siempre me interesaron las dos cosas. Me interesaban las matemáticas, pero me interesaba fundamentalmente la literatura y escribir. Cuando terminé matemática era muy chico y pensé que tenía que seguir estudiando. En vez de optar por Letras, que era lo natural, opté por Historia, porque estaba en un grupo de gente que se puso a estudiar Historia. No me arrepiento de la decisión, aunque es una carrera que no terminé. Me faltó un tercio.
–¿Y cómo empezaste a escribir en diarios?
–En realidad, yo siempre escribí. Pero en determinado momento llegué al suplemento cultural de Clarín para escribir sobre cultura, para hacer comentarios de libros... Después, como tenía una buena formación científica, pude hacer esa cosa intermedia: tenía las condiciones ideales para poder escribir sobre ciencia, que era lo que nadie sabía y yo sí sabía. Porque la carrera de Matemática te da una manera de pensar y una manera de ver el mundo muy particular, y muy fructífera.
–¿Y qué nexo encontrás entre todas esas disciplinas que parecen, a priori, separadas entre sí? Matemática, historia, filosofía...
–Entre matemática y filosofía el nexo es obvio. No nos olvidemos de que todos los primeros matemáticos fueron filósofos, empezando por Pitágoras, y que la Academia de Platón decía: “Que no entre aquí quien no sepa geometría”. Y, de hecho, todos los grandes filósofos se ocuparon mucho de la matemática: Descartes se ocupó, Leibniz se ocupó, Kant se ocupó. En el siglo XIX hay una separación más grande, pero en el siglo XX todos los que se nuclearon alrededor del Círculo de Viena se ocupaban mucho de la matemática. La relación entre la filosofía y la historia también es obvia. A diferencia de nosotros, los griegos no tenían una visión parcializada de la cultura. Y en cierta forma, la parcelización se dio a partir de la Ilustración. Pero los ilustrados del siglo XVIII veían tal vez las disciplinas separadas, aunque unificadas con la razón. Diderot, además de editar la Enciclopedia, escribió novelas, cuentos y críticas de arte; D’Alembert era matemático.
–¿Y qué opinás de eso?
–En lo que yo creo es en la unidad de la cultura. No creo que haya puentes truncados. Hay un prejuicio (esto es lo que Bacon hubiera llamado “prejuicios de la tribu”) que consiste en afirmar que hay dos culturas separadas. Ya Snow hace muchas décadas escribió sobre este asunto. El se basaba en lo que es la educación inglesa, una educación que era fuertemente humanista: el egresado de Cambridge sabía latín, griego, había leído todos los clásicos, aunque no tenía la menor idea de qué era la entropía. Pero hasta tal punto no la tenía que incluso estaba orgulloso. Es decir, la idea de estar orgulloso porque uno no sabe hacer una cuenta o porque no puede leer una fórmula es muy frecuente, lo cual crea una situación difícil para el comunicador de ciencia. Lo primero que tiene que decir es que eso que va a comunicar es digno de ser comunicado. Esa ciencia que le va a transmitir es digna de ser recibida. Quien escucha no se va a robotizar, que es la idea de muchísima gente, por saber leer una fórmula, sino que se va a enriquecer porque la lectura de una fórmula es un acto de lectura.
–De modo que hay que empezar a superar esa parcelización del saber tan propia de nuestra época.
–Para entender matemática hay que entender historia; para entender historia hay que entender matemática; para entender ciencias sociales hay que entender matemática y viceversa, porque todas éstas son actividades que produce la sociedad en la Historia. Uno no puede entender a Platón si no sabe en qué momento histórico estaba, y no puede entender a Bertrand Russell si no sabe en qué momento histórico estaba. Tampoco se puede entender la Teoría de la Relatividad sin entender cuál es el contexto en que eso surgió, por qué pudo surgir y por qué se pudo imponer; porque si alguien hubiese dicho eso tres siglos antes, lo hubiesen encerrado en un manicomio. Un hecho científico se compone de su historia y su filosofía. Cada cosa es también su historia. Porque es interesante ver cómo cada cosa llegó a ser. La ciencia más o menos acompaña los objetivos o las formas de funcionar de una sociedad determinada. Se hace en contexto. Copérnico propone lo que propone porque es un científico genial, pero también porque la necesidad de una reforma de la astronomía estaba en el aire de la época.
–Los grandes descubridores no son genios que salen de la nada.
–Absolutamente no. Los grandes científicos, los grandes descubridores están constreñidos por su época porque trabajan con herramientas que son sociales. El tipo que trabaja en un laboratorio lo hace con herramientas que le vienen de otro lado. No inventa un microscopio y se pone a ver las cosas, lo cual haría que su tarea fuera interminable, sino que el microscopio ya le viene dado por el trabajo de sus antecesores. Si no tuviera el microscopio, no podría hacer el trabajo que hace, y lo mismo con todos los aparatos. El desarrollo tecnológico es histórico. Y un filósofo, de la misma manera, no puede dejar de pensar cuál es la teoría cosmogónica actual, no puede pensar en cómo es el mundo si no sabe cómo pinta la ciencia el mundo. Y ésas son herramientas sociales. El tipo que investiga el Universo lo hace con las ideas de la época, pero también con los prejuicios de la época. Algunos prejuicios que sabe que son prejuicios y otros, que son los más limitantes, que no sabe siquiera que son prejuicios.
–¿Cómo es eso?
–Es algo muy interesante, y no siempre se lo remarca. Nosotros podemos razonar y hacer un mapa de lo que nos falta; no tenemos, por ejemplo, y sabemos que no tenemos una nave para poder viajar a Júpiter. Pero hay muchas cosas que no sabemos que no tenemos y ni siquiera sospechamos que podríamos llegar a tener. Un médico del año 1920 sabía que no tenía un aparato de rayos X bien afinado, pero no sabía que no tenía un equipo de resonancia magnética. Ni siquiera podía sospechar que no lo tenía. Entonces no podía pensar en función de esas cosas que le faltaban. Hace 20 años nadie podía concebir Internet, y ahora es la cosa más cotidiana del mundo. Yo muchas veces me pregunto cómo hacíamos para vivir sin correo electrónico, por ejemplo. Y no puedo respondérmelo, pero la verdad es que en esos momentos ni siquiera nos lo imaginábamos. El mismo contacto que tenía un delay de tiempo imposible de resolver y que ahora es instantáneo provocaba otra manera de intercambiar reflexiones. No se leen igual los libros, no se leen igual los diarios. Y nadie sabe para dónde va eso.
–¿Qué es el periodismo científico?
–En realidad, yo nunca me consideré un periodista. Porque el periodismo parte de ciertos presupuestos, como la importancia de la noticia y el uso de ciertas herramientas, que a mí no me interesan. Yo me considero un escritor de ciencia, y en general cuando planteo el tema del periodismo lo planteo desde el punto de vista de la literatura, sea el periodismo en ciencia o cualquier otro periodismo. Yo creo que hacer periodismo debería ser como hacer literatura; cuanto más literario sea el periodismo, mejor.
–Es polémico eso...
–Sé que esto va en contra de lo que se dicta en los cursos universitarios. “Apártense de la literatura”, se dice. No, digo yo, ¡hay que sumergirse en la literatura! El periodista policial tiene que construir un relato. Los hechos no le interesan a nadie, la literalidad no le interesa a nadie. El hecho concreto de que la bala salió a cierta distancia y penetró en el cuerpo con tal ángulo no le importa a nadie. Lo que importa es el relato que se construye sobre eso. Y la manera en que se cuenta es la literatura, que es la más vieja actividad humana. Contar historias. La sociedad se constituye alrededor de la historia, cuando alguien puede contar lo que le pasó. “No vayan por este camino porque puede haber peligro”: ahí hay una advertencia, pero también una historia en potencia. Cuando se pudo decir eso empezaron a funcionar mecanismos de transmisión completamente diferentes. Y yo creo que para contar la ciencia también hay que hacer eso. En el nivel de divulgación, por supuesto, no en el nivel de un paper que se escribe en una revista.
–La ciencia como literatura...
–¡Sí, por más raro que suene! La ciencia es un lenguaje que uno tiene que aprender a hablar para comunicar cosas, y como todo lenguaje tiene su gramática, tiene su sintaxis, tiene su ortografía. Y, sobre todo, tiene su literatura. Y la literatura del lenguaje de la ciencia son las historias que cuenta la ciencia sobre el mundo; parafraseando a Macbeth, la ciencia es un cuento lleno de sonido y de furia, pero que significa mucho. Es un cuento que la Humanidad se cuenta a sí misma. La historia del Universo y las historias del Universo son tan maravillosas como el más maravilloso de los cuentos. Por ejemplo, una estrella es una máquina, y verla como una máquina ya da una perspectiva nueva. Es un reactor nuclear que transforma peso y gravedad en luz. Es una perfecta máquina que un día se queda sin combustible y adiós, nos achicharra a todos nosotros. Es lo que va a ocurrir dentro de 5 mil millones de años. Ese relato del final es tan terrorífico como el más terrorífico de los cuentos de hadas. Es el cuento de hadas, o el relato, o uno de los relatos, mejor dicho, que nosotros podemos escribir sobre el Universo. Entonces es una falacia total que la ciencia no sea un relato. La ciencia lo es, porque es comunicación y es lenguaje.
–Que la ciencia sea comunicación es, también, algo que va en contra del sentido común, que supone al científico como un aislado, recluido en su laboratorio.
–Sí, claro. Y no es que existe la ciencia y después se comunica. La ciencia existe si se comunica; si no, no existe. Y esto ocurre por una razón muy simple: la ciencia occidental, la que se consolida con Copérnico y la revolución científica del siglo XVI, instaura una manera de hacer que es necesariamente pública, porque el núcleo explícito de la ciencia es el experimento, y el experimento tiene que ser reproducible. Tiene que ser controlado por alguien. No es admisible una ciencia hermética, porque algo que no se comunicó a alguien de tal manera que la otra persona pudiera comprobarlo no es un enunciado científico. Aclaro que estoy simplificando mucho el esquema epistemológico de la ciencia (planteado por Newton en el siglo XVII), e incluso no estoy de todo de acuerdo con él, pero lo tomo como punto de partida. En este marco, un enunciado científico es un enunciado que alguien escucha.
–¿Por qué?
–Porque si nadie lo escucha es simplemente un pensamiento de la persona a la que se le ocurrió. Puede ser verdadero o falso y no tiene la menor importancia: el valor de verdad –siempre provisorio– de los enunciados científicos se da en esa relación particular de comunicación que es el experimento. No es ninguna casualidad que uno de los grandes héroes de la revolución científica, Galileo Galilei, empezara a escribir en italiano. Y fue, dicho sea de paso, una de las acusaciones que se le hizo: escribir en italiano y no en latín. Por otro lado, El mensajero de los astros fue, quizás, el primer ejemplo de divulgación científica moderna. Lo hacía el propio Galileo. Si uno lee a Galileo, aprende un montón porque cualquiera de los libros de Galileo parecen escritos por un periodista actual. Lo que hace Galileo es publicitar a la ciencia: la ciencia no es patrimonio de quien la descubre –nos dice–, sino que es patrimonio de todos. Pero es patrimonio de todos de manera intrínseca, ya que no hay ciencia sin experimento.
–¿Y por qué considerás que es importante que la ciencia llegue a la sociedad?
–Antes que nada, porque es parte de la cultura. Y creo que la cultura en general debe llegar a todo el mundo, como debe hacerlo la música clásica y la buena literatura. En segundo lugar, porque estamos en una civilización que está sostenida por el conocimiento científico y la tecnología. Este es un fenómeno que se da a partir de mediados del siglo XIX: empieza la globalización de las comunicaciones, que evoluciona hasta dar ahora Internet. Hace un tiempo, un amigo me decía que le hubiese gustado vivir en el 1800. Justamente ahora, que estoy escribiendo sobre historia de la medicina, me doy cuenta de que no me gustaría vivir en ninguna época que no fuera ésta. Me aterraría ir al dentista en el año 1800, sin anestesia, sin antibióticos...
–Por último, una pregunta bien simple: ¿qué es la ciencia?
–Bien simple, sí... A ver: es un tipo de conocimiento racional que se basa en un método (aunque no está claro cuál sea tal método: puede ser inductivo, hipotético-deductivo...). Una de mis frases favoritas es de Asimov, que define el método científico como “el método que usan los científicos para hacer descubrimientos científicos”. Creo que hay ciertas visiones muy estancadas del método científico que dejan fuera de la ciencia a la creatividad. Es falso lo que dice muchas veces el discurso, que viene de cierta forma reaccionaria del romanticismo, de que la ciencia por su racionalismo impide la emoción: la ciencia es una aventura llena de emociones y lo creativo es una de las condiciones de su existencia. Y esto lo podemos pensar, incluso, si revisamos el método científico moderno, el que Newton recomienda en sus Principia. La ciencia trabaja mediante experimentos que después se extienden por inducción a leyes generales. Se supone que a través de varios experimentos se puede sacar una ley general, pero tal método no es una cosa que garantice la verdad. La inducción es una operación filosófica, una operación puramente creativa. Nadie me asegura a mí que yo pueda inducir sin ningún error a partir de un cierto número de casos. Entonces ahí hay un paso creativo, un paso metafísico, un paso filosófico, o como quieran llamarlo, que está metido adentro de la ciencia. Es decir que la creatividad es una parte indisoluble de la ciencia, de la misma manera que lo es del arte.
–Y para definir la ciencia es necesario poner dentro de un mismo concepto cosas que parecen muy diferentes entre sí.

–Claro, y no todo el mundo cree que la ciencia está unificada. No se parecen demasiado, por ejemplo, las ciencias puramente empíricas y las ciencias puramente deductivas o formales, como es la matemática. En la gama intermedia hay de todo. Mi tendencia es hacia las ciencias deductivas. A mí la cosa empírica no me parece tan interesante, porque yo estudié matemática y todos los matemáticos en el fondo somos platónicos, lo reconozcamos o no. Creemos que las matemáticas subyacen a la realidad. No obstante, yo me esfuerzo por abarcar lo empírico también. Pero el modo en que alguien describe lo que ve en un microscopio no me interesa tanto como la idea que puede surgir de esa observación. Ver en el microscopio una célula y describirla es un mérito, pero pegar el salto y decir “la célula es la base de toda la vida” es lo que más me interesa. Ese salto al vacío es el salto que la ciencia tiene que dar, y es el que yo mismo trato de dar cuando escribo.

lunes, 14 de julio de 2014

Las causas del dolor sin motivo

Cuando duele el dolor que no duele

Las causas del dolor crónico e inmotivado fueron descubiertas por un equipo internacional dirigido por un científico argentino.
por Pedro Lipcovich
Un equipo internacional dirigido por un investigador del Conicet descubrió un mecanismo fisiológico que podría servir para dar respuesta a una de las preguntas más difíciles de la medicina: qué hacer con el “dolor neuropático”, esa manifestación crónica, desesperante, por la cual el sistema nervioso, en vez de limitarse a sentir dolor cuando hay un órgano dañado, empieza a experimentarlo en forma espontánea porque las neuronas encargadas de transmitir la información dolorosa están confundidas, dañadas. Estos científicos descubrieron que la neurona misma cuenta con un sistema de reaseguro para que esto no suceda: el dolor neuropático se produciría cuando este sistema no funciona bien, y este conocimiento servirá para poner a prueba fármacos que puedan enfrentarlo.
El trabajo que anuncia el descubrimiento fue publicado en The Journal of Neuroscience, firmado por un equipo dirigido por Cristian Acosta y que incluye investigadores de las universidades de Bristol (Gran Bretaña) y la de Rey Faisal (Arabia Saudita). El estudio se refiere “al dolor neuropático, que incluye muchas formas de dolor crónico –explicó Acosta, investigador del Conicet en el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza–: puede ser causado por un accidente que dañó los nervios, por una cirugía, por una quimioterapia, puede aparecer como desde la nada. Suele ser muy intenso y molesto, acompañado de una sensación de irritación o quemazón. Es difícil y a veces imposible de tratar y se lo llama dolor anormal: si una persona se pincha con una espina o acerca la mano al fuego, sentirá un dolor que es normal, que impulsa a retirar la mano, es útil, protege. Pero el dolor neuropático se debe a una disfunción del sistema nervioso. El impulso nervioso anormal es resultado de una disfunción en la neurona”.
“Estudiamos, en animales de laboratorio, neuronas especializadas en dolor que están en las extremidades, las manos, los pies, bien cerca de la superficie de la piel. Son muy largas: cada neurona puede tener un metro o más. El estímulo doloroso se transmite a lo largo de la neurona mediante una señal eléctrica; luego, gracias a una sustancia neurotransmisora, pasa a la neurona siguiente, ya en la médula espinal, y desde allí la información sigue su curso hacia el cerebro –contó Acosta–. Si lográramos limitar la cantidad de información dolorosa, la persona sentiría menos dolor. Y nosotros descubrimos que la neurona cuenta, ella misma, con un mecanismo para limitar la transmisión de dolor.”
El mecanismo descubierto por el equipo de Acosta se sitúa “en el denominado ‘canal TREK2’, que está constituido por una cantidad de poros en la membrana celular de la neurona: su función es permitir la salida de potasio. Como el potasio tiene carga positiva, cuando abandona la célula ésta se vuelve más negativa, y cuanto más carga negativa tenga una neurona, más difícil será que se estimule. Este mecanismo actúa limitando la excitabilidad de la neurona: cuando funciona bien, las neuronas no se dispararán por sí solas sino sólo si se presenta un dolor normal, por un estímulo como por ejemplo el fuego”.
“En nuestros experimentos –continuó el investigador del Conicet– encontramos que cuando se produce dolor espontáneo, neuropático, sucede que hay un defecto en este canal: así lo constatamos en ratas, y hay una fuerte posibilidad de que ocurra lo mismo en humanos.”
“Se conocen sustancias que incrementan la actividad del canal TREK2. Hemos empezado a estudiarlas –anunció Acosta– para determinar si tienen la capacidad de revertir el dolor espontáneo. Esta tarea es la etapa siguiente de nuestra investigación. Además, como el TREK2 existe sólo en estas neuronas, un fármaco que lo estimule no va a afectar indiscriminadamente otras sensaciones, y haber establecido esto es una parte clave de nuestro trabajo. El sistema nervioso conservará su sensibilidad ante el estímulo agudo, el de una herida o quemadura, ya que éste está mediado por otros canales.” El científico aclaró que “estas investigaciones son preliminares, con animales de laboratorio: hay mucha distancia entre un hallazgo en modelo animal y un fármaco que pueda utilizarse en la clínica”.
“Por nuestra parte no tenemos previsto hacer ensayos clínicos sobre humanos, pero me consta que hay empresas farmacéuticas multinacionales muy interesadas en el desarrollo de fármacos que tengan efecto sobre estos canales y que se puedan usar en humanos. Esta posibilidad sólo podrá estimarse a mediano plazo, quizás entre cinco y siete años”, concluyó Acosta.